(Basado en hecho reales documentados por la prensa de la época).
El alcaide apagó con gesto preocupado el televisor de su despacho y, mientras se pasaba la mano por el rostro, descolgó el auricular del teléfono.
-¿Lo has visto, tío? Ya, ¡en menudo lío nos acaban de meter!
Un rato después, una improvisada comisión con al alcaide a la cabeza rodeaba una silla de madera metro y medio, cuajada de correas y con un reposacabezas de cuero negro.
Un cable asomaba por debajo de la silla. El alcaide se puso en cuclillas y lo inspeccionó con cara de incredulidad.
-¿Y es seguro que nadie en todo el Departamento de Prisiones sabe cómo conectar esto?
-Ni cómo conectarlo, ni cómo usarla, ni cómo nada, jefe. ¡Este cacharro no se usa desde hace casi 30 años, y fue en la antigua cárcel, toda esa gente ya está jubilada! Cuando hicieron esta nueva prisión, se limitaron a traerla y plantarla aquí.
-Bueno, algún electricista habrá en el estado que nos pueda echar una mano, y para lo de usarla, habrá que hablar con los de Georgia o Florida. ¡Sólo espero que las suyas sean parecidas! ¡Joder, ¿de cuándo será este bicho?
-De mediados de la década de los 30.
-¿Mediados de la década de los 30? ¿Quieren que matemos a un hombre con un aparato que tiene cincuenta años y que no tenemos ni idea de cómo usar? ¿Estamos es el primer país del Mundo Libre o en la puta Edad Media?
-¡Seamos optimistas, jefe, puede que le conmuten la pena a Ross!
-Da igual, si no es a éste, habra que darle el pasaporte a otro...Y, por ley, usando este condenado cacharro. En fin, señores, no nos queda otra. ¡Manos a la obra y a hacerlo lo mejor que sepamos!
(Michael Ross B. Ross, fue condenado a muerte en el estado de Connecticut en 1987, el primero en más de veinte años. Fue finalmente ejecutado por inyección letal el 13 de mayo de 2005. Connecticut había desterrado la electrocución de su codigo penal. En abril del 2012, Connecticut abolió la pena de muerte).
Silla eléctrica de Connecticut, con el dichoso y misterioso cable que asomaba por debajo. Foto de Lucinda Devlin.
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miércoles, 16 de enero de 2013
sábado, 21 de enero de 2012
Tortura.
El comisario entró en la sala de interrogatorios y contempló el cuerpo inerte del muchacho tendido en el suelo, boca abajo, sobre un macabro charco de sangre, sudor y orina. A su lado, con cara de cansancio y rabia, dos policias se refrescaban con unas cervezas.
-¿Qué tal?
-Nada.
-¿Ni palabra?
-Ni una sílaba.
-¿Cómo es posible?
-Yo tampoco me lo explico...Lo hemos intentado todo, pero nada...
-¡Qué hijo de puta es!
-Eso ya lo sabíamos sin necesidad de todo esto.
-¿Seguro que habéis sido suficientemente duros?
-¡Por favor, la duda ofende! Hemos sido tan crueles como él lo fue con la niña, puede que incluso más.
-¡La niña era inocente!
-Por supuesto, por supuesto, no vaya usted a pensar que insinúo yo nada...
-En fin, habrá que seguir intentándolo. Llamad al médico para que reanime a ese cabrón, descansad mientras y, tan pronto como vuelva a estar consciente, a seguir hasta que cante.
-Eso...eso no va a ser posible, señor comisario.
-¿Cómo que no va a ser posible?
-Usted nos dijo que llegáramos hasta donde hubiera que llegar para conseguir la verdad, y resulta que hemos llegado hasta el final del tío, y la verdad no estaba por ninguna parte.
-¿No querrás decir que?
-Sí, se nos ha muerto.
-¿Cómo que se os ha muerto? ¡Pero qué matones de mierda sois!
-¡Usted nos dijo: "¡Hacedle todo lo que haga falta, no os cortéis!"
-¡Joder, me cago en mi madre, ni para esto valéis, inútiles de mierda! En fin, ya no hay solución...Llama al gabinete de prensa y que preparen el comunicado. Ellos ya saben qué poner: se os escapó, salió corriendo por las escaleras, cayó mal y se desnucó. Y con vosotros, ya hablaré...
El comisario salió de la sala, tras pegar un portazo seco.
-¡Gilipollas, me habría gustado verle a él aquí! ¡Es imposible hacerle todo lo que le hemos hecho a alguien sin matarlo!
-Sí, ¡qué par de pelotas tenía el chaval!
-¡Para mí las quisiera!
-Si te soy sincero, entré en esta sala sintiendo asco por este cabrón, pero ahora casi que le admiro.
-¡No te pases, coño!
-He dicho casi. Pero, hasta hace unas horas, éste para mí era un asesino hijo de mala madre, sanguinario y cobarde, y ahora retiro lo último.
-Me parece a mi que esto de torturarle quizás no ha sido tan buena idea.
-Igual tienes razón.
-¿Qué tal?
-Nada.
-¿Ni palabra?
-Ni una sílaba.
-¿Cómo es posible?
-Yo tampoco me lo explico...Lo hemos intentado todo, pero nada...
-¡Qué hijo de puta es!
-Eso ya lo sabíamos sin necesidad de todo esto.
-¿Seguro que habéis sido suficientemente duros?
-¡Por favor, la duda ofende! Hemos sido tan crueles como él lo fue con la niña, puede que incluso más.
-¡La niña era inocente!
-Por supuesto, por supuesto, no vaya usted a pensar que insinúo yo nada...
-En fin, habrá que seguir intentándolo. Llamad al médico para que reanime a ese cabrón, descansad mientras y, tan pronto como vuelva a estar consciente, a seguir hasta que cante.
-Eso...eso no va a ser posible, señor comisario.
-¿Cómo que no va a ser posible?
-Usted nos dijo que llegáramos hasta donde hubiera que llegar para conseguir la verdad, y resulta que hemos llegado hasta el final del tío, y la verdad no estaba por ninguna parte.
-¿No querrás decir que?
-Sí, se nos ha muerto.
-¿Cómo que se os ha muerto? ¡Pero qué matones de mierda sois!
-¡Usted nos dijo: "¡Hacedle todo lo que haga falta, no os cortéis!"
-¡Joder, me cago en mi madre, ni para esto valéis, inútiles de mierda! En fin, ya no hay solución...Llama al gabinete de prensa y que preparen el comunicado. Ellos ya saben qué poner: se os escapó, salió corriendo por las escaleras, cayó mal y se desnucó. Y con vosotros, ya hablaré...
El comisario salió de la sala, tras pegar un portazo seco.
-¡Gilipollas, me habría gustado verle a él aquí! ¡Es imposible hacerle todo lo que le hemos hecho a alguien sin matarlo!
-Sí, ¡qué par de pelotas tenía el chaval!
-¡Para mí las quisiera!
-Si te soy sincero, entré en esta sala sintiendo asco por este cabrón, pero ahora casi que le admiro.
-¡No te pases, coño!
-He dicho casi. Pero, hasta hace unas horas, éste para mí era un asesino hijo de mala madre, sanguinario y cobarde, y ahora retiro lo último.
-Me parece a mi que esto de torturarle quizás no ha sido tan buena idea.
-Igual tienes razón.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Dejándonos de Historias y yendo por Derecho (60 años vacíos).
60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hoy. Mientras los pedantes de la pluma fácil, la cartera llena y el alma hueca se apresuran a gastar tinta con encendidos alegatos que nada van a quemar y/o estrofas de rima consonante y contenido estéril, yo me limitaré a hacer dos reflexiones:
-Los Derechos Humanos han de ser una causa común de todos, todas, todes, todis y todus. Lamentablemente, el ser humano es ser egoísta (yo el primero). Ante todo, nos preocupa NUESTRA hipoteca y NUESTRO empleo. Como me dijo en cierta ocasión un tipo en Getafe (Madrid), cuando le hable de la necesidad de regular el comercio de armas: "O sea, que para que no maten a unos negros en África, hay que cerrar fábricas y se tienen que quedar en paro españoles". No encuentro mejor ejemplo. Mientras eso no cambie, los (nuestros) gobernantes jamás se van a molestar en propiciar costosos cambios en remotos países que, a fin de cuentas, no les van a reportar más que un puñado de votos.
-Las violaciones de los Derechos Humanos seguirán siendo una constante mientras el olvido y la impunidad, instrumento ambos de bastardos intereses, sigan existiendo. El niño de los años 80 que fui, y que recuerda el escalofrío que le produjo enterarse por el telediario de que un avión con más de 200 personas había estallado sobre Escocia, contempla ahora perplejo las sonrisas con que mis políticos de diestra y de siniestra reciben al autor intelectual (y declarado) de aquella masacre (un tal Gaddafi). Debió ser por la impresión que pensé un disparate: ¿qué pasaría si encontraran la mayor reserva petrolífera mundial a 3 kilómetros de Getxo, Lasarte o el mismo Bilbao? Igual nos tocaría ver más abrazos del todo impensables. (Tonterías, ya digo).
Y esto es lo que hay. Me temo que se cumplirán 70, 80...100 años, y nos seguiremos agarrando a pequeños logros como justificación de que la lucha está siendo fructífera y merece la pena continuar en ella. Pero, a fin de cuentas, 60 años de Derechos Humanos y los críos se nos siguen muriendo de hambre, de malaria o de bala.
¡Que puta poca vergüenza tenemos, señores!

Imagen de la lápida en memoria de las 270 víctimas mortales del atentando de Lockerbie (Escocia) hace 20 años. Símbolo de la barbarie más absurda y de lo fácil que se seca la sangre y llega el olvido.
-Los Derechos Humanos han de ser una causa común de todos, todas, todes, todis y todus. Lamentablemente, el ser humano es ser egoísta (yo el primero). Ante todo, nos preocupa NUESTRA hipoteca y NUESTRO empleo. Como me dijo en cierta ocasión un tipo en Getafe (Madrid), cuando le hable de la necesidad de regular el comercio de armas: "O sea, que para que no maten a unos negros en África, hay que cerrar fábricas y se tienen que quedar en paro españoles". No encuentro mejor ejemplo. Mientras eso no cambie, los (nuestros) gobernantes jamás se van a molestar en propiciar costosos cambios en remotos países que, a fin de cuentas, no les van a reportar más que un puñado de votos.
-Las violaciones de los Derechos Humanos seguirán siendo una constante mientras el olvido y la impunidad, instrumento ambos de bastardos intereses, sigan existiendo. El niño de los años 80 que fui, y que recuerda el escalofrío que le produjo enterarse por el telediario de que un avión con más de 200 personas había estallado sobre Escocia, contempla ahora perplejo las sonrisas con que mis políticos de diestra y de siniestra reciben al autor intelectual (y declarado) de aquella masacre (un tal Gaddafi). Debió ser por la impresión que pensé un disparate: ¿qué pasaría si encontraran la mayor reserva petrolífera mundial a 3 kilómetros de Getxo, Lasarte o el mismo Bilbao? Igual nos tocaría ver más abrazos del todo impensables. (Tonterías, ya digo).
Y esto es lo que hay. Me temo que se cumplirán 70, 80...100 años, y nos seguiremos agarrando a pequeños logros como justificación de que la lucha está siendo fructífera y merece la pena continuar en ella. Pero, a fin de cuentas, 60 años de Derechos Humanos y los críos se nos siguen muriendo de hambre, de malaria o de bala.
¡Que puta poca vergüenza tenemos, señores!

Imagen de la lápida en memoria de las 270 víctimas mortales del atentando de Lockerbie (Escocia) hace 20 años. Símbolo de la barbarie más absurda y de lo fácil que se seca la sangre y llega el olvido.
martes, 9 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos. Artículo 30.
"Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración".
El pasado día 22 hizo 20 años. Fue una décima de segundo inolvidable. El zambombazo, el temblor de puertas, paredes y adornos. Después, la confusión, la sorpresa, la incertidumbre. Gente por la calle, cristales rotos en las ventanas, la muerte intuida pero aún no confirmada.
Afortunadamente, para mí se quedó en una muy desagradable anécdota. El niño Luis Delgado no tuvo tanta suerte. Murió como consecuencia del atentado.
Yo soy bien corto de entendederas, y por eso debe ser que no me explico cómo el camino a la libertad de un pueblo pasa por matar a un niño de tres años. Los hay muy, muy inteligentes que ven bien claro el asunto. Pero, francamente, si la inteligencia me va a volver como ellos, prefiero seguir siendo un tonto.
El pasado día 22 hizo 20 años. Fue una décima de segundo inolvidable. El zambombazo, el temblor de puertas, paredes y adornos. Después, la confusión, la sorpresa, la incertidumbre. Gente por la calle, cristales rotos en las ventanas, la muerte intuida pero aún no confirmada.
Afortunadamente, para mí se quedó en una muy desagradable anécdota. El niño Luis Delgado no tuvo tanta suerte. Murió como consecuencia del atentado.
Yo soy bien corto de entendederas, y por eso debe ser que no me explico cómo el camino a la libertad de un pueblo pasa por matar a un niño de tres años. Los hay muy, muy inteligentes que ven bien claro el asunto. Pero, francamente, si la inteligencia me va a volver como ellos, prefiero seguir siendo un tonto.
lunes, 8 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 29.
"1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas".
El alto de la careta de Spiderman les había dicho con un acento casi cómico que ninguno se hiciera el héroe. Demasiado tarde, Stan Jones ya lo era. Aunque nadie lo diría, tirado en el suelo y vestido con aquella sotana. La guerra tiene ese efecto en las personas: de poli-condecorado comandante de los Marines a párroco de un pueblo del sur de Wisconsin.
Seguro que el equipo de crisis parapetado tras los coches patrulla, con el sheriff Willis a la cabeza, ya estaba al tanto de su presencia dentro del banco. Y seguro que confiaban en él como la principal esperanza de los rehenes. Era bien cierto que había dejado el cuerpo hacía años, pero hay cosas que no se olvidan. Además, el enemigo no parecía de mucha envergadura.
Había un asaltante que aún ni tenía voz de hombre. Le recordaba a él la primera vez que entró en combate. La bravuconería en las palabras y en los gestos, pero los labios secos y el miedo en los ojos tras el pasamontañas. En cuanto a los otros dos; uno era corpulento, pero todo grasa y el superhéroe arácnido de mentira no sabía ni coger con propiedad la pistola con que apuntaba al asustado cajero.
El único problema era que había jurado no volver a matar, y no estaba seguro de poder recuperar el control de la situación sin romper tan solemne promesa (y algunos cuellos). Por otra parte, toda aquella gente no merecía morir, eso estaba claro. Sí, su deber era pasar a la acción, pero...cuanto más miraba al jovencito, más imágenes de sí mismo le bombardeaban la conciencia. Se había ablandado, ¡con lo que él había sido! En fin, sólo le quedaba una salida. Entrecruzo las manos y se puso a orar en busca de un poco de ayuda divina.
***
Nada más salir correteando por la puerta de cristal, una pizpireta y escurridiza reportera le atrapó con la destreza de la lengua de un camaleón a una mosca.
-Padre, apuesto a que usted rezó mucho ahí dentro, y apuesto a que no esperaba que sus plegarias tuvieran una respuesta tan rotunda y directa.
-Ciertamente, hija. Ciertamente.
¿Quién iba a imaginar que aquella mañana una delegación de cinco integrantes de la policía secreta de paso hacia Chicago también iría a sacar dinero al banco? Por el gordo y el de la perilla no pudo hacer nada, que hay gente que no tiene suerte ni para atracar. Al menos el jovencito tuvo el suficiente sentido común para rendirse antes de que le dieran matarile a él también.
Mientras se llevaban al muchacho entre un tumulto de voces y fotos, el padre Stan sonrió para sí con un punto de nostalgia. Él también se había entregado sin pegar un tiro la primera vez. Por desgracia, no aprendió la lección y salió de su breve pero doloroso cautiverio con la única obsesión de vengarse de todo y de todos. Y a fe que lo había hecho.
Iría a la cárcel a hablar con el muchacho e intentaría con todas sus fuerzas que él no cometiera sus mismos errores, aunque era plenamente consciente de que lo más seguro era que no lo lograra. ¡Perra juventud ignorante y sabionda!
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.
3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas".
El alto de la careta de Spiderman les había dicho con un acento casi cómico que ninguno se hiciera el héroe. Demasiado tarde, Stan Jones ya lo era. Aunque nadie lo diría, tirado en el suelo y vestido con aquella sotana. La guerra tiene ese efecto en las personas: de poli-condecorado comandante de los Marines a párroco de un pueblo del sur de Wisconsin.
Seguro que el equipo de crisis parapetado tras los coches patrulla, con el sheriff Willis a la cabeza, ya estaba al tanto de su presencia dentro del banco. Y seguro que confiaban en él como la principal esperanza de los rehenes. Era bien cierto que había dejado el cuerpo hacía años, pero hay cosas que no se olvidan. Además, el enemigo no parecía de mucha envergadura.
Había un asaltante que aún ni tenía voz de hombre. Le recordaba a él la primera vez que entró en combate. La bravuconería en las palabras y en los gestos, pero los labios secos y el miedo en los ojos tras el pasamontañas. En cuanto a los otros dos; uno era corpulento, pero todo grasa y el superhéroe arácnido de mentira no sabía ni coger con propiedad la pistola con que apuntaba al asustado cajero.
El único problema era que había jurado no volver a matar, y no estaba seguro de poder recuperar el control de la situación sin romper tan solemne promesa (y algunos cuellos). Por otra parte, toda aquella gente no merecía morir, eso estaba claro. Sí, su deber era pasar a la acción, pero...cuanto más miraba al jovencito, más imágenes de sí mismo le bombardeaban la conciencia. Se había ablandado, ¡con lo que él había sido! En fin, sólo le quedaba una salida. Entrecruzo las manos y se puso a orar en busca de un poco de ayuda divina.
***
Nada más salir correteando por la puerta de cristal, una pizpireta y escurridiza reportera le atrapó con la destreza de la lengua de un camaleón a una mosca.
-Padre, apuesto a que usted rezó mucho ahí dentro, y apuesto a que no esperaba que sus plegarias tuvieran una respuesta tan rotunda y directa.
-Ciertamente, hija. Ciertamente.
¿Quién iba a imaginar que aquella mañana una delegación de cinco integrantes de la policía secreta de paso hacia Chicago también iría a sacar dinero al banco? Por el gordo y el de la perilla no pudo hacer nada, que hay gente que no tiene suerte ni para atracar. Al menos el jovencito tuvo el suficiente sentido común para rendirse antes de que le dieran matarile a él también.
Mientras se llevaban al muchacho entre un tumulto de voces y fotos, el padre Stan sonrió para sí con un punto de nostalgia. Él también se había entregado sin pegar un tiro la primera vez. Por desgracia, no aprendió la lección y salió de su breve pero doloroso cautiverio con la única obsesión de vengarse de todo y de todos. Y a fe que lo había hecho.
Iría a la cárcel a hablar con el muchacho e intentaría con todas sus fuerzas que él no cometiera sus mismos errores, aunque era plenamente consciente de que lo más seguro era que no lo lograra. ¡Perra juventud ignorante y sabionda!
domingo, 7 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 28.
"Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos".
Esperaba morir, pero no tan pronto. Mejor dicho, esperaba que lo mataran. Daba igual, estaba muerto de todos modos, aunque había sido capaz de guardar el secreto admirablemente.
Iba a ser el presidente perfecto: un hombre que sabía que que no llegaría a la reelección; ni al lucrativo circuito de las charlas en prestigiosos clubes; ni al siempre sustancioso contrato por las jugosas memorias; ni, en especial, a los consejos de administración de un ramillete de empresas poderosas, selectas y tremendamente agradecidas.
Intentó despistarles con unas primeras medidas absolutamente inofensivas, pero nada más iniciar el brusco giro que daría techo y plato a millones de personas (pero les costaría la embarcación de recreo a unos miles), se encargaron de él en cuestión de días. De hecho, en el momento de su asesinato había ya otro puñado de conspiraciones serias contra su vida, todas orquestadas por diferentes sectores industriales y sociales. Hasta su jefe de seguridad estaba metido en una de ellas.
Los libros de historia apenas le reservarían un párrafo: el innovador presidente que duró unos meses en el cargo antes de perecer víctima (oficialmente) de las balas de un extremista resentido y solitario. El presidente que -entre otras cosas- intentó cancelar la compra de unas armas que su país no necesitaba, realizar una investigación seria e imparcial sobre las actuaciones de las empresas de su nación en el extranjero y subir los impuestos a los que más tenían para ayudar a los que más lo necesitaban.
En otras palabras, un tipo al que le reventaron el corazón a tiros por ingenuo, idealista y gilipollas. Siendo tan grande, fue un blanco fácil.
Esperaba morir, pero no tan pronto. Mejor dicho, esperaba que lo mataran. Daba igual, estaba muerto de todos modos, aunque había sido capaz de guardar el secreto admirablemente.
Iba a ser el presidente perfecto: un hombre que sabía que que no llegaría a la reelección; ni al lucrativo circuito de las charlas en prestigiosos clubes; ni al siempre sustancioso contrato por las jugosas memorias; ni, en especial, a los consejos de administración de un ramillete de empresas poderosas, selectas y tremendamente agradecidas.
Intentó despistarles con unas primeras medidas absolutamente inofensivas, pero nada más iniciar el brusco giro que daría techo y plato a millones de personas (pero les costaría la embarcación de recreo a unos miles), se encargaron de él en cuestión de días. De hecho, en el momento de su asesinato había ya otro puñado de conspiraciones serias contra su vida, todas orquestadas por diferentes sectores industriales y sociales. Hasta su jefe de seguridad estaba metido en una de ellas.
Los libros de historia apenas le reservarían un párrafo: el innovador presidente que duró unos meses en el cargo antes de perecer víctima (oficialmente) de las balas de un extremista resentido y solitario. El presidente que -entre otras cosas- intentó cancelar la compra de unas armas que su país no necesitaba, realizar una investigación seria e imparcial sobre las actuaciones de las empresas de su nación en el extranjero y subir los impuestos a los que más tenían para ayudar a los que más lo necesitaban.
En otras palabras, un tipo al que le reventaron el corazón a tiros por ingenuo, idealista y gilipollas. Siendo tan grande, fue un blanco fácil.
sábado, 6 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 27.
"1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora".
-¡Me encanta tu música! ¡Tengo todos tus discos! ¡Eres genial!
Otra sonrisa contractual más para otro autógrafo más en un inmensa superficie como otra cualquiera. Los primeros que firmó le hicieron tela de ilusión, que hasta dedicaba unos segundos para pensar algo que bonito poner. Ahora, se limitaba a hacer un garabato y que pase el siguiente.
-¡Me encanta tu música! ¡Tengo todos tus discos! ¡Eres genial!
A por otro. Sin embargo, esta vez el tacto del rotulador sobre la portada era diferente y raro...¿Qué es esto? ¡Papel del normal! ¡Joé, como que es una copia pirata! Se le encendió la sangre.
-¿No tienes vergüenza, chavala? ¡Esto que me traes es robarme a mí y a mucha gente! ¡Lárgate antes de que te denuncie por ladrona!
Sí, el sensible poeta a guitarra de las esquinas sombrías y los bares que huelen a alcohol y amor acababa de perder una fan que se iba llorosa. Se lo podía permitir, tenía millones.
De vuelta al chalet, aún con el regusto del cabreo en el paladar, al mamón del chofer le dio por poner una radio-fórmula de esas.
"Soy el golfo más canalla de los ladrones de Alí Babá
el que roba peras y secuestra corazones por donde va.
Soy el mafioso de los besos, el gangster de tus sueños, un tipo del revés;
el principito de los barras, el rey de 'toas' las farras y el que manga..
discos en el Corte Inglés".
-Esta canción es del primer disco que sacó, ¿no, señor?
-¡Cállate y conduce!
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora".
-¡Me encanta tu música! ¡Tengo todos tus discos! ¡Eres genial!
Otra sonrisa contractual más para otro autógrafo más en un inmensa superficie como otra cualquiera. Los primeros que firmó le hicieron tela de ilusión, que hasta dedicaba unos segundos para pensar algo que bonito poner. Ahora, se limitaba a hacer un garabato y que pase el siguiente.
-¡Me encanta tu música! ¡Tengo todos tus discos! ¡Eres genial!
A por otro. Sin embargo, esta vez el tacto del rotulador sobre la portada era diferente y raro...¿Qué es esto? ¡Papel del normal! ¡Joé, como que es una copia pirata! Se le encendió la sangre.
-¿No tienes vergüenza, chavala? ¡Esto que me traes es robarme a mí y a mucha gente! ¡Lárgate antes de que te denuncie por ladrona!
Sí, el sensible poeta a guitarra de las esquinas sombrías y los bares que huelen a alcohol y amor acababa de perder una fan que se iba llorosa. Se lo podía permitir, tenía millones.
De vuelta al chalet, aún con el regusto del cabreo en el paladar, al mamón del chofer le dio por poner una radio-fórmula de esas.
"Soy el golfo más canalla de los ladrones de Alí Babá
el que roba peras y secuestra corazones por donde va.
Soy el mafioso de los besos, el gangster de tus sueños, un tipo del revés;
el principito de los barras, el rey de 'toas' las farras y el que manga..
discos en el Corte Inglés".
-Esta canción es del primer disco que sacó, ¿no, señor?
-¡Cállate y conduce!
viernes, 5 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 26.
"1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".
De todos los institutos de secundaria de la comunidad, el nuevo consejero de educación había tenido que empezar su carrera profesional precisamente en aquél. Porca miseria, que dicen los italianos. En circunstancias normales, aquello habría significado una importante inyección de privilegios bajo cuerda. Pero el buen señor era honrado (en otras palabras, llevaba poco tiempo en política). En fin, paciencia y acompañarle en la visita propagandístico-nostálgica.
-!Ay, Lorenzo, cómo echo de menos la docencia!
Mentira podrida. Estás disfrutando cada minuto que pasas alejado de las aulas, metido en tu despacho de cuero oficial.
-Mira, en esta clase tuve yo mi primera tutoría. Hace 22 años ya. Tú seguro que ni habías terminado la carrera.
-Estaba en ello, señor consejero.
-¡Carlos, llámame Carlos, que somos compañeros!
No hace falta que chilles tanto, que las cámaras que nos siguen tienen unos micrófonos estupendos.
-Sí, perdona, Carlos.
-¿Sabes como me llamaban los chicos? ¡El Charli!
Realmente, era más conocido como "Milikito", pero no rompamos su ilusión.
-En fin, que me tengo que ir. Lorenzo, un placer y ya sabéis donde me tenéis todos los docentes para lo que queráis.
-Muchas gracias, señor con...Carlos.
Con tanta cámara y tanto flash no hay quien se concentre.
Lorenzo vio alejarse el coche oficial. A su lado, el jefe de estudios, guerrero de mil batallas de tiza y antiguo compañero del flamante cargo en su época en el instituto.
-Bueno, voy a ir soltando ya a los alumnos chungos que tenemos encerrados del gimnasio.
-¿Tú crees que "Milikito" habrá odio las voces que daban?
-No, este tío nunca se esteraba de nada.
-¿Por qué habrán nombrado a ese inútil consejero de educación?
-Pues precisamente por eso. A los válidos se los reservan para economía, empleo, transporte, seguridad...
-Las cosas importantes.
-Exacto.
-Bueno, al menos da bien en cámara.
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos".
De todos los institutos de secundaria de la comunidad, el nuevo consejero de educación había tenido que empezar su carrera profesional precisamente en aquél. Porca miseria, que dicen los italianos. En circunstancias normales, aquello habría significado una importante inyección de privilegios bajo cuerda. Pero el buen señor era honrado (en otras palabras, llevaba poco tiempo en política). En fin, paciencia y acompañarle en la visita propagandístico-nostálgica.
-!Ay, Lorenzo, cómo echo de menos la docencia!
Mentira podrida. Estás disfrutando cada minuto que pasas alejado de las aulas, metido en tu despacho de cuero oficial.
-Mira, en esta clase tuve yo mi primera tutoría. Hace 22 años ya. Tú seguro que ni habías terminado la carrera.
-Estaba en ello, señor consejero.
-¡Carlos, llámame Carlos, que somos compañeros!
No hace falta que chilles tanto, que las cámaras que nos siguen tienen unos micrófonos estupendos.
-Sí, perdona, Carlos.
-¿Sabes como me llamaban los chicos? ¡El Charli!
Realmente, era más conocido como "Milikito", pero no rompamos su ilusión.
-En fin, que me tengo que ir. Lorenzo, un placer y ya sabéis donde me tenéis todos los docentes para lo que queráis.
-Muchas gracias, señor con...Carlos.
Con tanta cámara y tanto flash no hay quien se concentre.
Lorenzo vio alejarse el coche oficial. A su lado, el jefe de estudios, guerrero de mil batallas de tiza y antiguo compañero del flamante cargo en su época en el instituto.
-Bueno, voy a ir soltando ya a los alumnos chungos que tenemos encerrados del gimnasio.
-¿Tú crees que "Milikito" habrá odio las voces que daban?
-No, este tío nunca se esteraba de nada.
-¿Por qué habrán nombrado a ese inútil consejero de educación?
-Pues precisamente por eso. A los válidos se los reservan para economía, empleo, transporte, seguridad...
-Las cosas importantes.
-Exacto.
-Bueno, al menos da bien en cámara.
jueves, 4 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 25.
"1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social".
-¡Mamá, esta comida es un asco!
-Pero te alimenta.
-¡Mamá, estas zapatillas no son de marca!
-Pero no vas descalzo.
-¡Mamá, esta casa está fatal comunicada!
-Pero es un techo que te cobija de la lluvia y el frío.
Manolito sólo sabía quejarse. Manolito nunca estaba contento. Seguramente, fue ese bendito inconformismo el que le impulsó a estudiar, trabajar y luchar. Ahora, don Manuel come de restaurante, viste de marca y reside de lujo. Pero, además, ahora don Manuel dedica parte de su tiempo libre (su bien más preciado y escaso) a que otra gente que no tiene comida, ropa o casa de la que quejarse, pueda protestar porque que la sopa está fría, la camisa pasada de moda y la calefacción estropeada.
Don Manuel no es un emisario de la caridad -se niega a ser tal cosa-, sino un agente de la más pura Justicia. Don Manuel, Manolito, es un voluntario, un activista de derechos humanos.
¡Casi na!
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social".
-¡Mamá, esta comida es un asco!
-Pero te alimenta.
-¡Mamá, estas zapatillas no son de marca!
-Pero no vas descalzo.
-¡Mamá, esta casa está fatal comunicada!
-Pero es un techo que te cobija de la lluvia y el frío.
Manolito sólo sabía quejarse. Manolito nunca estaba contento. Seguramente, fue ese bendito inconformismo el que le impulsó a estudiar, trabajar y luchar. Ahora, don Manuel come de restaurante, viste de marca y reside de lujo. Pero, además, ahora don Manuel dedica parte de su tiempo libre (su bien más preciado y escaso) a que otra gente que no tiene comida, ropa o casa de la que quejarse, pueda protestar porque que la sopa está fría, la camisa pasada de moda y la calefacción estropeada.
Don Manuel no es un emisario de la caridad -se niega a ser tal cosa-, sino un agente de la más pura Justicia. Don Manuel, Manolito, es un voluntario, un activista de derechos humanos.
¡Casi na!
miércoles, 3 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 24.
"Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas".
El señor Azpieta cambia de móvil más que de camisa. Siempre a cargo de la empresa, claro está. Ya, ni se molesta en digerir el libro de instrucciones. ¿Para qué? Cuando se termina de hacer con el cacharro, le recetan otro. Sabe hacer lo necesario y punto. De todos modos, tampoco tiene demasiado tiempo para leer.
Luciano hereda móviles heredados. En cualquier caso, para llamar a la parienta a las primeras, segundas y terceras de cambio, tampoco precisa de más.
El señor Azpieta es del F.C. Barcelona de toda la vida. Tercera generación de culés de corazón, y orgulloso guardián de una tradición que está inculcando a sus hijos (aunque el pequeño se ha torcido y le va más la NBA).
Luciano es del Real Madrid, como cualquier persona con sensibilidad y un poquito de sentido común que haya nacido en la capital de España.
El señor Azpieta es muy educado, y siempre se despide de sus subordinados con un característico aroma de paternalismo.
-Que, Luciano, ¿quién va a ganar mañana?
-Espero que los míos, señor Azpieta.
-¡Os vamos a encajar una manita!
-Espero que no, señor Azpieta.
-Bueno, me voy, que pierdo el puente aéreo. ¿Algún recado para tu presidente?
-¿Va usted otra vez al palco?
-¡Como está mandado, Luciano!
-¡Qué suerte tiene usted!
-Bah, por la tele se ve mejor, hazme caso.
Y el importantísimo señor Azpieta se fue, no sin antes propinarle a Luciano el cachetito de superioridad cariñosa de costumbre.
Lástima de móvil de última generación, de esos cuyo estruendo ni un estadio es capaz de acallar; lástima de urgencia urgentísima en la multinacional, de esas que sólo el prodigioso Azpieta es capaz de solventar; lástima de perderse más de la mitad de un partido pegado a un teléfono en el antepalco...
-¡Qué lástima, al palo!
-Luciano, no pegues eso brincos, que te vas a cargar el sofá. Y enciende el móvil de una dichosa vez, a ver si va a llamar la niña.
El señor Azpieta cambia de móvil más que de camisa. Siempre a cargo de la empresa, claro está. Ya, ni se molesta en digerir el libro de instrucciones. ¿Para qué? Cuando se termina de hacer con el cacharro, le recetan otro. Sabe hacer lo necesario y punto. De todos modos, tampoco tiene demasiado tiempo para leer.
Luciano hereda móviles heredados. En cualquier caso, para llamar a la parienta a las primeras, segundas y terceras de cambio, tampoco precisa de más.
El señor Azpieta es del F.C. Barcelona de toda la vida. Tercera generación de culés de corazón, y orgulloso guardián de una tradición que está inculcando a sus hijos (aunque el pequeño se ha torcido y le va más la NBA).
Luciano es del Real Madrid, como cualquier persona con sensibilidad y un poquito de sentido común que haya nacido en la capital de España.
El señor Azpieta es muy educado, y siempre se despide de sus subordinados con un característico aroma de paternalismo.
-Que, Luciano, ¿quién va a ganar mañana?
-Espero que los míos, señor Azpieta.
-¡Os vamos a encajar una manita!
-Espero que no, señor Azpieta.
-Bueno, me voy, que pierdo el puente aéreo. ¿Algún recado para tu presidente?
-¿Va usted otra vez al palco?
-¡Como está mandado, Luciano!
-¡Qué suerte tiene usted!
-Bah, por la tele se ve mejor, hazme caso.
Y el importantísimo señor Azpieta se fue, no sin antes propinarle a Luciano el cachetito de superioridad cariñosa de costumbre.
Lástima de móvil de última generación, de esos cuyo estruendo ni un estadio es capaz de acallar; lástima de urgencia urgentísima en la multinacional, de esas que sólo el prodigioso Azpieta es capaz de solventar; lástima de perderse más de la mitad de un partido pegado a un teléfono en el antepalco...
-¡Qué lástima, al palo!
-Luciano, no pegues eso brincos, que te vas a cargar el sofá. Y enciende el móvil de una dichosa vez, a ver si va a llamar la niña.
martes, 2 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 23.
"1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses".
Es difícil explicarle qué es estar parado a un niño. Esa sensación de ser excedente humano, de que no le haces falta al mundo para que siga rodando...Sí, es complicado.
Germán llevaba ya demasiado tiempo conviviendo con ello. Las chapuzas ocasionales, las cosillas que salen pero pronto se esconden y las suplencias sin futuro eran un alivio, pero no una cura. No obstante, Germán se levantaba todas las mañanas, se lavaba las legañas y se afeitaba cuidadosamente. Luego, se calzaba la ropa limpia, sorbía una inyección de café instantáneo, decía adiós y salía a buscar trabajo.
La mayoría de los días, no había demasiada suerte. Era demasiado viejo, únicamente sabía hablar en cristiano o, simplemente, "no se ajustaba al perfil". Volvía a casa como un francés de Waterloo: con el paso lento, la cabeza gacha y la barba reverdecida.
-¿Hoy también vas a madrugar para nada? Quédate durmiendo un ratito más, tú que puedes.
Ella tenía razón, como siempre. Pero él no estaba dispuesto a dársela, también como siempre.
-¿Sabes por qué no encuentro trabajo? Porque esos tíos de recursos humanos sólo buscan "perfiles" y los hombres como yo vamos a todo de cara.
-¿Dónde vas?
-A afeitarme. Eso nadie puede quitármelo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses".
Es difícil explicarle qué es estar parado a un niño. Esa sensación de ser excedente humano, de que no le haces falta al mundo para que siga rodando...Sí, es complicado.
Germán llevaba ya demasiado tiempo conviviendo con ello. Las chapuzas ocasionales, las cosillas que salen pero pronto se esconden y las suplencias sin futuro eran un alivio, pero no una cura. No obstante, Germán se levantaba todas las mañanas, se lavaba las legañas y se afeitaba cuidadosamente. Luego, se calzaba la ropa limpia, sorbía una inyección de café instantáneo, decía adiós y salía a buscar trabajo.
La mayoría de los días, no había demasiada suerte. Era demasiado viejo, únicamente sabía hablar en cristiano o, simplemente, "no se ajustaba al perfil". Volvía a casa como un francés de Waterloo: con el paso lento, la cabeza gacha y la barba reverdecida.
-¿Hoy también vas a madrugar para nada? Quédate durmiendo un ratito más, tú que puedes.
Ella tenía razón, como siempre. Pero él no estaba dispuesto a dársela, también como siempre.
-¿Sabes por qué no encuentro trabajo? Porque esos tíos de recursos humanos sólo buscan "perfiles" y los hombres como yo vamos a todo de cara.
-¿Dónde vas?
-A afeitarme. Eso nadie puede quitármelo.
lunes, 1 de diciembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 22.
"Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad".
-Señor, hay un tipo esperando fuera que dice que quiere cambiar el mundo.
-¡Qué manía les ha entrado con eso! Si está perfectamente como es.
-¿Le digo que pase?
-No, ya estoy harto de perder el tiempo con esa gentuza. Haga lo de siempre: dígale que sí a todo y firme los de documentos de costumbre -esos que prepararon mis abogados y están plagados de solemnes y rimbombantes promesas, pero cuya letra pequeña me exime del más mínimo compromiso-.
-Señor, llegará el día en que este truco dejará de valer.
-¿Usted cree? ¡No subestime el poder de mi equipo de propaganda!
-Gabinete de comunicación, señor.
-Eso quise decir.
-Señor, hay un tipo esperando fuera que dice que quiere cambiar el mundo.
-¡Qué manía les ha entrado con eso! Si está perfectamente como es.
-¿Le digo que pase?
-No, ya estoy harto de perder el tiempo con esa gentuza. Haga lo de siempre: dígale que sí a todo y firme los de documentos de costumbre -esos que prepararon mis abogados y están plagados de solemnes y rimbombantes promesas, pero cuya letra pequeña me exime del más mínimo compromiso-.
-Señor, llegará el día en que este truco dejará de valer.
-¿Usted cree? ¡No subestime el poder de mi equipo de propaganda!
-Gabinete de comunicación, señor.
-Eso quise decir.
domingo, 30 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 21.
"1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.
2. Toda persona tiene el derecho de accceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto".
-El tío de hace un rato, ¿crees que irá a votar mañana?
-¿Qué tío de hace un rato?
El agente Parker y su preguntas absurdas de los lunes por la noche. El agente Halls odiaba salir de patrulla con él sólo por eso.
-Al que trincamos a toda velocidad y con un par de copas de más, ¿crees que votará?
-¡Yo qué sé, Parker! ¡Hará lo que le dé la gana!
-¡Pero era un completo insensato! Puso en peligro su vida y la de otros, ¿cómo podemos dejar algo tan importante como la eleccion de nuestro próximo presidente en sus manos?
-Esto es una democracia, Parker. Un hombre, un voto. Además, una papeleta más o menos no vale para nada. No es decisiva.
-Sí, pero hay cientos de miles de tipos como ése que pueblan nuestro país. Repasa los avisos que hemos recibido sólo en el último mes: el hombre aquel que se electrocutó intentando reparar una tostadora enchufada, el que se abrió la crisma por intentar salta a la piscina del hotel desde la terraza de su habitación, al que casi le estrangula su boa... ¡Los descerebrados son una fuerza electoral de primer orden!
-¡Mira, Parker, si no estás contento, vete a Rusia!
-Vale, vale. Me callo.
Se hizo un largo silenció, sólo roto por el constante cotorreo de la radio del coche.
-Home para Blue 12.
-Aquí Blue 12. Adelante, Home.
-Tenemos a un individuo atrapado en la alambrada de un colegio electoral en la Avenida Franklin con Johnson. Va vestido de Mickey Mouse, con orejas y todo.
-Vamos para allá, Home. ¿Qué demonios hace allí?
-Parece ser que es una especie de apuesta, Blue 12. Tiene que ser la primera persona de todo el estado en votar y debe hacerlo disfrazado.
-¿Ha dicho a quién, Home?
-¿Perdón, Blue 12?
-Nada, Home. Estaba intentando decidir mi voto de mañana. Y tú no te rías, Parker. Que te he visto.
2. Toda persona tiene el derecho de accceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas de su país.
3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto".
-El tío de hace un rato, ¿crees que irá a votar mañana?
-¿Qué tío de hace un rato?
El agente Parker y su preguntas absurdas de los lunes por la noche. El agente Halls odiaba salir de patrulla con él sólo por eso.
-Al que trincamos a toda velocidad y con un par de copas de más, ¿crees que votará?
-¡Yo qué sé, Parker! ¡Hará lo que le dé la gana!
-¡Pero era un completo insensato! Puso en peligro su vida y la de otros, ¿cómo podemos dejar algo tan importante como la eleccion de nuestro próximo presidente en sus manos?
-Esto es una democracia, Parker. Un hombre, un voto. Además, una papeleta más o menos no vale para nada. No es decisiva.
-Sí, pero hay cientos de miles de tipos como ése que pueblan nuestro país. Repasa los avisos que hemos recibido sólo en el último mes: el hombre aquel que se electrocutó intentando reparar una tostadora enchufada, el que se abrió la crisma por intentar salta a la piscina del hotel desde la terraza de su habitación, al que casi le estrangula su boa... ¡Los descerebrados son una fuerza electoral de primer orden!
-¡Mira, Parker, si no estás contento, vete a Rusia!
-Vale, vale. Me callo.
Se hizo un largo silenció, sólo roto por el constante cotorreo de la radio del coche.
-Home para Blue 12.
-Aquí Blue 12. Adelante, Home.
-Tenemos a un individuo atrapado en la alambrada de un colegio electoral en la Avenida Franklin con Johnson. Va vestido de Mickey Mouse, con orejas y todo.
-Vamos para allá, Home. ¿Qué demonios hace allí?
-Parece ser que es una especie de apuesta, Blue 12. Tiene que ser la primera persona de todo el estado en votar y debe hacerlo disfrazado.
-¿Ha dicho a quién, Home?
-¿Perdón, Blue 12?
-Nada, Home. Estaba intentando decidir mi voto de mañana. Y tú no te rías, Parker. Que te he visto.
sábado, 29 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 20.
"1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación".
El pelirrojo de poco peló comprobó una vez más que tenía las entradas, y las devolvió a la seguridad del bolsillo interior de su cartera con el mimo que tal tesoro merecía. Colocó sus brazos estratégicamente cruzados sobre el pecho y miró con sospecha a todo el vagón. En el metro de Madrid, nunca se sabe.
-How many stations left?
-Just another couple.
Un estudiante de inglés se giró atraído por las voces distintivamente americanas. El panorama le provocó un suspiro de desolación resignada: Tres guiris disfrazados hasta los dientes de madridistas. Sin duda, unos turistas bobos y ricos para los que el partido del año no era más que una atracción turística más. Seguro que había soltado una pasta en la reventa sólo para saciar su curiosidad. Lo misma no aguantaban ni hasta el descanso. ¡Qué desperdicio de localidades!
Se equivocaba. Los tres forasteros eran la Peña Madridista "Manolo Velázquez", de Dale (Alabama), en pleno. De izquierda a derecha, según iban sentados, Mr. William E. Collins, fundador y presidente; Mr. Calvin D. Peters, co-fundador y vicepresidente, y Mr. Alvin Z. Peters, tesorero e hijo del anterior.
Para William y Calvin, no era su primera visita a Madrid. Los dos paisanos habían coincidido en la base de Torrejón a principios de los años 70. Por esas casualidades de la vida, un sargento español les había regalado unas entradas para ir al Santiago Bernabéu. Sin nada mejor que hacer, se acercaron aquel de domingo a ver de qué iba eso del fútbol a la europea. Fue un amor a primera vista que no terminó cuando los dos muchachos retornaron a su hogar.
Desde entonces, habían sido 30 años de hacer mil y una piruetas para ver los partidos o, al menos, enterarse del resultado; 30 años de ahorrar y ahorrar para permitirse el lujo de cruzar el charco de lustro en lustro para poder ver un choque en directo; 30 años de pasión exótica e incomprendida entre sus vecinos enganchados a los bates de béisbol y el fútbol de balón ovalado.
Al día siguiente, uno de esos periodistas televisivos del máster, la gomina y el presunto sentido del humor se burló abiertamente de las imágenes de tres norteamericanos cantando a pleno pulmón el único gol del partido (obviamente, obra de Raúl). ¡Una pena que tantos entendidos en fútbol sean unos ignorantes del fútbol! Si hubiera tenido la más mínima idea, se habría dado cuenta de que nadie en todo el Bernabéu celebraba con más pasión y alegría el tanto de la victoria.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación".
El pelirrojo de poco peló comprobó una vez más que tenía las entradas, y las devolvió a la seguridad del bolsillo interior de su cartera con el mimo que tal tesoro merecía. Colocó sus brazos estratégicamente cruzados sobre el pecho y miró con sospecha a todo el vagón. En el metro de Madrid, nunca se sabe.
-How many stations left?
-Just another couple.
Un estudiante de inglés se giró atraído por las voces distintivamente americanas. El panorama le provocó un suspiro de desolación resignada: Tres guiris disfrazados hasta los dientes de madridistas. Sin duda, unos turistas bobos y ricos para los que el partido del año no era más que una atracción turística más. Seguro que había soltado una pasta en la reventa sólo para saciar su curiosidad. Lo misma no aguantaban ni hasta el descanso. ¡Qué desperdicio de localidades!
Se equivocaba. Los tres forasteros eran la Peña Madridista "Manolo Velázquez", de Dale (Alabama), en pleno. De izquierda a derecha, según iban sentados, Mr. William E. Collins, fundador y presidente; Mr. Calvin D. Peters, co-fundador y vicepresidente, y Mr. Alvin Z. Peters, tesorero e hijo del anterior.
Para William y Calvin, no era su primera visita a Madrid. Los dos paisanos habían coincidido en la base de Torrejón a principios de los años 70. Por esas casualidades de la vida, un sargento español les había regalado unas entradas para ir al Santiago Bernabéu. Sin nada mejor que hacer, se acercaron aquel de domingo a ver de qué iba eso del fútbol a la europea. Fue un amor a primera vista que no terminó cuando los dos muchachos retornaron a su hogar.
Desde entonces, habían sido 30 años de hacer mil y una piruetas para ver los partidos o, al menos, enterarse del resultado; 30 años de ahorrar y ahorrar para permitirse el lujo de cruzar el charco de lustro en lustro para poder ver un choque en directo; 30 años de pasión exótica e incomprendida entre sus vecinos enganchados a los bates de béisbol y el fútbol de balón ovalado.
Al día siguiente, uno de esos periodistas televisivos del máster, la gomina y el presunto sentido del humor se burló abiertamente de las imágenes de tres norteamericanos cantando a pleno pulmón el único gol del partido (obviamente, obra de Raúl). ¡Una pena que tantos entendidos en fútbol sean unos ignorantes del fútbol! Si hubiera tenido la más mínima idea, se habría dado cuenta de que nadie en todo el Bernabéu celebraba con más pasión y alegría el tanto de la victoria.
viernes, 28 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 19.
"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".
El taxista reía a carcajadas; el pasajero, permanecía serio.
-¡Este Vicente es un cachondo! ¡Y el único que se atreve a decir la verdad de lo que está pasando!
El pasajero asintió sombrío. Otro sonora risotada llegó de la cabina de mandos del taxi.
-¡"El Botijero"! ¿Sabe usted quién es ese pájaro? ¡Uno de tantos que se están cargando este país! ¡Dale caña, Vicente!
El pasajero ancló la mirada en el mosaico de la ciudad tras el cristal. Cada vez disimulaba peor la molestia.
-¿Sabe usted por qué la ha puesto el mote de "El Botijero"? Porque tenía una fábrica de porcelanas en su pueblo. Y ni eso fue capaz de sacar pa'lante. La tuvo que cerrar. Se mete en política y le dan un cargo. ¡A ese inútil!
-¿Eso dice?
-Sí, ayer mismo lo comentó.
-Pues ni él inventó el apodo, ni era una fábrica, ni hubo que cerrarla. Lo de "El Botijero" se lo pusieron hace casi 40 años en un calabozo donde estaba por denunciar que habían echado injustamente a un muchacho del taller de alfarería donde trabajaba. Y el negocio no acabó siendo sólo suyo, sino de tres socios que se lo compraron al dueño arruinado. Por último, jamás quebró, lo convirtieron en el área de servicio que ahora es.
-¿Y usted cómo sabe todo eso?
-Pues porque "El Botijero" soy yo.
El parlanchín taxista se quedó mudo durante el resto del trayecto. Llegados al destino, solicitó el importe de la carrera con vergüenza y por favor.
-Tenga, quédese el cambio...Por cierto, ¿usted sabe lo que es la libertad de expresión?
-Pues...es eso de poder decir lo que a uno le da la gana, ¿no?
-Mentira, es el derecho de protestar libremente y sin miedo cuando un chaval se va al paro sólo por ligarse a la ex-novia del hijo de un empresario. Claro está que tiene un precio: recibir de labios de un presunto paladín de la libertad las mismas mofas que un día escuchaste de la autoridad chula y alcoholizada. Pero, créame, merece la pena pagarlo.
El taxista reía a carcajadas; el pasajero, permanecía serio.
-¡Este Vicente es un cachondo! ¡Y el único que se atreve a decir la verdad de lo que está pasando!
El pasajero asintió sombrío. Otro sonora risotada llegó de la cabina de mandos del taxi.
-¡"El Botijero"! ¿Sabe usted quién es ese pájaro? ¡Uno de tantos que se están cargando este país! ¡Dale caña, Vicente!
El pasajero ancló la mirada en el mosaico de la ciudad tras el cristal. Cada vez disimulaba peor la molestia.
-¿Sabe usted por qué la ha puesto el mote de "El Botijero"? Porque tenía una fábrica de porcelanas en su pueblo. Y ni eso fue capaz de sacar pa'lante. La tuvo que cerrar. Se mete en política y le dan un cargo. ¡A ese inútil!
-¿Eso dice?
-Sí, ayer mismo lo comentó.
-Pues ni él inventó el apodo, ni era una fábrica, ni hubo que cerrarla. Lo de "El Botijero" se lo pusieron hace casi 40 años en un calabozo donde estaba por denunciar que habían echado injustamente a un muchacho del taller de alfarería donde trabajaba. Y el negocio no acabó siendo sólo suyo, sino de tres socios que se lo compraron al dueño arruinado. Por último, jamás quebró, lo convirtieron en el área de servicio que ahora es.
-¿Y usted cómo sabe todo eso?
-Pues porque "El Botijero" soy yo.
El parlanchín taxista se quedó mudo durante el resto del trayecto. Llegados al destino, solicitó el importe de la carrera con vergüenza y por favor.
-Tenga, quédese el cambio...Por cierto, ¿usted sabe lo que es la libertad de expresión?
-Pues...es eso de poder decir lo que a uno le da la gana, ¿no?
-Mentira, es el derecho de protestar libremente y sin miedo cuando un chaval se va al paro sólo por ligarse a la ex-novia del hijo de un empresario. Claro está que tiene un precio: recibir de labios de un presunto paladín de la libertad las mismas mofas que un día escuchaste de la autoridad chula y alcoholizada. Pero, créame, merece la pena pagarlo.
jueves, 27 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 18.
"Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia".
¡Por tonto, le habían capturado por tonto! ¿A quién se le ocurre llevar la identificación militar encima? ¡Menuda caca de espía estaba hecho!
***
-Padre Webb, usted habla español, ¿no?
-Sí, hijo. Estar destinado en Gibraltar varios años trae este tipo de consecuencias.
-Estupendo. Es que, mire, los muchachos del comando Delta-2 han asaltado un barco pesquero argentino que se acercaba a nuestra flota y han pillado a un tío que con documentación militar abordo. Era por si nos podía echar una mano con el interrogatorio.
-¿Entramos en guerra con Argentina y la única persona en todo el buque insignia que habla español es un cura católico de 56 años?
-Sí, a mí también me encanta la Marina Real.
***
Conocía a la perfección el destino que aguardaba a los espías. Aunque, al menos, esperaba que le hicieran un juicio. O quizás no, pero tampoco podía quejarse. La guerra es la guerra. Sí, seguramente lo fusilarían allí mismo. En cubierta, en presencia de toda la marinería.
***
-Lo tenemos encerrado en el calabozo. La verdad es que parecía bastante alterado, aunque intentara disimularlo, con poco éxito.
-No me extraña. Verse de repente en un helicóptero, rodeado de esos energúmenos del Delta-2, dando voces en un idioma desconocido.
***
Había sido un católico practicante que había practicado bastante poco. Bien cierto era que participaba en todo tipo de ceremonias religiosas, pero de modo mecánico y más llevado por la presión social que por las propias convicciones. "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", eso...eso se temía que lo había cumplido más bien poco. Todos sus pecados, los que había cometido obedeciendo órdenes y los por propia iniciativa, se le iban pasando por la mente, como una imitación barata de las pelis esas de sexo y violencia.
***
-Oye, supongo que ese tipo tendrá hambre. ¿Por qué no pasamos por la cantina y que le preparen unos huevos fritos y una salchicha? Uno desembucha mejor con la tripa llena.
-Me parece bien, padre. Pero que no se entere la prensa. La tortura no es una práctica aceptable dentro de la Marina de su Majestad.
-Debes ir empezando a pensar en buscar chistes nuevos, Jenkins.
***
Se abrió la puerta de la celda y, sonriente, apareció un cura con una bandeja en las manos. Ya estaba. El capellán le venía a ofrecer su última comida y un poco de consuelo espiritual. Se postró de rodillas ante los pies del sacerdote y comenzó a buscar alivió antes de encarar al pelotón de fusilamiento.
***
-¿Qué tal el Argentino? ¿Confesó?
-Sí, Jenkins. ¡Vaya si confesó!
-Curioso, hace un rato pasé a verle y parecía estar encantado de la vida.
-Es lo que tiene volver a nacer, en muchos aspectos.
-Hay veces que habla usted como en jeroglífico, padre.
-No te preocupes, yo me entiendo.
¡Por tonto, le habían capturado por tonto! ¿A quién se le ocurre llevar la identificación militar encima? ¡Menuda caca de espía estaba hecho!
***
-Padre Webb, usted habla español, ¿no?
-Sí, hijo. Estar destinado en Gibraltar varios años trae este tipo de consecuencias.
-Estupendo. Es que, mire, los muchachos del comando Delta-2 han asaltado un barco pesquero argentino que se acercaba a nuestra flota y han pillado a un tío que con documentación militar abordo. Era por si nos podía echar una mano con el interrogatorio.
-¿Entramos en guerra con Argentina y la única persona en todo el buque insignia que habla español es un cura católico de 56 años?
-Sí, a mí también me encanta la Marina Real.
***
Conocía a la perfección el destino que aguardaba a los espías. Aunque, al menos, esperaba que le hicieran un juicio. O quizás no, pero tampoco podía quejarse. La guerra es la guerra. Sí, seguramente lo fusilarían allí mismo. En cubierta, en presencia de toda la marinería.
***
-Lo tenemos encerrado en el calabozo. La verdad es que parecía bastante alterado, aunque intentara disimularlo, con poco éxito.
-No me extraña. Verse de repente en un helicóptero, rodeado de esos energúmenos del Delta-2, dando voces en un idioma desconocido.
***
Había sido un católico practicante que había practicado bastante poco. Bien cierto era que participaba en todo tipo de ceremonias religiosas, pero de modo mecánico y más llevado por la presión social que por las propias convicciones. "Amaos los unos a los otros como yo os he amado", eso...eso se temía que lo había cumplido más bien poco. Todos sus pecados, los que había cometido obedeciendo órdenes y los por propia iniciativa, se le iban pasando por la mente, como una imitación barata de las pelis esas de sexo y violencia.
***
-Oye, supongo que ese tipo tendrá hambre. ¿Por qué no pasamos por la cantina y que le preparen unos huevos fritos y una salchicha? Uno desembucha mejor con la tripa llena.
-Me parece bien, padre. Pero que no se entere la prensa. La tortura no es una práctica aceptable dentro de la Marina de su Majestad.
-Debes ir empezando a pensar en buscar chistes nuevos, Jenkins.
***
Se abrió la puerta de la celda y, sonriente, apareció un cura con una bandeja en las manos. Ya estaba. El capellán le venía a ofrecer su última comida y un poco de consuelo espiritual. Se postró de rodillas ante los pies del sacerdote y comenzó a buscar alivió antes de encarar al pelotón de fusilamiento.
***
-¿Qué tal el Argentino? ¿Confesó?
-Sí, Jenkins. ¡Vaya si confesó!
-Curioso, hace un rato pasé a verle y parecía estar encantado de la vida.
-Es lo que tiene volver a nacer, en muchos aspectos.
-Hay veces que habla usted como en jeroglífico, padre.
-No te preocupes, yo me entiendo.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 17.
"1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad".
Dang asomó la cabeza tímidamente desde su escondite. Hacía un rato que los disparos, los golpes y los chillidos habían cesado, pero ¿se habían ido ya? Se armó de valor -de lo único de que podía- e inició cauteloso el retorno.
Sí, era seguro que se habían marchado. Ellos, y también los habitantes del poblado. No sabía adónde. Quizás habían salido huyendo como él, o los habían raptado los asaltantes de la guerrilla "Janjaweed" o, acaso, simplemente yacían dentro de las casuchas en llamas -carbonizados o muertos por asfixia-.
Desconcertado, se sentó a ver arder. Si hubiera tenido más agua, a lo mejor habría intentado plantar una cara testimonial a aquella vorágine pírica. Pero la poquita que había estaba reservada a los cultivos y beber lo justo para no morir de sed.
De repente, se percató de que no era dueño de absolutamente nada en este mundo, de que su casa y sus cuatro cabras se habían esfumado. Cenizas y humo. ¿De qué iba a vivir? ¿Qué iba a hacer?
Le costó tiempo reaccionar, y, para cuando lo hizo, los incendios se habían muerto de no tener ya qué destruir. Se levantó y se puso a husmear por entre los restos del holocausto, por si hubiera algo aprovechable.
Lo primero que encontró fue el cadáver de su querido compañero Rahman. Le habían pegado múltiples patadas y un par de tiros. ¡Loco insensato! Dang le había aconsejado, implorado, que fuera a esconderse con él. Pero Rahman quiso jugar a los héroes y se quedó a defender el minúsculo rebaño que cimentaba su subsistencia.
Arrodillado juntó al cuerpo vació de vida y lleno de dignidad de su viejo amigo, Dang se preguntó quién había sido más estúpido: si el que afrontó una muerte segura peleando por su único tesoro o el que decidió seguir viviendo en Darfur, sin más posesión que los actos de buenísima voluntad de unos pocos y la palabras -huecas, cómplices y asesinas- de tantos y tantos seres por todo el mundo que dicen llamarse humanos.
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad".
Dang asomó la cabeza tímidamente desde su escondite. Hacía un rato que los disparos, los golpes y los chillidos habían cesado, pero ¿se habían ido ya? Se armó de valor -de lo único de que podía- e inició cauteloso el retorno.
Sí, era seguro que se habían marchado. Ellos, y también los habitantes del poblado. No sabía adónde. Quizás habían salido huyendo como él, o los habían raptado los asaltantes de la guerrilla "Janjaweed" o, acaso, simplemente yacían dentro de las casuchas en llamas -carbonizados o muertos por asfixia-.
Desconcertado, se sentó a ver arder. Si hubiera tenido más agua, a lo mejor habría intentado plantar una cara testimonial a aquella vorágine pírica. Pero la poquita que había estaba reservada a los cultivos y beber lo justo para no morir de sed.
De repente, se percató de que no era dueño de absolutamente nada en este mundo, de que su casa y sus cuatro cabras se habían esfumado. Cenizas y humo. ¿De qué iba a vivir? ¿Qué iba a hacer?
Le costó tiempo reaccionar, y, para cuando lo hizo, los incendios se habían muerto de no tener ya qué destruir. Se levantó y se puso a husmear por entre los restos del holocausto, por si hubiera algo aprovechable.
Lo primero que encontró fue el cadáver de su querido compañero Rahman. Le habían pegado múltiples patadas y un par de tiros. ¡Loco insensato! Dang le había aconsejado, implorado, que fuera a esconderse con él. Pero Rahman quiso jugar a los héroes y se quedó a defender el minúsculo rebaño que cimentaba su subsistencia.
Arrodillado juntó al cuerpo vació de vida y lleno de dignidad de su viejo amigo, Dang se preguntó quién había sido más estúpido: si el que afrontó una muerte segura peleando por su único tesoro o el que decidió seguir viviendo en Darfur, sin más posesión que los actos de buenísima voluntad de unos pocos y la palabras -huecas, cómplices y asesinas- de tantos y tantos seres por todo el mundo que dicen llamarse humanos.
martes, 25 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 16.
"1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado".
El enclenque caballero del bigotito tocó levemente con su carpeta en la ventanilla del chiscón. Su morador, el pinturero empleado de finca urbana, levantó la vista remolón de las páginas del ABC.
-¿Qué desea?
-Hola, venía buscando a don Artemio Sánchez, soy de la notaría.
-Ha, sí. Le está esperando. 5º Izquierda. Es por lo del divorcio, ¿no?
-Comprenderá que no me está permitido revelar información relativa a nuestros clientes.
-Ya, ya...claro. En fin, dígale de mi parte que buena suerte y, que no le pase como a mí, que la tipa esa me está desplumando vivo.
El aacensor era estrecho y ascendía lento. Una señora cuarentaytantera de carnes generosas y móvil en mano arrinconaba al enclenque caballero del bigotito.
-Vale, vale...las mates y el inglés...es que este Andresín mío no vale para los idiomas...sí...Oye, a recoger las notas, ¿hace que falta vaya el padre del niño o se las puedes dar a mi otro ex, que va a por las de su hija?
El enclenque caballero del bigotito tocó el timbre con el mimo acostumbrado y puso su mejor cara de esperar a que le abrieran. De sopetón, un batallón de guerreros asfálticos de azul desembarcó en el descansillo y tiró abajo la puerta anexa. Perplejo, el enclenque caballero del bigotito se asomó discreto y fue testigo de la detención, de lo más cinematográfica, de un tipo en camiseta interior de esas por la que asoman un montón de pelos. Al fondo, una mujer se abrazaba a otra. "Ya pasó, hija, ya nunca más te hará daño ese malnacido".
Solucionada la gestión, el enclenque caballero del bigotito volvió a la entrada del edificio. Allí, vencido por la curiosidad, le preguntó al pinturero empleado de finca urbana:
-Oiga, ¿pero es que en todo el bloque no hay ningún matrimonio normal, de esos que nacieron y morirán el uno para el otro, que se aman con cordura y se respetan con locura?
-Sí, claro. Los gays del 4º Izquierda.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado".
El enclenque caballero del bigotito tocó levemente con su carpeta en la ventanilla del chiscón. Su morador, el pinturero empleado de finca urbana, levantó la vista remolón de las páginas del ABC.
-¿Qué desea?
-Hola, venía buscando a don Artemio Sánchez, soy de la notaría.
-Ha, sí. Le está esperando. 5º Izquierda. Es por lo del divorcio, ¿no?
-Comprenderá que no me está permitido revelar información relativa a nuestros clientes.
-Ya, ya...claro. En fin, dígale de mi parte que buena suerte y, que no le pase como a mí, que la tipa esa me está desplumando vivo.
El aacensor era estrecho y ascendía lento. Una señora cuarentaytantera de carnes generosas y móvil en mano arrinconaba al enclenque caballero del bigotito.
-Vale, vale...las mates y el inglés...es que este Andresín mío no vale para los idiomas...sí...Oye, a recoger las notas, ¿hace que falta vaya el padre del niño o se las puedes dar a mi otro ex, que va a por las de su hija?
El enclenque caballero del bigotito tocó el timbre con el mimo acostumbrado y puso su mejor cara de esperar a que le abrieran. De sopetón, un batallón de guerreros asfálticos de azul desembarcó en el descansillo y tiró abajo la puerta anexa. Perplejo, el enclenque caballero del bigotito se asomó discreto y fue testigo de la detención, de lo más cinematográfica, de un tipo en camiseta interior de esas por la que asoman un montón de pelos. Al fondo, una mujer se abrazaba a otra. "Ya pasó, hija, ya nunca más te hará daño ese malnacido".
Solucionada la gestión, el enclenque caballero del bigotito volvió a la entrada del edificio. Allí, vencido por la curiosidad, le preguntó al pinturero empleado de finca urbana:
-Oiga, ¿pero es que en todo el bloque no hay ningún matrimonio normal, de esos que nacieron y morirán el uno para el otro, que se aman con cordura y se respetan con locura?
-Sí, claro. Los gays del 4º Izquierda.
lunes, 24 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 15.
"1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad".
El director de aquel pequeño zoo de provincias contempló en silencio como un murciélago entraba volando por la ventana de su despacho y aterrizaba en su mesa, justo delante de él.
-Siéntate, anda.
-Ya sé para lo que me has llamado y he de decirte que tú y tu actitud sois los únicos responsables de lo ocurrido.
-Mira, Genaro, yo no he sido el que le ha clavado los colmillos a un pobre oso panda y ha estado chupando hasta que se ha muerto desangrado.
-Ese animal no era más que otro engranaje de la maquinaria zoo-represora que oprime a mi especie.
-En fin, Genaro, ya sabes que me parece muy respetable que un grupo de murciélagos no os sintáis mamíferos, pero también te recuerdo que este es un zoo serio y, mientras la Ciencia no me indique lo contrario, seguiréis compartiendo zona con los leones, los conejos y demás. ¿Por qué no cambiáis de estrategia como te he aconsejado tantas veces? Dejad de atacar a pobres criaturas y dedicad vuestros esfuerzos a contactar con los departamentos de Biología de las grandes universidades. Exponed vuestro caso con buenos argumentos y puede que así consigáis que os saquen del saco de los mamíferos.
-¡Chupapezones fascista!-dijo el murciélago, y se largó aleteando por donde había venido.
-¡La leche que le han dado, quiera o no quiera él reconocerlo!
En ese preciso instante, la puerta se abrió y apareció una vaca con un ternerillo colgado de cada ubre. Lo que le faltaba.
-Matilde, ¿no puedes descansar ni un ratito? ¡Todo el día dando de mamar a esos pobres! ¡Los vas a matar de un empacho de leche!
-¡Yo no me avergüenzo de ser un mamífero! ¿Tú sí? ¡Fuera esos complejos, señor mío!
Y pensar que había creído que dirigir aquello sería fácil. Iluso.
-No, si a mí me gustan un par de senos humanos bien puestos como al que más, pero lo que me parece ridículo es pasarse la vida gritando: "¡Vivan las tetas!".
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad".
El director de aquel pequeño zoo de provincias contempló en silencio como un murciélago entraba volando por la ventana de su despacho y aterrizaba en su mesa, justo delante de él.
-Siéntate, anda.
-Ya sé para lo que me has llamado y he de decirte que tú y tu actitud sois los únicos responsables de lo ocurrido.
-Mira, Genaro, yo no he sido el que le ha clavado los colmillos a un pobre oso panda y ha estado chupando hasta que se ha muerto desangrado.
-Ese animal no era más que otro engranaje de la maquinaria zoo-represora que oprime a mi especie.
-En fin, Genaro, ya sabes que me parece muy respetable que un grupo de murciélagos no os sintáis mamíferos, pero también te recuerdo que este es un zoo serio y, mientras la Ciencia no me indique lo contrario, seguiréis compartiendo zona con los leones, los conejos y demás. ¿Por qué no cambiáis de estrategia como te he aconsejado tantas veces? Dejad de atacar a pobres criaturas y dedicad vuestros esfuerzos a contactar con los departamentos de Biología de las grandes universidades. Exponed vuestro caso con buenos argumentos y puede que así consigáis que os saquen del saco de los mamíferos.
-¡Chupapezones fascista!-dijo el murciélago, y se largó aleteando por donde había venido.
-¡La leche que le han dado, quiera o no quiera él reconocerlo!
En ese preciso instante, la puerta se abrió y apareció una vaca con un ternerillo colgado de cada ubre. Lo que le faltaba.
-Matilde, ¿no puedes descansar ni un ratito? ¡Todo el día dando de mamar a esos pobres! ¡Los vas a matar de un empacho de leche!
-¡Yo no me avergüenzo de ser un mamífero! ¿Tú sí? ¡Fuera esos complejos, señor mío!
Y pensar que había creído que dirigir aquello sería fácil. Iluso.
-No, si a mí me gustan un par de senos humanos bien puestos como al que más, pero lo que me parece ridículo es pasarse la vida gritando: "¡Vivan las tetas!".
domingo, 23 de noviembre de 2008
30 Historias para 30 Derechos: Artículo 14.
"1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas".
¿Por qué había personas que se presentaban en la ventanilla un minuto antes de cerrar un viernes? En fin, dura vida la de la funcionaria.
-Buenos tardes.
-¡Yo diría noches, caballero, porque, vaya horas!
-Disculpe, es que uno de los jugadores no encontraba el pasaporte.
-Ha, es usted el del mano-pelota.
-Balonmano.
-Lo mismo me da. A mí el deporte no me interesa. Venga, la lista y las documentaciones, que me quiero ir de fin de semana.
Según el protocolo vigente, debía tomar la relación de jugadores convocados -firmada por el entrenador del equipo y con sello de la federación- y asegurarse de que todos los pasaportes coincidían; después, comprobar en el ordenador que ninguno tenía prohibido salir del país; y, por último, sellar los visados. Todo un engorro, y más ese día y a esa hora.
Revisó los cinco primeros, pero, al sexto, se hartó y comenzó a estampar de modo indiscriminado. A fin de cuentas, no eran más que deportistas, demasiado ocupados con correr y sudar como para meterse en líos de política.
El osado plan salió bien por los pelos, pues el margen de "nombres limpios" que habían previsto era de seis. A partir del séptimo, y hasta completar todo el equipo de jugadores, técnicos y demás personal, se encontraban algunas de las voces disidentes más importantes del país y sus familiares cercanos. Al día siguiente, tomaron un regular y discreto vuelo. Por suerte, la nula popularidad del balonmano les garantizó un bendito anonimato.
Al llegar a su destino, la expedición en pleno solicitó y recibió un más que justificado asilo político. Para celebrar su flamante futuro en libertad, disputaron el encuentro que, después de todo, habían ido a jugar. Perdieron 93-0, con una sonrisa de oreja a oreja.
De todo aquello, un sanguinario dictador aprendió una gran lección: la próxima vez que contrates a un entrenador extranjero, no te limites a analizar su currículum deportivo, y asegúrate de que no tiene un largo historial de activismo en derechos humanos.
2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas".
¿Por qué había personas que se presentaban en la ventanilla un minuto antes de cerrar un viernes? En fin, dura vida la de la funcionaria.
-Buenos tardes.
-¡Yo diría noches, caballero, porque, vaya horas!
-Disculpe, es que uno de los jugadores no encontraba el pasaporte.
-Ha, es usted el del mano-pelota.
-Balonmano.
-Lo mismo me da. A mí el deporte no me interesa. Venga, la lista y las documentaciones, que me quiero ir de fin de semana.
Según el protocolo vigente, debía tomar la relación de jugadores convocados -firmada por el entrenador del equipo y con sello de la federación- y asegurarse de que todos los pasaportes coincidían; después, comprobar en el ordenador que ninguno tenía prohibido salir del país; y, por último, sellar los visados. Todo un engorro, y más ese día y a esa hora.
Revisó los cinco primeros, pero, al sexto, se hartó y comenzó a estampar de modo indiscriminado. A fin de cuentas, no eran más que deportistas, demasiado ocupados con correr y sudar como para meterse en líos de política.
El osado plan salió bien por los pelos, pues el margen de "nombres limpios" que habían previsto era de seis. A partir del séptimo, y hasta completar todo el equipo de jugadores, técnicos y demás personal, se encontraban algunas de las voces disidentes más importantes del país y sus familiares cercanos. Al día siguiente, tomaron un regular y discreto vuelo. Por suerte, la nula popularidad del balonmano les garantizó un bendito anonimato.
Al llegar a su destino, la expedición en pleno solicitó y recibió un más que justificado asilo político. Para celebrar su flamante futuro en libertad, disputaron el encuentro que, después de todo, habían ido a jugar. Perdieron 93-0, con una sonrisa de oreja a oreja.
De todo aquello, un sanguinario dictador aprendió una gran lección: la próxima vez que contrates a un entrenador extranjero, no te limites a analizar su currículum deportivo, y asegúrate de que no tiene un largo historial de activismo en derechos humanos.
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