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viernes, 21 de marzo de 2014

Manual Práctico de Creación de Empleo en Escenarios Nepóticos y Aledaños.

Nepotismo. (De nepote): Desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos.

(Por cierto, "nepote" significa: "pariente del Papa").

El nepotismo ("colocar al cuñao", para los amigos) es todo un deporte nacional en España (aunque en otros muchas países también hay atletas de primera e incluso primerísima categoría). Por si usted  se ve en el trance de tener que enchufar y no sabe cómo meter los dedos, aquí le ofrezco una breve guía didáctica:

-Si no hay puesto, se crea. El arte de la generación de empleo se basa en un principio fundamental: el organismo de nombre rimbombante e inutilidad evidente, pero difícilmente demostrable. Por ejemplo, con la excusa de que una caja de galletas salió mal pegada de la fábrica, se crea la "Comisión para el estudio, desarrollo e implementación de un sistema de excelencia en el precintado de producto".

-El empleo consistirán en dos tareas básicas: asistencia a reuniones y presentación de informes. En el caso que nos sirve como ejemplo, el primer año se pasará visitando fábricas de  galletas de todo el mundo y manteniendo encuentros con el personal de gestión del envasado (en la práctica, pasarse por la fábrica una mañana, hacerse una foto con los trabajadores y luego irse a comer con el director). Pasado este tiempo, se elaborará un informe-diagnóstico -oportunamente redactado por otra persona- que se presentará ante el consejo de administración.

-Ahora, se repite en ciclo: se pasa otro año asistiendo a reuniones (yéndose a comer) con representantes de maquinaria de envasado y, al final, se presenta un informe-propuesta de mejora.

-Y volvemos a lo mismo: reuniones-comida para poner el marcha el proyecto, culminados con el informe de ejecución del proyecto. Obviamente, se concluye que es preciso mantener un "observatorio para la excelencia en el envasado", que supervisará todo el proceso y anualmente presentará un informe ante el consejo de administración.

Hala, con un poco de suerte y un mucho de cuento, ya tiene su "cuñao" trabajo de por vida, y, lo mejor de todo, un trabajo de esos que no hay que trabajar.

jueves, 14 de junio de 2012

La Necesaria Invención del Verbo "Procar".

Una lengua está viva porque cambia (y cambia porque está viva). Es un concepto de primero de Filología que yo aprendí en tercer curso.

Según está lógica, cuando una palabra hace falta nace, y cuando deja de ser necesaria -por la razón que sea- se muere.

Dicho lo cual, ¿no le ha pasado a usted que ha necesitado referirse al "proceso de expeler los excrementos" y le ha faltado una palabra adecuada para ese contexto, momento y situación?

Por ejemplo, preguntarle a un médico cuándo se ha de dejar de tomar un medicamento contra el estreñimiento:

Opción 1: Entonces, doctor, una vez que ya cague, ¿lo dejo de tomar?

Descartarda por grosera.

Opción 2: Entonces, doctor, una vez que ya haya hecho caca, ¿lo dejo de tomar?


Me sigue sonado vulgar.


Opción 3: Entonces, doctor, una vez que ya...usted me entiende, ¿lo dejo de tomar?

¡Que un médico, hombre...!

Opción 4: Entonces, doctor, una vez que ya defeque, ¿lo dejo de tomar?


Suena cursi, ¿no?


Opcíón 5: Entonces, doctor, después de la primera deposición, ¿ceso el tratamiento?


Cursi al cuadrado.

Opcíón 6: Entonces, doctor, cuando ya evacúe , ¿lo dejo de tomar?

No me convence, suena a jefe de Protección Civil.

Opcíón 7: Entonces, doctor, cuando ya haya podido hacer de cuerpo (o vientre), ¿lo dejo de tomar?

Ésta suena a España rancia y racial.


Es por esto que un vocablo que se refiera al particular de un modo absolutamente neutro sería ideal, y para ello he creado el verbo artificial "Procar". Se conjuga igual que "Tocar" y, como le comento, indica el "proceso de expeler los excrementos" a secas, sin sonar o sugerir nada más.

Entonces, doctor, después de que ya haya procado, ¿lo dejo de tomar?

Así sí, ¿verdad? ¡Pues hala, a usarlo!

martes, 12 de junio de 2012

El Verdadero Privilegio de los Reyes.

Olvídese de tanta cena de gala -que siempre he sospechado que tan deliciosos manjares afrancesados se sirven en raciones muy chiquitas- y tanto ir de gratis a los acontecimientos -que por cada apasionante final balompédica te tragas diez soporíferos aniversarios académicos, discursos de ilustrísimos señores incluidos-, yo, de verdad de la buena, lo que envidio a los reyes como colectivo es que no esperan nunca.

No esperan colas, siempre con la excusa de las "razones de seguridad". Pues yo llevo más de tres décadas esperando pacientemente que me toque pagar un helado, entregar un papel o embarcar en un vuelo y jamás me ha pasado nada.


Y, por favor, no me venga con que usted les ha visto en la tele o en una revista "esperando pacientemente su turno, como un visitante más". No se crea todo lo que ve o lee, especialmente, cuando hay buitres de las relaciones públicas y la imagen sobrevolando el terreno. En otras palabras, que la "cola televisada" no suele ser kilométrica y bajo el sol.

Supongo a que cualquier miembro de la familia de los "Homo Rex" tampoco la toca esperar demasiado en los restaurantes, con lo que no jamás habrán sentido la humillante e indignada frustación ilustrada por la frase: "¿Esos no se han sentado después que nosotros? ¡Pues les acaban de servir los entrantes!" Más bien será al contrario, ¿o cree usted que cualquier camarero en su sano juicio no dirá en cocina: "dos ensaladas césar para la mesa del rey...¡Cagando leches!"

Aunque, quizás, la mayor envidia que me causa todo este asunto es que los monarcas y derivados seguro que no tienen que esperar notas de exámenes ("¡Ahora mismo se lo corrijo, faltaría más, señor!") o que hacer nervios en salas de espera de médicos (de hecho, supongo que el propio médico les está esperando en la puerta para que pasen directamente para dentro, casi sin tiempo de pasar revista al personal de la clínica formado en recepción).

Lo dicho, que sospecho que los que de verdad mandan se ahorran multitud de muy desagradables ratos de espera.

Y por ello los envidio con toda mi bilis.

miércoles, 30 de mayo de 2012

La Música Ya No Da Corte.

"Voy a montar unos fuegos artificiales...¡A ver si le comento a Haendel que me haga una musiquilla para el asunto, hombre!" Algo así debio de decir Jorge II de Inglaterra cuando organizaba un acto de autobombo propagandístico en forma de espectáculo pirotécnico. Obviamente, nadie se acuerda de los fuegos, poquitos de Jorge II, pero la música que compuso Haendel para el evento ahí sigue, perpetuada (aunque sea, a menudo, como fondo musical de documentales sobre la historia del cava o en marcando la llegada de la novia en vídeos de boda).

Era lo bueno de las cortes de siglos ha, que a uno le pintaban genios, le loaban -por escrito- más genios y le hacian la música otros más geniales todavía. Vamos, que muchas de las grandes obras maestras del Arte eran, a la vez, descarados actos de pelotilleo hacia el monarca de turno.

Pero ahora parece ser que la costumbre se ha perdido. Que yo sepa, ni un mísero músico de la corte tenemos para llevarnos en España a la boca (al oído, mejor dicho). Nadie que haya compuesto una solemne "Sonata del Discurso de Navidad", una enérgica marcha militar titulada "Bribón, que rompes las olas con tu bravura" (muy propia para inaugurar o clausurar el año académico en la Escuela Naval de Marín), una sinfonía "Al Nacimiento del Primer Nieto de Su Majestad" (ideal para amenizar el bautizo) o una simpática ópera bufa titulada "La Caza de Elefante".

¡Pero si hasta se casó el Príncipe y toda la música fue de la ceremonia fue de prestado! (Por cierto, recurriendo en un par de ocasiones al propio Haendel, ese tremendo solterón cuya música -en simpática parajoda- rara vez falta en las ceremonias nupciales). El propio Ayuntamiento de Madrid intentó parchear el tema encargando a Nacho Cano una pieza, pero, lamentablemente, una pieza no hace puzzle (y esta es, además, bastante insulsa).

En definitiva, que ya va siendo hora de que la Corte de España tenga su propio músico, a ser posible una figura cumbre de la Historia de la Música.

(Eso sí, de explicarle al Pueblo de España el gasto asociado a la contratación de tan cortesano compositor, que se encargue otro).















Haendel y Jorge I de Inglaterra (alemanes los dos), de paseo de colegas por el Támesis. Al fondo, los músicos interpretan la música compuesta por Haendel para la ocasión.

martes, 29 de mayo de 2012

Más Veraneo, ¡y Más Inverneo También! (El Calendario Laboral de Jackson).

El diccionario de la Real Academia recoge el término "Invernar" (que viene a ser "pasar el invierno"), pero, ¡grave injusticia!, ni rastro de "Inverneo".

Injusticia porque el concepto claramente existe -y por ello se merece su palabra-, aunque sea mucho más propio de las bestias que de humanos. ¿Qué hace usted durante el veraneo? Pues lo mismo que los animales que están de "inverneo": absolutamente nada (tumbado, eso sí).

(Es el momento de hacer un recordatorio innecesario: no confundamos "invernar" con "hibernar", aunque ambos conceptos venga a ser casi lo mismo en la práctica). 

Mas, ¿por qué no popularizar también la sanísima constumbre del "inverneo" entre los humanos? ¿A quién no le gustaría tirarse los meses del duro inviernos durmiendo a pierna suelta, en suprema ejecución de la Siesta Patria? ¡Con el frío que hace en la calle y lo calentito que se está en casa, señores!

Según esto, el calendaria laboral quedaría del siguiente modo:

Del 1 de Enero al 28 de Febrero: Inverneo.

Del 1 de Marzo al 30 de Junio: Periodo laboral de Primavera.

Del 1 de Julio al 31 de Agosto: Veraneo.

Del 1 de Septiembre al 31 de Diciembre: Periodo laboral de Otoño.

Si se trabaja también todos los sábados, y se quitan todas las fiestas -excepto un domingos de cada dos-, la propuesta es absolutamente viable (salen unos 230 días laborables al año). Hombre, reconozco que es una paliza currar cuatro meses seguidos descansando un día de cada catorce, pero, ¿y el gustito que le iba a dar ponerse el pijama el 31 de diciembre por la noche para pasarse dos menes haciendo seda y roncando? ¡Por no hablar de un pedazo de veraneo de dos meses!

(Vale, esto que propongo es absolutamente estúpido y absurdo, pero me he dicho a mí mismo que, con todas las barbaridades que se están diciendo en materia laboral, ¿qué importa otra más?)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Exposión de Exhibicionistas.

Yo nunca he visto a ninguno, sin duda porque ellos no han querido (y yo tampoco, que conste), pero, según informan los medios de comunicación, hay unos sujetos que, mientras uno va tan tranquilo por la calle, van y te enseñan el predicado.

Aunque es cierto que, no sé si para quitarles la ilusión de hacerse publicidad, ya casi no se habla de ellos. Tiene sentido, un sinvergüenza que se dedica a mostrar sus vergüenzas (en deliciosa paradoja) está claro que quiere llamar la atención, y en eso no hay mayor éxito que salir en los medios.

En cambio, en los (ya lejanos en el fondo y en la forma) ochenta se hablaba bastante de ellos. No había parque público o patio particular en el que -según informes y leyendas- no rondara por las noches un particular de gabardina, sombrero y calcetines con la pérfida intención de enseñarle -de sopetón y sin anestesia- su masculinidad a cualquier señora o señorita que anduviera por ahí.

Mi inocencia de hace treinta añor me impidió pedir más datos e indagar si, en tan improvisada revista de tropa, el soldado se presentaba en posición de descanso o firmes. Y ahora, como usted se figura, no tiene uno estómago de iniciar pesquisas sobre el particular. Tampoco supe jamás si lo de que el interfecto hacía un curioso sonido animal mientras se abría de gabardina era cierto o no.

Lo único que tuve claro es que aquello no estaba nada, nada bien. Y sigue sin estarlo.

Aunque, ahora que caigo, puede que haya el mismo número de exhibicionistas que antaño, sólo que ahora, en vez mostrar la espada de Priapo, de lo que presumen es del teléfono móvil de última generación, de la prodigioso definición muscular o del reloj de marca.

El caso es chulearse delante de las damas.

Si a ellas esto les impresiona o no, ya es otro asunto.

Y es que, amigo mío, igual eso de lo que tan orgulloso te sientes no es para tanto.

 Lo siento, amigo.







lunes, 7 de mayo de 2012

Anuncios de Productos de Higiene y Aseo.

El día que un tío bostece mientras se afeita en un anuncio de maquinillas desechables, empezaré a creer en la publicidad.

Pero no, no bostezan, ni siquiera se dignan a poner cara de sueño. Sonríen, se pasan la cuchilla por todo el rostro, ¡¡¡sonriendo!!! Yo en mi vida he hecho eso, ni creo que lo haga.

Ya sé que es costumbre publicitaria que siempre se consuma el producto con una sonrisa en los labios -por aquello de que hace bien bonito- e incluso me parece aceptable en el caso de alimentos, viajes y automóviles (mientras no se esté atrapado en un atasco), pero cuando se habla de higiene y aseo, ¿cómo es posible tolerar tanta sonrisita tonta?

No, me niego a creer que alguien se afeite, se dé desodorante o se depile las axilas con cara de profunda y mística felicidad. No, no y no: son procesos rutinarios y aburridos.

Y tampoco me parece aceptable que se cepillen los dientes y no salpiquen el espejo, o que se duchen y nunca se les acabe el gel.

Me fastidia tanta perfección publicitaria en envase de plástico.

Menos mal que siempre me quedará -para mi consuelo- la publicidad de papel hugiénico. Aquí no se puede mostrar al producto en acción (aunque no me negará que tendría su gracia ver al musculitos o la belleza de turno limpiándose con la reglamentaria sonrisa en los lábios), aquí hay que ponerse metafóricos.

Suavidad, longitud y resistencia, eso es lo que se le pide al producto, y eso se promete a través de bellas imágines de animalitos varios correteando entre metros y metros de papel de un rosa cursi oscuro.

Una lastima, insisto, que nadie se atreva a anunciar el papel higiénico de una manera más directa y gráfica, seguro que estaria en boca de todo el mundo (el anuncio, no el papel, se entiende) y el producto se haría inmensamente popular.

Aunque, pensándolo dos veces, casi mejor que no lo hagan: seguro que acabarían plantando el anuncio en cuestión a la hora de comer.

Y mi sentido del escrúpulo no está ya para estos sobresaltos.

miércoles, 11 de abril de 2012

Merecidos Homenajes Laborales.

Chico Marx ya marcó la clave: "Yo no quiero trabajar, yo lo que quiero es un trabajo".

Y muchos han hecho de esta máxima un estilo de vida: no ganar ellos el dinero, sino que sea el propio dinero el que se rinda él solito.

Y, siguiendo con las rendiciones, yo les rindo hoy su homenaje:

-Al tío que está siempre mirando mientras otros trabajan: vale, se fija mucho, de acuerdo, de tanto en vez dice: "'¡vas bien, vas bien!" o "¡más a la izquierda!", y puede que hasta consulte un plano o anote algo pero, al fin y al cabo, no hace sino mirar.

-Al tío que no para de ir y venir, y nadie sabe a dónde ni por qué. Trae un papel, vuelve con el mismo papel fotocopiado, se vuelve a ir, lo trae grapado a un albarán, pero resulta que lo había que grapar era el original, va a desgrapar...Y, cuando te quieras dar cuenta, las tres y a casita.

-Al tío que no para de teclear delante del ordenador -muy serio, eso sí-. Cada diez minutos, detiene su frenético juego de dedos, se queda mirando incluso más serio la pantalla, saca un cuadernillo, busca un dato, lo confirma con la pantalla, lo reconfirma con el cuadernillo, entonces llama por teléfono y desde central le dicen que puede borrar el fichero tranquilamente.

-Al que ha ido un momento al cuarto de baño, y cuya vuelta se demora más de lo que el más extremo estreñimiento unido a uns escrupulosa pulcritud en el lavado de manos pueden justificar.

Y, mi favorito, al que está desayunando. Mantengo mi teoría de que este país llamado España rodaría mucho mejor si el personal pudiera desayunar en su santa casa.
 
En resumen, toda mi admiración y envidia por aquellas personas cuya jornada laboral se concreta en: paseo por el edificio para ponerse al día de cotilleos, desayuno con más cotilleo, repaso de prensa, segundo paseo por el edificio y, si me lo piden de buenos modos, traslado ocasional de bultos y paquetería en general, y, si de verdad me lo solicitan muy educadamente y estoy de buenas, apertura de sala (eso si, con cara de asco).

jueves, 29 de marzo de 2012

Jilgueñano Malaguitos, Funcionario.

Jilgueñano Malaguitos es funcioanrio de carrera del Cuerpo General de Descuideros del Estado, sección Aeroportuaria y, como tal, su misión es garantizar que todas y cada una de las personas que pisan el aeropuerto donde está destinado -Plasencia, en este caso- disfruten de la posibilidad de que su equipaje sea total o parcialmente sustraído a la mínima distracción.

Jilgueñano inició estudios primarios el colegio de la Santa Orden de la Paciencia, pero como la Paciencia -incluso la Santa- tiene un límite, es expulsado a los pocos meses de ingresar. Pasa entonces a la escuela que los Hermanos del Sagrario tenían cerca de su casa, pero también es expulsado después de una violentísisma pelea en el patio. De nada sirvieron el parte de lesiones que presentaba Jilgueñano ni el testimonio de al menos dos testigos oculares de que empezó el Hermano Ambrosio.

Es entonces cuando, por fin, Jilgueñano encuentra la estabilidad académica de manos de la Institución Elemental de Formación General Velez-Pardillo (I.E.F.G.V). Allí, pasa horas y horas en el patio jugando al fútbol, todas ellas lectivas. En la cancha, su juego no pasa desapercibido para el entrenador del equipo escolar. "Es el peor jugador que he visto en 30 años", afirma.

De la I.E.F.G.P pasa a la Institución Secundaria de Formación Capitán Horteley (I.S.F.C.H), donde termina el bachillerato. De allí, ingresa en la Universidad Estatal Cabo Pérez Williams (U.E.C.P.W), donde inicia estudios universitarios en busca de la sabiduría y los abandona dos meses después en busca y captura.

Visto que los libros no son lo suyo, comienza a abrigar el deseo de sacarse la plaza de Copista Municipal, pero estudió para la oposición y le pillaron. El golpe emocional le causó dos meses de amnesia, periodo del que Jilgueñano no guarda un buen recuerdo.

Por fin, oposita con éxito y obtiene la plaza de Descuidero del Estado, y, de paso, también obtiene un ordenador portátil que alguien había dejado un momento en el pasillo.

Su primer destino es la Estación Central de Autobuses, pero le va mal: la gente sólo deja descuidados los carritos de bebé y los de la compra. Con los nervios, Jilgueñano le pega un bocado a un recién nacido y le cambia los pañales a cien gramos de jamón serrano.

Por fin, Jilgueñano consigue el ascenso al aire y pasa a formar parte de la rama aeroportuaria, donde en la actualidad desarrolla su labor.

La pena es que el aeropuerto lleva meses cerrado y desierto de personal y maletas, pero todos sabemos que tales contratiempos no son suficientes para evitar que un funcionario ocupe a diario su puesto de trabajo, siempre fiel al compromiso adquirido.

Ni para que otros hagan que deje de hacerlo.

martes, 20 de marzo de 2012

La Cana al Aire Consumista (Esos Establecimientos a los que Jamás Volviste ni Volverás).

Es legión la de los consumidores que, más que clientes, son auténticos amigos de Manolo (el peluquero), de Felisín (el del bar), de Nacho (el ferretero)...

Es por esto que esos mismo legionarios del consumismo sienten como una auténtica traición el hecho de tener que recurrir a otro profesional, por mucho que sea forzado por la necesidad.

En verano, por ejemplo, cuando fuiste dejando lo ir a Manolo, y al final te pilló el toro y te toca cortarte el pelo en la peluquería del pueblo costero.

-Buenos días. -dices acompañado de las campanitas que siempre suenan al abrir la puerta de este tipo de negocios.

-Buenas. -te contesta el peluquero con poco estusiasmo. Lógico, huele a los forasteros a la milla, y sabe que de ahí no sale un cliente "pa' más veces", por lo que no hay que derrochar amabilidad.

-Que venía a cortarme el pelo.

(¡A veces somos tan deliciosamente obvios).

-Mu' bien, siéntese. ¿Cómo lo quiere?

-Cortito.

(Más obviedad).

-Usted no es de aquí, ¿verdad? -siempre conviene confirmar las sospechas, por si las mudanzas.

-No, estoy pasando unos días.

-Ya. -Y ahí murió la conversación. El peluquero hace su trabajo con corrección y profesionalidad, te cobra lo que te tenga que cobrar y se despide con un "adiós, señor" con profundo sabor a "hasta nunca".

Pero lo peor está por llegar, pues el verano se acaba, y tocar volver a la cruda realidad de la gran ciudad, y el pelo nos ha vuelto a crecer. Es entonces cuando hay que pasarse por donde Manolo, un sábado por la mañana que no se tiene nada que hacer.

-¡Psst, macho, este pelo así no te lo he cortado yo!

Inevitable, te ha pillado. Sólo queda balbucear una excusa y esperar que esa horrible sensación de haberle puesto los cuernos al bueno del peluquero se nos pase lo antes posible.

lunes, 12 de marzo de 2012

Tradicional Ejercicio del Vandalismo con la Excusa de la Ídem.

"Este era un sitio muy tranquilo y muy bonito, hasta que llegó el turismo".

Esto mismo le dirán miles de miles de personas por todo el mundo: que su localidad, su barrio o su calle eran encantadores, hasta que gentes de todo el mundo se vieron hechizados por dicho encanto y empezaron a llegar en tropel.

La cosa tiene su parte buena, porque el del hotel ya no tiene habitaciones libres, en la tasca de Emiliano hay que reservar y Manoli vende el doble de revistas.

Pero también existe su parte mala. Por ejemplo, que la tranquila esquina donde uno se sentaba a ver girar el viento, ahora esté permanentemente tomada por los turistas, sacándose fotos firmando en la pared -en otro tiempo blanca, ahora del color de las pintadas-. Y todo porque al dichoso cantante ese que se murió de la droga le dio por dedicarle una canción a la pobre esquina, que ya se la podía haber dedicado a su santa madre. En otras palabras, porque "es la tradición", porque "no te puedes ir sin firmar".

¿Por qué habrá tanta tradición basada en deteriorar lo público? ¿Por qué a la gente le da por sobar estatuas, robar trocitos de castillo o manchar con su presunto arte caminos, canales y puertos?

¿No pueden hacerse la foto y ya está? ¿Tienen que dejar su dichosa huella (literalmente)? Quizás es que, en el fondo, el turista siempre tendrá alma de invasor vikingo, y, como tal, siente la necesidad de saquear (aunque sea con la Visa)  y arrasar (aunque sea poquito a poco).

E, incluso así, todos la mar de contentos, porque el hotel, la tasca y el quiosco hacen buen negocio, aunque tengamos que tolerar a diario que ese rincón predilecto de nuestro capricho se haya convertido en una pocilga donde los hordas del todo incluido hacen su agosto lúdico-cultural.

Porque aquí todos amamos mucho a nuestra ciudad, pero amamos más al dinero.

(¡Nos ha fastidiado!)




lunes, 5 de marzo de 2012

Mi Adrián Es un Crack (O Cómo el Padre Medio Está Arruinando el Mundo del Deporte Escolar).

El "Manual del padre que va a ver los partidos de su hijo" debería empezar con estas palabras:

"Considerando que mi hijo no va a sacar del deporte más que diversión matinal los sábados hasta llegar a los 19 años, momento en que lo dejará porque le es imposible compatibilizar el deporte con el cachondeo nocturno..."

Si estos señores fueran capaces de asimilar este concepto, todo sería mucho más fácil.

Pero no, imposible. Simplemente porque el nené le endosó 23 puntos al "Escuela de Baloncesto Barrio del Sastrecito-C" (con 4 de 11 desde la línea de tres), ya nos pensamos que está destinado a terminar en la NBA.

Por eso, por la cochina falsa ilusión, estos señores se ponen como se ponen cuando, en cuartos de la liga municipal cadete, el "Club Amistad Sur Basket" apea al conjunto del nené y, de paso, trunca las esperanzas de proclamarse campeón local de la categoría.

¡Y cómo se ponen!

Con el árbitro (por supuesto): "¡¡¡Paaasos, joder, que no tienes ni puta idea...Ni Puuuta idea, chaval!!!"

Con el entrenador propio (¡cómo no!): "¡¡¡Ponte en zooona, joder, que no tienes ni puta...Ni puuuta idea, chaval!!!"

Con los compañeros del nene (claro está): "¡Toño, busca a Adríán...! ¡¡Busca a Adrián!!...¡¡¡Tú no, joder!!...¡Ni puuuta idea, chaval!"

Con los contrarios del nene (como mandan los cánones): "¡¡¡Tú, 7, cuidadito, cuadiiito con esos empujones, no te pases de listo!!!"

Con los padres del otro equipo (por descontado): "¡¡¡A ver si nos callamos la boquita, joooder, que hay mucho laaargón por aquí!!!

Y, después de todo esto, todavía le queda tiempo y ganas de martirizar a su propio Adrián: "¡¡¡Pídela, pídela!!!...¡¡¡Eso es, eso es!!!...¡¡¡Atácale, atácale, que es muy malo!!!...¡¡¡Asume, asume!!!"

Por fortuna, los niños suelen tener mucho más sentido común que los padres, y, aparte de sobrellevar el bochorno con la mayor dignidad posible, intentan disfrutar de echar un buen partido, con la serena seguridad de que de eso no van a vivir en la vida.

Pero, mientras, el espectáculo sigue en la banda (a menudo, más divertido que en la pista)...Sí, espectáculo, y si no me cree, pásese por cualquier cancha de la mañana del sábado.

(Que, además, es gratis).

miércoles, 29 de febrero de 2012

¿La Eficacia? No, lo Siento, No se Puede Poner...Está Reunida.

Lo que más me preocupa de participar en ciertas reuniones es que salgo (casi) convencido de que el mejor sistema de gobierno es la dictadura.

Me explico: en una reunión, o alguien ejerce un mando firme, decidido y borde (léase, modera en condiciones) o la hemos fastidiado.

Porque, en teoría, uno se reúne para discutir sobre problemas y adoptar soluciones conjuntas. Eso, sobre el papel. En la práctica, la mayoría de reuniones constan de:

-Tres personas que opinan sobre absolutamente todo. Aunque estén a favor, aunque no aporten nada nuevo, ellos nos regalan su docto punto de vista o su experiencia personal. Se trata, sin duda, de unos de los reversos tenebrosos de la Libertad de Expresión. Y como se piquen entre ellos a ver quién raja más (que lo harán) está usted perdido.

-Diversos momentos de "terapia de grupo", en los que alguien expone un problema que es común, todo el mundo asiente a voces y se termina con aquello de: "¡pues esto es intolerable, hay que tomar medidas ya!" El personal se queda más relajado, pero -al final- no se toma medida práctica alguna.

-Multitud de "rupturas asamblearias" (por lo general, cuando aparece un tema realmente interesante): como todo el mundo quiere hablar, y la palabra por turno está tan cara, le soltamos nuestro rollo al que tenemos al lado. Resultado: diez o doce pequeña conversaciones y nadie se entera de nada.

Y la única solución, la única escapatoria a tanto desastre reunido, es que llegue el moderador y sea capaz de zanjar un tema cuando ya está maduro, y lo haga como se hacen estas cosas: llegando a acuerdos, y estableciendo tareas con que cumplirlos y responsables para llevarlas a cabo.

Por desgracia, no es fácil moderar bien, porque nadie queire ser el malo-borde de la película.

Aunque, por otra parte, tengo la firme convicción de que nos reunimos demasiado, que -a veces- nos reunimos por reunirnos, por sentirnos importantes y sofisticados, quizas por ese complejo traumático que nos hace creer que la gente "importante de verdad" está siempre reunida.

Mentira, está siempre durmiendo en su despacho.

jueves, 23 de febrero de 2012

Fuera de Concurso.

De cuando en vez hay quien me pregunta por qué no me presento a algún concurso de preguntas y respuestas de esos que dan por la tele.

Pues porque no.

Porque me parece triste lo de exhibir los pocos conocimientos generales que uno tiene a cambio de unas monedas, aunque seas muchas.

Porque Hacienda se lleva un buen pellizco de mis monedas (aunque -en mi candor- espero que lo destinen a Educación).

Porque no sabría qué ponerme.

Porque no sabría qué cara poner cuándo me presentaran (¿serio?, ¿sonrió a camara?, ¿saludo con la manita como un imbécil?...) y porque tampoco sabría cómo reaccionar cuando el público aplaudiera (¿devuelvo el aplauso?, ¿hago como si estuviera acostumbrado a las ovaciones?, ¿chillo como un poseso: "¡vaaamos!"? o ¿saludo otra vez con la manita como otro imbécil?...)

Porque seguro que me preguntarían de lo que no tengo ni idea.


Porque me tocaría aguantar al presentador de este tipo de programas, con su mezcla de humorística jovialidad (y habría que reirle las gracias) y aire de superioridad al darte la respuesta correcta, como si él se la supiera de antes, como si no la hubiera leído en la tarjeta.

Porque seguro que me preguntan algo que, en teoría, debería saber pero no sé, con lo que ya tenemos al presentador al ataque: "Me sorprende que no te sepas ésta...Debe ser que ese día no fuiste a clase".

Porque no me supe la anterior por los condenados nervios.

Porque seguro que me tocaba como contrincarte un repeinado mozalbete de provincias con gafas, licenciado en Derecho e Historia del Arte, y que está preparando oposiciones.

Porque el repeinado mozalbete me acabaría ganando y llevándose una pasta gansa, y yo no me iría a casa con las manos vacías, sino con el juego oficial del programa del que me haría entrega nuestra azafata Inga, y este cariñoso aplauso del público.

Porque me pondría colorado cuando Inga me hiciera entrega del dichoso jueguecito, y porque seguiría sin saber si saludar al público o seguir con la cara de gilipollas que se me ha quedado.

Porque no, que es lo que se dice cuando se tienen mil razones, aunque puede que ninguna convincente.

viernes, 6 de enero de 2012

¿Fue la Reconquista una Buena Idea? (Depende, Según se Mire...)

En el año 711 (después de Cristo, o sea, del Niño Jesús de mayor, aclaro todo esto para los de la ESO) los árabes (o moros) invanden España, con todo éxito.

Durante los siguintes 700 y un buen pico años, los cristianos peninsulares se dedican a intentar echar a los musulmanes, hasta que lo logran en 1492 (no echan a los invasores en sí, sino a sus descendientes, de nuevo esto va para los de la ESO). A todo el mundo le habría encantado hacerlo por las buenas, pero tuvo que ser por las malas.

Este largo y trabajoso proceso de expulsión se le conoce como "La Reconquista". Por lógica, debería haber sido un momento de unión nacional en contra del enemigo común, pero en la práctica, lo que había era un puñado de reinos más o menos coordinados (pero sin fiarse mucho los unos de los otros). Hoy 520 años después, España sigue siendo -más o menos- eso mismo.

En comparación, a Inglaterra la invadieron los Normandos desde Francia en 1066. No hubo "Reconquista" ni nada parecido, allí siguen los descendientes de los normandos tan ricamente (de hecho, un rey tan "inglés" como Ricardo "Corazón de la León" era normando perdido). No hubo "gran unión nacional en contra del invasor". Pues bien, no encontrará a un inglés que diga que su país es otro (lo de Escocia y Gales va aparte).

Moraleja: que "La Reconquista" ni nos unió, ni nos dio un orgullo nacional ni creó un eterno sentimiento de "españolidad". Pues, pa' eso, que se hubieran quedado los árabes.

Así, por ejemplo, el Descubrimiento de América quizás no lo habría patrocinado la Reina Isabel, sino algún reyezuelo árabe, y en la tripulación habría habido un importante componente musulmán. Quizás habrían ido más al Norte y habrían llegado a tierras de los actuales Estados Unidos, para fundar "Nuevo Al-Andalus", y luego habrían llegado los colones inglenes, y para independizarse, no sólo habrían tenido que luchar contra  Londres, sino también contra los colones hispano-árabes. Imagine: "1777-Primera Guerra entre los Estados Unidos y los ejércitos musulmanes".

¡A eso le llamo yo ir adelantando trabajo!

martes, 3 de enero de 2012

Sociología del Regalo Navideño.

Analice la cuestión de los regalos navideños y saque sus propias conclusiones:

Tradicionalmente, esta era la situación en Estados Unidos y en España:

Allí, la labor de reparto la hacía una sola persona, y entregaba el producto a primera hora del 25 de diciembre. Rápido, efectivo y por vía aérea (y luego por "vía chimenea"). Usted deje el calcetín y despreocúpese. Además, todo se hacía con la mayor discrección y a portes pagados.

Aquí, la labor la reparto la hacían entre tres personas, y entregaban el producto a primera hora del 6 de enero. Tardaban 12 días más, sin duda, porque venían por vía terrestre. Además, aquí había que dejar una propinilla en forma de dulces y licor para los transportistas, y pan y agua para los camellos (ya se sabe que la maquinaria de este país es costumbre engrasarla untando manos, y no te pases de listo, que te amenazan con dejarte sólo carbón). Pero, eso sí, ya que curramos -aunque sea sólo una vez al año- que nos luzca y se note: llegamos a la ciudad y nos paseamos por todo el centro lanzando caramelos a los niños, para que no quede duda de que nos dejamos la piel. En efecto, muy españoles en esto también: usted pregunte a cualquiera cómo le va el trabajo y, por su respuesta, parecerá que es la única persona que trabaja de todo el país.

A principios de la década de los 80, la gente en España se empezó a percatar de esta realidad, y se actuó en consecuencia (y, obviamente, a la española): se contrató al eficiente señor de la barba que entregaba el producto antes y mejor, pero sin despedir a los otros tres (como si de funcionarios se tratara).

-Pero, ¿por qué no echamos a los otros?

-¿Cómo puedes preguntar eso? ¡No tienes corazón, llevan toda la vida con nosotros!

-Entonces, ¿por qué fichamos al gordito de rojo?

-¿Tú has visto su currículum? ¡Es eficiente al máximo, el mejor del mundo en lo suyo!

Resultado: que para el trabajo en el que antes había tres personas contratadas -y que en otros sitios hace una- ahora tenemos a cuatro.

Ya ve, en esto, como en tantas otras cosas, no nos sale eso de ser eficientes, y así nos va...

lunes, 2 de enero de 2012

¿Por Qué No Aprenden de los Shaolin?

Tengo la impresión de que el clero católico gozaría de mucha más popularidad si, como hicieron los monjes budistas del templo Shaolin, hubieran desarollado algún tipo de arte marcial.

De entrada, el monasterio (o monasterios) donde nació, creció y vive dicha disciplina seguro que sería lugar de peregrinación de miles y miles de apasionados de las artes marciales, lo cual siempre es muy práctico para la labor pastoral y de predicación.

El sitio se podría llamar, por ejemplo, San Caspio de Bercinuño, y estar situado en lo más frío y nevado de la ancha Castilla. Allí, los monjes caspianos compaginan el rezo con salir a correr por la nieve en paños menores a las 5 de la mañana. El paseo lo rematan cortando leña para el fuego, por supuesto usando sus manos desnudas como único hacha.

Los secretos de sus particular arte marcial caspiana, sin duda recia y dura como buena hija de Castilla, son atesorados por los monjes y está prohibido compartirlos con cualquier persona externa a la orden. O sea, que si alguien está pensando en salirse y montar un gimnasio de barrio, mejor que se olvide (siempre conviene llevarse bien con la gente que corta troncos con las manos).

No obstante, los caspianos realizan exhibiciones públicas de sus conocimientos, por lo general coincidiendo con la fiestas patronales de Bercinuño o con motivo de la visita de algún personaje ilustre. En ellas, el fornido hermano Rogelio derriba de un cabezazo seco la puerta blindada de una sucursal bancaria, y el venerable hermano Castrolabio -a sus más de 90 años- manda a la habitación del sueño a un toro de certero golpe en el cuello.

Pero, sin duda, lo mejor de todo esto sería que nadie osaría meterse con alguien por la calle simplemente porque va vestido con un hábito (por si las moscas).

Y, ya ve, esta entrada, que nació con aspecto de ir burlarse de los monjes católicos, muere criticando a los que les insultan, y reclamando el santo derecho de todo ser humano a transitar por la vía pública vistiendo como le dé la real gana.

sábado, 31 de diciembre de 2011

-Dime que Me Amas. -Antes Relléname este Impreso (Amor por Ministerio).

La Salud es lo más importante, no creo que nadie se atreva a discutirlo, porque, básicamente, sin ella no se va a ninguna parte (o, peor, a ciertos sitios a los que a nadie le gusta ir).

Luego está el dinero, que es muy sucio, pero -nos guste o no- cuanto más tienes, a más sitios vas (y más cosas haces).

Por último, el Amor. Lo menos importante, por mucha milonga sensiblera de que "Sin Amor, ¿para qué vivir?"

Y al que me discuta este orden de factores, yo le contraataco con la siguiente reflexió:

La Salud es tan importante que todos los países tienen su correspondiente Ministerio de Sanidad, y tres cuartos de lo mismo para el Dinero (de hecho, a menudo dividido en Economía y Empleo). Pero...¿conoce algún país que tenga "Ministerio de Amor"?

¿Se imagina? Ese ministro con gesto serio dando las Cifras Oficiales de Soltería (COS), esos contertulios del bando opuesto comentando indignadísimos que es una vergüenza que haya 5.000.000 millones de desparejados, esos comentaristas afines al gobierno recalcando que existe mucho "amorío sumergido" y mucho "arrejuntamiento en negro", que no se declara públicamente, pero que tanta pareja es como el matrimonio.

¿Y cuáles serían las medidas? Por supungo que crear el INEN (Instituto Nacional de Enamoramiento), donde, tras esperar la larga cola de turno, la señorita te hará el correspondiente test y te dirá eso de "cuando encontremos una persona de sus características, ya le llamaremos". También organizaría cursos para aprender a ligar y viajes a Toledo -con baile agarrado incluido- para ver si hay suerte.

Visto y escrito así, no parece mala idea. De hecho, desde aquí hago un llamamiento público para que se cree el emparejamiento ídem (o sea, público).

Yo llamo, que luego me escuchen, ya es otra cosa.

viernes, 30 de diciembre de 2011

¿Atlantic Mutual Seguros? Mire, Le llamo para Comentarle un Tema sobre el Titanic...

Hay gente que recibe la llamada de la Historia, y hay gente que hace Historia llamando (por teléfono).

Me pregunto si, ante tal trance, será fácil estar a la altura.

Por ejemplo, y siguiendo con el título de la entrada, ¿cómo se llama a una empresa de seguros para decirles que se acaba de hundir un transatlántico que tienen asegurado y que, por tanto, van a palmar muchísima pasta? ¿Por quién se pregunta? 

-Señorita, a ver si usted me puede ayudar...Es para un tema de que se ha hundido el Titanic...

-¿Me puede decir la referencia de poliza?

-No, es que, con los nervios de la catástrofe, no sé donde la he puesto...

-¿Me puede decir quién es su agente comercial?

-Es que tampoco me acuerdo de con quién hablé cuando firmé papeles...

-Pues sin esos datos me es imposible ayudarle, caballero.

-¿Y no lo puede mirar en el ordenador? Titanic.

-Estamos en 1912, todavía no existe la informática como tal.

-Ya...¿Y qué hacemos?

-Le puedo pasar con el señor Watkinshire.

-¿Él me podrá ayudar?

-No, es para alargar la llamada, es que se cobra, sabe usted...

-Ya, bueno, pues si eso, busco los papeles y mañana me acerco por allí.

-¿Seguro que no quiere que le pase con el señor Watkinshire?

-No, no, ya le saludo en persona mañana.

-Muchas gracias por su llamada.

-Vale, hala...

Lo dicho, que afortunadamente, nadie graba este tipo de conversaciones y, por tanto, se puede pasar por el incómodo trance histórico con la dignidad y paz de espíritu que da el anonimato.

martes, 27 de diciembre de 2011

El Sagrado Derecho de Tener Algunos Kilos de Más.

Mis momentos más angustiosos en el aula no me los proporcionan  mis alumnos, por mucho que esto le duela a alguno, sino el dichoso ventanuco (que no "ventanaco") de la puerta, ése que tiene el tamaño justo para devolverme reflejada la mi imagen de pérfil, tripón incluido.

No creo que a nadie le haga gracia tener tripa, pero tampoco es para deprimirse, ni mucho menos para obsesionarse.

En otras palabras, que me gustaría estar más fuerte, no más flaco, pero tampoco estoy dispuesto a pagar el precio de un cuerpo digno de un extra de una co-coproducción italo-franco-española de gladiadores: horas de sacrificio y gimnasio (y algún que otro apoyo de esas pastillitas que te pasa un mafioso en camiseta de tirantes, por no hablar de las ayuditas de nuestro buen amigo el cirujano griego doctor Tepongos Tetasíkulos). 

No envidio a esas chicas que tienen los vientres tan planos como sus encefalogramas, y que, cuando sean madres y den de mamar a sus hijos, la leche seguro que les saldrá desnatada. De hecho, hasta les tengo un poco de manía porque, ignoro si queriendo o no, le hacen un montón de daño a ésas que ellas llaman "gordas", a todas esas chicas que, al contrario que ellas, están perdiendo por goleada la guerra contra la grasa y la celulitis.

Ya lo sospecha usted, ésta es mi enésima denuncia contra el mundo de plástico que nos rodea, en el que lo que entra por los ojos es más importante que lo que sale por el corazón; en el que unos buenos bíceps abren más puertas que escribir mil palabras sin una sola falta de ortografía.

Pero esto es lo que hay: "la dura dictadura de los cuerpos duros", o, si me permite ponerme un puntín grosero, "la dura dictadura de ponérsela dura al personal".

Y me temo que nada va a cambiar la (tan perra) naturaleza del ser humano, ésa que -a ratos sueltos- nos hace sentir tan mal, pero contra la que no estamos dispuestos a pelear.

(Dicho lo cual. de este año no pasa, tengo que perder lo menos cinco kilitos).