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lunes, 17 de marzo de 2014

Electrodomesticados.

Siendo yo pequeño ya había electrodomésticos, pero a los niños nos interesaban más bien poco: como mucho, la tele (que no tenía mando a distancia, y únicamente dos canales) y los radio-cassettes. Pero, como los trapos sucios que se despachaban en aquella lavadora que nada nos interesaba, eso se quedaba en casa. Los niños salíamos de casa con una mochila de libros y cuadernos cuando era el momento de ir al cole, y con un balón si tocaba jugar.

Y entonces llegaron ellos.

Primero, los relojes digitales, esos que hacían que miraras la hora, aunque no quisieras saber qué hora era. Eran más bien poco fiables, y su única prestación más allá de día y hora resultaba ser una tímida lucecita que te permitía ver la pantalla (más o menos) cuando tus papás te llevaban al cine.

Luego, las maquinitas, las de sólo un juego y pilas de botón. Y, si te cansabas de la tuya, se la cambiabas al amiguete.

Y vino la avalancha: papá y mamá compraron el vídeo, la tele con mando a distancia, después el ordenador que se enchufaba a la tele, el walkman, la consola portátil, el ordenador con monitor, el teléfono móvil tonto, el ordenador portátil, el reproductor de MP3, la cámara digital, el reproductor de MP4, el teléfono móvil inteligente, la tableta...

La consecuencia de todo esto, aparte de que ya no se coge reloj, cámara de fotos o aparato de música porque para eso ya está el móvil (o sea, que llevamos un teléfono que usamos para todo menos para hablar por teléfono), es que los niños -todos nosotros, en realidad- nos hemos convertido en operadores ambulantes de aparatos electrodomésticos: poner la música, revisar los mensajes, buscar la ruta, ver qué tiempo va a hacer. Nos han "electrodomesticado".

En otras palabras que, cuando uno sale a pasear, ya hace de todo menos dar un paseo.

sábado, 9 de febrero de 2013

Porque No Siempre Se Admira a Personas Admirables.

Si una sociedad no consigue hombres admirables es porque no proporciona a sus niños idolos dignos de admirar.

Soltado el pedazo de frase, me explico.

En teoría, el deporte infantil sirve para enseñar a los chavalines valores como el respeto, el compañerismo, la honradez (vamos, la sarta de lindezas que de hecho se engloba en el llamado "espíritu deportivo"). Es una idea muy bonita que, como dicen los propios comentaristas del ramo -siempre tan a la última en su manera de expresarse-, todos "compramos".

Pero, a la hora de la verdad, el jugador que es encumbrado, que vendes camisetas, que da beneficios (de eso se trata, ¿no?), el jugador que le metemos hasta en la sopa a Josito, Javi y Miguelín hasta hacerle su ídolo es el que mete muchos goles, canastas o gana un montón de trofeos.

Que no digo que esto este mal, porque -al fin y al cabo- el deporte también debería enseñar a dar lo mejor de ti mismo, a esforzarte. Pero hay una diferencia muy grande entre rendir al máximo por puro afán de superación y ganar a cualquier precio.

Y esa es la diferencia que no estamos enseñando a los niños.

Hay un puñado de futbolistas, Gary Lineker entre ellos, que lograron rematar una carrera profesional sin ver una sola tarjeta amarilla. Y ningún niño los admira por ello, muy posiblemente porque nadie les explica lo meritorio y admirable que eso es.

Meter cien goles es una hazaña propia de extraterrestres, pero pasarte década y media en los campos de juego profesional sin propinar una patada mal dada, protestar más de lo debido o revolverte como respuesta a un codazo es una simple anécdota.

Sinceramente, así nos luce el pelo.




















Gary Lineker, uno de los poquísimos ex-jugadores del Fútbol Club Barcelona por los que siento verdadera simpatía. Lamentablemente, su impoluto comportamiento sobre el terreno de juego nunca pareció tan importante para el Club Culé como sus goles al Real Madrid.

Valors.

jueves, 17 de enero de 2013

Los Innegables Peligros de la Sinceridad Compulsiva.

Yo soy el primero que cree firmeente que mentir está muy feo, pero es que hay veces que no queda otra.

Y no sólo para salvar el pellejo, que también, sino -simplemente- para hacernos la vida más agradable los uno a los otros.

Doña Mentira tiene una prima-hermana bonachona llamada Piadosa, que se casó con el Tacto y trajeron a este mundo a la Cortesía.

Y eso nos lleva a esa gente que es sincera hasta decir basta, que padecen de una adicción a la "sinceridad compulsiva" que hay que fastidiarse.

Me refieron con esto a los que siempre te recuerdan a primerita hora de la mañana la mala cara que traes, que recalcan indignados lo poco que corre tu coche o destacan lo mal que juega al fútbol tu niño (si es que le han sacado ese sábado).

"¡Las verdades duelen, pero hay que decirlas!", sentencian ellos rotundos a modo de excusa y justificación.

Vale, pero si la pobre Piedita se ha arreglado todo lo que ha podido -e incluso así ha podido más bien poco-, ¿qué se saca de decirle que está muy fea? ¡Pues dígale usted que luce guapa a rabiar cuando ella va camino del mercado y así ella guardará la cola de la carnicería con una sonrisa en la boca!

Y se lanzaran fieros al contraataque los "sinceros compulsivos" al grito de: "¡Yo no soy un hipócrita!"

Pero, según yo lo veo, alegrarle el rostro a la podre Piedita, que ha hecho todo lo que ha podido, que ha sacado de donde no hay, no es hipocresía, es simplemente un bonito ejercicio de hacernos la vida más agradable los unos a los otros, de recordarnos que existimos.

Eso es, al fin y al cabo, la Cortesía: dejar pantente que sabes que la otra persona existe.

¿Tanto cuesta, pues, ser cortès?

(Además, está garantizado que, al hacerlo, no pierde usted puntos en lo de ser valiente).   

lunes, 3 de diciembre de 2012

Escribir a Fogonazos.

Eche la vista atrás, repase su vida, no le costará, todos lo hacemos a menudo.

No recordará semanas completas, ni días, ni tan siquiera horas...Recordará momentos -más largos o más cortos- pero tan sólo momentos.

Son fogonazos, porque la vida se vive así: a fogonazos, a momentos memorables que se mantienen a flote en el mar del tedio, la rutina y, finalmente, el olvido.

Y sí la vida son fogonazos, y la Literatura no es más que la crónica más o menos adaptada de la propia existencia, ¿qué mejor que escribir "fogonazos"?

Repasando el blog, eso me he dado cuenta de que son la mayoría de los relatos que cuento: simples "fogonazos" de vidas ajenas de ficción,

Así pues, y como no tengo nada mejor que hacer esta tarde casi noche de Otoño frío, voy a crear formalmente este nuevo género literario: el "Fogonazo". Se define como: "texto de ficción muy breve (de entre veinte y sesenta líneas de extensión) en el que se narra un acontecimiento o episodio de gran relevancia en la existencia de los personajes, y que se remata con una frase que permita al lector sacar una conclusión de la historia". O, si lo prefiere, un "fogonazo" es "la narración esencial y concentrada que resulta de despojar a una novela del relleno".

Bueno, ahora ya sólo queda que la idea se ponga de moda entre escritores de todo tipo y condición, se líen a escribir "fogonazos" como locos, la palabra sea finalmente aceptadad por la Real Academia Española y, por fin, alguna de las fotos más horribles que tengo acabe en la página 223 del libro de Literatura, aunque espero de todo corazón ser del selecto club de los que "con que lo leáis vale, que no entra para examen", que lo último que uno desea es amargarle una tarde primaveral a un estudiante de Secundaria cuajadito de acné en flor.

Aunque, de momento, me parece que los únicos "fogonazos" en ver la luz serán los míos.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Permítame Intentar Convencerle de que Intente Convencerme.

"No intentes convencerme".

No me gusta la frase, por más que le dé vueltas a sus posibles significados para encontrarle una puerta a mi corazón.

¿Se dice acaso porque es inútil intentar que yo cambie de opinión, porque estoy tan convencido de estar en posesión de la Verdad Absoluta que es del todo imposible lograr que me apee de dicho convencimiento? Grave error, gravísimo. No hay error más grande que pensar que uno no puede estar en el error. En otras palabras, que, visto así, "no intentes converceme" no es otra cosa que una demostración de totalitarismo a pequeña escala, un desprecio a la apertura de mente y la opinión ajena, y a una falta absoluta de fe en el poder de la razón a través de las palabras.

¿O es acaso miedo lo que realmente se esconde detrás del "No intentes convercerme"? La total inseguridad en las propias ideas, argumentos y convicciones, y el pánico producido porque alguien nos las pueda cambiar de un plumazo de voz. Pues más de lo anterior, si uno está cerrado a otros puntos de vista, está absolutamente perdido.

Es todo esto, en suma, una invitación a la apertura de miras, a la escucha serena, a la reflexión abierta, a tener el valor de reconocer que uno se había equivocado, que uno estaba mirando el asunto desde el angulo incorrecto. En resumen, a tener saber pronunciar esa frase que tanto le duele -si se pronuncia de corazón- a la Soberbia Patria: "Tenías razón, me has convencido, estaba equivocado".

Aunque, después de todo, no sé por qué me complico con esta reflexión, si, a la hora de la verdad de la buen, a cualquiera se le puede convencer de cualquier cosa a cambio de la cantidad adecuada de dinero.

(Y si no me cree, haga la prueba conmigo).

sábado, 10 de noviembre de 2012

A Propósito de la (Mal Llamada) Pluma.

Contemplo a las aves, alzando majestuosas el vuelo por el cielo azul, y se me pone una mala uva que usted ni se imagina.

No porque vuelen los pájaros en sí (que hasta me gusta), no porque me hagan caca encima (que puede ser), sino porque la imagen me trae a la memoria una injusticia, una inexactitud, una aberración que me quita casi hasta el sueño: ¿Qué esa tontería de llamar "pluma" a un cacharro totalmente artificial que no sirve para volar, sino para escribir?

¡Alta traición al idioma y a la naturaleza!

En efecto, "pluma" es un término latino que -en su naturaleza más esencial e íntima- hace referencia a la parte del ave que le hace único y distinto, a eso que le permite volar y no a cualquier otra cosa.

Acepto que se utilice "pluma" para referirse a aquellas que en otros tiempos se usaban para escribir, pero en el momento en que se inventa un artilugio para guardar y segregar tinta, que le busquen otro nombre, porque -lo siento mucho- eso no sirve para volar, ni lo tienen las aves, por tanto no es una pluma y usar tal término es absolutamente caprichoso y radicalmente contrario al orden y la ley natural.

Y, peor todavía, los ladinos que pretenden pervertir el lenguaje le pusieron el apellido de "estilográfica" como para queder disimular, para intentar que no nos percatáramos de su artera maniobra de perversión de nuestra amada lengua. Además, no contentos con esto, esa misma pandilla de degenerados empezo a usar el término "pluma" para referirse a una persona que escribe. ¿Pero qué es esto? ¿Equiparar a un señor hecho, derecho y con bigote con la parte de un pájaro? ¡Hasta ahí podíamos llegar!

En suma, que lo llamen como quieran, pero lo que está claro es que ese cacharro con tinta dentro para escribir es cualquier cosa menos una pluma.

He dicho.



miércoles, 6 de junio de 2012

Límites, Fronteras e Inquietud (El Dilema del 4 y Pico).

Todo tiene un límite, si, eso ya lo sabemos. Lo que igual no tenemos tan claro es dónde está. Y el problema es que hay países tan diferentes y tan parecidos que la frontera -que en teoría está muy clara y perfectamente definida- se nos acaba difuminando en un mar de dudas y dilemas.

Toda esta parrafada tan pretenciosa para intentar explicar que, a menudo, uno no sabe cuándo un alumno ha de suspender y cuándo aprobar.

Es la maldición del juez.

Ya sé que el aprobado es 5. De hecho, creo que es lo primero que aprende cualquier estudiante (y lo que jamás olvida).

Pero, ¿qué pasa con el 4,9..?

Los hay que dejan caer todo el peso de la lógica matemática y califican con un suspenso. Pero son lo menos...¡hombre, por una décima!

¿Y qué pasa con 4,8? ¿Y con 7, y con 6, y con 5...?

¿Dónde está pues la frontera?

Uno se puede refugiar en "la actitud del alumno", pero, en realidad, la ayuda no es mucha. La decisiones siempre son decisiones.

Igual -supongo- le pasa al juez en su despacho del tribunal, al crítico gastronómico de la prestigiosa guía en la hora del café, o al inspector playero que concede las banderas azules...

Ya, ya, siempre hay normas claras y rígidas que uno debe aplicar pero, en mi opinión, juzgar basándose sólo en los fríos datos estadísticos es de cobardes (con perdón).

Porque nos pagan por decidir como y sobre personas, no por aplicar tablas, que esto lo sabe hacer hasta un ordenador.

Pero, de todos modos -y por mucho que me duela-, en cualquier competición siempre hay un primer perdedor, un 101 de las 100 plazas a concurso. Una persona que no lo logró por una cochina centésima.

Me duele, insisto, pero no se puede hacer nada, ignoro la manera de cambiar esto.

(Si la conociera, ya lo habría hecho).

jueves, 24 de mayo de 2012

Sintagma Nominal de Problema Patrio.

Es una de mis más poderosas convicciones (concebida, parida y criada por la observación y la experiencia): No hay vagos, tan sólo personas que no trabajan gratis.

En efecto, fíjese usted si es poderoso caballero Don Dinero, que hasta a la tan indómita Doña Pereza Dominical -sentada en su trono, que es un sofá- es capaz de doblegar, si se dan las condiciones adecuadas. En otras palabras, que tú le ofreces a un español un buen taco de billetes porque te corte el césped un domingo a las 5 de la tarde bajo el sol, y -si el grosor del efectivo es suficiente- hasta lo hace usando sus propios dientes por cuchillas.

Quizás esté ahí un grave problema nacional, que a un país con alma de destajista (la palabra existe, mírelo si no me cree), se le está pagando una nómina todos los meses.

"Bah, lo suba ahora o esta tarde, yo cobro lo mismo", esta frase ejemplifica la cuestión y la tragedia. De gente que no da el máximo que puede rendir, sino el mínimo para que no le echen porque, al fin y al cabo, "yo cobro lo mismo".

¿Significa esto que hay que matarse a trabajar, que en todos los empleos se debería cobrar sólo por productividad o resultados?

¡Hombre, tampoco es eso!, que esta última frase me ha sonado a esclavos con el pelo cortado como Cleopatra haciendo pirámides.

La solución está en la honradez con uno mismo; en no dejar que el artículo más aplicado del Estatuto de los Trabajadores sea la Ley del Mínimo Esfuerzo; en hacer todo lo que uno pueda en su trabajo, sin que el trabajo pueda contigo.

Pero, además, no es justo quejarse de que a otro países donde trabajan como fieras les vaya mejor. Nosotros mismo los hemos dicho mil veces con gesto mezcla de guasa, desprecio y rabia refiriéndonos a teutones y nipones: "¡Si es que esa gente vive para trabajar, coño!"

En resumen, que uno debería terminar el día con la sensación de que se ha ganado el jornal.

(Y el que, honrademente, no se sienta así, que me perdone pero es más ladrón que los 40 de Alí Babá juntos).

miércoles, 9 de mayo de 2012

El Vicio Solitario (Por Lo Ludópata).

Se trata con bien poca consideración -incluso diría que se trata con desprecio- al jugador de solitarios.

Los moradores de las frías cúspides de la élite cultural-intelectual no entienden que alguien pueda dedicar un rato suelto de asueto a algo que no sea releer una obras completas por haikus de un poeta japonés o a redactar un soneto de los de a serventesio.

Los pícaros y ruidosos sujetos que predican la juerga tabernaria no conciben hacer uso de los naipes en solitario y sin dinero, honor y/o burla de por medio.

Sin embargo, en mitad de tanto desprecio por lo alto y por lo bajo, entre esa imagen de incultos y aquella de aburridos, yo siempre he sentido mucho respeto por aquello de jugar a un solitario.

Pero a un solitario de verdad, con cartas y no con kilobites, de ésos que te enseñó tu abuelo de pequeño.

El solitario es una forma de juego tan bella como cualquier otra, puede que más. Cierto que no hay más competición que la que se mantiene contra uno mismo y el azar, pero -así lo siento- eso es con mucha frecuencia la vida: una pugna constante en busca del acierto y contra el error navengando por un mar de circunstancias que escapan al propio control.

Y hay poesía en el lento ritual de ir sacando carta por carta, de contemplar lo que ya se tiene encima de la mesa, de decidir cómo jugarlo, de saber qué carta te viene bien que salga, y darle la vuelta al siguiente naipe con miedo e ilusión a partes iguales.

En suma, que, en este mundo en que se sobrevive a los ratos muertos con maquinitas portátiles o enviando insípidos mensajes por el teléfono móvil, o simplemente mirando a la televisón sin verla, ¡viva la gente que todavía echa solitarios!, aunque no se puedan federar, aunque jamá vayan a ir a los Juegos Olímpicos, aunque nunca vayan a ser campeones de nada que no sea la propia satisfacción de que el solitario ha salido esta vez, y es que, ¿será acaso que vivir no es más que echar un solitario continuo?


lunes, 30 de abril de 2012

Duelo de Caballeros a Plumazo Limpio.

Se ha perdido -o, al menos yo no sé encontrarla- esa costumbre tan bonita de que los grandes de la Letras se lleven rematadamente mal en público.

¡Qué nostalgia de aquellos enfrentamientos (casi) siempre dialécticos, que nos regalaron tantas y tantas anécdotas para hacer más llevaderas las lecciones de Literatura de los jueves por la tarde!

(Inciso: una de las reglas básica de la Docencia es que los alumnos siempre se quedan con lo anecdótico, y jamás con lo substancial).

Lances de ingenio y verbo en los que dos mentes tocadas por la varita de las musas chocaban, se exprimían al máximo en décimas de segundo y nos regalaban perlas impagables.

Y en la raíz de todo el asunto, la dichosa Doña Envidia, esa enfermedad que se te cuela en el Alma por el hueco del Orgullo para terminar por destrozarte. Y es una afección a la que cualquier artista es especialmente propenso, y para los que resulta especialmente dañina: porque sabes que el condenado es igual de bueno que tú, puede que mejor, pero no, no y no quieres admitirlo ante los demás, y mucho menos ante ti mismo, y la única manera que se te ocurre de luchar contra tan desagradable sensación es atacarlo.

Hecho de menos, en suma, diálogos de este tipo:

-¡Me ha gustado mucho tu último libro! ¿Quién te lo ha escrito?

-La misma persona que te lo ha leido a ti.

-La pena es que lo leí en formato electrónico. Me gusta más leerte en papel, ¡es tan incómodo limpiarse el culo con la pantalla del ordenador!


¿Usted no? Ahora esta función social la desempeñan políticos y deportistas, y, si le soy sincero, no es lo mismo...Ni de lejos.

















Dice la evidencia que Quevedo y Góngora no se podían ni ver, y se lo demostraban a la mínima ocasión posible. Dice la leyenda que los enemigos intímos (y amigos jurados) William Shakespeare y Ben Jonson chocaban con frecuencia sus ingenios con la londinense taberna "The Mermaid" por testigo, pero esto resulta imposible de demostrar.

jueves, 26 de abril de 2012

Lo Que Andy I, "El Sabio", nos enseñó

"En el futuro, todo el mundo será mundialmente famoso durante 15 minutos".

Olvidese de las latas de sopa o las marilynes monroe, Andy Warhol nunca fue tan genial como cuando pronunció esta frase en 1968.

Y aquí estamos, casi 45 años después, contemplando cómo se cumple a diario la profecía de un maestro.

Aunque ignoro si profecía o maldición, porque, piénselo, ¿le gustaría realmente a usted disfrutar del dichoso cuarto de hora de gloria?

Su foto en las portadas de todos los periódicos del lunes, para no volver a aparecer nunca más; su vídeo en internet recibiendo un millon de visitas entre lunes y miércoles, y 21 el resto de la semana.

En otras palabras, un trago largo del embriagador elixir de la celebridad y la gloria, y luego, de una patada en el culo, de vuelta al cochino anonimato.

"¡Yo soy el de la foto con el gato de tres pies!", dejará usted caer en todo tipo de eventos sociales, y, en vez de las risas de complicidad y los aplausos de admirarción, recibirá por toda contestación el gesto confuso de gente que se encoge de hombros.

"¡Sí, hombre, si salí en todos los periódicos y en las teles!"- protestará usted.

Ya, amigo, pero es que en los periódicos y en las teles salen 1000 personas todos los días, y no se puede pretender que el personal los recuerde a todos.

En resumen, que si alguien quiere mis 15 míseros minutos de fama mundial, se los regalo totalmente gratis (y sin gastos de envío).

Mas permita que termine con un consejo: si es usted listo, ordeñe a la vaca de la fama efímera, con un poquito de suerte le pagará seis plazos de la hipoteca. En otras palabras, que la entrevista que le querrán hacer (la única), no la dé gratis.

jueves, 12 de abril de 2012

¿Qué es Ideología Política?

Pregunta de fácil respuesta, tanto, que hay miles. A saber:

Es la absoluta convicción de que los destinos de mi país se han de regir de la manera que más me convenga a mí individualmente. A este principio se le da -habilmente- la vuelta, y hasta suena patriótico: "Lo que a este país le hace falta es que se proteja al campo, que es fuente de riqueza: que se suba el precio de las cosechas y se baje el de los seguros", dijo el agricultor.

Ideología política es también la de los que abogan por la creación de comunidades de hombres y mujeres donde todo sea de todos. Por tanto, éstos no creen en la propiedad privadad, porque es gente que sólo cree en lo que ve. El problema es que algunos, con el tiempo, empiezan a verse ellos con propiedad privada. Y, claro, como ya la han visto, pues empiezan a creer en ella. Y a defenderla.

Otra faceta de una ideología política es ser parte del tan acogedor "paquete de la normalidad", ése que hace que toda la gente que se considera diferente sea exactamente igual. En otras palabras, que yo pienso y me comporto del mismo modo que todos los que me rodean. A mí me parece muy deprimente que sólo viendo tu pinta se pueda adivinar con total precisión qué piensas de la Religión o a qué partido votas pero, ya le digo, a esto mucha gente la llama "ser normal", y ser así les reconforta.

Las ideologías políticas son también la excusa para hacer de mis odios personales causas nacionales, para travestir mis miedos particulares de amenazas para el conjunto de la sociedad y para sentirme respaldado en comportamientos que, vistos friamente, son del todo bochornosos.

Ya ve, según yo lo veo, las ideologías políticas suelen ser poco más que una expresión de puro egoismo. A mí me costó mucho asimilar este concepto, hasta que un señor que trabajaba para una ONG pronunció estas palabras: "El altruismo puro no existe".

Eso me demostró que, incluso en los lugares donde el egoísmo debería ser "persona non grata", éste entra, sale, domina y mangonea.

Igual es que ideología política es el disfraz que se pone el egoísmo cuando sale de fiesta en las manifestaciones de todos los colores.

miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Que Si Me Cae Simpático? Hombre, Depende de la Altura de la Caída.

En realidad, nadie es simpático o antipático, todo depende de los ojos con los que uno le oiga. Vamos, que es "subjetivo" (la cual es una de esas palabras en las que la "b" no se pronuncia o se pronuncia a lo bestia, sin margen de maniobra para el siempre sabio término medio).

No cabe duda que uno puede intentar ser simpático (generalmente, movido por algún interés más o menos noble), pero, como los centros al área, la simpatía es un don natural que se tiene o no tiene (aunque se puede mejorar con la práctica, de nuevo como los centros al área).

Más insisto que lo de ser simpático o no está en manos del otro, y que lo para unos resulta "encantador", para otros es "cargante", "insoportable" e incluso peor...

Resumiendo, que la simpatía es mucho más cuestión de "caer" que de "ser".

Por otro lado, ser antipático es bastante más sencillo. Basta con no sonreír ni para las fotos de boda, ser borde de obra y palabra y, en general, gruñir a todo (aunque, no me pregunte usted por qué, hay gente que es así y que luego resulta de lo más popular en alta, baja y media sociedad. Misterios de la naturaleza humana, tan dada a comportarse de un modo absolutamente artificial).

Por mi parte, yo soy un espejo poco dado a reflejar por lo simpático, pues podría hacer una larga lista de sujetos con fama de simpatíquisimos, pero los que yo sobrellevo poco, mal y con sufrimiento. Que no le discuto yo que sean simpáticos, que el problema es mío, que debo ser un espejo al que todavía le queda mucho por pulir.

Mas, en cualquier caso, si usted quiere jugar sobre seguro, lo mejor es generar una reacción neutra en sus semejantes: ni simpático ni antipático.

O sea, sea ápatico.

jueves, 12 de enero de 2012

Aparte de la Modestia, Hay Mucho Más...(Panegírico de los Chulos).

No sienta simpatía y admiración por los modestos, que lo de esa gentucilla que se sonroja y tartamudea no es ninguna virtud. En realidad, el verdadero modesto es un grandísimo egoista, ya que no esconde sus bondades porque las considere insignificantes, sino porque sabe lo bueno que es y no le da la gana compartilo con nadie.

Un buen modesto, un modesto con denominación de origen, no le revela a nadie lo bien que canta para no tener que regalar su voz, no dice nada de su nuevo coche para no tener que llevar a nadie, mantiene en secreto lo bien que escribe para leerse sólo él...

Es mucho mejor el chulo creído-engreído encantado de conocerse. Ése nos ofrece con espléndida generosidad su belleza física, sus portentosas facultades, su opulenta prosperidad material.

No odie, pues, al chulo. Tenga la honradez de admitir que lo que usted siente hacia él es puritita en envidía, y ríndase como un jefe galo ante todo lo que el chulo nos entrega para nuestro disfrute a cambio de nada: sus hazañas deportivas dentro y fuera del campo de juego, su belleza y su voz en la gran pantalla, sus sabios consejos en el ascensor o en la junta de vecinos...

¡Los chulos le aman, devuélvales usted algo de amor en forma de respeto y admiración!




















Duelo de egos brutal en la peli "El Coloso en Llamas" entre Steve McQueen y Paul Newman. Por contrato, lo dos tenían exactamente el mismo número de líneas de guion y, a la hora de hacer el cartel, para evitar broncas, uno está el primero leyendo de izquierda a derecha, pero el otro está más alto. No obstante, ambos nos obsequiaron todo su talento (y fueron golosina para la vista y la imaginación de muchas y alguno que otro) en esta y otras películas, así que les perdonamos estos feroces arranques de chulería aguda.

(Diría que esta entrada de hoy no está mal del todo, pero no lo hago porque soy muy modesto, sabe usted).

lunes, 9 de enero de 2012

Al Despertador Pongo por Testigo de que Nunca Más Volveré a Pasar Sueño...

¿Existirán personas que no pasen sueño por la mañana? Personas que se despiertan sin mayor complicación, que saltan de la cama al primer aviso y se encaminan a echar la orinada reglamentaria con una sonrisa en la boca (y, claro está, rascándose la cabeza).

En teoría -que es eso que siempre promete cumplirse, pero nunca termina de cumplir con tal promesa-, si uno se acuesta tempranito, dormirá todo lo que tenga que dormir, y así, cuando se despierte, no lo hará dormido.

Si tales sujetos existen, yo jamás los he visto por las calles. A primera hora de la mañana, todo el personal se dirige con la misma cara a seguir pedaleando para que el mundo continue girando: esa cara absolutamente inexpresiva que expresa la mezcla de un millón de cosas: aburrimiento, cansancio, rutina, pesadez, resignación, confusión, mal humor, desesperación...Y, por supuesto, con un bostezo marcando el final de cada renglón de la novela del sueño mañanero.

Si existen, los admiro y envidio, pues, sin duda, sus vidas son existencias perfectamente organizadas: seguro que se acuestan todos los días a la misma hora, tras haberse tomado un vaso de leche templada, haberse lavado los dientes durante exactamente dos minutos, y miccionar durante 30 segundos -ni uno más ni uno menos-. Puede que incluso tengan el tiempo justo para leer el capítulo de una novela antes de caer vencidos por el sueño.

Los admiro y envidio, pero claro está, no espere que me convierta en uno de ellos. Lo he intentado muchas veces, pero no me sale.

Además, tengo una legión de admiradores -de todas las edades- que disfrutan con el aspecto que presento a primerísima horita de la mañana, con la inefable imagen de mi careto ojeroso y torpemente afeitado (rozando la temeridad más alocada), de mi pelo despeinado y mi mirada aún perdida en la nostalgia del sueño del que acabo de ser cruelmente desterrado.

Vamos, que me tomo lo de pasar sueño como una de esas pequeñas incomodides que hacen la vida molesta, pero que uno paga como parte del peaje por esta esta vida que alguien inventó para mí, y que compré con dócil insensatez.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Guía Básica para Tiranos Asesinos y Genocidas.

El día en que usted se convierta en un tirano dictador, que espero que sea nunca, se dará cuenta de que uno de sus principales problemas es deshacerse de miles de miles de personas que le son incómodas (y hacerlo de un modo, rápido, discreto y limpio, se entiende). No es un problema nuevo, y la solución no es fácil.

Puede fusilarlos, pero eso no es ni rápido, ni discreto, ni -desde luego- limpio.

Puede cortarles la cabeza (técnicamente, el cuello), que puede que sea más rápido que liarse a tiros, pero, desde luego, de discreto y limpio, aún peor que lo de las balas.

No hace falta ser un genio para percatarse de que el gas letal es la mejor solución al problema. Lo que sí hace falta ser es un malparido.

Opte usted por la opción que opte, le advierto que pasar a la historia como el mayor asesino genocida hijo de la grandísima que jamás los tiempos vieran no le va a resultar sencillo...

Tendrá que fusilar a un millón de personas para ponerse al nivel de Stalin y su "Gran Purga".

Tendrá que gasear a cien mil esclavos para igualar lo que -según el investigador Claude Ribbe- Napoleón ordenó hacer en las bodegas de sus barcos en El Caribe para sofocar un levantamiento.

Y, por supuesto, Hitler. ¿Cómo es posible que en la Alemania Nazi (1933-45) se guillotinara a 16.500 personas y el dato pase tan desapercibido? Sencillo, asesinando a millones de judios, gitanos, homosexuales...en sus cámaras de gas. Por cierto, dicen las malas lenguas que los Aliados sabían lo que estaba pasando y no se molestaron -por ejemplo- en ordenar ataques aéreos para inutilizar las vías por donde circulaban los trenes de la muerte. Pero eso son malas lenguas, no está demostrado (que conste).

Oiga, digo yo, ¿por qué no se olvida usted de todo eso de convertirse en un sangriento tirano y se dedica a vivir en Paz, Bondad y Felicidad?

Mucho mejor, ¿verdad?
















Hoy en día, ninguna visita a Polonia está completa sin pasarse por Auschwitz-Birkenau. Dicen que impresiona y sensibiliza, pero yo es que soy muy impresionable y sensibilizado ya vengo de casa, así que no creo que vaya. No obstante, si lo que quiere es ver viejas cámara de gas, en Estados Unidos también hay unas cuantas.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Cubata de Cola (Oda con Cierto Odio y en Vaso de Tubo).

Yo fui el adolescente soso y cabezón al que no les gustaba beber alcohol. Decían que, como todas las cosas que son cosas de la edad, se me pasaría con el tiempo. Veinte años después, seguimos igual.

No obtante, no seré yo quien discuta las bondades de nuestro entrañable "cubata", el fiel compañero que se unió a nuestro viaje en furtivo copazo en casa de un amiguete con 14 años, y que nos ha acompañado en las alegrías y en las penas, y también en  los fines de semana que ni fu ni fa.

"Cubata", que te adaptas a las circunstancias sin rechistar, y tan bueno sabes en botella de plástico como en fino vaso de cristal.

"Cubata", ese hijo del ingenio americano y la Guerra de Cuba, nacido cuando a los soldados "tiosameros" que mandaron a echar a los españoles les dio por mezlcar su Coca-Cola con el ron de la tierra. (Lo siento, amigo, si uno es purista del copazo, el "cuba libre" es de ron).

"Cubata", ese buen amigo que nos quita la timidez a guantazos y nos libera la simpatía suficiente como para seducir a la sin par amiga simpática de una compañera de clase.

"Cubata", al que siempre se invoca con aristocrático apellido: "Cubata de Jotabé", "Cubata de Guaitlabel". "Cubata de Bacardí"...

"Cubata", que sin ti no entendemos la amistad, el ocio o la alegría.

"Cubata", que nos haces vomitar de puro amor, que te pasan horas retumbando por nuestras cabezas a la mañana siguiente y nosotros lo toleramos con goce y regocijo.

"Cubata", que nunca nos abandonas, incluso cuando todos lo han hecho, que te acercas a nuestra soledad absoluta en la barra de un bar para darnos consuelo.

"Cubata", que eres ya una parte vital de nuestras vidas.

No, no seré yo quien discuta tus bombades,

pero quizas sean otros.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Qué Pasaría Si se Dejara de Anunciar la Coca-Cola?

Yo, ya lo sabe usted, soy muy dado a hacerme preguntas raras. Dicen que tengo demasiado tiempo libre. Quizás. Aunque también puede ser que el poco tiempo libre que tengo me lo paso sobrio.

Mas no nos desviemos del tema. La pregunta en cuestión es doble:

-¿Por qué se gastan la millonada que se gastan en anunciar la Coca-Cola?

-¿Qué pasaría si dejaran de hacerlo?

Desconozco la respuesta a la primera pregunta, aunque la intuyo. Es cierto que mucha gente consume Coca-Cola sin pensar, por costumbre, porque ya tienen automatizado eso de: "¿me pones una coca-cola, por favor?" Pero, quizás, parte (o gran parte) de ese automatismo esté generado por la publicidad. Quizás (o, quizás, seguro) si nos dejaran de recordar a todas horas que existe la Coca-Cola, nos olvidaríamos de su existencia.

Y, maravillas de maravillas, casi no he terminado de responder a la primera pregunta, y ya he dado respuesta a la segunda.

Pero el tema es todavía más interesante, pues, en deliciosa paradoja, de renunciar a la publicidad podría surgir una grandiosa campaña publicitaria:

"La Coca-Cola es tan buena, confiamos tanto en ella, que nos vamos a pasar un año entero sin anunciarla y, estamos seguros de que las ventas no van a bajar ni una sola gota".

Sería, para mí, la estrategia de propaganda más osada del mundo. También la más económica, dado que ahorrarían un año entero de anuncios.

¿Los resultados? Igual resultaban catastróficos. Igual no.

¿Tendría la Coca-Cola (o cualquier otra gran multinacional, para que no se piense usted que tengo obsesión), el valor de hacerlo?

Ya ve, yo no paro de hacerme preguntas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo Importante es el Interior...Por Cierto, ¡Qué Buena está tu Amiga!

-¡Hola, soy el Genio de la Lámpara! Sé que vas a tener una hija, te concedo que sea bella por fuera o bella por dentro, ¿qué prefieres?

-Tú haz que sea bien guapa, pero no cuentes por ahí que te he contestado esto, ¿vale?

Cierto, es absurdo negar que, si a uno le dieran a elegir, a todo el mundo le gustaría tener hijos guapos (de hecho, cada papá y mamá cree que sus retoños son un derroche de belleza física).


Más absurdo sería negar que ser guapo tiene muchas más ventajas que ser feo. Aunque, como el que no se consuela es porque no quiere (y la cosa no va con segundas, por mucho que esté hablando de feos y feas), ser poco agraciado (vamos, que ni el reintegro de una rifa de colegio) también tiene su lado bueno.

Ante todo, que no te tienes que obsesionar con aquello de que protagonizas los más oscuros deseos y las más prohibidas fantasías del vecino del quinto, el muchacho de la panadería o la dueña del kiosco de la esquina.

Tampoco te asaltan las dudas de si tu exhuberante mujer te quiere sólo por tu dinero. Es un hecho confirmado.

Por no hablar de la tranquilidad y el anonimato con los que puedes pasear cerca de una obra o a la puerta de un estadio en los minutos previos al derby.

En cualquier caso, la dura misión de ser feo es mucho más sencilla para los hombres que para las mujeres.

Por ejemplo, cuando toca arreglarse para ir a una boda, el varón se afeita, se peina, se planta el traje con la corbata buena y los zapatos de vestir y lleva su carencia de atractivo (sentado de modo permanente en una esquina de la pista de baile) con la máxima dignidad.

Para las mujeres, la cosa es mucho más complicada:

Recordemos, de entrada, que desde el punto de vista netamente físico, hay tres niveles de fealdad femenina, a saber: fea, más fea que pegar a un padre y "eso no puede ser una mujer, es un cachondo disfrazado".

En los dos primeros niveles, echando mano del gusto y la mesura, se puede ir de boda con cierta dignidad. Pero, ¿qué hacemos con las terceras? ¿Nos rendimos a la evidencia y nos plantamos el traje de chaqueta, el zapato de mínimo tacón, el pelo recogido y con un poco de maquillaje testimonial? ¿O, por contra, nos arriesgamos con el vestido de fiesta, el taconazo y la sesión de maquillaje, peluquería y manicura francesa? De hacerlo, sabemos que muchos y muchas nos estarán esperando con la lengua recién afilada y una carcajada por la espalda en la recámara.

Difícil y cruel elección en esta sociedad que no le perdona a las mujeres el gravísimo pecado de ser feas, del que son inocentes, pero por el que cumplen condena.


martes, 22 de noviembre de 2011

¿Qué Fue Primero, el Por Favor o el Gracias?

¿Quién inventaría el genial concepto de pedir algo "por favor"? ¿Quién añadiría una palabra que tiñe de cortesía la petición?
¿Sería acaso Adán? ¿Le contestaría acaso Eva "Vale, eres muy educado, pero ni sueñes que haga yo esa cochinada"?
¿Quién inventó lo de decir "gracias"? ¿Quién fue el primero que reconoció el esfuerzo ajeno en beneficio propio?
¿Fue acaso Adán? ¿Le dijo acaso Eva, "Mira, guapo, con tal de no aguantarte, lo que sea. ¡Pesado!"?

Fuera quien fuese, fue un genio, pues inventó uno de los más fuertes cimientos de la cordialidad humana.

Supongo que el primer "por favor" fue una cara de súplica, supongo que el primer "gracias" fue una sonrisa sincera.

Desde entonces, los idiomas han querido aprender a decir gracias (algunos, como el atabascano del Norte de Canadá, hasta tienen palabras diferentes para agradecer lo que has dicho y lo que has hecho) y por favor. Es una necesidad natural de cualquier lenguaje.

No es la primera vez -y me temo que no será la última- que uso este blog para denunciar que estamos creando una sociedad de gente que cada vez tiene una mejor educación (o, al menos, más diplomas colgados en la pared), pero cada vez más maleducada.

En nuestras manos, y en nuestros ojos, y especialmente en nuestras bocas está cambiar esto.
En consecuencia, hago desde aquí mi enésimo al cuadrado llamamiento a ser cortés. Porque, recuerde:
Cuando dices algo y el otro te contesta: "¿perdón?", uno piensa: "¡Joder, si es que no vocalizo!"
Cuando dices algo y el otro te contesta: "¿eeeeehhh?", uno piensa: "¡Este gilipollas está sordo!"