El verdero genio se caracteriza por encontrar caminos nuevos para llegar a sitios viejos, y también por tomar sendas viejas y llegar a lugares nuevos.
Por eso Cruyff era un genio, porque un buen día -ya en el ocaso de su carrera- quiso llegar al gol, que es el destino más viejo del futbol, y encontró un camino nuevo para hacerlo, un camino que nunca nadie antes había tomado. Y lo mejor es que ese nuevo camino fue el viejísimo penalty.
En resumen: que hace falta ser un genio de pelotas (en sus dos acepciones) para tirar un penalty indirecto. Sencillo, muy sencillo, ¿por qué no se me habrá ocurrido a mí?
Pues porque usted no es un genio, amigo.
La acción fue tan simple como bella: el señor Cruyff se encamina al punto de los sudores, toma carrerilla y, en vez de chutar a puerta, pasa a su compañero Jesper Olsen, que llega raudo por la izquierda. El portero, paralizado por la sorpresa de la novedad, hace la estatua incrédula al borde del área pequeña, sin saber qué hacer, momento que aprovecha Olsen para devolverle la bola a Cruyff, que marca a placer. Los defensas contrarios, que también se han quedado petrificados al borde del área (muy posiblemente, con la boca abierta), protestan -sin razón- con la timidez que da el sentirse engañado en tu propio juego. En realidad, en un momento así lo más digno es aplaudir.
Un "El Penalty Indirecto" es, pues, algo sencillo, bello y genial, una idea prodigiosa por sus resultados y por lo simple de su concepción.
Algo que se le podía haber ocurrido a usted o a mí,
Pero no se nos ocurrió.
"¡Pues esto lo hago yo este domingo cuando juguemos contra el Racing Bar Cuatro Hermanos!" De acuerdo, pero bajo su responsabilidad. Recuerde: tiene que chutar hacia delante y el compañero-cómplice no puede estar en el área en el momento del golpeo.
Si sale bien, disfrute de las infructuosas protestas de los contrarios (mas, no obstante, rece para que el árbitro se sepa bien el reglamento).
Si sale mal...El cachondeo puede ser antológico (les pasó a Pires y Henry en el Arsenal, por ejemplo).
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martes, 24 de abril de 2012
domingo, 1 de enero de 2012
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: Como Pedro Contra el Madrid.
"No pasa nada, con Pedro, goleada".
Esto se oía cantar a coro por las cuatro esquinas con banderines del estadio Santiago Bernabéu a finales de los años 80. (Y no me lo han contado, que lo escuché yo con estas orejas. Lo que no puedo confirmar es que también lo entonara, aunque no lo descarto).
Por aquellos tiempos, Pedro era el titular de la suplencia en la portería del Sporting de Gijón. A la (alargadísima) sombra del "Gatu" Juan Carlos Ablanedo ("Ablanedo II", que en esos cada vez más lejanos días, todavía se usaba este sistema para distinguir a los hermanos), nunca destacó, pese a que tuvo sus oportunidades, debido a las lesiones de su ilustre compañero de guantes.
Quizas las más importantes, y la razón de que hoy le recordemos, las disfrutó -es un decir- en sus enfrentamientos contra el Real Madrid.
Visitó el Bernabéu en la temporada 87-88, y encajó siete goles. Bueno, una mala (acaso malísima) tarde la tiene cualquiera. Pero lo peor estaba por llegar.
En la temporada siguiente, se enfrentó a los Blancos en tres ocasiones en un corto periodo de tiempo (Liga y Copa del Rey). Y de cada encuentro se llevó lo mismo a casa: cinco goles cinco, incuyendo una alocada ida de copa jugada en el estadio El Molinón que terminó...¡5 a 5!, o un no menos destacable partido de vuelta, donde le metieron cuatro goles de falta directa (aunque uno lo invalidó el árbitro).
En resumen, que Pedro, en cuatro choques contra el Real Madrid, encajó 22 goles.
¿Entiende ahora usted el cántico y su guasa?
Por tanto, cuando una situación nos supera, cuando le hacemos frente y nos derrota facilmente una y otra vez -en especial si dicha situación representa una buena oportunidad- podemos decir con toda propiedad que estamos y nos sentimos "como Pedro contra el Real Madrid".
Un cromo como éste tuve yo. ¡Cómo pasa el tiempo, señores!
Esto se oía cantar a coro por las cuatro esquinas con banderines del estadio Santiago Bernabéu a finales de los años 80. (Y no me lo han contado, que lo escuché yo con estas orejas. Lo que no puedo confirmar es que también lo entonara, aunque no lo descarto).
Por aquellos tiempos, Pedro era el titular de la suplencia en la portería del Sporting de Gijón. A la (alargadísima) sombra del "Gatu" Juan Carlos Ablanedo ("Ablanedo II", que en esos cada vez más lejanos días, todavía se usaba este sistema para distinguir a los hermanos), nunca destacó, pese a que tuvo sus oportunidades, debido a las lesiones de su ilustre compañero de guantes.
Quizas las más importantes, y la razón de que hoy le recordemos, las disfrutó -es un decir- en sus enfrentamientos contra el Real Madrid.
Visitó el Bernabéu en la temporada 87-88, y encajó siete goles. Bueno, una mala (acaso malísima) tarde la tiene cualquiera. Pero lo peor estaba por llegar.
En la temporada siguiente, se enfrentó a los Blancos en tres ocasiones en un corto periodo de tiempo (Liga y Copa del Rey). Y de cada encuentro se llevó lo mismo a casa: cinco goles cinco, incuyendo una alocada ida de copa jugada en el estadio El Molinón que terminó...¡5 a 5!, o un no menos destacable partido de vuelta, donde le metieron cuatro goles de falta directa (aunque uno lo invalidó el árbitro).
En resumen, que Pedro, en cuatro choques contra el Real Madrid, encajó 22 goles.
¿Entiende ahora usted el cántico y su guasa?
Por tanto, cuando una situación nos supera, cuando le hacemos frente y nos derrota facilmente una y otra vez -en especial si dicha situación representa una buena oportunidad- podemos decir con toda propiedad que estamos y nos sentimos "como Pedro contra el Real Madrid".
Un cromo como éste tuve yo. ¡Cómo pasa el tiempo, señores!
sábado, 22 de octubre de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: Quedarse a Rematar el Córner.
¿Quién no ha ido, empujado por las circunstancias, a donde no suele? ¿Y quién de los anteriores no ha dicho aquello de: "ya que estoy aquí, pues..."?
Es un poco como el aguerrido defensa que, fuera de toda táctica o previsión, se ve implicado en un plan de gol al contragolpe. Ya sabe, corriendo como un poseso -melena al viento-, por el carril central del terreno de juego, mirando de reojo al compañero que vuela por la banda, y experimentando el contradictorio sentimiento que mezcla el ardoroso deseo de rematar la jugada con la convicción de que uno la va a mandar fuera del estadio. Mas, derrotando al miedo a fracasar, el defensa se arma de valor, levanta su brazo derecho y chilla como poseído por el espíritu del remate en plancha: "¡Ramírez, mírame!"
¡Qué iluso es el pobre defensa! El hombre de banda, tras levantar la cabeza, busca a cualquier otro compañero para rematar la jugada, con lo que nuestro amigo el defensa se ha pegado el carrerón de setenta metros para nada. Vencido, sólo le queda resoplar, escupir y, al tiempo que se sube las medias, mirar con cierto rencor al traidor autor del centro.
No obstante, si la jugada ha terminado en saque de esquina, lo que no resulta inusual con tanto portero dado al paradón ante un remate de cabeza, le queda a nuestro amigo en consuelo de quedarse a probar suerte, y ver si es capaz de traducir el córner en un remate de gol.
Y de ahí viene nuestra expresión de hoy: "Ya que he subido, me quedo a rematar el córner" o, simplemente, "quedarse a rematar el córner". Su significado es ése, que ya que uso se ha molestado en ir a un sitio, se va a prolongar un poco la visita para aprovecharse de alguna circunstancia.
Por ejemplo, si a uno le envían a dar un recado a un bar y allí decide tomarse algo; o si se visita una ciudad en viaje de negocios y se decide alargar la estancia un par de días dado que la localidad está en fiestas, en estos casos diremos -con toda propiedad- que: "nos quedamos a rematar el córner".
Es un poco como el aguerrido defensa que, fuera de toda táctica o previsión, se ve implicado en un plan de gol al contragolpe. Ya sabe, corriendo como un poseso -melena al viento-, por el carril central del terreno de juego, mirando de reojo al compañero que vuela por la banda, y experimentando el contradictorio sentimiento que mezcla el ardoroso deseo de rematar la jugada con la convicción de que uno la va a mandar fuera del estadio. Mas, derrotando al miedo a fracasar, el defensa se arma de valor, levanta su brazo derecho y chilla como poseído por el espíritu del remate en plancha: "¡Ramírez, mírame!"
¡Qué iluso es el pobre defensa! El hombre de banda, tras levantar la cabeza, busca a cualquier otro compañero para rematar la jugada, con lo que nuestro amigo el defensa se ha pegado el carrerón de setenta metros para nada. Vencido, sólo le queda resoplar, escupir y, al tiempo que se sube las medias, mirar con cierto rencor al traidor autor del centro.
No obstante, si la jugada ha terminado en saque de esquina, lo que no resulta inusual con tanto portero dado al paradón ante un remate de cabeza, le queda a nuestro amigo en consuelo de quedarse a probar suerte, y ver si es capaz de traducir el córner en un remate de gol.
Y de ahí viene nuestra expresión de hoy: "Ya que he subido, me quedo a rematar el córner" o, simplemente, "quedarse a rematar el córner". Su significado es ése, que ya que uso se ha molestado en ir a un sitio, se va a prolongar un poco la visita para aprovecharse de alguna circunstancia.
Por ejemplo, si a uno le envían a dar un recado a un bar y allí decide tomarse algo; o si se visita una ciudad en viaje de negocios y se decide alargar la estancia un par de días dado que la localidad está en fiestas, en estos casos diremos -con toda propiedad- que: "nos quedamos a rematar el córner".
miércoles, 31 de agosto de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "El Penalty de Cabrini".
Fallar una pena máxima en una final de la copa del mundo (para colmo, con 0 a 0 en "El Inapelable") y que no pase de ser una anécdota es el colmo de lo anecdótico. Sí, resulta todo un lujo poder exclamar-con una inmensa sonrisa en los labios-: "¡Fallé aquel penalty!".
Eso le pasó a Antonio Cabrini en 1982, que tiró, falló...y no pasó nada, principalmente porque su equipo acabó ganando por 3 a 1.
De entrada, reitero una vez más mi profundísima admiración por el lanzador de penalty decisivo, toda una heroica figura que -en el mundo actual- se enfrenta con un valor que roza el fanatismo a un trance más propio de un personaje de la mitología griega o de una tragedia isabelina inglesa que de un chaval del extrarradio al que se le da bien dar patadas a un balón.
Dicho lo cual, lo tiró mal de narices, o sea, fuera. Porque no hay fallo de mayor envergadura que tirar un penalty fuera. Es siempre preciso asegurarse de que el balón va dentro, y dejar el resto del trabajo a la inutilidad del portero. En efecto, regla número uno del atacante balompédico: "No desprecies la torpeza de portero y defensores, a menudo ellos llevan más peligro en el área con el balón en los pies que tú".
Aunque recordemos, una vez más en descargo de Cabrini, que enfrente tenía al temible arquero germánico-teutón Tony Schumacher -con bigote y todo- y ese tío imponía. De hecho, estoy convencido de que todos los delanteros que le metieron un gol pudieron hacerlo porque no le veían la cara en el momento del remate.
Pero, ¿qué más da? Ganaron y eso es de lo que se trata. Por tanto, un "Penalty de Cabrini" es un error o problema que pudo tener graves consecuencias pero a la postre no fue así. Por ejemplo: "Me olvidé de cerrar el coche, pero fue el penalty de Cabrini, porque volví y ahí estaba".
Momento del golpeo en sí.
Eso le pasó a Antonio Cabrini en 1982, que tiró, falló...y no pasó nada, principalmente porque su equipo acabó ganando por 3 a 1.
De entrada, reitero una vez más mi profundísima admiración por el lanzador de penalty decisivo, toda una heroica figura que -en el mundo actual- se enfrenta con un valor que roza el fanatismo a un trance más propio de un personaje de la mitología griega o de una tragedia isabelina inglesa que de un chaval del extrarradio al que se le da bien dar patadas a un balón.
Dicho lo cual, lo tiró mal de narices, o sea, fuera. Porque no hay fallo de mayor envergadura que tirar un penalty fuera. Es siempre preciso asegurarse de que el balón va dentro, y dejar el resto del trabajo a la inutilidad del portero. En efecto, regla número uno del atacante balompédico: "No desprecies la torpeza de portero y defensores, a menudo ellos llevan más peligro en el área con el balón en los pies que tú".
Aunque recordemos, una vez más en descargo de Cabrini, que enfrente tenía al temible arquero germánico-teutón Tony Schumacher -con bigote y todo- y ese tío imponía. De hecho, estoy convencido de que todos los delanteros que le metieron un gol pudieron hacerlo porque no le veían la cara en el momento del remate.
Pero, ¿qué más da? Ganaron y eso es de lo que se trata. Por tanto, un "Penalty de Cabrini" es un error o problema que pudo tener graves consecuencias pero a la postre no fue así. Por ejemplo: "Me olvidé de cerrar el coche, pero fue el penalty de Cabrini, porque volví y ahí estaba".
Momento del golpeo en sí.
miércoles, 13 de julio de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Estupar(se)".
"¡No sé para qué protestan si no vale de nada!" es apreciación cotidiana de comentaristas deportivos profesionales y aficionados (aunque, por otra parte, también se escucha eso de: "debía de estar en fuera de juego, porque no protesta").
En efecto, protestar nunca vale de nada, y, como toda regla tiene su excepción, en este caso la protagoniza Miroslav Stupar, colegiado internacional que arbitró el realmente poco emocionante Francia-Kuwait del Mundial 82.
Tan poquita emoción había, que Alain Giresse marcó el 4-1. El tanto fue legal, aunque poco antes de su consecución se había escuchado un pitido -sin que nadie supiera de dónde venía- (por cierto, el partido se jugó en Valladolid, los buenos madridistas ya sabrán por donde voy....). Los kuwaitíes se indignan de lo lindo, hasta el punto que Al-Ahmad Sabah, hermano del mandamás kuwaití, baja al terreno de juego desde su palco y, tras parlamentar brevemente con sus hombres, se pone a comerle la oreja al colegiado. Dicho y hecho, el gol queda anulado. No sirvió de mucho, otro cuarto llegó y ante este sí que no hubo nada que hacer. Resultado final 4-1. Tras el partido, Stupar fue suspendido a perpetuidad por la FIFA (supongo que para dar un escarmiento ante tan peligroso precedente).
Visto lo leído, se define "Estupar" como presionar a la autoridad (de cualquier tipo) hasta hacerle cambiar una decisión en firme, siendo "Estuparse" (acaso, en los pantalones) la acción de cambiar de opinión ante la presión recibida.
No se burle, que aquí nos hemos "estupado" todos alguna que otra vez. Y, por cierto, Stupar no tiene nada que ver con "Estupor" o "Estúpido", no me sea usted mal pensando.
Pacífico sorteo de campos, lo gordo vendría después. Por cierto, el capi francés es Platini....
En efecto, protestar nunca vale de nada, y, como toda regla tiene su excepción, en este caso la protagoniza Miroslav Stupar, colegiado internacional que arbitró el realmente poco emocionante Francia-Kuwait del Mundial 82.
Tan poquita emoción había, que Alain Giresse marcó el 4-1. El tanto fue legal, aunque poco antes de su consecución se había escuchado un pitido -sin que nadie supiera de dónde venía- (por cierto, el partido se jugó en Valladolid, los buenos madridistas ya sabrán por donde voy....). Los kuwaitíes se indignan de lo lindo, hasta el punto que Al-Ahmad Sabah, hermano del mandamás kuwaití, baja al terreno de juego desde su palco y, tras parlamentar brevemente con sus hombres, se pone a comerle la oreja al colegiado. Dicho y hecho, el gol queda anulado. No sirvió de mucho, otro cuarto llegó y ante este sí que no hubo nada que hacer. Resultado final 4-1. Tras el partido, Stupar fue suspendido a perpetuidad por la FIFA (supongo que para dar un escarmiento ante tan peligroso precedente).
Visto lo leído, se define "Estupar" como presionar a la autoridad (de cualquier tipo) hasta hacerle cambiar una decisión en firme, siendo "Estuparse" (acaso, en los pantalones) la acción de cambiar de opinión ante la presión recibida.
No se burle, que aquí nos hemos "estupado" todos alguna que otra vez. Y, por cierto, Stupar no tiene nada que ver con "Estupor" o "Estúpido", no me sea usted mal pensando.
Pacífico sorteo de campos, lo gordo vendría después. Por cierto, el capi francés es Platini....
jueves, 16 de junio de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Hacer el Homenaje de Cruyff"
La costumbre, la educación y el decoro marcan que cuando a uno le invitan a jugar un partido homenaje, a uno le invitan a perder.
En efecto, el equipo visitante en ese tipo de encuentros-palmadita en la espalda acepta de buen grado su papel de segundón, y pierde sin oponer demasiada resistencia por los dos goles de rigor (2-0 o 3-1 suelen ser los marcadores, si es posible, con tanto del homenajeado).
Eso mismo debieron pensar los señores del Ajax cuando invitaron al Bayern de Munich al homenaje a Johan Cruyff el 7 de Noviembre de 1978. Montamos un partido atractivo entre los dos super-equipazos de la década, les ganamos, le damos la ovación y la placa a Johan y nos vamos todos contentos a casita.
Lástima que nadie fuera a recibir a los alemanes al aeropuerto, lástima que los metieran en un hotel de mala muerte, lástima que en los prolegómenos del partido el público se pusiera a insultarles a coro ante la absoluta pasividad de la organización...
Lástima de 0-8 que le encajó el Bayern al Ajax.
Por tanto, hacerle a alguien el "homenaje de Cruyff" es chafarle una fiesta o momento agradable (sea cual sea la razón de tan cruel comportamiento). Por ejemplo, ese primo lejano y patoso que se pone a contar anécdotas que no debería en tu boda, o ese camarero inútil que te tira toda la crema sobre tu precioso vestido nuevo.
En efecto, el equipo visitante en ese tipo de encuentros-palmadita en la espalda acepta de buen grado su papel de segundón, y pierde sin oponer demasiada resistencia por los dos goles de rigor (2-0 o 3-1 suelen ser los marcadores, si es posible, con tanto del homenajeado).
Eso mismo debieron pensar los señores del Ajax cuando invitaron al Bayern de Munich al homenaje a Johan Cruyff el 7 de Noviembre de 1978. Montamos un partido atractivo entre los dos super-equipazos de la década, les ganamos, le damos la ovación y la placa a Johan y nos vamos todos contentos a casita.
Lástima que nadie fuera a recibir a los alemanes al aeropuerto, lástima que los metieran en un hotel de mala muerte, lástima que en los prolegómenos del partido el público se pusiera a insultarles a coro ante la absoluta pasividad de la organización...
Lástima de 0-8 que le encajó el Bayern al Ajax.
Por tanto, hacerle a alguien el "homenaje de Cruyff" es chafarle una fiesta o momento agradable (sea cual sea la razón de tan cruel comportamiento). Por ejemplo, ese primo lejano y patoso que se pone a contar anécdotas que no debería en tu boda, o ese camarero inútil que te tira toda la crema sobre tu precioso vestido nuevo.
lunes, 6 de junio de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Estar con la de Rossi".
Después de la primera ronda del Mundial de España 1982, ni siquiera el tan ingenuo Naranjito habría dado un duro (por aquella época todavía había de eso y hasta se podía comprar un sobre cromos con él) por la selección italiana.
Mucho menos, si cabe, cuando les tocaba jugarse el pase a semifinales contra Brasil, y tenían que ganar. No, no parecía posible que aquella escuadra de juego más bien ramplón (habían pasado la primera fase empatando los tres partidos) pudiera imponerse a las (tópicas) fantasía, calidad y alegría goleadora de los brasileños.
Y ya no un duro, ni una peseta daban por el goleador Paolo Rossi, que no había sido capaz de ver puerta en lo que iba de campeonato.
Pero entonces, contra toda lógica de barra de bar o pronóstico de periodista enterado, Italia se zampó a Brasil por 3-2. Y, lo que resultó más increíble si cabe, Rossi anotó los tres goles (nadie lo llamó "hat trick" porque entonces no sabíamos que eso existía. En la España de 1982, todavía no nos había dado de lleno la locura de aprender inglés).
En semifinales, la brillante Polonia contra la desconcertante Italia. 2-0 para los azules, dos goles de Rossi. Algún espabilado empezó a sospechar que el "bambino" estaba en racha.
Final contra Alemania y, por supuesto, Rossi abre el marcador y el camino de la victoria para su selección.
Italia, campeona del mundo (¿Quién lo habría dicho unas semanas antes?), Paolo Rossi, máximo goleador del Mundial (ídem de ídem).
Por tanto, "estar con la de Rossi" es encontrarse inmerso en una inesperada y maravillosa racha positiva. No son muy comunes, así que aprovéchese de ellas.
Rossi bate a Valdir Peres (que dibuja a la perfección la postura "me han cruzado el balón"), y manda a Brasil a casa. Obsérvese la tremenda cara de susto del italiano (no era para menos).
Mucho menos, si cabe, cuando les tocaba jugarse el pase a semifinales contra Brasil, y tenían que ganar. No, no parecía posible que aquella escuadra de juego más bien ramplón (habían pasado la primera fase empatando los tres partidos) pudiera imponerse a las (tópicas) fantasía, calidad y alegría goleadora de los brasileños.
Y ya no un duro, ni una peseta daban por el goleador Paolo Rossi, que no había sido capaz de ver puerta en lo que iba de campeonato.
Pero entonces, contra toda lógica de barra de bar o pronóstico de periodista enterado, Italia se zampó a Brasil por 3-2. Y, lo que resultó más increíble si cabe, Rossi anotó los tres goles (nadie lo llamó "hat trick" porque entonces no sabíamos que eso existía. En la España de 1982, todavía no nos había dado de lleno la locura de aprender inglés).
En semifinales, la brillante Polonia contra la desconcertante Italia. 2-0 para los azules, dos goles de Rossi. Algún espabilado empezó a sospechar que el "bambino" estaba en racha.
Final contra Alemania y, por supuesto, Rossi abre el marcador y el camino de la victoria para su selección.
Italia, campeona del mundo (¿Quién lo habría dicho unas semanas antes?), Paolo Rossi, máximo goleador del Mundial (ídem de ídem).
Por tanto, "estar con la de Rossi" es encontrarse inmerso en una inesperada y maravillosa racha positiva. No son muy comunes, así que aprovéchese de ellas.
Rossi bate a Valdir Peres (que dibuja a la perfección la postura "me han cruzado el balón"), y manda a Brasil a casa. Obsérvese la tremenda cara de susto del italiano (no era para menos).
miércoles, 13 de abril de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Caminear".
Remóntese a la Liga 95/96, rememore aquel Barcelona-Atlético de Madrid y recuerde la finta que Caminero le sirve en bandeja de plata traidora a Nadal. Evoque, por último, cómo éste se la come, con patatas y todo, hasta dar con su pobres huesos culés de culo en suelo. El resto, como se suele decir, es historia: gol del Atlético de Madrid, victoria en al Camp Nou, y victoria en Liga y Copa. Juego, Set y Partido, ya que los Nadal son tan afines al tenis.
Después del ejercicio anterior, le resultará sencillo intuir qué es "Caminear" o que "Lo camineen a uno". Es ese duro momento en que te toman el pelo sin paliativos, en que te hacen el truco y tú te lo crees, y es, especialmente, el derrumbe moral de sentirse un pringado perdedor, de ver como el contrincante se aleja con el trofeo que te ha arrebatado de las manos, y tú no puedes hacer absolutamente nada al respecto. Ejemplo de uso: "¡Me han camineado, me dijeron que el piso tiene vistas al mar, y resulta que hacen prismáticos para verlo!"
En efecto, es muy duro "ser camineado", pues es humillación en vena, especialmente porque no hay buen "camineo" sin testigos, que te van a restregar el episodio por la cara y el orgullo durante el resto de tu vida.
Pero, por otra parte, ¡qué divertido es "caminear"! Es la victoria de la picardía sobre la soberbia, de la habilidad sobre la prepotencia, del débil sobre el poderoso. Un guiño de belleza y un balneario de humildad, en suma.
Así pues, sólo me resta invitarle a "caminear" todo lo que le sea posible. Y, por supuesto, advertirle con la máxima seriedad sobre los peligros evidentes de "ser camineado". Recuerde que nadie da duros a peseta, y que los tontitos fáciles de engañar hace tiempo que fueron descatalogados en el registro general de seres humanos que pueblan la Tierra.
Reconstrucción de los hechos
Momento Finta.
"¡Voy pa'llá!"
"¡¿Aonde vas, macho?!"
Al árbitro también le pilla todo esto un poco bastante desprevenido. Aunque parece que sale al oportuno corte, en realidad se está quitando.
Después del ejercicio anterior, le resultará sencillo intuir qué es "Caminear" o que "Lo camineen a uno". Es ese duro momento en que te toman el pelo sin paliativos, en que te hacen el truco y tú te lo crees, y es, especialmente, el derrumbe moral de sentirse un pringado perdedor, de ver como el contrincante se aleja con el trofeo que te ha arrebatado de las manos, y tú no puedes hacer absolutamente nada al respecto. Ejemplo de uso: "¡Me han camineado, me dijeron que el piso tiene vistas al mar, y resulta que hacen prismáticos para verlo!"
En efecto, es muy duro "ser camineado", pues es humillación en vena, especialmente porque no hay buen "camineo" sin testigos, que te van a restregar el episodio por la cara y el orgullo durante el resto de tu vida.
Pero, por otra parte, ¡qué divertido es "caminear"! Es la victoria de la picardía sobre la soberbia, de la habilidad sobre la prepotencia, del débil sobre el poderoso. Un guiño de belleza y un balneario de humildad, en suma.
Así pues, sólo me resta invitarle a "caminear" todo lo que le sea posible. Y, por supuesto, advertirle con la máxima seriedad sobre los peligros evidentes de "ser camineado". Recuerde que nadie da duros a peseta, y que los tontitos fáciles de engañar hace tiempo que fueron descatalogados en el registro general de seres humanos que pueblan la Tierra.
Reconstrucción de los hechos
Momento Finta.
"¡Voy pa'llá!"
"¡¿Aonde vas, macho?!"
Al árbitro también le pilla todo esto un poco bastante desprevenido. Aunque parece que sale al oportuno corte, en realidad se está quitando.
jueves, 24 de marzo de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Iribarear".
De entrada, reconozco lo injusto que soy con el gran José Ángel Iribar, "Chopo" y guardameta de leyenda.
Pedida la disculpa, me remonto a la final de la Copa del Rey de 1977. Betis-Athletic de Bilbao (con Iribar bajo los palos). Tras el tiempo reglamentario sin respuestas, la tópica lotería de los penaltis. Lotería que se alarga, pues los cinco primeros no son suficientes para romper el pertinaz empate.
El caso es que ambos equipos se van quedando sin lanzadores, hasta el punto que el Betis recurre a su portero, Esnaola, quien, con la sangre más fría que un sorbete transilvano, convierte el lanzamiento engañando a Iribar.
Iribar, por su parte, va eludiendo el tener que lanzar, pero al final no le queda otra que afrontar tan cruel destino: si marcas, seguimos tirando, pero si fallas, la Copa es para el Betis.
Cualquier otro habría tirado el penalty como lo hacen los que atesoran poca experiencia en tal suerte: potente zapatazo lo más esquinado posible. Hay una razonable probabilidad de meter gol y, si se falla, se hace con la dignidad y el decoro de poder adoptar, por la misma inercia del potente chut, un viril gesto de rabia mirando al cielo.
Pero Iribar no era cualquier otro, Iribar decidió que iba a ejecutar la suerte máxima con estilo de torero brasileiro (muy posiblemente, picado por la suficiencia con que Esnaola lo había batido) . En otras palabras, Iribar hizo la "paradiña". Suerte voluble y traidora, pues si sale bien, el portero se tira para donde no es y contempla impotente como el balón se cuela manso muy lejos de su alcalnce. Pero si sale mal, ¡ay si mal sale! Te encuentras encima del balón, sin fuerza que transmitir al disparo y con el condenado portero, firme como una estaca, y mirándote fijamente.
Total, que al infortunada Iribar le pasó lo que pasa siempre que la condenada paradiña no sale: que el portero te para el penalty y a uno se le queda cara y postura de circunstancias.
Pero, entonces, ¿qué es exactamente "Iribarear"? Pues es un concepto bien rico y complejo: "Fracasar estrepitosamente al enfrentarse a una situación comprometida, para la que uno está poco o nada preparado. Dicho fracaso está motivado por intentar una solución osada al problema y dicha osadía está provocada por el deseo de igualar o superar el logro de otro de nuestro mismo nivel".
Por ejemplo, "iribarea" el señor que, cuando toca meterse a la piscina a jugar con sus cachorros, en vez de bajar despacito y por la escalera, se tira desde el trampolín (con la consiguiente panzada). Y todo, porque se lo ha visto hacer al vecino de tumbona.

Iribar (a la izquierda), ante todo y siempre un deportista señor, felicita a Esnaola tras marcar éste su penalty.
Pedida la disculpa, me remonto a la final de la Copa del Rey de 1977. Betis-Athletic de Bilbao (con Iribar bajo los palos). Tras el tiempo reglamentario sin respuestas, la tópica lotería de los penaltis. Lotería que se alarga, pues los cinco primeros no son suficientes para romper el pertinaz empate.
El caso es que ambos equipos se van quedando sin lanzadores, hasta el punto que el Betis recurre a su portero, Esnaola, quien, con la sangre más fría que un sorbete transilvano, convierte el lanzamiento engañando a Iribar.
Iribar, por su parte, va eludiendo el tener que lanzar, pero al final no le queda otra que afrontar tan cruel destino: si marcas, seguimos tirando, pero si fallas, la Copa es para el Betis.
Cualquier otro habría tirado el penalty como lo hacen los que atesoran poca experiencia en tal suerte: potente zapatazo lo más esquinado posible. Hay una razonable probabilidad de meter gol y, si se falla, se hace con la dignidad y el decoro de poder adoptar, por la misma inercia del potente chut, un viril gesto de rabia mirando al cielo.
Pero Iribar no era cualquier otro, Iribar decidió que iba a ejecutar la suerte máxima con estilo de torero brasileiro (muy posiblemente, picado por la suficiencia con que Esnaola lo había batido) . En otras palabras, Iribar hizo la "paradiña". Suerte voluble y traidora, pues si sale bien, el portero se tira para donde no es y contempla impotente como el balón se cuela manso muy lejos de su alcalnce. Pero si sale mal, ¡ay si mal sale! Te encuentras encima del balón, sin fuerza que transmitir al disparo y con el condenado portero, firme como una estaca, y mirándote fijamente.
Total, que al infortunada Iribar le pasó lo que pasa siempre que la condenada paradiña no sale: que el portero te para el penalty y a uno se le queda cara y postura de circunstancias.
Pero, entonces, ¿qué es exactamente "Iribarear"? Pues es un concepto bien rico y complejo: "Fracasar estrepitosamente al enfrentarse a una situación comprometida, para la que uno está poco o nada preparado. Dicho fracaso está motivado por intentar una solución osada al problema y dicha osadía está provocada por el deseo de igualar o superar el logro de otro de nuestro mismo nivel".
Por ejemplo, "iribarea" el señor que, cuando toca meterse a la piscina a jugar con sus cachorros, en vez de bajar despacito y por la escalera, se tira desde el trampolín (con la consiguiente panzada). Y todo, porque se lo ha visto hacer al vecino de tumbona.

Iribar (a la izquierda), ante todo y siempre un deportista señor, felicita a Esnaola tras marcar éste su penalty.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "El Gol de Breitner".
Hacer un Breitner (también, "Meter el gol de Breitner"): Conseguir un tanto de bella factura en un partido de suma importancia cuando dicho tanto no sirve para absolutamente nada.
Resulta relativamente frecuente que cuando un encuentro de la máxima trascendencia agoniza herido de goleada, alguien del equipo perdedor, a menudo en acción aislada, logre un tanto de bella factura. En ese caso, diremos que dicho jugador "ha hecho un Breitner" o "ha metido el gol de Breitner". Obviamente, el gol no se celebra, y el único consuelo es la carita de rabia disgustada que siempre se le queda al portero contrario. La jugada se denomina así en recuerdo a la esplendida volea del teutón Paul Breitner en el minuto 83 de la final del Mundial de España 82, la cual supuso el 3-1 ante Italia.
Bello o de calidad, pero infructuoso o que nada soluciona, es, por tanto, el espíritu de la expresión, y como tal se puede aplicar a cualquier ámbito de la existencia humana en el día a día. Por ejemplo, "El banquete ya había sido un desastre, así que esa tarta tan buena fue como el gol de Breitner" o "La decoración de la casa es horrible, así que poner ese cuadro tan bonito no es más que hacer un Breitner".
Por cierto, y por hacer justicia al bueno de Paul Breitner (o el "Abisinio", como le llamaban por Madrid), hay que recordar que es miembro de pleno derecho del selectísimo club de futbolistas que han marcado un gol en dos finales de la Copa del Mundo (en su caso, 1974 y 1982). Y digo lo de selectísimo porque sus otros miembros son un tal Pelé( 1958 y 1970), un tal Zidane (1998 y 2006) y un tal Vavá (1958 y 1962).
¡Ahí queda eso! (dirá don Paul).
No lo puedo asegurar, pero tengo fundadas sospechas de que yo tuve este cromo.
Resulta relativamente frecuente que cuando un encuentro de la máxima trascendencia agoniza herido de goleada, alguien del equipo perdedor, a menudo en acción aislada, logre un tanto de bella factura. En ese caso, diremos que dicho jugador "ha hecho un Breitner" o "ha metido el gol de Breitner". Obviamente, el gol no se celebra, y el único consuelo es la carita de rabia disgustada que siempre se le queda al portero contrario. La jugada se denomina así en recuerdo a la esplendida volea del teutón Paul Breitner en el minuto 83 de la final del Mundial de España 82, la cual supuso el 3-1 ante Italia.
Bello o de calidad, pero infructuoso o que nada soluciona, es, por tanto, el espíritu de la expresión, y como tal se puede aplicar a cualquier ámbito de la existencia humana en el día a día. Por ejemplo, "El banquete ya había sido un desastre, así que esa tarta tan buena fue como el gol de Breitner" o "La decoración de la casa es horrible, así que poner ese cuadro tan bonito no es más que hacer un Breitner".
Por cierto, y por hacer justicia al bueno de Paul Breitner (o el "Abisinio", como le llamaban por Madrid), hay que recordar que es miembro de pleno derecho del selectísimo club de futbolistas que han marcado un gol en dos finales de la Copa del Mundo (en su caso, 1974 y 1982). Y digo lo de selectísimo porque sus otros miembros son un tal Pelé( 1958 y 1970), un tal Zidane (1998 y 2006) y un tal Vavá (1958 y 1962).
¡Ahí queda eso! (dirá don Paul).
No lo puedo asegurar, pero tengo fundadas sospechas de que yo tuve este cromo.
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