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domingo, 25 de julio de 2010

¡Empuja, Macho, Empuja! (Pardo's Push).

La realidad y su fantástica costumbre de superar a la ficción.

Y es que esto de hoy, si lo ve en una película, no se lo cree. Pero fue real como la Guerra misma.

10 de Marzo de 1967. Los americanos siguen bombardeando Vietnam. En una de esas misiones, el aparato del capitán Earl Aman es alcanzado por la artillería anti-aérea. Y bien alcanzado, porque le agujerea los tanques de combustible. La única solución, dado que no tiene carburante para llegar a tierra amiga, tirarse en paracaídas sobre territorio enemigo (mala suerte, chaval. Bienvenido al apasionante mundo de los prisioneros de guerra).

No tan deprisa. El capitán Bob Pardo, al corriente de la situación, sitúa su avión detrás del de Aman y le dice por radio "¡Baja el gancho de cola!". Aman hace lo propio y el gancho, ideado para agarrar un cable de la cubierta en los aterrizajes en portaaviones, sirve para que Pardo -literalmente- empuje el avión de su compañero.

Sí, gancho contra parte frontal de la cabina. Así de fácil y así de complicado. Durante más de 100 kilómetros.

De este modo, ambos consiguen llegar a un territorio menos hostil y saltar en paracaídas (el esfuerzo adicional había dejado al avión de Pardo también sin combustible).

De vuelta sanos y salvos a la base, después de ser rescatados por helicópteros, los jefazos no saben qué hacer con Pardo. Al fin y al cabo, su arriesgado proceder había hecho perder un avión que valía una pasta (gansa). Por tanto, habrá que hacerle un consejo de guerra. Pero, por otro lado, ha salvado a Aman y su copiloto de una captura cierta. Hombre, visto de ese modo...

Solución: bueno, vale, de acuerdo, pero que no se reputa este tipo de comportamiento alocado.

Que esto es una fuerza aérea respetable, así que nadie se haga el héroe para salvar a un compañero.

La cosa se dejo estar. Hasta que veinte años después, alguien tuvo un ataque agudo de sentido común y tanto Bob Pardo como su co-piloto (Steve Wayne) recibieron la Estrella de Plata.

Años después de aquella misión, Pardo posa junto a un cuadro inspirado por su hazaña. Compañerismo en vena al 100%.

lunes, 10 de mayo de 2010

La Bondad de un Águila del Führer.

El 20 de diciembre de 1943, Charles Brown y sus muchachos no estaban teniendo un buen día. Volando sobre Alemania, en un bombardeo B-17 tan dañado por las defensas enemigas que apenas podía mantenerse en en el aire, parecía que era cuestión de minutos que aquella misión terminara en tragedia para todos. De hecho, algunos de los tripulantes ya estaban muertos a causa de las heridas.

El as germano Franz Stigler, por contra, parecía que estaba de suerte. Sobre las alas de su caza Bf-109, aquella era la pieza más fácil con la que un piloto pudiera soñar. Demasiado.

Hasta se pudo permitir el lujo de acercarse a su presa inerme, de ver todas aquellas caras de desesperación que miraban a su aparato sabiendo el destino que irremisiblemente se avecinaba. Sí, más fácil imposible. Demasiado.

Franz Stigler decidió que no había honor en apuntarse aquella victoria, sino crueldad en su forma más pura. Saludó con la mano a aquellos desconocidos a los que les acababa de perdonar la vida y puso rumbo a casa. No mencionó el encuentro al llegar a su base, y decidió seguir con su vida como si todo aquello no hubiera ocurrido.

Brown y sus muchachos también llegaron a su base, y también guardaron en secreto todo aquello. Pero era un secreto que quemaba por dentro, exigiendo agradecimiento a voces.

Franz Stigler y Charles Brown, ya ancianos, se volvieron a ver las caras -por fin- en 1990. Por esas casualidades de la vida, ambos habían dado con sus huesos en Canadá, a no más de 200 millas el uno del otro, lo cual les permitió forjan una amistad que duró hasta las muertes de ambos, acaecidas en 2008.

Charlie y Franz, rememorando aquel lejano día sobre Europa.

jueves, 26 de marzo de 2009

Los Auténticos "Ángeles de Charlie" (Los Pilotos de Vietnam del Norte).

Los "Charlies", los infames "Charlies". ¡Anda que no salen en pelis! Esas tenebrosas sombras de la muerte con fusil, pintoresco sombrero y chancletas. Expertos en aparecer de la nada para liquidar al entrañable sargento de raza negra, a Smith (que acaba de ser padre) y a McWills (a quien, obviamente, le quedan dos días para volverse a Villa Bonita, Texas).

Pero, más allá de los guerrilleros del Viet-Cong, auténticos vampiros de la gloria militar y cinematográfica en la victoria sobre el Títo Sam, también hubo un puñado de jóvenes con el suficiente valor como medirse a diario con la hasta entonces invicta aviación militar norteamericana: los pilotos de la Fuerza Aérea Popular de Vietnam.

Al mando de los cazas MiG proporcionados por sus aliados comunistas, los aviadores de Vietnam del Norte dieron una lección magistral de "guerrilla aérea" ante la muy superior en número aviación norteamericana. Su táctica consistía en atacar por sorpresa, efectuando una sola pasada sobre la formación enemiga y dándose a la fuga con igual celeridad. No les fue mal, puesto que las cifras oficiales de las autoridades yankees reconocen la pérdida de 90 aviones a manos de los MiGs vietnamitas. Por otra parte, esas mismas fuentes reclaman 196 victorias aéreas para sus pilotos. En otras palabras, que Estados Unidos admite que derribar dos aparatos enemigos le costaba la pérdida de uno.

En resumen que, ¿para cuándo la tan merecida película sobre esos hombres que interponían su vida entre sus compatriotas y las siempre tan canallas y absurdas bombas?

Tres de los más exitosos aviadores de Vietnam del Norte. De izquierda a derecha, Doc Soat, Ngan y Van Coc. Este último fue el piloto que más derribos obtuvo de toda la guerra, con 9. Ningún americano pasó de 5.

lunes, 16 de marzo de 2009

¡No es Chungo ni na' lo de ser Lider! (El Principio de Lowry),

A menos que sea usted poseedor de unos más que respetables conocimientos de historia de la aeronáutica militar, el nombre de Norm Lowry le suena a chino (bueno, le suena a anglosajón, pero usted ya me entiende).

El comandante Norm Lowry fue un piloto con muy mala suerte. Tanta, que murió a los mandos de un reactor T-38 y se llevó consigo a otros tres hombres más. Lowry era el jefe de los "Thunderbirds" la patrulla acrobática de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Un aciago día de 1982, los mandos de su T-38 no respondieron correctamente y se estrelló, seguido del resto del equipo.

¿Tan malos pilotos eran? No, simplemente seguían ciegamente a su líder. El vuelo acrobático en formación es así. A veces, uno no sabe si está lejos o cerca de la tierra, o si está al derecho o del revés. Todo tu preocupación es clavar la mirada en el jefe y mantenerte pegado a él. Sin duda, uno de los más obesos ejemplos de la pesada carga que supone ser un líder: un equipo confía en ti hasta tal extremo que apuestan sus propias vidas a tu profesionalidad y pericia.

Afortunadamente, el guía sabe que lo que se hace y todo suele salir perfectamente bonito. Lamentablemente, hay veces que la técnica juega una cruel pasada.

Los malogrados aviadores del conocido como "Accidente del Diamante" (volaban en una formación así denominada). De izquierda a derecha, comandante Norm Lowry y capitanes Willie Mays, Joseph Peterson y Mark Melancon. Descansen en paz.

martes, 3 de febrero de 2009

Forja de Traidores. (El Hombre que Robó un Caza).

No se engañe. No importa lo compacto que parezca un grupo, siempre habrá en el un traidor en potencia. Incluso en la Fuerza Aérea Iraquí de los años 60.

Encontrar un traidor es fácil si se sabe dónde y cómo buscar (en realidad, esto último es aplicable a cualquier búsqueda...Estoy por quitarlo...Nah, lo voy a dejar).

Paso 1: Busque la pieza que no termina de encajar, el que es un poco diferente o un recién llegado. En el caso que tomamos como ejemplo, el servicio secreto israelí puso sus ojos en un oficial de origen cristiano.

Paso 2: Contacte como quien no quiere la cosa, con naturalidad. El nuestro ejemplo, una bella norteamericana conoce casualmente al piloto en una fiesta.

Paso 3: Intime. La americana y el iraquí se caen bien, y deciden hacer una escapadita turística a Europa.

Paso 4: Sonsaque, malmeta y meta el dedo en las heridas más profundas. En el caso en cuestión, ella averigua que el piloto se sentía un poco resentido porque aún no era jefe de escuadrón y, además, no le hacían mucha gracia ciertas misiones de bombardeo contra la población kurda. Ella, con maestría, aviva el fuego del resentimiento y la mala conciencia.

Paso 5: Es el momento de hacer la oferta, que, por supuesto, se debe aderezar con una buena cantidad de pasta: 1 millón de dolares (¡¡¡de 1966!!!)

Y ya está. El 16 de agosto de 1966, Munir Redfa despegó en una misión ordinaria de entrenamiento. Puso proa hacia oeste, apagó la radio (donde le ordenaban a voz en grito que volviera de inmediato), llega a Jordania y, a toda velocidad, se planta sobre la frontera con Israel, donde le esperan un par de cazas judíos.

Y esta es la historia de un traidor o un héroe, según se mire o se cuente. Desapareció (junto con toda su familia, a la que habían sacado del país en una operación paralela), sin dejar otro rastro que un sofisticado avión militar en manos del enemigo.

El cacharro en cuestión, en su actual retiro dorado en un museo de Israel.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Eso NO se toca, mi capitán de navío.

Dicen que las reglas se escriben con las lágrimas de los tontos y la sangre de los todavía más tontos. Estoy de acuerdo. Lamentablemente, hay demasiada gente absolutamente convencida de que eso de las normas no les incumbe. Ellos son muy, muy listos.

Posiblemente, uno de esta raza de elegidos era un capitán de la Marina norteamericana al que se ofreció un paseo en un moderno reactor F-14. Seguro que le indicaron que se atara bien fuerte las correas que te anclan al asiento, pero, claro, eso de ir amarrado es muy molesto, así que él decidió no hacerlo. También le rogaron que se limitara disfrutar del paseo con las manitas sobre las rodillas y no tocara nada de la cabina, en especial dos asas de vivos colores que tenía entre las piernas.

Lo que pasó fue que el piloto hizo un giro brusco y puso el avión boca abajo (es el tipo de cosas que hacen que dar un vuelta en un avión de caza tenga interés). Nuestro astuto capitán, por pura física, se fue de golpe (y con fuerte golpe) contra el cristal de la cabina. Por simple instinto, buscó algo a lo que agarrarse para intentar volver al asiento. Premio: las dos asas. Esas que se usan para que el asiento salga disparado cuando la única manera de seguir con vida es abandonar el avión.

Resumen: nuestro inteligente capitán en caída libre (menos mal que el paracaídas es automático, lo que le salvó el pellejo) y el confundido piloto, en vuelo a más de 600 kilómetros por hora y sin la cabina que protege del frío y el viento. Afortunadamente, pudo aterrizar sin mayor novedad. En lo referente al capitán, en el pecado fue la penitencia en forma de convertirse en la comidilla y blanco de los chistes de toda la flota americana (enorme, por demás).

Moraleja: no vayamos tanto de listos y hagamos más caso a las personas que tienen experiencia y saben de las cosas.

Un avión que acompañaba al F-14 tomó esta instantánea momentos después del incidente. Sin duda, una de las más curiosas de la historia de la aviación.

martes, 1 de abril de 2008

El fin del fin (las últimas bombas de la Guerra del Vietnam).

Oficialmente, los aviones de los Estados Unidos de Norteamérica lanzaron 6.727.084 toneladas de bombas durante la Guerra de Vietnam. Y no ganaron. Todo un golpe bajo para esos que afirman que el tamaño importa.

Los Acuerdos de París pusieron fin a la intervención USA en el país asiático. Establecían las 11:45 (hora local) del 27 de Enero de 1973 como el momento en que los norteamericanos cesarían toda acción militar. Lo lógico habría sido parar de sopetón en el mismo instante en que se firma el acuerdo (al fin y al cabo, se acababa de dar la cosa por perdida), pero algunas unidades decidieron seguir esas horitas que quedaban, con la misma vocación del turista que ocupa el apartamento hasta el ultimísimo minuto al que le da derecho el contrato de alquiler.

La última misión de bombardeo de la Guerra de Vietnam la protagonizaron 4 aviones A-4 pertenecientes al 311 Escuadrón de Ataque de los Marines. Al mando de la escuadrilla, el coronel Dean Macho (No es broma. Palabrita que es el nombre real). Su objetivo: una plantación de caucho donde se sospechaba que había tropas enemigas (sospechas fundadas, porque les dispararon). La lógica militar o de cualquier otro tipo de la acción se me escapa. Seguramente, la única razón fue la de querer ser los últimos o, visto de otro modo, los que terminaban de perder aquella guerra.

John Caldas, otros de los participantes en la misión de marras, posa antes del despegue con una de las bombas que iba a lanzar. Está especialmente decorada (por lo hortera, yo diría) para conmemorar el evento. La inscripción dice: "La última bomba" y detalla la fecha, el lugar y el nombre del escuadrón.

sábado, 23 de febrero de 2008

¡Te tuve a tiro, viejo! (Una de ironías de la guerra)

Una guerra es matar a gente que no te ha hecho nada por gente que no moriría por ti. El único consuelo es que esos a los que matas son siempre anónimos. Bueno, casi siempre.

David Morgan conocía un montón de datos de los hombres a los que había matado. Su nombre, su edad, la unidad a la que pertencían, el avión que volaban...hasta sus caras en fotografia. Gajes del combate aéreo.

David Morgan marchó a las Malvinas como un teniente confuso, nervioso y algo asustado, y volvió al Reino Unido como un héroe de guerra con cuatro derribos de aparatos argentinos bajo sus alas.

David Morgan empezó a ver un fantasma. No sabía convivir con la evidencia de que se sentía como un asesino a sueldo de su patria. Como consecuencia natural, su matrimonio cayó en picado y se estrelló contra un divorcio. La siguiente casilla del juego de la autodestrucción fue, lógicamente, la bebida. Pero el fantasma no se iba, seguía ahí.

Héctor Sánchez también recibía la visita ocasional del fantasma de las Malvinas. Había perdido la guerra, y, mucho peor, había perdido amigos. Hasta que un día decidió que había que espantar a aquel espectro que no le dejaba vivir. Y se puso en contacto con un periodista inglés que, de seguro, le podría echar una mano.

No era la primera vez que sus caminos se cruzaban, pero no habían sido formalmente presentados. Quizás porque durante su primer encuentro, ambos volaban a cientos de kilómetros por hora en una frenética pugna por matarse el uno al otro. Ahora, con la suave calma que da un pub inglés, Héctor y David tuvieron tiempo de dar cada uno su versión de los acontecimientos de aquel 8 de junio de 1982 y analizar con calma lo sucedido. Fue entonces que David supo que Héctor lo había tenido a tiro, pero el cañón se le encasquilló. Fue entonces que David supo que estaba vivo de milagro. Y en aquella noche que se volvió madrugada, no se sabe en qué ronda, aquel maldito fantasma hizo mutis por el foro mientras dos hombres aprendían a convivir con su dolor.

David Morgan y Héctor Sánchez siguen en contacto y gustan de llamarse mutuamente "amigo". El amigo al que quise matar y que no pudo matarme. Ironías de la vida y la guerra, ya digo.

David Morgan en una imagen reciente, con sus medallas en el pecho y sus cicatrices en el alma.

martes, 3 de abril de 2007

The "F Word" (Flying, of course)

Obviamente, el vídeo de avioncitos acabaría saliendo, de hecho, mucho había tardado. Pero prometo que es corto y divertido para todo tipo de públicos.



El presentador recuerda que se cumple el 70 aniversario del primer vuelo de esa maravilla legendaria con alas llamada Spitfire (vale, vale, ya sé que, de hecho, el Hurricane derribó más aviones durante la Batalla de Inglaterra). Lovely British accent, bonito ejemplo de comparativo de igualdad "as powerful today as it was during those dark years of World War II" y pasada del Spitfire en cuestión. Lo que dicen después no lo entiendo.