Noviciado. Sus amigos a la universidad, pero él, al noviciado. Al principio, se pensaban que era una broma ligera, y, cuando afirmó rotundo que hablaba en serio, todos se lo tomaron como una broma pesada -en especial ella-.
Luego, en conversación privada, ella le preguntó entre sollozos: "¿Qué tiene Dios que yo no tenga?" De inmediato se dio cuenta de cómo sonaba aquello, y se rio nerviosa. Pero le duró poco, siguió llorando como una magdalena.
"No odies a Dios por esto", replicó él balbuceante, y también de inmediato se percató de lo torpes que habían sido sus palabras. Entonces ambos se rieron nerviosos, se dieron un beso en la mejilla y se dijeron adiós para siempre. o, al menos, para un tiempo prudencial.
Mientras subía la escalera, el padre Donato le explicaba que iba a disponer de una estancia individual. "Yo compartí con un compañero, pero ahora sois tan pocos, que ya ni eso".
Normal, ¿cómo encontrar a gente tan loca como él, gente que abandone voluntariamente amigos, juergas, y un futuro junto a una niña casi tan guapa como Dios? Miró a su alrededor en el comedor: Blas, Sami, Marianete...Todos habían hecho los mismos sacrificios que él, bien lo sabía, pues bien lo habían comentado mil veces (Sami hasta llevaba todavía una foto de ella en la cartera). "Gente que se casa con Dios porque no hay Dios que se case con ellos", ¡tanta mentira en tantos tópicos! (la excepción que confirma la regla era Pablín, que siempre confesaba con su dulce sonrisa de cura bonachón -esa asignatura ya la traía aprobada de casa- que a él las chicas nunca se le dieron nada bien).
En resumen, que se había jugado el todo por todo a intentar ayudar a los demás, a llevar los zapatos baratos y gastados de un cura de pueblo pobre o barrio miserable. Se había apostado la vida a ser feliz intentando ayudar a que los demás lo fueran.
Una vez, viéndole con el traje de faena, un chica le había soltado: "¡Curita, si Dios no existe!"
"¡Pues yo voy a crearlo!", había respondido, y se había arrepentido de inmediato (por mucho, que un chaval de barba le hubiera aplaudido con una sonrisa la ocurrencia).
En fin, es el ímpetu juvenil de los sacerdotales Nuevos Ministerios.
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lunes, 2 de diciembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
La Muy Secreta Sociedad del Decametrón: San Cristobal-Callao.
San Cristobal había sido un pintor barroco regular tirando a malo. Nadie se explicaba, por tanto, que don Arturo María, con lo mucho entendía de arte -casi tanto como de fútbol y toros-, se hubiera empeñado en ser propietario de toda su obra. Cosas de la edad, sin duda.
Lo bueno era que, siendo tan flojito, adquirir cuadros del Diego San Cristobal salía bastante asequible. Aunque a don Arturo María lo del dinero tampoco le preocupaba mucho. Heredar con ojo tiene esas ventajas.
Lo único que empañaba la completa felicidad artística de don Arturo María era un señor de Burgos, que tenía en su casa el único cuadro de San Cristobal que le faltaba a don Arturo María para cerrar su colección. Esto también había venido por herencia. En concreto, se trataba de una Última Cena que, más que devoción, lo que producía era bastante pena.
-Si no es por el dinero, mire usted, es que a un recuerdo familiar no se le puede poner precio.
-Pero, señor mío, ¿usted es consciente de la millonada que le ofrezco?
El que sin duda lo era resultaba ser el abogado de don Arturo María.
-¡Que ya le digo que no es por el dinero, jefe! Si es que es un recuerdo y yo, tanto dinero, pues tampoco tengo ni el cuerpo ni el tiempo de gastármelo en condiciones.
-Ya.
-¿Tiene usted hijos?- terció el abogado.
-No, me quedé soltero, ¿sabe usted?
-¡Pues entonces acepte dejar el cuadro en herencia a don Arturo María!
-Hombre, eso si me parece mejor idea. Por un precio razonable, le regalo a usted el cuadro cuando me muera.
-¿Pero no decía que a usted ya no le interesaba el dinero?
-Es que, visto así, la cosa cambia.
Y en eso se cerró el trato: una millonada a cambio de heredar un cuadro.
El señor de Burgos se compró una casa en playa y se fue para allá -cuadro incluido- a pulirse su pequeña fortuna.
Por lo que a don Arturo María respecta, ahora que parecía que la colección completa estaba asegurada, le dio un ataque de satisfacción aguda y de él se murió.
En el velatorio, uno de los herederos de don Antonio María, despojado de la millonada que le habían pagado al señor de Burgos por un cuadro que no valía nada, le dijo al abogado.
-¡Macho, te podías haber quedado "callao"!
Lo bueno era que, siendo tan flojito, adquirir cuadros del Diego San Cristobal salía bastante asequible. Aunque a don Arturo María lo del dinero tampoco le preocupaba mucho. Heredar con ojo tiene esas ventajas.
Lo único que empañaba la completa felicidad artística de don Arturo María era un señor de Burgos, que tenía en su casa el único cuadro de San Cristobal que le faltaba a don Arturo María para cerrar su colección. Esto también había venido por herencia. En concreto, se trataba de una Última Cena que, más que devoción, lo que producía era bastante pena.
-Si no es por el dinero, mire usted, es que a un recuerdo familiar no se le puede poner precio.
-Pero, señor mío, ¿usted es consciente de la millonada que le ofrezco?
El que sin duda lo era resultaba ser el abogado de don Arturo María.
-¡Que ya le digo que no es por el dinero, jefe! Si es que es un recuerdo y yo, tanto dinero, pues tampoco tengo ni el cuerpo ni el tiempo de gastármelo en condiciones.
-Ya.
-¿Tiene usted hijos?- terció el abogado.
-No, me quedé soltero, ¿sabe usted?
-¡Pues entonces acepte dejar el cuadro en herencia a don Arturo María!
-Hombre, eso si me parece mejor idea. Por un precio razonable, le regalo a usted el cuadro cuando me muera.
-¿Pero no decía que a usted ya no le interesaba el dinero?
-Es que, visto así, la cosa cambia.
Y en eso se cerró el trato: una millonada a cambio de heredar un cuadro.
El señor de Burgos se compró una casa en playa y se fue para allá -cuadro incluido- a pulirse su pequeña fortuna.
Por lo que a don Arturo María respecta, ahora que parecía que la colección completa estaba asegurada, le dio un ataque de satisfacción aguda y de él se murió.
En el velatorio, uno de los herederos de don Antonio María, despojado de la millonada que le habían pagado al señor de Burgos por un cuadro que no valía nada, le dijo al abogado.
-¡Macho, te podías haber quedado "callao"!
sábado, 14 de septiembre de 2013
La Muy Secreta Sociedad del Decametrón: Ciudad Universitaria-Manuel Becerra.
Ciudad Universitaria como pocas es la bonita localidad de Cambridge, a orillas del río del mismo nombre (pero sin el "bridge", se entiende).
El padre Helm era profesor de Teología por recomendación expresa de su provincial. Aunque había recibido el nombramiento con la falsa modestia de rigor ("¡Pero si yo no sé nada de Teología"), la verdad era que, en la intimidad de sus paseos matutinos en solitario, se consideraba de sobra preparado para cumpliar con la tarea encomendada, y, aunque le estuviera mal tal vanidad, estaba muy orgulloso del objetivo logrado.
Sus grupos no eran numerosos, pues es bien sabido que la Teología no da para montar despachos ni consultas privadas, y estaba formado -en su mayoría- por representantes de los más diversos estadios de las carrera sacerdotal, con un cierto predominio de novicios.
Era, en suma, un público con interés por las clases, que planteaba cuestiones en abundancia y que, pese a que entraba sin vacilar en el debate y lo libraba con relativa vehemencia, lo perdía con completa docilidad, aplastados por la pesada prepotencia dialéctica del padre Helm.
Conclusión: que el padre Helm era feliz con su plácida vida de docente universitario, con paseos matutinos y el ocasional vaso de jerez en la residencia del señor decano.
Pero, como lo aparentemente perfecto nunca dura, en la vida del padre Helm se cruzó un alumno cachazudo, regordete y gran aficionado el ajedrez.
Olvidé mencionar que era el arte del tablero arlequinado el único vicio -si es que a tal cosa se la puede denominar así- que se permitía el padre Helms.
No tardaron maestro y discípulo en citarse para cruzar piezas con un bonito parque inglés como testigo.
Pero menos tardó el alumno en derrotar a su ilustre enemigo, el cual, aturdido ante tan rápida e inesperada derrota, lo único que acertó a decir fue:
-¡Te felicito, hijo, pues no he logrado entender el objetivo real de tus jugadas, ni precedir las siguientes!
-Entonces, padre, me temo que he de borrarme de su curso de Teología, pues un hombre que no es capaz de entender mis movimentos al ajedrez, difícilmente entenderá los que hace Dios con el Universo.
Y ese fue el baño de humildad que el engreido padre Helms recibió de un jovenzuelo de Burgos llamado Manuel Becerra.
El padre Helm era profesor de Teología por recomendación expresa de su provincial. Aunque había recibido el nombramiento con la falsa modestia de rigor ("¡Pero si yo no sé nada de Teología"), la verdad era que, en la intimidad de sus paseos matutinos en solitario, se consideraba de sobra preparado para cumpliar con la tarea encomendada, y, aunque le estuviera mal tal vanidad, estaba muy orgulloso del objetivo logrado.
Sus grupos no eran numerosos, pues es bien sabido que la Teología no da para montar despachos ni consultas privadas, y estaba formado -en su mayoría- por representantes de los más diversos estadios de las carrera sacerdotal, con un cierto predominio de novicios.
Era, en suma, un público con interés por las clases, que planteaba cuestiones en abundancia y que, pese a que entraba sin vacilar en el debate y lo libraba con relativa vehemencia, lo perdía con completa docilidad, aplastados por la pesada prepotencia dialéctica del padre Helm.
Conclusión: que el padre Helm era feliz con su plácida vida de docente universitario, con paseos matutinos y el ocasional vaso de jerez en la residencia del señor decano.
Pero, como lo aparentemente perfecto nunca dura, en la vida del padre Helm se cruzó un alumno cachazudo, regordete y gran aficionado el ajedrez.
Olvidé mencionar que era el arte del tablero arlequinado el único vicio -si es que a tal cosa se la puede denominar así- que se permitía el padre Helms.
No tardaron maestro y discípulo en citarse para cruzar piezas con un bonito parque inglés como testigo.
Pero menos tardó el alumno en derrotar a su ilustre enemigo, el cual, aturdido ante tan rápida e inesperada derrota, lo único que acertó a decir fue:
-¡Te felicito, hijo, pues no he logrado entender el objetivo real de tus jugadas, ni precedir las siguientes!
-Entonces, padre, me temo que he de borrarme de su curso de Teología, pues un hombre que no es capaz de entender mis movimentos al ajedrez, difícilmente entenderá los que hace Dios con el Universo.
Y ese fue el baño de humildad que el engreido padre Helms recibió de un jovenzuelo de Burgos llamado Manuel Becerra.
viernes, 13 de septiembre de 2013
La Muy Secreta Sociedad del Decametrón: Prólogo.
Era sólo cuestión de tiempo. Los vagones del Metro se habían vuelto aburridos y rutinarios más allá de lo creativamente admisible. El mismo nombre de las estaciones se había vendido al mejor postor. Había llegado el momento de que la Inteligencia y el Arte contraatacaran.
Y así nacieron ellos, como comandos de una guerrilla en combate sin cuartel contra los días que son todos iguales y las horas vacías de vida.
Su ideal, el "Decametrón", justo homenaje al "Decamerón" como semilla de historias para hacer el tedio de cualquier tipo más bello y llevadero.
Vagan por los vagones en busca de compañeros "decamétricos". Se reconocen por un muy sencillo gesto -tanto que pasa totalmente desapercibido para los no iniciados-: golpean con sus nudillos el asiento contiguo. Tres golpes, y ni uno más. Si algún "decamétrico" se encuentra en el mismo compartimento, rápidamente se acerca para sentarse a su lado. Es el momento de la verdad.
Ambos intercambian el nombre de la estación en la que se van a bajar. Entonces, la regla del juego es clara y sencilla: el que se apea antes le tiene contar a su compañero una historia con tan sólo dos normas: ha de comenzar con el nombre de la estación que acaban de abandonar, y terminar con el nombre de la estación en la que se baja.
Así, por este sencillo método, miles de pequeños relatos -de todo tipo y condición- reptan por los vagones de Metro, como reptiles constrictores dispuestos estrangular a golpe de Literatura a la mediocridad, la rutina y el tedio que dominan a los vagones del suburbano.
Por tanto, esté atento. La próxima vez que vea que un desconocido le habla a otro con la voz muy bajita en un vagón de Metro, cuando observe que el otro le atiende sin casi respirar, cuando vea que uno se apea y el otro se ha quedado con un sonrisa de oreja a corazón.
Entonces, sin duda, usted se ha topado de bruces con dos "decamétricos" en acción.
Y así nacieron ellos, como comandos de una guerrilla en combate sin cuartel contra los días que son todos iguales y las horas vacías de vida.
Su ideal, el "Decametrón", justo homenaje al "Decamerón" como semilla de historias para hacer el tedio de cualquier tipo más bello y llevadero.
Vagan por los vagones en busca de compañeros "decamétricos". Se reconocen por un muy sencillo gesto -tanto que pasa totalmente desapercibido para los no iniciados-: golpean con sus nudillos el asiento contiguo. Tres golpes, y ni uno más. Si algún "decamétrico" se encuentra en el mismo compartimento, rápidamente se acerca para sentarse a su lado. Es el momento de la verdad.
Ambos intercambian el nombre de la estación en la que se van a bajar. Entonces, la regla del juego es clara y sencilla: el que se apea antes le tiene contar a su compañero una historia con tan sólo dos normas: ha de comenzar con el nombre de la estación que acaban de abandonar, y terminar con el nombre de la estación en la que se baja.
Así, por este sencillo método, miles de pequeños relatos -de todo tipo y condición- reptan por los vagones de Metro, como reptiles constrictores dispuestos estrangular a golpe de Literatura a la mediocridad, la rutina y el tedio que dominan a los vagones del suburbano.
Por tanto, esté atento. La próxima vez que vea que un desconocido le habla a otro con la voz muy bajita en un vagón de Metro, cuando observe que el otro le atiende sin casi respirar, cuando vea que uno se apea y el otro se ha quedado con un sonrisa de oreja a corazón.
Entonces, sin duda, usted se ha topado de bruces con dos "decamétricos" en acción.
miércoles, 6 de agosto de 2008
DecaMetrón (Línea 10).
Hospital del Norte, porque a las ciudades se llega siempre por el norte y este mundo es poco más que una ciudad de paso para todos, desde los mendigos ateos a los Reyes Católicos.
Mamá hecha trizas, papá que le trae rosas y bombones (si es el primero) y la tía-abuela Ernestina con una cuna horrible que compró en Baunatal. Mientras su marido, que es clavado a don Manuel de Falla, permanece sentado mirando por la ventana.
Tres añitos de rey de la casa y Marqués de la Valdavia, hasta que un día deciden que hay que educarte, y te llevan al colegio. Y llenan tu vida de cuentos de los que jamás seguirás la Moraleja y visitas a La Granja escuela.
La primaria es aún peor, más incluso ahora, que a comentar algo en clase le llaman "Ronda de la Comunicación". Todo lo que sacarás en limpio de seis años son Las Tablas para salir airoso de la secundaría, con sus ecuaciones, sus capitales de países bálticos y la dichosa batalla de Montecarmelo.
Si el colegio es de curas o monjitas, también te habrán hablado de tres cruces como Tres Olivos clavadas en el Monte Calvario. Inútil en la mayoría de los casos, pues el adolescente prefiere pasar la mañana del domingo paseando por Fuencarral con la curvilínea Begoña a ir a misa de 12 y aperitivo.
Cita más fácil de cumplir es la de los domingos alternos en Chamartín. Real Madrid: veteranos, noveles y fichajes internacionales que jamás tuvieron ficha ni Plaza de Castilla. Desde los chicos del barrio hasta los chavos de Cuzco, todos sueñan con pisar el verde del Santiago Bernabéu.
Pero la vida no para. Da igual que le intentes dar esquinazo por la universidad o los cursos varios, el trabajo siempre te acaba capturando. Exitosos opositores que llegan Nuevos, Ministerios misteriosos son su lugar de empleo; médicos herederos (más o menos brillantes) de don Gregorio Marañón o el ladino Alonso Martínez, abogado que indistintamente visita el Tribunal en calidad de defensor o de defendido.
Esa chica con la que te acostumbras a echar la tarde en el césped de Plaza de España y que acaba llevándote al altar como si fueras un Príncipe Pío, cuando tú afirmabas pasar de los curas y sus historias. La misma chica que, en la cursilería del momento, te dirá que os vais a lanzar juntos al "Lago de la paternidad".
Dos críos, un perro, un adosado y una hipoteca vitalicia envolviéndolo todo. ¿Cuándo empezaste a perder el control de la situación, "Batán"? No te preocupes, que tu mujer está buscando una Casa de Campo, que ya todas su amigas tienen.
Pasarán los años, el niño ya no deja que su mamá le eche Colonia, Jardín con muchos candidatos a regarlo es la niña. Parpadeas, y él se va de casa porque entró a trabajar en una compañía de Aviación Española (de personal de tierra, no te hagas ilusiones) y ella se casó con un ingeniero de Dakota del Sur que conoció en Munich.
Tú ya estás viejo, y todo lo que ilusiona en esta vida es leer el diario, tirarte Cuatro Vientos en el sofá después de comer y dormir.
Hasta que un buen mal día, o viceversa, el eminente doctor don Joaquín Vilumbrales dice que por ese sujeto cascado y pellejo no queda nada que hacer se pueda y te vas de esta ciudad de paso que es el mundo por la Puerta del Sur.
Mamá hecha trizas, papá que le trae rosas y bombones (si es el primero) y la tía-abuela Ernestina con una cuna horrible que compró en Baunatal. Mientras su marido, que es clavado a don Manuel de Falla, permanece sentado mirando por la ventana.
Tres añitos de rey de la casa y Marqués de la Valdavia, hasta que un día deciden que hay que educarte, y te llevan al colegio. Y llenan tu vida de cuentos de los que jamás seguirás la Moraleja y visitas a La Granja escuela.
La primaria es aún peor, más incluso ahora, que a comentar algo en clase le llaman "Ronda de la Comunicación". Todo lo que sacarás en limpio de seis años son Las Tablas para salir airoso de la secundaría, con sus ecuaciones, sus capitales de países bálticos y la dichosa batalla de Montecarmelo.
Si el colegio es de curas o monjitas, también te habrán hablado de tres cruces como Tres Olivos clavadas en el Monte Calvario. Inútil en la mayoría de los casos, pues el adolescente prefiere pasar la mañana del domingo paseando por Fuencarral con la curvilínea Begoña a ir a misa de 12 y aperitivo.
Cita más fácil de cumplir es la de los domingos alternos en Chamartín. Real Madrid: veteranos, noveles y fichajes internacionales que jamás tuvieron ficha ni Plaza de Castilla. Desde los chicos del barrio hasta los chavos de Cuzco, todos sueñan con pisar el verde del Santiago Bernabéu.
Pero la vida no para. Da igual que le intentes dar esquinazo por la universidad o los cursos varios, el trabajo siempre te acaba capturando. Exitosos opositores que llegan Nuevos, Ministerios misteriosos son su lugar de empleo; médicos herederos (más o menos brillantes) de don Gregorio Marañón o el ladino Alonso Martínez, abogado que indistintamente visita el Tribunal en calidad de defensor o de defendido.
Esa chica con la que te acostumbras a echar la tarde en el césped de Plaza de España y que acaba llevándote al altar como si fueras un Príncipe Pío, cuando tú afirmabas pasar de los curas y sus historias. La misma chica que, en la cursilería del momento, te dirá que os vais a lanzar juntos al "Lago de la paternidad".
Dos críos, un perro, un adosado y una hipoteca vitalicia envolviéndolo todo. ¿Cuándo empezaste a perder el control de la situación, "Batán"? No te preocupes, que tu mujer está buscando una Casa de Campo, que ya todas su amigas tienen.
Pasarán los años, el niño ya no deja que su mamá le eche Colonia, Jardín con muchos candidatos a regarlo es la niña. Parpadeas, y él se va de casa porque entró a trabajar en una compañía de Aviación Española (de personal de tierra, no te hagas ilusiones) y ella se casó con un ingeniero de Dakota del Sur que conoció en Munich.
Tú ya estás viejo, y todo lo que ilusiona en esta vida es leer el diario, tirarte Cuatro Vientos en el sofá después de comer y dormir.
Hasta que un buen mal día, o viceversa, el eminente doctor don Joaquín Vilumbrales dice que por ese sujeto cascado y pellejo no queda nada que hacer se pueda y te vas de esta ciudad de paso que es el mundo por la Puerta del Sur.
martes, 5 de agosto de 2008
DecaMetrón (Línea 9).
Herrera, Oria y Barrio, del Pilar bajo los palos de aquel equipo de campanillas al inédito tercer portero, resultado de una Ventilla de jugadores sin mayores consecuencias mediáticas. En efecto, Barrio había llegado para suplir la Plaza de Castilla, quién, harto de no tener la oportunidad de estrenar los guantes, había emigrado a Japón en busca de minutos en el campo y yenes en la cartera.
Barrio, por contra, estaba contento con aquel empleo tan razonablemente bien pagado y tan cómodo y exento de responsabilidades. El Duque de Pastrana (su localidad natal) se sentía con todos aquellos duros, pese a que su ficha de 14 millones de las eternas pesetas le hacia ser el segundo jugar peor pagado. (El primero era el voluntarioso lateral zurdo canterano Pío, 12 percibía).
"¡Hasta en Colombia nos iría mejor!", le machacaba siempre machacona su esposa Concha, Espina constante clavada en su tranquila existencia. "¡Ay, qué Cruz! ¡Del Rayo podrías ser! Pero, no, el tío bobo tuvo que fichar por un club donde lo le sacan ni en los calentamientos".
A Barrio, todo aquello le resbalaba de pura costumbre. Él no quería ser vitoreado Avenida de América abajo en un autobús descapotable si el precio eran las crueles críticas de Núñez, de Balboa o de cualquier otro periodista deportivo por haberse tragado el tercer gol. Él sólo quería hacer un poco de ejercicio, llevarse la pasta y pasar absoluta y plácidamente desapercibido.
El "Príncipe de Vergara" le llamaba la afición de la Real. Y con razón. Ningún vasco jamás había tocado el balón como Patxi Ibitxa (en realidad, Francisco Ibiza, pero esa es otra historia). Apena tenía barba cuando lo hizo debutar en primera el técnico de turno, un tal Sainz. De Baranda del equipo de lo mayores sin haber terminado la secundaria. Una Estrella nata.
Dos días antes del gran partido, la asociación de Vinateros invitó al felino Herrera a comer. Ser natural de la Rioja tiene estas cosas. Una botella resbaladiza, un camarero torpe y la gravedad siguiendo su curso en toda el pie de Herrera. Nada grave, una semanita de reposo y como nuevo.
El día antes del gran partido, todos los Artilleros del equipo dieron una sesión extra de cañonazos a Oria. Había que prepararle para hacer frente al temible Ibitxa. Oria estuvo soberbio, realizando paradas absolutamente inverosímiles, en especial aquel vuelo con el que consiguió desviar un misil césped-red vía escuadra. Lástima que él aterrizara de boca contra el mismísimo poste. (Esta es la historia de cómo "la Araña" Oria se perdió el gran partido y pasó a ser conocido como "el Mellado" Oria).
"¡Pavones!", fue lo único que le salió decir a Barrio cuando se enteró de que iba a jugar el gran partido. Nunca le gustó decir tacos ni blasfemar. Se pasó la noche previa sin poder dormir, e incluso contempló la posibilidad de darse a la fuga y ocultarse en el chalé de Val de Bernardo, su amigo del alma. Pero al final no tuvo el valor de ser un cobarde.
"¡¡¡Vicalvaro, un poco a la derecha....no, TU derecha, hombre!". Ponía la barrera por poner, que las dos faltas anteriores se las había clavado Ibitxa con impecable facilidad. Barrio sólo esperaba que los doctores de la prensa deportiva las calificaran de "imparables" y él recibiera la absolución de la suprema hinchada. En fin, se encomendó a San Cipriano, protector ante el peligro, y esperó la llegada de la pelota....hoooop...¡Toma paradón! A ver si hablaba al final con los fotógrafos y alguno le había sacado la palomita. La foto enmarcada quedaría genial en el salón. Pero, no se podía distraer, que iban a tirar el corner...y esos aplausos que había oído...¿habrían sido para él?
3-2 fue el resultado final. Ibitxa le metió las dos faltas y Aigoñi un certero cabezazo. Pero preservó su Puerta de Arganda, delantero internacional enrachado, y los medios no fueron muy duros con él. Pero lo mejor de todo es que, con derrota y todo, descubrió que se había divertido. Había recordado lo bien que se lo pasa uso jugando.
Fue su primer y último partido de la temporada. Al terminar, dejó el equipazo y ficho por un modesto segunda. Por esas cosas de las acciones, las empresas y los patrocinios, el equipo se llamó Rivas Urbanizaciones las 3 primeras jornadas, Rivas Futura hasta Semana Santa y terminó la temporada como Rivas Vaciamadrid.
Cobraba la mitad pero jugaba todos los domingos y las apenas 5.000 personas que iban al estadio La Poveda coreaban su nombre y le querían. Nunca había sido tan feliz. Aunque jamás pasaran muchas eliminatorias de la Copa del Rey (pero si levantó tres trofeos Arganda del Rey).
Barrio, por contra, estaba contento con aquel empleo tan razonablemente bien pagado y tan cómodo y exento de responsabilidades. El Duque de Pastrana (su localidad natal) se sentía con todos aquellos duros, pese a que su ficha de 14 millones de las eternas pesetas le hacia ser el segundo jugar peor pagado. (El primero era el voluntarioso lateral zurdo canterano Pío, 12 percibía).
"¡Hasta en Colombia nos iría mejor!", le machacaba siempre machacona su esposa Concha, Espina constante clavada en su tranquila existencia. "¡Ay, qué Cruz! ¡Del Rayo podrías ser! Pero, no, el tío bobo tuvo que fichar por un club donde lo le sacan ni en los calentamientos".
A Barrio, todo aquello le resbalaba de pura costumbre. Él no quería ser vitoreado Avenida de América abajo en un autobús descapotable si el precio eran las crueles críticas de Núñez, de Balboa o de cualquier otro periodista deportivo por haberse tragado el tercer gol. Él sólo quería hacer un poco de ejercicio, llevarse la pasta y pasar absoluta y plácidamente desapercibido.
El "Príncipe de Vergara" le llamaba la afición de la Real. Y con razón. Ningún vasco jamás había tocado el balón como Patxi Ibitxa (en realidad, Francisco Ibiza, pero esa es otra historia). Apena tenía barba cuando lo hizo debutar en primera el técnico de turno, un tal Sainz. De Baranda del equipo de lo mayores sin haber terminado la secundaria. Una Estrella nata.
Dos días antes del gran partido, la asociación de Vinateros invitó al felino Herrera a comer. Ser natural de la Rioja tiene estas cosas. Una botella resbaladiza, un camarero torpe y la gravedad siguiendo su curso en toda el pie de Herrera. Nada grave, una semanita de reposo y como nuevo.
El día antes del gran partido, todos los Artilleros del equipo dieron una sesión extra de cañonazos a Oria. Había que prepararle para hacer frente al temible Ibitxa. Oria estuvo soberbio, realizando paradas absolutamente inverosímiles, en especial aquel vuelo con el que consiguió desviar un misil césped-red vía escuadra. Lástima que él aterrizara de boca contra el mismísimo poste. (Esta es la historia de cómo "la Araña" Oria se perdió el gran partido y pasó a ser conocido como "el Mellado" Oria).
"¡Pavones!", fue lo único que le salió decir a Barrio cuando se enteró de que iba a jugar el gran partido. Nunca le gustó decir tacos ni blasfemar. Se pasó la noche previa sin poder dormir, e incluso contempló la posibilidad de darse a la fuga y ocultarse en el chalé de Val de Bernardo, su amigo del alma. Pero al final no tuvo el valor de ser un cobarde.
"¡¡¡Vicalvaro, un poco a la derecha....no, TU derecha, hombre!". Ponía la barrera por poner, que las dos faltas anteriores se las había clavado Ibitxa con impecable facilidad. Barrio sólo esperaba que los doctores de la prensa deportiva las calificaran de "imparables" y él recibiera la absolución de la suprema hinchada. En fin, se encomendó a San Cipriano, protector ante el peligro, y esperó la llegada de la pelota....hoooop...¡Toma paradón! A ver si hablaba al final con los fotógrafos y alguno le había sacado la palomita. La foto enmarcada quedaría genial en el salón. Pero, no se podía distraer, que iban a tirar el corner...y esos aplausos que había oído...¿habrían sido para él?
3-2 fue el resultado final. Ibitxa le metió las dos faltas y Aigoñi un certero cabezazo. Pero preservó su Puerta de Arganda, delantero internacional enrachado, y los medios no fueron muy duros con él. Pero lo mejor de todo es que, con derrota y todo, descubrió que se había divertido. Había recordado lo bien que se lo pasa uso jugando.
Fue su primer y último partido de la temporada. Al terminar, dejó el equipazo y ficho por un modesto segunda. Por esas cosas de las acciones, las empresas y los patrocinios, el equipo se llamó Rivas Urbanizaciones las 3 primeras jornadas, Rivas Futura hasta Semana Santa y terminó la temporada como Rivas Vaciamadrid.
Cobraba la mitad pero jugaba todos los domingos y las apenas 5.000 personas que iban al estadio La Poveda coreaban su nombre y le querían. Nunca había sido tan feliz. Aunque jamás pasaran muchas eliminatorias de la Copa del Rey (pero si levantó tres trofeos Arganda del Rey).
lunes, 4 de agosto de 2008
DecaMetrón (Linea 8).
¿Nuevos Ministerios? ¡Como si no hubiera ya bastante con los viejos! Pero era mejor callar, sonreír y cubrir dócilmente la noticia. No le fuera a pasar como a García Fraguas, que se había ido a la ramera rúa por aquella pregunta durante el viaje oficial a Colombia con los empresarios. "¿Qué tiene que comentar a los informes de los organizaciones de derechos humanos sobre matanzas de sindicalistas?". ¡A quién se le ocurre! A la vuelta, reajuste de personal para ahorrar dinero público, muchas gracias y hasta siempre, majete. En fin, que estaba la cosa que era más fácil oPinar del Rey que de esa persona que ocupaba la presidencia. La daba miedo hasta pronunciar su nombre, que la redacción estaba llena de chivatos pelotas con vocación de alpinista laboral.
"Los edificios que albergan las nuevas carteras ministeriales se elevan, como un auténtico Mar de Cristal y progreso, a las afueras de nuestra ciudad". No fastidies, Genaro, que una cosa es adular y otro muy distinta convertirse en un cursi sin dignidad. Y mentiroso, porque los edificios son feos de galardón. "El mayor horror urbanístico en mitad de un Campo de las Naciones europeas", eso era lo que realmente debería redactar. Los vecinos, los ecologistas y el Colegio de Arquitectos llevaban años quejándose, (sin fruto, obviamente). ¡Qué envidia poder hablar!
"Inaugurado este auténtico mar de cristal y progreso, la apretadísima agenda presidencial sigue su curso, y vemos como el coche oficial se aleja, envuelto en un auténtico clamor de vítores populares, con rumbo al Aeropuerto" T1, T2 y T3: La noticia tendría un lugar preferente en los tres telediarios del día (mediodía, tarde y noche). Te has vendido, Genaro, tú, que ibas para incisivo e imparcial cuando entraste en la facultad. ¿Por qué no Barajas un cambio de aire? ¡Pa, qué! ¿Para cambiar el culo que debo lamer? El sabor de este por lo menos ya me lo conozco bien y estoy acostumbrado. En fin, que no se me olvide recordar a los del informativo de madrugada que den la noticia de llegada del vuelo presidencial a Nueva York. El avión aterrizando en el Aeropuerto. T4.
"Los edificios que albergan las nuevas carteras ministeriales se elevan, como un auténtico Mar de Cristal y progreso, a las afueras de nuestra ciudad". No fastidies, Genaro, que una cosa es adular y otro muy distinta convertirse en un cursi sin dignidad. Y mentiroso, porque los edificios son feos de galardón. "El mayor horror urbanístico en mitad de un Campo de las Naciones europeas", eso era lo que realmente debería redactar. Los vecinos, los ecologistas y el Colegio de Arquitectos llevaban años quejándose, (sin fruto, obviamente). ¡Qué envidia poder hablar!
"Inaugurado este auténtico mar de cristal y progreso, la apretadísima agenda presidencial sigue su curso, y vemos como el coche oficial se aleja, envuelto en un auténtico clamor de vítores populares, con rumbo al Aeropuerto" T1, T2 y T3: La noticia tendría un lugar preferente en los tres telediarios del día (mediodía, tarde y noche). Te has vendido, Genaro, tú, que ibas para incisivo e imparcial cuando entraste en la facultad. ¿Por qué no Barajas un cambio de aire? ¡Pa, qué! ¿Para cambiar el culo que debo lamer? El sabor de este por lo menos ya me lo conozco bien y estoy acostumbrado. En fin, que no se me olvide recordar a los del informativo de madrugada que den la noticia de llegada del vuelo presidencial a Nueva York. El avión aterrizando en el Aeropuerto. T4.
domingo, 3 de agosto de 2008
DecaMetrón (Línea 7).
Pitis de la risa sentados en un banco del parque Arroyo del Fresno estando de pellas. Típico pero delicioso para aquellos corazones malos y adolescentes. Punto (con Lacoma correspondiente).
"El Charlie" se descamisó para que todos contemplaran, como ya era casi tradición, los tatuajes que le adornaban de nuca a rabadilla. La "Avenida de la Ilustración", lo había bautizado alguna inspirada voz de aquella Peña Grande.
"El Charlie" era especial. Curraba. Había dejado el instituto el mismo día de cumplir los 16. Otro púber ciudadano que abandonaba la Educación Secundaria Forzada (alias ESO) sin tener la más remota idea de quién fue Antonio Machado.
Daba igual. Saber nombres de poetas no te paga una moto. Reponer en un súper de Valdezarza, sí. Además, la había conseguido a precio de ganga. Rey del trapicheo de aduanas y puertos Francos, Rodríguez (un amigo de su padre) le había proporcionado hacía un mes el ansiado tesoro de dos ruedas por una cantidad increíble.
Guzmán, el Bueno de aquellos críos tan malos, siempre sospechó del origen de ese cacharro que hacía casi tanto ruido con sus colores como con su motor. Por mucho que "El Charlie" afirmara muy pavón que su moto era de primera marca, Guzmán tenia la íntima sospecha de que era un producto de tercera made in Islas Filipinas y llegado a España vía algún oscuro Canal del contrabando.
Alonso, Cano el cabello de los disgustos que le daba intentar sacar adelante un taller mecánico, no tenía la sospecha. Tenía la convicción. Él, que había soñado con ser el Gregorio Marañón del motor, en la cruda realidad no había pasado de practicante de apaños y chapuzas. Montañas de chatarra africana llegaban a su localucho de la Avenida, (de América, en cambio, jamás vio una pieza) para que es el mezclara piezas y compusiera un rompecabezas en forma de motocicleta de brillante aspecto y caducidad inminente.
Cartagena, allí les prestaron su apartamento los padres de "La Susi", novia y princesa oficial de "El Charlie". Llevaban tiempo soñando con el viaje, para poder tener así un desfogue un poco más romántico. Estaban hartos de tanto rincón oscuro en cualquier Parque de las Avenidas. Como "La Susi" era la más lista del Barrio, de la Concepción (de evitarla, mejor dicho), "El Charlie" nunca se preocupaba. Eso era asunto de ella, y ella se encargaba del asunto.
Aunque ya había viajado en su moto en dos ocasiones al Pueblo, Nuevo y muchos más exigente iba a ser el desplazamiento a Cartagena, pues había muchos más kilómetros y con el peso adicional de "La Susi", pero, en sus propias palabras, "yo no l'ago Ascao a un dasafio". Así pues, una soleada mañana de Mayo, "El Charlie", "La Susi", una bolsa de viaje adquirida en "Bolsos García Noblejas" y la moto de marras pusieron rumbo al Mediterráneo. Lucía "El Charlie" para tan señalada ocasión su celebre "camiheta azú Simancas". Como ya habrán comprobado, "El Charlie" nunca supo vocalizar demasiado bien.
Fue a la altura de San Blas cuando Las Musas de la velocidad se apoderaron de "El Charlie" y apretó a fondo el mando del gas de su moto, provocando un momento de repentina aceleración digno de cualquier Estadio Olímpico. Y, sin duda contagiada de la excitación del momento, "La Susi" decidió gritar a los cuatro vientos y al oído de su amado la noticia que tenía reservada para algún romántico paseo por el Barrio del Puerto de Cartagena. En ese preciso instante la moto, presa del esfuerzo, mostró su verdadera naturaleza de chapuza y se descompuso enterita en mil pedazos y piezas.
Un operador valenciano de Protección Civil de Coslada, Central de llamadas, recibió un curioso aviso e indicó a "la unidad más cercana a La Rambla, che" que se dirigiera de inmediato al lugar de los hechos.
Los hasta hacía unos minutos orgullosos jinetes de una motocicleta, bajaban por el arcén de la carretera en el coche de San Fernando (un rato a pie y otro andando). Él, con un manillar de moto en una mano y el tubo de escape en la otra, y todavía con el casco puesto, que parecía recién salido de una tienda de recuerdos del circuito del Jarama; ella, con un curioso gesto mezcla de sorpresa y preocupación. Pese al golpazo, ambos estaban ilesos, como si Henares hubieran amortiguado su caída.
Sin duda producto de la impresión, el chico no paraba de decir: "¡Joder, que voy a ser padre", mientras los trasladaban para un reconocimiento protocolario al Hospital de Henares.
"El Charlie" se descamisó para que todos contemplaran, como ya era casi tradición, los tatuajes que le adornaban de nuca a rabadilla. La "Avenida de la Ilustración", lo había bautizado alguna inspirada voz de aquella Peña Grande.
"El Charlie" era especial. Curraba. Había dejado el instituto el mismo día de cumplir los 16. Otro púber ciudadano que abandonaba la Educación Secundaria Forzada (alias ESO) sin tener la más remota idea de quién fue Antonio Machado.
Daba igual. Saber nombres de poetas no te paga una moto. Reponer en un súper de Valdezarza, sí. Además, la había conseguido a precio de ganga. Rey del trapicheo de aduanas y puertos Francos, Rodríguez (un amigo de su padre) le había proporcionado hacía un mes el ansiado tesoro de dos ruedas por una cantidad increíble.
Guzmán, el Bueno de aquellos críos tan malos, siempre sospechó del origen de ese cacharro que hacía casi tanto ruido con sus colores como con su motor. Por mucho que "El Charlie" afirmara muy pavón que su moto era de primera marca, Guzmán tenia la íntima sospecha de que era un producto de tercera made in Islas Filipinas y llegado a España vía algún oscuro Canal del contrabando.
Alonso, Cano el cabello de los disgustos que le daba intentar sacar adelante un taller mecánico, no tenía la sospecha. Tenía la convicción. Él, que había soñado con ser el Gregorio Marañón del motor, en la cruda realidad no había pasado de practicante de apaños y chapuzas. Montañas de chatarra africana llegaban a su localucho de la Avenida, (de América, en cambio, jamás vio una pieza) para que es el mezclara piezas y compusiera un rompecabezas en forma de motocicleta de brillante aspecto y caducidad inminente.
Cartagena, allí les prestaron su apartamento los padres de "La Susi", novia y princesa oficial de "El Charlie". Llevaban tiempo soñando con el viaje, para poder tener así un desfogue un poco más romántico. Estaban hartos de tanto rincón oscuro en cualquier Parque de las Avenidas. Como "La Susi" era la más lista del Barrio, de la Concepción (de evitarla, mejor dicho), "El Charlie" nunca se preocupaba. Eso era asunto de ella, y ella se encargaba del asunto.
Aunque ya había viajado en su moto en dos ocasiones al Pueblo, Nuevo y muchos más exigente iba a ser el desplazamiento a Cartagena, pues había muchos más kilómetros y con el peso adicional de "La Susi", pero, en sus propias palabras, "yo no l'ago Ascao a un dasafio". Así pues, una soleada mañana de Mayo, "El Charlie", "La Susi", una bolsa de viaje adquirida en "Bolsos García Noblejas" y la moto de marras pusieron rumbo al Mediterráneo. Lucía "El Charlie" para tan señalada ocasión su celebre "camiheta azú Simancas". Como ya habrán comprobado, "El Charlie" nunca supo vocalizar demasiado bien.
Fue a la altura de San Blas cuando Las Musas de la velocidad se apoderaron de "El Charlie" y apretó a fondo el mando del gas de su moto, provocando un momento de repentina aceleración digno de cualquier Estadio Olímpico. Y, sin duda contagiada de la excitación del momento, "La Susi" decidió gritar a los cuatro vientos y al oído de su amado la noticia que tenía reservada para algún romántico paseo por el Barrio del Puerto de Cartagena. En ese preciso instante la moto, presa del esfuerzo, mostró su verdadera naturaleza de chapuza y se descompuso enterita en mil pedazos y piezas.
Un operador valenciano de Protección Civil de Coslada, Central de llamadas, recibió un curioso aviso e indicó a "la unidad más cercana a La Rambla, che" que se dirigiera de inmediato al lugar de los hechos.
Los hasta hacía unos minutos orgullosos jinetes de una motocicleta, bajaban por el arcén de la carretera en el coche de San Fernando (un rato a pie y otro andando). Él, con un manillar de moto en una mano y el tubo de escape en la otra, y todavía con el casco puesto, que parecía recién salido de una tienda de recuerdos del circuito del Jarama; ella, con un curioso gesto mezcla de sorpresa y preocupación. Pese al golpazo, ambos estaban ilesos, como si Henares hubieran amortiguado su caída.
Sin duda producto de la impresión, el chico no paraba de decir: "¡Joder, que voy a ser padre", mientras los trasladaban para un reconocimiento protocolario al Hospital de Henares.
sábado, 2 de agosto de 2008
DecaMetrón (Línea 6).
Cuatro Caminos protestantes llevaron al nacimiento de Nuevos Ministerios sacerdotales en el siglo XVI, pero el Imperio Español (actual República Argentina incluida) se mantuvo fiel a la antigua religión, como una auténtica Avenida de América del catolicismo.
Uno de las más empeñados paladines de Roma en América, el alguacil don Diego, de León se disfrazaba en su afán por perseguir aquella novísima herejía, mientras que -siempre más tibio- el padre Manuel Becerra tan sólo parecía en el moderado fragor de sus sermones.
Un tal O'Donnell intentó introducir la Iglesia Anglicana por aquellas tierras, pero, al tener noticia del asunto, el arriba mencionado don Diego Sainz, de Baranda de un balcón de su casa lo quiso ahorcar, (que si no es por la oportuna intervención del Conde de Casal, virrey de turno, muertecito se habría visto aquel Pacífico inglés).
Méndez Álvaro o Álvaro Méndez, que el orden de los factores no altera el producto nominal de aquel Conde de Casal, fue mejor persona que gobernante. Patrón de las ciencias y las artes, creó una pinacoteca en Seseña y en Arganzuela, Planetario, ambas cosas antes de ser destinado a las Américas a sugerencia de un tal Legazpi, consejero real y usurero de pura Usera.
A dictado de su natural inquietud por el progreso y la cultura, lo primero que hizo don Álvaro en sus nuevos dominios fue mandar construir una gran Plaza Elíptica. Idea original y garrafal, pues, por mucho empeño que pusiera el afamado arquitecto don Fernando Opañel -célebre por su plaza hexagonal de Oporto- aquello le salió caro, feo y de simetría dudosa. Incapaz de darle a tal chapuza nombre alguno de persona, y aprovechando ser de Toledo, don Álvaro zanjó el tema bautizando al engendro como "La Carpetana", y mandó plantar en todo el centro una Laguna artificial, en vez de la clásica fuente, por ver si así se disimulaba un poco. Otro grave error.
Fue en esa misma laguna donde don Diego, tozudo olímpico, intentó ahogar con el Lucero del alba como único testigo al desdichado O'Donnell, aprovechando que era el inglés muy aficinado al paseo de amanecer. Siendo el alguacil Alto, de Extremadura y de brazos fuertes y peludos, resultó milagroso que el alfeñique anglosajón lograra zafarse y escapara corriendo rumbo a la Puerta del Ángel, sastre local y amigo suyo.
Enterado el Conde del incidente y, sabiendo al Príncipe Pío y exaltado al mismo nivel de don Diego, facturó al incomódo alguacil a la corte de Madrid al servicio del hijo del monarca. Tan buena migas hicieron príncipe y vasallo, que don Diego fue nombrado marqués de Argüelles y señor de la Moncloa, aunque él hubiera preferido la baronía de Alcalá de Henares, por tratarse de Ciudad Universitaria.
Por su parte, O'Donnell volvió a su tierra y público un ácido diario de viajes criticando a aquella colonia española, especialmente la ineptitud del Conde de Casal y sus absurdos proyectos de desarrollo Metropolitano, a lo que el noble reaccionó afirmando: "Debí darle a don Diego un puñal para matar a ese perro, como hizo Guzmán el Bueno".
Uno de las más empeñados paladines de Roma en América, el alguacil don Diego, de León se disfrazaba en su afán por perseguir aquella novísima herejía, mientras que -siempre más tibio- el padre Manuel Becerra tan sólo parecía en el moderado fragor de sus sermones.
Un tal O'Donnell intentó introducir la Iglesia Anglicana por aquellas tierras, pero, al tener noticia del asunto, el arriba mencionado don Diego Sainz, de Baranda de un balcón de su casa lo quiso ahorcar, (que si no es por la oportuna intervención del Conde de Casal, virrey de turno, muertecito se habría visto aquel Pacífico inglés).
Méndez Álvaro o Álvaro Méndez, que el orden de los factores no altera el producto nominal de aquel Conde de Casal, fue mejor persona que gobernante. Patrón de las ciencias y las artes, creó una pinacoteca en Seseña y en Arganzuela, Planetario, ambas cosas antes de ser destinado a las Américas a sugerencia de un tal Legazpi, consejero real y usurero de pura Usera.
A dictado de su natural inquietud por el progreso y la cultura, lo primero que hizo don Álvaro en sus nuevos dominios fue mandar construir una gran Plaza Elíptica. Idea original y garrafal, pues, por mucho empeño que pusiera el afamado arquitecto don Fernando Opañel -célebre por su plaza hexagonal de Oporto- aquello le salió caro, feo y de simetría dudosa. Incapaz de darle a tal chapuza nombre alguno de persona, y aprovechando ser de Toledo, don Álvaro zanjó el tema bautizando al engendro como "La Carpetana", y mandó plantar en todo el centro una Laguna artificial, en vez de la clásica fuente, por ver si así se disimulaba un poco. Otro grave error.
Fue en esa misma laguna donde don Diego, tozudo olímpico, intentó ahogar con el Lucero del alba como único testigo al desdichado O'Donnell, aprovechando que era el inglés muy aficinado al paseo de amanecer. Siendo el alguacil Alto, de Extremadura y de brazos fuertes y peludos, resultó milagroso que el alfeñique anglosajón lograra zafarse y escapara corriendo rumbo a la Puerta del Ángel, sastre local y amigo suyo.
Enterado el Conde del incidente y, sabiendo al Príncipe Pío y exaltado al mismo nivel de don Diego, facturó al incomódo alguacil a la corte de Madrid al servicio del hijo del monarca. Tan buena migas hicieron príncipe y vasallo, que don Diego fue nombrado marqués de Argüelles y señor de la Moncloa, aunque él hubiera preferido la baronía de Alcalá de Henares, por tratarse de Ciudad Universitaria.
Por su parte, O'Donnell volvió a su tierra y público un ácido diario de viajes criticando a aquella colonia española, especialmente la ineptitud del Conde de Casal y sus absurdos proyectos de desarrollo Metropolitano, a lo que el noble reaccionó afirmando: "Debí darle a don Diego un puñal para matar a ese perro, como hizo Guzmán el Bueno".
viernes, 1 de agosto de 2008
DecaMetrón (Línea 5).
Alameda de Osuna y El Capricho del destino tuvieron la culpa de que el enclenque conserje metiera sus Canillejas en el pantalón rayado de un chaqué para casarse con la presidenta de la empresa. Boda de campanillas y tenor en directo, con ceremonia en los Jerónimos y celebración en salones Torres Arias.
Diego Suanzes, que así se llamaba el buen hombre, era paleto cerrado de raza. Desde su llegada, consideró a aquella Ciudad Lineal como su Pueblo Nuevo. Llamaba a la Plaza Mayor "Quintana" y para El Carmen, por ser la fiesta más principal de su pueblo, engalanaba hortera y rancia la entrada al edificio, para orgullo propio y perplejidad ajena. Por llamar, hasta llamaba Ventas a los hoteles.
Provincianismo aparte, Diego de León en las artes amatorias tenía mucho. Su primera novia de la capital, Rosita Núñez, de Balboa (provincia de León), afirmaba que no había experiencia igual. (Excepción hecha, claro estaba, de la poesía de Rubén Darío. Rosita Núñez siempre fue una apasionada del Modernismo).
Su camarada Alonso Martínez, honrado y vivaz pero raro en el hablar, le presentó su siguiente novia a Diego. "Chueca" de "Echtocolmo", en sus propias palabras. Diego se rindió del inmediato al embriagador atractivo que las vikingas tienen en el subconsciente del español profundo. Por ser la chica muy culta, y en su afán de agradar, Diego la acompañó a un cine de La Gran Vía a ver una película de esas raras y en extranjero (que el se pasó toda la proyección Callaó por no saber qué opinar), luego a la Ópera y se aburrió aún más, y fue a la salida de un museo toledado aún peor, que Diego se dijo a sí mismo: "No hay hembra como La Latina" y allí mismo, en una Puerta de Toledo, la abandonó. (No sin antes indicarle el camino de vuelta a la estación de autobuses, que lo cortés no quita lo valiente ni lo donoso).
Pero me estoy desviando del objeto de mi relato. Volviendo al principio, sepa usted que fue bajo unas Acacias de la Alameda de Osuna (ya sé que suena raro, pero más raro sería que hubiera Pirámides en tal lugar), y durante un paraba del autocar que llevaba a toda la empresa de excursión a la finca del Marqués de Vadillo (íntimo de la presidenta), que Diego se puso a orinar. Debería haberlo hecho en los lavabos de la gasolinera, pero había mucha cola y como dijo el propio Diego: "Me Urgel mear mucho, debe ser de tanto Oporto que me bebí".
Y creyendo Diego estar sólo en su labor, decidió miccionar en postura lejana y olímpica, por lucimiento de facultades y propia diversión, y quiso el capricho del destino que pasara la presidenta por el lugar y se le hizo la Vista Alegre de lo que vio, que si el mucho tener delito fuera, en Carabanchel preso Diego se habría visto.
Y Eugenia de Montijo, que así se llamaba la presidenta, se juró allá y entonces que aquel hombre y lo suyo, suyos serían. Y a la lucha y al lucho y al Aluche allí mismo se lanzó, cazando desprevenido al pobre Diego, aunque no se tardó él en prevenir. Y de ese mismo Empalme, encinta doña Eugenia se quedó. Y por mantener las formas, no quedaba otra salida que la puerta de la iglesia y el altar.
Y así fue como Diego cambió una casucha en un barrio que más parecía un Campamento por un espacioso piso en el centro, un chalet en la playa y en la sierra, su Casa de Campo.
Diego Suanzes, que así se llamaba el buen hombre, era paleto cerrado de raza. Desde su llegada, consideró a aquella Ciudad Lineal como su Pueblo Nuevo. Llamaba a la Plaza Mayor "Quintana" y para El Carmen, por ser la fiesta más principal de su pueblo, engalanaba hortera y rancia la entrada al edificio, para orgullo propio y perplejidad ajena. Por llamar, hasta llamaba Ventas a los hoteles.
Provincianismo aparte, Diego de León en las artes amatorias tenía mucho. Su primera novia de la capital, Rosita Núñez, de Balboa (provincia de León), afirmaba que no había experiencia igual. (Excepción hecha, claro estaba, de la poesía de Rubén Darío. Rosita Núñez siempre fue una apasionada del Modernismo).
Su camarada Alonso Martínez, honrado y vivaz pero raro en el hablar, le presentó su siguiente novia a Diego. "Chueca" de "Echtocolmo", en sus propias palabras. Diego se rindió del inmediato al embriagador atractivo que las vikingas tienen en el subconsciente del español profundo. Por ser la chica muy culta, y en su afán de agradar, Diego la acompañó a un cine de La Gran Vía a ver una película de esas raras y en extranjero (que el se pasó toda la proyección Callaó por no saber qué opinar), luego a la Ópera y se aburrió aún más, y fue a la salida de un museo toledado aún peor, que Diego se dijo a sí mismo: "No hay hembra como La Latina" y allí mismo, en una Puerta de Toledo, la abandonó. (No sin antes indicarle el camino de vuelta a la estación de autobuses, que lo cortés no quita lo valiente ni lo donoso).
Pero me estoy desviando del objeto de mi relato. Volviendo al principio, sepa usted que fue bajo unas Acacias de la Alameda de Osuna (ya sé que suena raro, pero más raro sería que hubiera Pirámides en tal lugar), y durante un paraba del autocar que llevaba a toda la empresa de excursión a la finca del Marqués de Vadillo (íntimo de la presidenta), que Diego se puso a orinar. Debería haberlo hecho en los lavabos de la gasolinera, pero había mucha cola y como dijo el propio Diego: "Me Urgel mear mucho, debe ser de tanto Oporto que me bebí".
Y creyendo Diego estar sólo en su labor, decidió miccionar en postura lejana y olímpica, por lucimiento de facultades y propia diversión, y quiso el capricho del destino que pasara la presidenta por el lugar y se le hizo la Vista Alegre de lo que vio, que si el mucho tener delito fuera, en Carabanchel preso Diego se habría visto.
Y Eugenia de Montijo, que así se llamaba la presidenta, se juró allá y entonces que aquel hombre y lo suyo, suyos serían. Y a la lucha y al lucho y al Aluche allí mismo se lanzó, cazando desprevenido al pobre Diego, aunque no se tardó él en prevenir. Y de ese mismo Empalme, encinta doña Eugenia se quedó. Y por mantener las formas, no quedaba otra salida que la puerta de la iglesia y el altar.
Y así fue como Diego cambió una casucha en un barrio que más parecía un Campamento por un espacioso piso en el centro, un chalet en la playa y en la sierra, su Casa de Campo.
miércoles, 30 de julio de 2008
DecaMetrón (Línea 4).
"Pinar de Chamartín", "Señorío de Rivas" o "Coto del Marqués" eran nombres lógicos para una urbanización. "Edén de Manoteras", ¿de quién habría sido la feliz idea? Seguro que del insensato de Hortaleza, uno de sus socios en aquella constructora al filo de la quiebra.
Pasear sin rumbo fijo por el Parque de Santa María en las tardes soleadas solía traerle buenas ideas a la mente, pero aquel día ni los rayos del generoso San Lorenzo parecían inspirarle. Giró sobre sus talones en silencio hacia la razón de su desgracia, con la absurda esperanza de aquel Mar de Cristal se hubiera esfumado de golpe. Inútil, ahí seguían todas los dichosos ventanales de los dichosos pisos sin vender de la dichosa urbanización "Edén de Manoteras". Le temblaron las Canillas, una vez más. No había Esperanza, sólo ruina.
"¿Por qué te fuiste, Arturo? Soria era y es tu sitio natural, tu hogar, tu Avenida de la Paz. Pero, no, tenías que ganar más dinero en la capital. Gilipollas". Llevaba semanas torturándose con esta absurda y machacona reflexión. Aunque lo que peor llevaba era la humillación que suponía vender las mantequerías que su abuelo fundara en tiempos de Alfonso XIII. Soria es un sitio pequeño y hay gente con muy poca caridad y muchas ganas de guasa.
"¿Dónde se han ido los tiempos de Prosperidad? Yo, que cogía un descampado y lo enladrillaba enterito hasta que parecía cualquier Avenida de América. Yo, que vendía los pisos como churros, que hasta tres de una tacada de le coloqué a un tal Diego de León. Gregoria, mi mujer, esa si que fue Lista. Trincó la pasta cuando había y se largó con un vividor serbocroata. La Goya siempre fue mucha Goya. Hasta el cuadro de Velázquez que teníamos en el comedor se me llevó". Así se seguía martirizando sentando en un banco del parque, al tiempo que degustaba un bocata de jamón serrano. Serrano, él que había dado fiestas con corte simultáneo de hasta diez piezas de pata negra.
"¿Cómo será la cola del paro? ¡Un Colón debe ser, según están las cosas! Lo mejor será dejarle el pufo a Alonso, Martínez y el botarate de Hortaleza y darse a la fuga. Sólo yo se lo del pisito de Bilbao, allí jamás me encontrarán. Una nueva vida, una nueva identidad...Quizás hasta me compre un San Bernardo, siempre quise tener un chucho de esos pero la Goya se negaba en rotundo". El hilo reflexivo de nuestro amigo Arturo fue bruscamente interrumpido por dos policías de paisano.
"Jamás debí asociarme con ese imbécil de Hortaleza. Alguien que no comprende que no conviene dejar pruebas escritas de los sobornos no es buen compañero de negocios", pensaba mientras lo enviaban certificado en un coche policial a la comisaría de Argüelles.
Pasear sin rumbo fijo por el Parque de Santa María en las tardes soleadas solía traerle buenas ideas a la mente, pero aquel día ni los rayos del generoso San Lorenzo parecían inspirarle. Giró sobre sus talones en silencio hacia la razón de su desgracia, con la absurda esperanza de aquel Mar de Cristal se hubiera esfumado de golpe. Inútil, ahí seguían todas los dichosos ventanales de los dichosos pisos sin vender de la dichosa urbanización "Edén de Manoteras". Le temblaron las Canillas, una vez más. No había Esperanza, sólo ruina.
"¿Por qué te fuiste, Arturo? Soria era y es tu sitio natural, tu hogar, tu Avenida de la Paz. Pero, no, tenías que ganar más dinero en la capital. Gilipollas". Llevaba semanas torturándose con esta absurda y machacona reflexión. Aunque lo que peor llevaba era la humillación que suponía vender las mantequerías que su abuelo fundara en tiempos de Alfonso XIII. Soria es un sitio pequeño y hay gente con muy poca caridad y muchas ganas de guasa.
"¿Dónde se han ido los tiempos de Prosperidad? Yo, que cogía un descampado y lo enladrillaba enterito hasta que parecía cualquier Avenida de América. Yo, que vendía los pisos como churros, que hasta tres de una tacada de le coloqué a un tal Diego de León. Gregoria, mi mujer, esa si que fue Lista. Trincó la pasta cuando había y se largó con un vividor serbocroata. La Goya siempre fue mucha Goya. Hasta el cuadro de Velázquez que teníamos en el comedor se me llevó". Así se seguía martirizando sentando en un banco del parque, al tiempo que degustaba un bocata de jamón serrano. Serrano, él que había dado fiestas con corte simultáneo de hasta diez piezas de pata negra.
"¿Cómo será la cola del paro? ¡Un Colón debe ser, según están las cosas! Lo mejor será dejarle el pufo a Alonso, Martínez y el botarate de Hortaleza y darse a la fuga. Sólo yo se lo del pisito de Bilbao, allí jamás me encontrarán. Una nueva vida, una nueva identidad...Quizás hasta me compre un San Bernardo, siempre quise tener un chucho de esos pero la Goya se negaba en rotundo". El hilo reflexivo de nuestro amigo Arturo fue bruscamente interrumpido por dos policías de paisano.
"Jamás debí asociarme con ese imbécil de Hortaleza. Alguien que no comprende que no conviene dejar pruebas escritas de los sobornos no es buen compañero de negocios", pensaba mientras lo enviaban certificado en un coche policial a la comisaría de Argüelles.
martes, 29 de julio de 2008
DecaMetrón (Línea 3).
Villaverde, Alto lo que se dice alto no era. Para ser sinceros, tenía más planta de taxista de la vieja escuela (de esos que jamás traicionarían a su San Cristóbal por un GPS) que de jugador de baloncesto.
"¿Cómo es posible que Villaverde, Bajo, Cruce el charco atlántico con destino a la Ciudad de los Ángeles para fichar por la NBA?", se preguntó escandalizada una prestigiosa pluma de la prensa deportiva de café-bar.
Igualmente perplejos se quedaron los directivos del club de procedencia, pero habiendo tantos dólares por medio, se tragaron la sorpresa y se limitaron a tributarle el emotivo homenaje de rigor en su último partido en España: un club baloncesto San Fermín-Orcasur motor basket.
A su llegado a Estados Unidos, Villaverde se vio preso de una apretadísima agenda: reconocimiento médico en Hospital-12 de Octubre, presentación a la prensa-13 de Octubre...
"Ha cambiado los Almendrales de su pueblo por las palmeras de California", fue el agudo y aguado comentario del endiosado periodista Matías Legazpi, cuya masculina planta y modulada voz llevaban lustros haciendo las Delicias del ama de casa española.
Contra lo que tantos tontos pronosticaron, Villaverde resistió con admirable entereza los Palos de la Frontera entre el baloncesto europeo y norteamericano, y se convirtió en otro más de la selecta corte de Embajadores del deporte español. Su retorno a España, terminada la exitosa temporada, fue una ristra de homenajes (con improvisado Lavapiés incluido en un de ellos).
Villaverde era un nuevo dios Sol de baloncesto, aunque en privado confesaba que su mayor alegría era "haber Callaó la boca a todos esos que decían que iba a fracasar". En efecto, las voces oscuras y agoreras del pasado ahora se le abrazaban chorreando alabanzas en cualquier Plaza de España. Por Ventura, Rodriguez Losada -puntiagudo analista radiofónico- fue el caso de mayor escándalo, pues de afirmar incorrecto: "Yo arguyo y tú Argüelles que este no dura ni una semana en la NBA" pasó a exigir, voz en grito al micrófono, que Villaverde ocupara la presidencia de la nación en el mismísimo palacio de la Moncloa.
"¿Cómo es posible que Villaverde, Bajo, Cruce el charco atlántico con destino a la Ciudad de los Ángeles para fichar por la NBA?", se preguntó escandalizada una prestigiosa pluma de la prensa deportiva de café-bar.
Igualmente perplejos se quedaron los directivos del club de procedencia, pero habiendo tantos dólares por medio, se tragaron la sorpresa y se limitaron a tributarle el emotivo homenaje de rigor en su último partido en España: un club baloncesto San Fermín-Orcasur motor basket.
A su llegado a Estados Unidos, Villaverde se vio preso de una apretadísima agenda: reconocimiento médico en Hospital-12 de Octubre, presentación a la prensa-13 de Octubre...
"Ha cambiado los Almendrales de su pueblo por las palmeras de California", fue el agudo y aguado comentario del endiosado periodista Matías Legazpi, cuya masculina planta y modulada voz llevaban lustros haciendo las Delicias del ama de casa española.
Contra lo que tantos tontos pronosticaron, Villaverde resistió con admirable entereza los Palos de la Frontera entre el baloncesto europeo y norteamericano, y se convirtió en otro más de la selecta corte de Embajadores del deporte español. Su retorno a España, terminada la exitosa temporada, fue una ristra de homenajes (con improvisado Lavapiés incluido en un de ellos).
Villaverde era un nuevo dios Sol de baloncesto, aunque en privado confesaba que su mayor alegría era "haber Callaó la boca a todos esos que decían que iba a fracasar". En efecto, las voces oscuras y agoreras del pasado ahora se le abrazaban chorreando alabanzas en cualquier Plaza de España. Por Ventura, Rodriguez Losada -puntiagudo analista radiofónico- fue el caso de mayor escándalo, pues de afirmar incorrecto: "Yo arguyo y tú Argüelles que este no dura ni una semana en la NBA" pasó a exigir, voz en grito al micrófono, que Villaverde ocupara la presidencia de la nación en el mismísimo palacio de la Moncloa.
lunes, 28 de julio de 2008
DecaMetrón (Línea 2).
Cuatro Caminos hay en la vida, en dos parejas de a dos: militar o civil, religioso o seglar.
El Canal televisivo de los conservadores alaba más a los primeros, mientras que el de las progresistas, ese de los aprendices de Quevedo, se decanta por los segundos.
Los conservadores tienen por perro a un San Bernardo, los progresistas a un pequinés.
Los conservadores tienen por escuela un Noviciado, los progresistas buscan el vicio por otro lado.
Los conservadores veranean en jaulas de oro y pulsera en Santo Domingo, los progresistas en Cuba (y afirmán rotundos que la gente no vive tan mal).
Los conservadores van a la Ópera y simulan disfrutar, los progresistas simulan disfrutar del CD pirata.
Los conservadores se saben la letra del "Cara al Sol", pero sostienen que jamás lo cantaron; los progresistas cantan "La Internacional", aunque no se saben la letra.
Los conservadores tienen un primo con finca en Sevilla, los progresistas tienen un primo sin más.
Los conservadores son seleccionados por el Banco de España, los progresistas no pasan de jugar con el Santander o el Bilbao.
Los conservadores tienen un Retiro dorado, los progresistas tienen un banco en un parque chiquito.
Los conservadores cenan en casa del Príncipe de Vergara, los progresistas almuerzan con su tía Goya.
Los conservadores van a las capeas de don Manuel (Becerra va, vaquilla viene), los progresistas respetan mucho a los animales que no se comen.
Los conservadores tienen una empresa con un jefe de Ventas, los progresistas tienen un reunión sindical en un bar de La Elipa.
El Canal televisivo de los conservadores alaba más a los primeros, mientras que el de las progresistas, ese de los aprendices de Quevedo, se decanta por los segundos.
Los conservadores tienen por perro a un San Bernardo, los progresistas a un pequinés.
Los conservadores tienen por escuela un Noviciado, los progresistas buscan el vicio por otro lado.
Los conservadores veranean en jaulas de oro y pulsera en Santo Domingo, los progresistas en Cuba (y afirmán rotundos que la gente no vive tan mal).
Los conservadores van a la Ópera y simulan disfrutar, los progresistas simulan disfrutar del CD pirata.
Los conservadores se saben la letra del "Cara al Sol", pero sostienen que jamás lo cantaron; los progresistas cantan "La Internacional", aunque no se saben la letra.
Los conservadores tienen un primo con finca en Sevilla, los progresistas tienen un primo sin más.
Los conservadores son seleccionados por el Banco de España, los progresistas no pasan de jugar con el Santander o el Bilbao.
Los conservadores tienen un Retiro dorado, los progresistas tienen un banco en un parque chiquito.
Los conservadores cenan en casa del Príncipe de Vergara, los progresistas almuerzan con su tía Goya.
Los conservadores van a las capeas de don Manuel (Becerra va, vaquilla viene), los progresistas respetan mucho a los animales que no se comen.
Los conservadores tienen una empresa con un jefe de Ventas, los progresistas tienen un reunión sindical en un bar de La Elipa.
DecaMetrón (Línea 1).
Pinar de Chamartín, no parecía el mejor sitio donde encontrar Bambú para aquel bicho. Salvador Montoya, bigote azabache, camisa abierta y sombrero, con un oso panda de la mano por Chamartín. Mal negocio. Él era más de trompeta, escalera y cabra en una Plaza de Castilla.
-¡Válgame Dios!, "Salvaor", ¿qué es eso que "trae"?
-¡Ni válgame Dios ni Valdeacederas, Carmela! Que el moro ese de Tetuán que me debía un dinero "m'apago" con el "animá" este.
-¡Pero que Estrecho de entendederas "ere"! ¿"'onde" vamos nosotros con esto?
-Se lo voy a "ofrehé" a don Alvarado, que seguro que se le encapricha pa' su "chalete".
Don Álvaro Luztacua Olvitxea tenía en su finca guipuzcoana Cuatro Caminos que comunicaban dos Ríos con un jardín de Rosas en medio, la casa señorial y una Iglesia en mitad de un arenal que más era una capilla, y cuyo principal mérito era custodiar un retablito policromado traído desde Bilbao por el abuelo materno de don Álvaro, el insigne y muy pío juez Olvitxea Aguirre. Por su Tribunal habían pasado los más respetables criminales de la década de los veinte. Lo que nunca había pasado era un oso panda como el que su nieto le acababa de comprar a un calé. "¡La Gran "Vía" se va a pegar el animal en ese "chalés" de usté".
Doña Sol Tirso de Molina había sido novia de un tal Antón Martín antes de casarse con don Álvaro. Se habían conocido viendo un Real Sociedad-Rayo Vallecano en el antiguo estadio de Atocha. Después del partido, él la acompañó a la estación de la Renfe y, mientras comentaban que la pareja de centrales Menéndez-Pelayo debía ser la mejor de todo el campeonato de liga, surgió el amor. Tras un Pacífico noviazgo (que ya es raro) se casaron en la parroquia de ella, adyacente a un Puente de Vallecas.
A doña Sol no le hizo nada de gracia la llegada del osito. Como si de una Nueva Numancia se tratara, cerró de un portazo (tan alterada estaba, que dijo "Portazgo")la puerta de la casa y allí se atrincheró, jurando que no saldría mientras el animal siguiera suelto disfrutando de los Buenos Aires de su finca, pegándose escandalosos chapuzones en los dos ríos (indistintamente), zampándose sus rosas a falta de bambú y arañando con sus zarpas el portón de madera de la capilla.
Desde un Alto del Arenal, el oso panda contempla al guardés de la finca, un extremeño de nombre Miguel Hernández, criado en la Sierra de Guadalupe y que se hizo amigo de un hermano de doña Sol en la Villa de Vallecas. Ha recibido órdenes concretas a través del invisible hilo telefónico móvil:
-Miguel, quiero que te cargues al bicho panda ese.
-"Congosto" lo haré, doña Sol.
Agazapado en La Gavia más meridional de la finca, Miguel Hernández apunta cuidadoso su escopeta, sin saber que no hay fortunas mayores que Las Suertes de los osos panda. Pues en el mismo instante en que se dispone a abrir fuego de perdigón, una patrulla del SEPRONA le ordena que deponga la escopeta y se lleva al oso panda para devolvérselo a su legítimo dueño: el poco conocido zoo de Valdecarros.
-¡Válgame Dios!, "Salvaor", ¿qué es eso que "trae"?
-¡Ni válgame Dios ni Valdeacederas, Carmela! Que el moro ese de Tetuán que me debía un dinero "m'apago" con el "animá" este.
-¡Pero que Estrecho de entendederas "ere"! ¿"'onde" vamos nosotros con esto?
-Se lo voy a "ofrehé" a don Alvarado, que seguro que se le encapricha pa' su "chalete".
Don Álvaro Luztacua Olvitxea tenía en su finca guipuzcoana Cuatro Caminos que comunicaban dos Ríos con un jardín de Rosas en medio, la casa señorial y una Iglesia en mitad de un arenal que más era una capilla, y cuyo principal mérito era custodiar un retablito policromado traído desde Bilbao por el abuelo materno de don Álvaro, el insigne y muy pío juez Olvitxea Aguirre. Por su Tribunal habían pasado los más respetables criminales de la década de los veinte. Lo que nunca había pasado era un oso panda como el que su nieto le acababa de comprar a un calé. "¡La Gran "Vía" se va a pegar el animal en ese "chalés" de usté".
Doña Sol Tirso de Molina había sido novia de un tal Antón Martín antes de casarse con don Álvaro. Se habían conocido viendo un Real Sociedad-Rayo Vallecano en el antiguo estadio de Atocha. Después del partido, él la acompañó a la estación de la Renfe y, mientras comentaban que la pareja de centrales Menéndez-Pelayo debía ser la mejor de todo el campeonato de liga, surgió el amor. Tras un Pacífico noviazgo (que ya es raro) se casaron en la parroquia de ella, adyacente a un Puente de Vallecas.
A doña Sol no le hizo nada de gracia la llegada del osito. Como si de una Nueva Numancia se tratara, cerró de un portazo (tan alterada estaba, que dijo "Portazgo")la puerta de la casa y allí se atrincheró, jurando que no saldría mientras el animal siguiera suelto disfrutando de los Buenos Aires de su finca, pegándose escandalosos chapuzones en los dos ríos (indistintamente), zampándose sus rosas a falta de bambú y arañando con sus zarpas el portón de madera de la capilla.
Desde un Alto del Arenal, el oso panda contempla al guardés de la finca, un extremeño de nombre Miguel Hernández, criado en la Sierra de Guadalupe y que se hizo amigo de un hermano de doña Sol en la Villa de Vallecas. Ha recibido órdenes concretas a través del invisible hilo telefónico móvil:
-Miguel, quiero que te cargues al bicho panda ese.
-"Congosto" lo haré, doña Sol.
Agazapado en La Gavia más meridional de la finca, Miguel Hernández apunta cuidadoso su escopeta, sin saber que no hay fortunas mayores que Las Suertes de los osos panda. Pues en el mismo instante en que se dispone a abrir fuego de perdigón, una patrulla del SEPRONA le ordena que deponga la escopeta y se lleva al oso panda para devolvérselo a su legítimo dueño: el poco conocido zoo de Valdecarros.
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