Era tan sólo cuestión de tiempo, ellos mismos lo sabían bien: los acabaron pillando.
Pudieron pagar los mejores abogados que el dinero puede comprar, pero la Sociedad estaba tan escandalizada con tanta sangre derramada, que quería un poco más.
Que los fusilaran a todos juntos. Esa fue su última voluntad, y eso nunca se le niega a un condenado a muerte (tanto más a un grupo).
Minutos antes del amanecer fatal, pidieron poder tener unos segundos de -cierta- intimidad. Oficialmente, para poder despedirse.
-¡Apuesto a que voy a ser el último en morir!
Todos asintieron.
-Es un buena apuesta.
-Muy buena.
-La mejor de todas.
-¡Qué coño, es la apuesta definitiva! ¡El que gane ésta, el último en palmar, vencedor supremo!
-Amo del Círculo.
Todos asintieron de nuevo.
-Señores, es la hora -asomó circunspecta la cabeza de un funcionario por la puerta.
* * *
No quiso que le vendaran, como el resto. Con los ojos tapados, no se podía comprobar el resultado de la última apuesta.
La descarga de fusilería no había sido tan dura como se la había imaginado. Resultaba evidente que no le había alcanzado en la cabeza, y, suponía, tampoco en el corazón. ¿Adónde demonios habían apuntado esos imbéciles? Le había dado dos balas -o eso pensaba él-. Se le estaba empezando a nublar la vista, le fallaban las piernas. ..¡Se estaba desangrando como un cerdo!
Respiró con dificultad, boca arriba, moribundo. ¿Qué era eso, junto a su oreja? ¿Una bota? ¡Una bota! Capitán, cumpla con su penoso deber. No había tiempo que perder, con su último aliento, giró la cabeza. Ahí estaba el resto de miembros del Círculo, tirados en el suelo como él. Sin duda, muertos. ¡Había ganado! Sonrió satisfecho, su último impulso voluntario de vida.
¡¡¡¡Pum!!!
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sábado, 23 de noviembre de 2013
domingo, 28 de abril de 2013
El Muy Cruel Círculo de los Apostadores Morbosos: Un Gallo Era Grande, pero el Otro Era Valiente.
-¡No fastidies, si ese tío es un enclenque....y además está cojo!
-No he encontrado nada mejor, y, de todos modos, me han dicho los que estaban con él que tiene unos huevos increíbles.
-En fin, ya se verá.
En efecto, el tipo ya había cumplido los 50 y no debía de medir más de un metro y sesenta centímetros de alto, su cuerpo tenía tatuadas por todas partes las marcas de comer poco y mal, y, para postre, cojeaba mucho de la pierna derecha. Pero, precisamente porque con tan poco había sobrevivido a la calle tanto tiempo, luchaba con una fiereza y un vigor absolutamente dignos de admiración. Era lo que se dice un auténtico tigre de barba blanca.
Lástima que el otro tuviera veinte años menos y veinte kilos más. Y, para colmo, que no cojeara.
-¡Joder, me ha costado! -reconoció el vencedor, mientras se limpiaba la sangre de los más graves de los muchos cortes que el otro le había ocasionado con la botella rota.
-Sí, la verdad es que dan ganas de hacerle un entierro con honores militares, en vez de pegarle fuego y tirar las cenizas a un vertedero de basura, que es lo que vamos a hacer.
El vencedor se carcajeó. Era feliz. Se habia ganado un buen montón de pasta.
-Bueno, ¿y mi dinero?
Pum, pum, pum.
Tres tiros. Por la espalda, para ser fieles al espíritu del Círculo. Tres tiros en la cabeza, que no conviene correr riesgos cuando uno tiene este tipo de pasatiempos. Ese fue el premio para el vencedor.
En curiosa y poética ironía, vencedor y vencido ardieron en la misma hoguera y fueron a parar al mismo montón de basura.
Parece mentira que un tío que sobrevive en la calle sea tan tonto como para creerse que la gentuza va a consentir que haya testigos de sus crímenes.
-No he encontrado nada mejor, y, de todos modos, me han dicho los que estaban con él que tiene unos huevos increíbles.
-En fin, ya se verá.
En efecto, el tipo ya había cumplido los 50 y no debía de medir más de un metro y sesenta centímetros de alto, su cuerpo tenía tatuadas por todas partes las marcas de comer poco y mal, y, para postre, cojeaba mucho de la pierna derecha. Pero, precisamente porque con tan poco había sobrevivido a la calle tanto tiempo, luchaba con una fiereza y un vigor absolutamente dignos de admiración. Era lo que se dice un auténtico tigre de barba blanca.
Lástima que el otro tuviera veinte años menos y veinte kilos más. Y, para colmo, que no cojeara.
-¡Joder, me ha costado! -reconoció el vencedor, mientras se limpiaba la sangre de los más graves de los muchos cortes que el otro le había ocasionado con la botella rota.
-Sí, la verdad es que dan ganas de hacerle un entierro con honores militares, en vez de pegarle fuego y tirar las cenizas a un vertedero de basura, que es lo que vamos a hacer.
El vencedor se carcajeó. Era feliz. Se habia ganado un buen montón de pasta.
-Bueno, ¿y mi dinero?
Pum, pum, pum.
Tres tiros. Por la espalda, para ser fieles al espíritu del Círculo. Tres tiros en la cabeza, que no conviene correr riesgos cuando uno tiene este tipo de pasatiempos. Ese fue el premio para el vencedor.
En curiosa y poética ironía, vencedor y vencido ardieron en la misma hoguera y fueron a parar al mismo montón de basura.
Parece mentira que un tío que sobrevive en la calle sea tan tonto como para creerse que la gentuza va a consentir que haya testigos de sus crímenes.
sábado, 27 de abril de 2013
El Muy Cruel Círculo de los Apostadores Morbosos: Sentimentalismo.
-¡Qué tío el bebé!
-¡Ya te dije yo que tenía pinta de ser ruso, y esos aguantan el alcohol como bestias por genética!
En efecto, el infeliz bebito había ingerido mucho más vodka del previsto antes de caer inconsciente.
-¿Qué hacemos con él?
-¿Qué quieres que hagamos? ¡Si te parece, le llevamos a urgencias! Anda, pégale el tiro tú mismo, que yo mientras voy cavando un hoyo bien profundo en el jardín.
-¿No le enterramos vivo?
-Nah, debe de ser que me hago mayor. ¡Me entoy volviendo un sentimental!
-Entonces...Le disparo en la cabeza, ¿no?
-¡Pues claro, estúpido! ¿O acaso te crees que un bebé no es como una persona normal! ¡Y a bocajarro, para que no sufra en pobrecito!
Los miembros del Círculo, como se ve, son serios candidatos a la persona más cruel, canalla y despiadada sobre la faz de la tierra.
-Oye, ya que nos estamos poniendo blandengues, ¿por qué no montamos una pelea entre dos indigentes? ¡Con botellas rotas, como en los viejos tiempos!
-¡Buena idea!
Esos fueron los inicios de Círculo: coger a dos personas pobres de solemnidad y ofrecerle una muy sustanciosa cifra de dinero al vencedor de un combate a muerte entre ellos. No hay problema para encontrar voluntarios. Al fin y al cabo, siempre ganas: si vences, tendrás para salir de la calle. Si pierdes, te irás de este cochino mundo. También hay variante de lucha con perros -u otros animales-, pero esa les resulta menos divertida a los integrantes de Círculo.
-¡Ya te dije yo que tenía pinta de ser ruso, y esos aguantan el alcohol como bestias por genética!
En efecto, el infeliz bebito había ingerido mucho más vodka del previsto antes de caer inconsciente.
-¿Qué hacemos con él?
-¿Qué quieres que hagamos? ¡Si te parece, le llevamos a urgencias! Anda, pégale el tiro tú mismo, que yo mientras voy cavando un hoyo bien profundo en el jardín.
-¿No le enterramos vivo?
-Nah, debe de ser que me hago mayor. ¡Me entoy volviendo un sentimental!
-Entonces...Le disparo en la cabeza, ¿no?
-¡Pues claro, estúpido! ¿O acaso te crees que un bebé no es como una persona normal! ¡Y a bocajarro, para que no sufra en pobrecito!
Los miembros del Círculo, como se ve, son serios candidatos a la persona más cruel, canalla y despiadada sobre la faz de la tierra.
-Oye, ya que nos estamos poniendo blandengues, ¿por qué no montamos una pelea entre dos indigentes? ¡Con botellas rotas, como en los viejos tiempos!
-¡Buena idea!
Esos fueron los inicios de Círculo: coger a dos personas pobres de solemnidad y ofrecerle una muy sustanciosa cifra de dinero al vencedor de un combate a muerte entre ellos. No hay problema para encontrar voluntarios. Al fin y al cabo, siempre ganas: si vences, tendrás para salir de la calle. Si pierdes, te irás de este cochino mundo. También hay variante de lucha con perros -u otros animales-, pero esa les resulta menos divertida a los integrantes de Círculo.
viernes, 26 de abril de 2013
El Muy Cruel Círculo de los Apostadores Morbosos: El Bebé.
O la gente estaba más desesperada de lo que cualquiera pudiera imaginar, o eran canallas hasta un punto inconcebible. Pero el caso es que la apuesta de los bebés duró poco: a las primeras de cambio ya había dos padres interesados en el negocio. Se hizo efectivo con el que primero llamó y, como un trato es un trato, aquel Círculo se quedó con el niño.
Y, ya que tenían un bebé, algo habría que hacer con él, ¿no?
Pero algo rápido, que esas criaturas lloran mucho y cuesta dinero mantenerlas.
-¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si metieras a un bebé en un microondas?
El resto de los miembros del Círculo giraron la vista hacía el autor de la idea.
-¿Tú estás imbécil o qué? ¡Ese bebé no entra en un microondas!
-Tienes razon.
-Pero la verdad es que me pica la curiosidad. La idea queda anotada.
Todos sonrieron satisfechos.
-Entonces, ¿qué hacemos?
-¿Se podrá emborrachar a un bebé?
-Supongo...Lo que no sé es cuánto alcohol hará falta.
-¡Vamos a dejarnos de tonterías, que esa apuesta es de asociación benéfica! ¡Apostemos a cuánto hace falta para que entre en coma etílico!
-¿Ginebra?
-Mejor vodka, que tan rubito tiene pinta de ruso.
-¡Nos hará falta un biberón!
-¡Exacto, que además vienen graduados y así podemos ver facilmente quién gana la apuesta!
-¿Tenemos?
-¿Y para qué ibamos nosotros a tener de eso! ¡Habrá qué comprar uno! Vodka, en cambio, de sobra.
-¡Pues, venga, bajo a la farmacia y nos ponemos en marcha!
Y, ya que tenían un bebé, algo habría que hacer con él, ¿no?
Pero algo rápido, que esas criaturas lloran mucho y cuesta dinero mantenerlas.
-¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si metieras a un bebé en un microondas?
El resto de los miembros del Círculo giraron la vista hacía el autor de la idea.
-¿Tú estás imbécil o qué? ¡Ese bebé no entra en un microondas!
-Tienes razon.
-Pero la verdad es que me pica la curiosidad. La idea queda anotada.
Todos sonrieron satisfechos.
-Entonces, ¿qué hacemos?
-¿Se podrá emborrachar a un bebé?
-Supongo...Lo que no sé es cuánto alcohol hará falta.
-¡Vamos a dejarnos de tonterías, que esa apuesta es de asociación benéfica! ¡Apostemos a cuánto hace falta para que entre en coma etílico!
-¿Ginebra?
-Mejor vodka, que tan rubito tiene pinta de ruso.
-¡Nos hará falta un biberón!
-¡Exacto, que además vienen graduados y así podemos ver facilmente quién gana la apuesta!
-¿Tenemos?
-¿Y para qué ibamos nosotros a tener de eso! ¡Habrá qué comprar uno! Vodka, en cambio, de sobra.
-¡Pues, venga, bajo a la farmacia y nos ponemos en marcha!
jueves, 31 de enero de 2013
El Muy Cruel Círculo de los Apostadores Morbosos: La Subasta Salomónica.
El vencedor sonrió con la superioridad chulesca y satisfecha del que apuesta por sentirse por encima y humillar al contrincante, y no por el dinero. "Se lo dije, señores, esta gente está acostumbrada a comer poco -de lo que sea- y mantener siempre la esperanza de que algo surgirá para salvarlos". Sin entrar en detalles en extremo desagradables y morbosos, quede constancia de que aquella indigente murió de hambre, pero no sin pelear hasta el último momento: administrándose admirablemente el agua y sabiendo alimentarse de absolutamente todo aquello a su alcance.
Enterrado el cuerpo al pie de la fatídica torre, los integrantes del Círculo se pusieron en marcha para ejecutar su siguiente apuesta.
De nuevo, su víctima eran los más humildes y necesitados, aunque esta vez de un modo distinto.
Cinco familias habían recibido un misterioso sobre, que incluía una carta y un respetable fajo de billetes. El texto era para proponer un trato y el dinero era para demostrar que aquello iba muy en serio (y, también, un seguro de vida).
En esencia, a las cinco familias, todas con extremas dificultades económicas y un buen puñado de hijos, todas con un bebé de pocos meses, se les ofrecia una sustanciosa cantidad por ese pequeño retoño. La cantidad aumentaría en mil cada semana que pasara, hasta que algunos padres hicieran efectivo el trato. Entonces, a las otras cuatro se les comunicaría de modo urgente que la oferta había terminado.
Como quedo dicho, los billetes entregados con el sobre garantizaban que ninguna de esas familias iría a la policía, pues tal cosa los forzaría a devolver la cantidad y renunciar a un dinero que venía muy bien y que no los comprometía a nada.
La apuesta era, pues, la cifra por la que alguno de esos padres presa de la desesperación más angustiosa venderían a un hijo a cambio del dinero que sacaría de problemas al resto de la familia.
Ahora, sólo quedaba esperar la llamada telefónica y averiguar -de nuevo- quién era el vencedor.
Enterrado el cuerpo al pie de la fatídica torre, los integrantes del Círculo se pusieron en marcha para ejecutar su siguiente apuesta.
De nuevo, su víctima eran los más humildes y necesitados, aunque esta vez de un modo distinto.
Cinco familias habían recibido un misterioso sobre, que incluía una carta y un respetable fajo de billetes. El texto era para proponer un trato y el dinero era para demostrar que aquello iba muy en serio (y, también, un seguro de vida).
En esencia, a las cinco familias, todas con extremas dificultades económicas y un buen puñado de hijos, todas con un bebé de pocos meses, se les ofrecia una sustanciosa cantidad por ese pequeño retoño. La cantidad aumentaría en mil cada semana que pasara, hasta que algunos padres hicieran efectivo el trato. Entonces, a las otras cuatro se les comunicaría de modo urgente que la oferta había terminado.
Como quedo dicho, los billetes entregados con el sobre garantizaban que ninguna de esas familias iría a la policía, pues tal cosa los forzaría a devolver la cantidad y renunciar a un dinero que venía muy bien y que no los comprometía a nada.
La apuesta era, pues, la cifra por la que alguno de esos padres presa de la desesperación más angustiosa venderían a un hijo a cambio del dinero que sacaría de problemas al resto de la familia.
Ahora, sólo quedaba esperar la llamada telefónica y averiguar -de nuevo- quién era el vencedor.
jueves, 29 de noviembre de 2012
El Muy Cruel Círculo de los Apostadores Morbosos: Rapunzel.
Demasiado dinero, demasiado tiempo libre, ya haber hecho y probado de todo múltiples veces, la necesidad de aplacar su acaudalado tedio les unió, y ellos formaron el Círculo de los Apostadores Morbosos.
Es lo bueno que tienen las indegentes, que nadie las echa de menos. Eso da múltiples posibilidades. Tampoco es complicado secuestrar a una: si no hay nadie para extrañarse de su ausencia, muchos menos para defenderla.
Conseguido el objeto de la apuesta, ya sólo quedaba preparar el escenario. Nada complicado si se disponía de la cantidad adecuada de dinero. Un antiguo caserón en el centro de una finca en mitad de ninguna parte, que es ese sitio donde nunca pasa nadie para oir gritos.
Con la mujer todavía sedada, se la introdujo en el desván. Luego, de inmediato, ellos mismos tapiaron la puerta y así, emparedada, la abandonaron, sin alimento alguno (aunque con varias botellas de agua). Rematada la primera parte de la preparación de la apuesta, sólo quedaba la segunda.
Condenada la puerta, ahora la única comunicación del desván con el exterior era un pequeño ventanuco por el que apenas cabía una persona. Justo debajo, cubriendo un buen radio de terreno, plantaron un gran puñado de estacas bien altas y bien afiladas. La pared era lisa y encalada, sin posibildad de aferrarse a nada.
La apuesta, pues, estaba dispuesta: la infeliz mujer -a las que los miembros del Circulo habían apodado como Rapunzel- estaba ya condenada a muerte, tan sólo le restaba elegir la manera: de inanición, saltando sobre las estacas (o, acaso, dándose cabezazos contra la pared hasta reventarse el cráneo). La opción que ella -en su extrema desesperación- tomaría era el objeto de la apuesta.
Terminada la faena, los miembros del Círculo abandonaron la finca. Estaba alquilada por tres meses. Un día antes de cumplirse ese plazo, volverían a comprobar quién había resultado vencedor y a limpiar todas las huellas del crimen.
Es lo bueno que tienen las indegentes, que nadie las echa de menos. Eso da múltiples posibilidades. Tampoco es complicado secuestrar a una: si no hay nadie para extrañarse de su ausencia, muchos menos para defenderla.
Conseguido el objeto de la apuesta, ya sólo quedaba preparar el escenario. Nada complicado si se disponía de la cantidad adecuada de dinero. Un antiguo caserón en el centro de una finca en mitad de ninguna parte, que es ese sitio donde nunca pasa nadie para oir gritos.
Con la mujer todavía sedada, se la introdujo en el desván. Luego, de inmediato, ellos mismos tapiaron la puerta y así, emparedada, la abandonaron, sin alimento alguno (aunque con varias botellas de agua). Rematada la primera parte de la preparación de la apuesta, sólo quedaba la segunda.
Condenada la puerta, ahora la única comunicación del desván con el exterior era un pequeño ventanuco por el que apenas cabía una persona. Justo debajo, cubriendo un buen radio de terreno, plantaron un gran puñado de estacas bien altas y bien afiladas. La pared era lisa y encalada, sin posibildad de aferrarse a nada.
La apuesta, pues, estaba dispuesta: la infeliz mujer -a las que los miembros del Circulo habían apodado como Rapunzel- estaba ya condenada a muerte, tan sólo le restaba elegir la manera: de inanición, saltando sobre las estacas (o, acaso, dándose cabezazos contra la pared hasta reventarse el cráneo). La opción que ella -en su extrema desesperación- tomaría era el objeto de la apuesta.
Terminada la faena, los miembros del Círculo abandonaron la finca. Estaba alquilada por tres meses. Un día antes de cumplirse ese plazo, volverían a comprobar quién había resultado vencedor y a limpiar todas las huellas del crimen.
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