Buscar en Mundo Jackson

Mostrando entradas con la etiqueta Un Colegio Imaginario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un Colegio Imaginario. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de noviembre de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Infierno en Dosis de 30 minutos.

¿Qué toman los relojes en ese ratito del mediodía que, después de horas de reptar lentos, corren como el rayo?

El recreo, el oasis de gritos, carreras y bocata de tortilla en el desierto del tedio escolar.

Pero, contra todo pronóstico, el reloj de Abel no parece haberse contagiado de la locura colectiva de los engranajes y los circuitos, y se mueve lento hasta la desesperación.

Menos cuarto todavía.  Como se suele decir: "por más que lo mires, no va a ir más deprisa".

Abel apoyó la espalda sobre el muro del patio y le pegó un nuevo bocado a su bollo industrial. Oteó el horizonte y contempló displicente el partidillo de fútbol de los pequeños, como si todo aquello le diera igual, como si no estuviera deseando volver al refugio del aula. Las clases son ese lugar donde todo el mundo tiene que entar sentadito y callado, ese lugar donde la marginación social de Abel se camufla mejor.

Gol. "¡Buen gol, chavalin!", gritó Abel. Añora los días en que sus compañeros de clase echaban también partidillos de recreo. Abel solía jugar con ellos -al fin y al cabo, todos jugaban- y, de nuevo la exclusión social se mimetizaba con gris del hormigón. Pero ahora los de su clase tienen otros intereses. Ya son muy mayores para darle unas cuantas patadas al balón.

Menos diez. ¡Maldición!

Abel comenzó a pasear por el patio (solo, claro está). Observaba todo y a todos con un cierto aire de superioridad, como si fuera él el que rechazaba, y no el rechazado. Le pegó otro buen bocado a su bollo. Un gesto un tanto cruel, dado que toda aquella concentración de azúcar es su única compañera diaria en el calvario cotidiano del patio.

José Luis Trestuestea a menudo sentía la tentación de acercarse a Abel y darle un poco de conversación, pero sabe que eso no solucionaría el problema. Un adulto no le puede vender amistad a un adolescente.

-Son menos cinco, ¿me puedo subir ya a clase?

José Luis Trestuestes asintió.

Un día más, el calvario había terminado. Abel había sobrevivido a otro recreo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Ojos con Vistas a la Melancolía.

A José Luis Trestuestes le gustan los alumnos callados y tristones, debe de ser porque le recuerdan un poco a él mismo cuando estaba convaleciente de la adolescencia.

-Don José Luis.

Ignacio Curjana es nuevo y todavía arrastra ciertos usos que le han tatuado en la voluntad en el otro colegio, ese tan estricto, tanto, que sus padres decidieron cambiarle para que dejara de sufrir.

-Con José vale.

-Sí, perdón.

-Tranquilo.

José Luis Trestuestes prejuzgó a Ignacio, que con mucha frecuencia es lo mismo que equivocarse. Tenía pinta de pinta, con el pelo cortado a la moda y la nariz pecosa. Pero apenas tardo en darse cuenta de que Nacho Curjana es educado, respetuoso e implicado en su propia formación.

Una bendición para cualquier profe.

-Mire.

-Mira.

-Eso, que no entiendo esto.

Nacho Curjana pregunta como pidiendo perdón por dudar, como sintiéndose avergonzado por la propia ignorancia. Pero pregunta, que es de lo que se trata.

A veces, cuando se aburre cuidando un examen, José Luis Trestuestes se queda mirando a Nacho. Si no odiara tanto ponerse cursi, José Luis diría que ese crío tiene ojos con vistas a la Melancolía.

-Ya he terminado, José.

-¿Qué tal te ha salido?

El chaval se limitó a encogerse de hombros y, con su toque de pesimismo inherente, afirmar:

-Creo que bien.

Lo dicho, demasiada Melancolía para tan pocos años de vida.

jueves, 5 de junio de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: "El Pegatina".

-¡Buenas tardes, familia!

-Buenas tardes, Hermano Adelino.

El saludo había sido decidido y entusiasta por parte del religioso. El de los Sánchez Sancho, no tanto (por mucho que intentaran disimularlo).

-¿Qué, a dar un paseo?

-Sí, Hermano. ¿Nos acompaña?

-No querría molestar.

-¡Molestia ninguna, faltaría más!

Siempre el mismo ritual, educado y absurdo. El Hermano Adelino rondaba los alrededores del colegio a la hora de la salida por la tarde, en busca de una víctima propiciatoria.

Y los Sánchez Sancho eran una de sus presas favoritas.

-Vamos a merendar algo, ¿se apunta, Hermano?

-¡No quisiera abusar de su amabilidad!

-¡No diga usted tonterías!

El patriarca de los Sánchez Sancho contempló en silencio cómo el Hermano Adelino mojaba su quinto churrito en el chocolate, para luego hacer caer las dos molestas gotitas con un certero golpe de muñeca, antes de conducirlo hasta sus fauces.

"El Pegatina", así era conocido el Hermano Adelino entre los padres del centro. Se te pegaba y era imposible deshacerse de él hasta que le hubieras invitado a la reglamentaria convidada.

Dicen los más viejos del lugar que, en tiempos, hasta hacía amago de intentar pagar, con la completa seguridad de que no se lo iban a consentir.

Ahora, ya ni eso.

martes, 1 de abril de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Siniestro Plan del Hermano Valerio.

El Hermano Valerio asomó la gaita por el ventanuco y contempló el panorama en el aula. No era muy prometedor: sólo cinco varones y únicamente uno escribiendo con la mano izquierda. Aunque quizás no estuviera todo perdido: el chaval no tenía mala planta, y la mirada parecía despierta.

Dada la gravedad de la situación, no se podía andar con medias tintas. Había que actuar con decisión, firmeza y urgencia.

-Con permiso.

Los curas siempre tenían permiso, ¡faltaría más!, pero el Hermano Valerio tenía la suficiente educación como para guardar las formas.

Se acercó al zocato en cuestión.

(-Hola, muchacho, perdona que te interrumpa un segundo. ¿Tú juegas al fútbol?)

El chico, entre sorprendido y asustado, levantó la vista del papel, y balbuceó.

(-Sí, en el otro cole estaba en equipo).

(-¿De dónde vienes?)

(-Virgen de la Roca de Burgos, es que a mi padre le han destinado aquí).

¡Virgen de la Roca, eso sí que era una buena noticia!

(-Y, por lo que veo, eres zurdo, y tienes pinta de rápido).

(-Sí, juego por banda).

(-Gracias, eso es todo...Por cierto, revisa esa fórmula, muchacho).

El Hermano Valerio abandonó el aula con una sonrisa en los labios. Su amado equipo del cole carecía de un lateral izquierdo en condiciones. Por esas cosas de la vida, no había un sólo alumno zurdo que le pegara bien al balón.

José Felix Pérez Añojo, así se llamaba el muchacho (el Hermano Valerio se había fijado en el nombre escrito en el examen). Estaba realizando el exigente examen de ingreso para intentar ser aceptado en el nuevo colegio. No sabía si lo iban a aceptar o no.

Lo que él ignoraba era que estaba más que aprobado. De eso se iba a encargar el Hermano Valerio personalmente.

sábado, 15 de marzo de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Comando Chándal.

-Tío, que estos son muy grandes para esta chaqueta...

-Calla y llama.

Manolín Galván y su escudero del alma Lolo Jimeneda estaban de gira por el colegio en busca del legítimo propietario de una chaqueta de chándal que había aparecido tirada en el pasillo del tercer piso -en pleno corazón del territorio de Primaria-. Es lo bueno de ser responsable, que la señorita te manda a hacer los recados internos. Y, claro está. siempre hay que ir acompañado. No vaya a ser que te pierdas en un colegio que conoces a la perfección.

Y esa misión era de las buenas, no como ir a buscar una circular a secretaría, que eso se te termina en seguida, por muy despacito que camines.

-No, de aquí no es. Me parece a mí un poco pequeña para estos chicos.

Los profesores son profesores pero no tontos.

-Ah, claro. Perdón, adiós.

Los de la siguiente clase eran igual de grandes, pero daba igual, ahí también iban a llamar. Todo con tal alargar la excursión lo más posible. A nadie le apetece volver a clase, es mil veces más divertido pulular por los pasillos del colegio en la compañía de un amigo del alma.

-Es muy pequeña para esta gente, hijo.

-Ya, claro, Adiós.

Se les había agotado el pasillo.

-¿Subimos a la clase de informática?

-¡Eso ni se pregunta, macho!

Ya ve. De vez en cuando, ser buenecito y responsable también tiene sus ventajas en el universo escolar.



miércoles, 26 de febrero de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Punta del Ferretero.

-¡No tienes ni idea, "chalao"! ¡El fútbol es para hombres y, si no, que no juegue!

El árbitro se limitó a guardar la tarjeta recien enseñada y a seguir concentrándose en lo suyo.

-¿Estás bien, chaval?

El muchacho le limpió la tierra de la rodilla y asintió. La zancadilla había sido traicionera, y la caída importante, y, no obstante, ahí estaba, todo un hombre.

El responsable de la reprobable acción había sido Chema Treví, y, por supuesto, la voz protestona había sido la de su progenitor, don José María Treví, alias "El Ferretero".

Chema Treví tampoco parecía comprender muy bien la razón de la tarjeta, aunque no habló (que para eso ya estaba su padre). En realidad, no había tirado a aquel chaval a propósito, es que era así de torpe.

Torpe, muy torpe, Chemita Treví era torpe de narices con el balón en los pies (como en tantas otras cosas). Pero, claro, siendo hijo de quien era, -del patriarca de "Los Ferreteros", los reyes de los corrillos de patio y los emperadores de las reuniones de padres-, ¡a ver quién era el valiente que lo dejaba en el banquillo!

La única virtud que tenía Chema resultaba ser lo brutísimo que era (esa arma de doble filo). Chutaba duro y con mala leche, y, aunque lo más común era que el esférico acabara al otro lado de la valla del colegio, algún que otro gol había logrado, siempre celebrado con la misma viril rabia por padre e hijo.

-¡Joder, Chema. más fácil, tío!

Gonzalo Rosales resopló. Cuando al condenado Chemita le da por intentar pegar pases de taconcito...¡Casi peor que cuando prueba a hacer el regate con bicicleta incluida! ¿Cuándo se va a percatar de que no le sale?

-¡No píes tanto y defiende más, Rosales!

El jodido papá siempre al rescate. Gonzalo Rosales miró al míster, que, avergonzado y cobarde, se limitó a agachar la cabeza y hacer como que pensaba el siguiente cambio.

No había mucho que pensar, estaba más que claro: quita al paquete de Chema Treví.

lunes, 10 de febrero de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Lección Bien Aprendida.

"Ande yo caliente y ríase la gente".

La frase cautivó la curiosidad de Cristinita Barba, como con tanta frecuencia ocurría. Cristinita quiere saber de todo, y odia quedarse con la duda.

-¿Qué significa esto, señorita Adela?

Cuando unos tiene siete añitos, sólo Dios y la señorita de turno lo saben absolutamente todo.

-Pues que tú te tienes que preocupar de ti mismo, de estar bien, de tus intereses, y no hacer caso a lo que los demás piensen de ti o te digan a la cara?

-¿Qué son "intereses", seño?

-¡Pues lo que a ti te conviene!

Cristinita Barba asintió pensativa, con esos ojitos de ordenador procesando información y se volvió a su sitio.

"Esta niña llegará lejos", pensó para sí -orgullosa- la seño.

Cuarenta años después, la señorita Adela contempla con rabia cómo la pequeña Cristinita, ahora doña Cristina y cargo electo con derecho a despacho, hace su entrada triunfal en los juzgados. Ha ayudado a robarle a mucha gente su ahorros tan honradamente arañados a la vida. Y la señorita Adela es una de las personas afectadas.

La multitud, allí congregada, la está llamando de todo, sus gritos se cuelan por entre la indiferencia agresiva de los policías.

Cristinita, tras unas gafas de sol de las caras, se limita a sonreír con chulería e ignorar con desprecio.

"¡Ande yo caliente y ríase la gente!"

Mucho cuidado con lo que le enseñas a un niño, porque puede que lo aprenda.

viernes, 7 de febrero de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Escaparate de los Suspiros.

Él no quiere que se sepa, pero en un colegio todo se acaba sabiendo, y, si te fijas, se le nota un poco. Aunque Isaac no es de esos niños en los que uno se fija mucho, y tampoco es de los que saca sus sentimientos al balcón fácilmente.

Y, por si acaso quedaba alguna duda, Charrito Duque alertó a Trestuestes sobre el particular.

-Oye, ¿has puesto a Isaac en clase al lado de Bea Díaz?

Bea Díaz es alta y delgada, aunque la iconoclasta de su madre no. También es bien parecida, y sería hasta guapa si no vendiera tan caras las sonrisas.

-¿Y qué pasa?

-Pues...Pues eso.

Charrito Duque tiene más vocabulario en sus miradas que muchos adultos en sus labios.


-Ya. ¿Y qué hago?

Charrito Duque es el enlace sindical entre los corazones de los alumnos y las mentes de los profesores. Así que siempre conviene consultarse sobre esas cosas.

-Tú deja, que yo me entero.

Un par de clases después -Charrito Duque es así de eficiente- llegaron las noticias.

-José, que sí, que les puedes poner juntos.

Trestuestes no pidió más datos, ni si se había consultado a él, a ella, o a los dos...Charrito daba el okey, y eso era suficiente.

Desde entonces, José Luis Trestuestes, cuando la clase le da un segundo de respiro, se fija en la esquinita de la clase donde Bea e Isaac habitan. Ella siempre está pendiente de las amigas y él, sesudo, suele estar liado con algún cuaderno.

Y no obstante, hay veces que ella le dice algo, y él contesta sin levantar los ojos de pupitre y se ríe tímido, y -acaso sea una ilusión- ella también casi se ríe.

Y entonce José Luis Trestuestes se pone un poco cursi y le da por pensar que el pobre Isaac está viendo a la mismísima Felicidad en el escaparate.

Aunque, seguramente, jamá tenga dinero para comprársela.





viernes, 31 de enero de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Dios No Invita a Copas.

Ezequiel de Asunción acodó sus dos brazos en el respaldo de aquel banco de la capilla, en un gesto calcado al que adoptaba en la amada barra de su amadísima discoteca, y contempló a las niñas que iban a comulgar, también como si aquello fuera la -su- "Metropolian" (Metro para los amigos).

¿Quién era ésa? Le sonaba la cara -obviamente- pero, sin duda, fuera quien fuera, a esa niña le habían sentado bien las vacaciones de Navidad. Habría que hacer las averiguaciones pertinentes, que ahí estaba la perspectiva de un buen rato. Uno de tantos. Ezequiel, como a él tan a menudo le gustaba recalcar, "agrada mucho a las damitas".

Y, después de todo, ¿qué pintaba él ahí? Ya no sólo en aquella misa, sino en aquel colegio, o en cualquier otro. ¡El maldito capricho de la cursi de su madre de llevarle con los curas! ¿Qué le iban a enseñar esa panda de fracasados? ¡Él ya de sobra sabía todo lo que le sería preciso para triunfar en la vida!

Fuera de los muros de esa cárcel a la que llamaban escuela, Ezequiel era Zeko Night, un rey de la noche en ciernes. ¿Quieres entran en "Metro" sin esperar cola o que el pichadiscos ponga tu tema favorito? Habla con Zeko, Zeko controla.

Ezequiel bostezó, por si acaso alguno de los presentes pudiera sospechar que estaba mínimamente interesado en todo aquello. ¡A ver cuándo se terminaba ese peñazo de una vez! Se puso a pasear su tedio con los ojos por toda la capilla. ¡Qué sitio más feo, más aburrido y más raro! ¡Con todas esas figuritas tan extrañas!

La casa de Dios, así decían que se llamaba aquello. ¡Pues que mal anfitrión era ese tal "Dios", que no invitaba a nada a sus visitantes! ¿Cómo pretedían que creyera en ese Tipo si los resultados de tanta fe era tan poco tangibles?

Ezequiel, en su indigencia espiritual, lo tenían bien clarito: "Dios no invita a copas, así que no me interesa nada con Él".

jueves, 21 de noviembre de 2013

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Las Uvas de la Sabiduría (Verdes, Quizás).

-¡Pues yo me pensaba que un "corcel" era la cosas esa que llevaban las mujeres antes...ja, ja, ja!

Manolo Zorraina era un demócrata de la burla: igual se ríe de la ignorancia propia que de la ajena.

-¡Pues mi padre no tiene ni idea de analizar oraciones, dónde están los ríos o hacer raíces cuadradas de esas, y bien bien que le ha ido en la vida! ¿Sabes por qué? ¡Pues porque de lo único que sabe es de lo que hay que saber: de currar y echarle narices!

Ese el argumento universal en virtud del cual Manolo Zorraina juzga, aboga y absuelve a la ignorancia. Y no hay más que hablar.

Aquel jueves, por no perder la costumbre, Manolo Zorraina estaba castigado por no saberse la lección (y por no haber traído los deberes). No es que hubiera muchas esperanzas de que aquello surtiera efecto, pero había que mantener las apariencias.

Don José se había prestado a ejercer de carcelero del reo convicto y confeso de ignorancia. Tenía que corregir, e igual le daba allí que en su casa (de hecho -y para ser sinceros- allí se concentraba mejor).

-¿Puedo ir al aseo?

Don José no levantó la vista de su labor. Estaba en mitad de una pregunta de traducción, y nada hay más fastidioso que se interrumpido en la mitad de la corrección de un examen.

-Ve, ve -concedió Don José sin levantar la vista de un acusativo.

Sin embargo, Manolo Zorraina no reaccionó de inmediato, se quedó mirando aquellos símbolos tan raros escritos en el folio de examen.

-¿Qué pasa, se tan ha pasado las ganas, Manuel?

-No...Es que...Usted entiende esto tan raro, ¿verdad?

-Sí, claro, es mi devoción, y puede que hasta mi profesión.

Manolo Zorraina, sesudo, asintió:

-Tiene que molar...Entender estas cosas tan raras, digo...¡Tiene que molar!

-Bueno, pues estúdialo como yo lo hice. No tiene más misterio que mucho trabajo.

-Ya....Bueno, me voy a mear.


miércoles, 9 de octubre de 2013

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Luci Fer.

En las listas constaba como Lucía Fermoso Díaz, pero todos -compañeros, padres, profesores, el barrio en general y algún que otro policía local en particular- la conocían como "Lucifer".

El apodo había nacido de modo inocente, en los remotos años de la primera Educación Primaria, cuando a todas las niñas les dio por formar motes mezclando el comienzo de su nombre y apellido, pero para cuando pasó a Secundaria, ya había hecho honor con creces a su particular apelativo.

"Lucifer" había pasado ya por todos los colegios del barrio, y por un par de centros para menores. Hacía tiempo que el Sistema la había dejado por imposible.

"Un error del Sistema, como en los ordenadores, eso es lo que es esta muchacha", eso mismo pensó al ver su cara en la página de sucesos José Luis Trestuestes, uno de tantísimos profesores que había soñado con apartarla del pozo y que, finalmente, se había rendido al verla caer.

Lucifer había estado con ellos apenas un curso. Se había intentado por las buenas, por las malas, por las regulares.

"Es inútil, es carne de cañón", eso mismo le había dicho el tipo de la Comisión de Escolarización Municipal.

Su madre también se había dado por vencida, había sobrellevado lo mejor posible los años de adolescencia y había respirado aliviada cuando, por fin, se había ido de casa nada más cumplir la mayoría de edad.

Del padre hacía tiempo que no se sabía nada.

José Luis Trestuestes salió al pasillo y se detuvo delante un extremo preciso de la pared, de ese color blanco-grisáceo-al-que-no-le-vendría-mal-una-manita-de-pintura que tienen todas las paredes de los colegios. Ahí, en ese preciso punto, "Lucifer" se había despedido en forma de pintada a rotulador rojo.

"Aquí tampoco me ayudan, me 'hechan' como todos".

La pintada se había borrado de la pared hacía ya mucho tiempo, pero no del alma de José Luis Trestuestes. Era de esas cosas que están escritas en tinta emocional indeleble.

sábado, 5 de octubre de 2013

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Jesús se Hizo Presente.

Blanquita Suárez Vic sonreía mucho de niña, y de adolescente, pero, después de lo que pasó en casa -mejor no nombrarlo para no recordárselo- no se le quita el gesto de tristeza del rostro.

Ese mismo que el Padre Perales apreció sin aprecio al verla entrar por la puerta de la capilla. Él sentía por Blanquita el cariño especial que se siente por toda la gente que es especialmente cariñosa contigo, y había hablado con ella en infinidad de ocasiones, para tratar de ayudarla a echar a ese diablo doloroso de su cuerpo de una vez por todas o, al menos, para que se animara un poco.

Siempre había cosechado poco o ningún fruto.

Entonces, el coro de voces mixtas -por aquello de que algunas eran malas y otras francamente horribles- de los alumnos entonó brioso el primer canto de la ceremonia.

Victor Cañaloso era famoso por sus gallos, y aquel fue de los antológicos.

Las risas reprimidas -tanto por respeto tirando a pena hacia Cañaloso como por miedo al castigo- brotaron por toda la iglesia.

Blanquita fue de las que peor disimuló. Por esos milagros inexplicables -o casi- de esta vida, la falta de afinación de un compañero había tenido éxito donde cien psicólogos, y el propio Padre Perales, habían fracasado.

Percatado de la circunstancia, don Emiliano -cascarrabias para variar- se dirigió presto a reprimir a la díscola Blanquita.

Pero el Padre Perales también se había dado cuenta de la situación, y, al más puro estilo de defensa central, duro y leñero- salió al cruce y, acercando su boca al oído de Don Emiliano- le descerrajó en un susurro:

-¡Como le eches la bronca a Blanca, te meto una hostia que te mando a urgencias!

Don Emiliano se quedó seco, parado, pálido, en estado de conmoción.

El Padre Perales se volvió tranquilamente al altar, al tiempo que le pedía perdón a Dios por su imperdonable acto de blasfema soberbia.

Pero es que hasta los hombres de Dios tienen derecho a ser humanos de vez en cuando, y, sin duda, aquella ocasión así lo demandaba.

domingo, 9 de junio de 2013

HIstorias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Hora Más Bella de Adolfito Cerrajudo.

-¿Cómo se puede ser tan vago, Cerrajudo?

Adolfito Cerrajudo agachó la mirada de un modo mecánico. Estaba acostumbrado a que le plantearan esa pregunta. ¿Por qué se la seguían haciendo? ¡Si tuviera la respuesta, hacía años que habría contestado! En ese momento, Adolfito Cerrajudo decidió dar el paso que separa la costumbre resignada de la indignación rebelde.

-¡Bien sé ya que soy un vago, no hace falta que nadie me lo recuerde más, pero ser vago no es ser mala persona, es sólo que quieres ponerte a estudiar, pero acabas por no hacerlo!

Adolfito Cerrajudo tenía la genialidad de la gente sencilla y sincera.

Adolfito Cerrajudo tenía vocación de vago desde pequeño. Ya de muy chiquitito opositó a "vago oficial del curso" y sacó la plaza.

Ahora que estaba repitiendo, Adolfito seguía sin hacer mucho, pero cada vez le dolía más no hacer casi nada.

Adolfito Cerrajudo nunca había aprobado un examen de José Luis Trestuestes, pero jamás había protestado. Sabía perfectamente que tenía la nota que se merecía.

Ser vago no es ser mala persona, es sólo que quieres ponerte a estudiar, pero acabas por no hacerlo.

Al final de clase, Adolfito Cerrajudo se acercó a la mesa del profesor.

-José, el examen de mañana lo voy a aprobar.

Eso era una novedad. Cerrajudo siempre encaraba el siguiente suspenso con la docilidad del corderito vago que va al matadero del 2.

-A ver si es verdad -animó, un tanto escéptico, Trestuestes.

-Bueno, por lo menos lo voy a intentar...O voy a intentar intentarlo. Lo he pensado mejor y creo que ser vago no es ser mala persona, pero si te hace peor de lo que podrías ser...¡Y me está empezando a tocar las narices esto de ser el vago, joder!

Lo dicho, la sabiduría de la sencillez y la sinceridad.

domingo, 19 de mayo de 2013

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Relevo de Puestos.

José Luis Trestuestes era futbolero de todo corazón, como cualquier persona con algo de cabeza, y de esos que no puede ver un balón rodando sin, al menos, dedicarle unos instantes de su atención.

Ni que decir tiene que "El Trestuestes" era fiel seguidor de los equipos del cole.

-¡Árbitro, macho, que al pobre Rosales nos lo van a matar, y luego a ver qué le decimos a su madre!

"Llamadme Gus" le dio un golpecito en el brazo.

-¡Córtate un pelo, hombre, que están los chavales delante!

-Sí, los chavales y sus familias, por eso precisamente me he cortado, no uno, sino tres pelos. En circunstancias normales, me habría cagado el árbitro y en su padre.

"Llamadme Gus" había ido al partido más por simpatía hacia los chicos que por interés balompédico.

 -A mí es que esto del fútbol, no me va mucho, ¿sabes?

-Pues es una pena, estimado colega, porque el fútbol es con mucha frecuencia pefecta metáfora de la propia vida. Mira, por ejemplo, ahora, ¿ves?

-¿El qué?

-Pues que el lateral ha subido y le están pillando al contraataque, por eso un central va a cubrir su banda, mientras que el otro ocupa la plaza de su compañero.

-Ya, ¿y qué me quieres decir con eso?

-Pues que en Educación nos está pasando lo mismo: los padres juegan a ser amigos y abandonan su parcela paternal, así que a los pobres profesores nos toca ir corriendo a ocupar esa plaza -y convertirnos en padres de nuestros alumnos-. Pero el problema es que ese hueco que dejamos libre lo están ocupando los medios de comunicación, que ahora son los auténticos profesores de los chicos. ¿Lo ves?

"Llamadme Gus" asintió.

-Lo veo.



jueves, 9 de mayo de 2013

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: "El Mula" en Invierno.

Era un abuelito. Se conservaba bien, sus músculas eran su mejor tesoro y remataba la faena con un pelo impecablemente teñido. Pero era un abuelito, ni sombra de lo que había sido.

Entró en el hall del colegio y se puso a repasar las orlas de las más antiguas, las de las promociones a las que él había dado clase antes de...antes de aquello. De cada cara, un recuerdo -o mil-.

-Perdone, ¿puedo ayudarle?

Emilio Juárez, alias "El Mula", se giró y con dulce gesto de abuelito, contestó al conserje.

-Usted es nuevo, ¿verdad?

-Bueno, llevo diez años aquí...

"El Mula" sonrió como un abuelito.

-Mire, es que yo daba clase de Educación Física en este colegio antes de que usted entrara a trabajar.

-Ah, ¿y qué desea?

-Pues nada, que pasaba por aquí y me he dicho: "voy a entrar, a ver cómo sigue mi cole".

"Mi cole" no había sido la expresión que había usado hacía quince años, cuando le había comunicado su despido. En aquella ocasión lo había llamado: "Colegio de mierda, nido de maricones".

-Ha, entiendo.

-¿Le importa que de una vuelta por las aulas?

-Es que...Están en clase y está prohibido interrumpir. Pero el dentro de un mes es la fiesta del cole, y entonces puede usted venir y visitar todo lo que quiera.

-¡Claro, el 4! ¿Cómo se me habrá podido olvidar? Pues nada, hasta entonces.

"El Mula" abandonó mansamente el colegio, dócil como un borreguito. En sus buenos tiempos, los gritos que le habría pegado al conserje por ningunearle así se habría escuchado en todo el edificio.

Pero es que, desde que se había jubilado hacía un par de meses, "El Mula" estaba hecho un abuelito.

lunes, 22 de abril de 2013

Historias de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: 341 Kilómetros (y 5).

Moncho Carrapeita ofreció tablas y Trestuestes las aceptó: ninguno de los dos artículó palabra durante el resto del camino. Sí, lo mejor era dejar aquello en empate. ¿Para qué perder tiempo y saliva ni nadie iba a convencer a nadie allí?

A la llegada, les esperaba la madre de Moncho para recoger al chico. El padre no se había dignado a interrumpir su apretada agenda de bar y amigotes para cumplir tan rutinaria misión, aunque resultaba más que probable que apareciera pronto por el colegio para poner el grito en el cielo por el castigo al que se había sometido a su cachorro.

La despedida entre profesor y alumno fue fría. De hecho, no hubo tal. Si aquello hubiera sido una película, se habrían dado un abrazo, porque aquel viaje les habría ayudado a comprenderse el uno al otro. Pero eso era la cruda realidad, ésa donde tan a menudo los viajes no llevan a ninguna parte.

José Luis Trestuestes empredió el largo camino de vuelta a la playa. En solitario, sabiendo que nadie habla tan alto y tan claro al entendimiento y el corazón como la Soledad. ¿Qué sería de Moncho Carrapeita? Pues lo de tantos y tantos. Recorrería la cuerda floja sobre un precipio que es la juventud sin caer o, con peor suerte, se iría por al vació -un hecho que mantendrían en secreto en su familia, que menudo apuro que le pase eso a un hijo y se enteran las amistades- y tocaria poner esfuerzo y billetera para intentar que saliera. Pero de ese precipicio nunca se sale del todo.

Como buen profesor, José Luis Trestuestes no podía evitar sentir cierta ternura y puede que hasta lástima por los chicos como Moncho. Al fin y al cabo, con tanta juerga y tanta locura sólo buscaban eso que todos ansiamos: la dichosa Felicidad.

¿La Felicidad? José Luis Trestuestes se había pasado años y años buscándola sin éxito hasta que, por fin, se percató de que la Felicidad consiste en tener algo interesante que hacer esta tarde.

domingo, 21 de abril de 2013

Historias de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: 341 Kilómetros (4).

-Mira, Moncho, soy un profe, esa gente que tiene la fea costumbre de dar consejos que no nos pide a gente que no nos escucha. En realidad, no es una costumbre, sino un vicio. Supongo que eso que hiciste anoche fue muy divertido para ti y para todas esas chicas que tanta devoción te tienen, y lo supongo porque yo, con tu edad, era bastante menos dado a este tipo de cosas.  Lamentablemente, no fue tan divertido para el dueño del bar al que le rompiste dos sillas, ni para los huéspedes del hotel que despertaste con tu voces, ni para la señora que tuvo que limpiar tu vómito del suelo de la habitación.

-¡Que se jodan!

-Exacto, eso es lo único que podéis aducir en vuestra defensa y justificación la gente como tú en situaciones como ésta. Sin embargo, no me gusta la frase. Una Educación de verdad debería coseguir que el futuro ciudadano no le pronuncie jamás.

-¿Educación? ¡Deja que te explique qué es educación, "educador": es cometer errores y aprender de ellos!

-¡Ha, claro! ¡Otra buena táctica, "el error es bueno, útil y necesario para el joven en su proceso de maduración". Es un bonito y muy efectivo eslogan que se han inventado los que se hacen de oro con los vicios de la Juventud. En eso también somos raros los de mi calaña: intentamos que no cometáis los errores de generaciones anteriores, porque los errores son malos. El problema es que la mayoría de los adultos es demasiado orgullosa para admitir en público que se equivocó o, peor, que algunos ni siquiera sobreviven para arrepentirse. Lección número uno: si algo le jodió la vida a alguien, te la puede joder a ti y, si lo hace, no vayas lloriqueando de tu presunta mala suerte.

-¡Claro, claro, no hagas esto, no hagas lo otro....No vivas, en resumen! ¿Por qué vamos en coche si la gente se mata conduciendo?

-¡Ajá, ahí te esperaba yo! No se trata de no hacer las cosas, sino de hacerlas respetando las normas. No se trata de no conducir -como no se trata de no divertirse-, sino de no hacerlo saltándose la normas. Eso es lo peligroso, y eso es lo que es mucho más probable que traiga consecuencias.

-Vale, ya me has echado la charla, ¿te quedas tranquilo?

-Consecuencias, chaval, ése es el precio de la Libertad: aceptar y asumir las consecuencias de tus actos. Y, créeme, hay algunas tan gordas, que ni todo el dinero de tu papá podrá librarte de ellas.

sábado, 20 de abril de 2013

Historias de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: 341 Kilómetros (3).

Moncho Carrapeita aguantó otros 20 kilómetros después de la parada.

-¿Por qué coño no soportáis los profes que los alumnos disfrutemos de la vida?

Entonces, sacó la artillería pesada.

-Cállate, anda.

-¡Lo que darías tú por una noche como la que yo me pasé! Bailando, riendo, con las tías, siendo feliz, viviendo...

-¡Que te calles!

-¡Cómo jode la verdad, ¿eh?! Eso os pasa a los profesores, que sois una panda de amargados. ¡Y de hipócritas! ¡Seguro que tú eras más borracho que yo de chaval!

El chico estaba atacando duro. Era el momento de contraatacar, de intentar ser más listo que él y ganarle en su propio terreno.

-Lo que yo hiciera o dejara de hacer de chaval no es asunto tuyo. Lo que tienes que comprender es que hay unas normas, unas reglas del juego y el que no las cumple está fuera de la partida. Por eso estás de vuelta. Punto Lo que hagas con tu vida y con tu hígado no es asunto mío.

-¡Típico, presumís de que queréis ser cercanos al alumno, ayudarle, y ahora no te importo un bledo! ¡Sois todos más falsos!

-¡A ti te importa una mierda importarme un bledo! De hecho, creo que a ti no te importa nadie, aparte de ti mismo. ¡Y ahora cállate de un vez!

Moncho Carrapeita sonrió. Iba ganando. José Luis Trestuestes lo sabía de sobra y no quería perder.

Si el chaval quería jugar duro de verdad, eso iban a hacer.

viernes, 19 de abril de 2013

Historia de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: 341 Kilómetros (2).

Moncho Carrapeita aguantó el tipo maravillosamente durante 102 kilómetros. No dijo una sola palabra. se limitó a quedarse cruzado de brazos mirando la infinito.

"Mejor así, ¡ojalá no abra la boca en todo el viaje!", pensó "El Trestuestes".

-¡Quiero mear!

Previsible, el nene empieza a tocar las narices.

-¿Todavía te queda ginebra de anoche? Pues no pienso parar hasta dentro de 50 kilómetros.

-¡Pues me lo hago en el coche y te jodo la tapicería!

-¡Te recuerdo que no tienes calzoncillos limpios, capullo!

-¡Pues me la saco!

Por fortuna, a José Luis Trestuestes le quedaba un álito de sentido común y se dio cuenta de que se estaba rebajando al nivel de un adolescente: lo último que debe hacer un profesor, y lo primero que hace en demasiadas ocasiones.

-¡Vale, vale, ya paro!

Moncho Carrapeita sonrió satisfecho. Había ganado el primer asalto.

El sitio no tenía mala pinta. Había muchos camiones fuera, y eso es siempre buena señal.

-De paso, vamos a comer algo. ¿Tienes dinero?

Carrapeita asintió.

-Tengo un montón, estoy tan bueno que las tías me pagan las copas.

-¡Pues hala, pide!

-¡Ponme un cubata de ron!

-¡Cómo no, caballero!

El camarero, bigotudo y curtido en mil batallas de restauración de carretera, sacó un refresco y se lo sirvió al muchacho.

-¡Oye!, ¿y el ron?

El camarero ignoró a Carrapeita y se dirigió a Trestuestes.

-Bueno, el niño ya está servido. Ahora, ¿qué tomará el señor?

"El Trestuestes" sonrió. Empate a uno.

jueves, 18 de abril de 2013

Historia de un Colegio Imaginario que Jamás Existió: 341 Kilómetros (1).

Viajes de estudios. A José Luis Trestuestes siempre la había parecido un concepto bastante curioso. ¿Por qué extraña razón para los alumnos las ciudades más dignas de estudio siempre son la que tienen playa?

En cualquier caso, allí estaban. Se visitarían un par de museos y unas ruinas romanas, por aquello de que hay que cumplir el expediente. El resto del tiempo, sol y playa; noche y discoteca. Todo ello dentro de un orden, claro está. (Después de todo, aquello no dejaba de ser el viaje de estudios de un colegio). Las normas habían quedado bien claritas antes de venir, y el que se las saltara, que se atuviera a las consecuencias.

Moncho Carrapeita se las saltó a las primeras de cambio, por supuesto. Tenía un prestigio que mantener y, en cualquier caso, ser malo siempre es mucho más divertido que ser bueno.

La situación era del todo previsible, más tontos eran ellos por haber confiado en él y haberle traído. A Trestuestes le habría encantado haber hablado con el elemento la noche antes, pero el estado en que lo trajeron no se prestaba al diálogo sosegado. De hecho, ni tan siquiera se tenía en pie. "Llamadme Gus", que como buen novato no se había librado de ir, comentó: "¡Qué pena que beban así, por beber! Aunque creo que si mi primer opción de ocio fuera emborracharme, yo también me acabaría dando al alcohol". ("Llamadme Gus" siempre cuenta los chistes más malos en el peor momento).

-De entrada, la factura de los destrozos la va a pagar tu padre.

Carrapeita se encongió de hombros. Su padre pagaba muchas facturas, ¿qué importaba una más?

-Pregunta si aceptan tarjetas.

Carrapeita hijo era todo un chulo. Había tenido un muy buen maestro en su padre.

-¡No te pases, Carrapeita!

-¡No me chilles, anda, que me duele la cabeza del resacón! Échame la bronca en voz bajita, y rápido, que me quiero bajar con la gente a la playa.

-No va a haber más playa, Carrepeita. Tú y yo nos vamos ahora mismo de vuelta. Ya quedó bien clarito que, a la primera, se os expulsaba del viaje.

Carrapeita levantó una ceja y se rio con la prepotencia marca de la casa.

-¿No me digas? ¿Te vas a hacer cuatro horas para llevarme y otras cuatro para volver?

-Sí.

Carrapeita estaba tranquilo: "el Trestuestes" iba de farol. Quería meterle miedo, pero no lo iba a conseguir. Él era mucho mejor jugador de póquer.

-¡Venga, venga, que a ti y a mí nos da mucha pereza meternos en el coche! Te digo que lo siento mucho y que estoy muy arrepentido -que es lo que quieres oír-, mi padre paga lo que sea y ya está. Yo ahora me voy a la playa.

-¡Tú ahora te vas a hacer la maleta y te espero abajo en media hora!

Carrepeita sonrió de nuevo y miró con cierto paternalismo a los ojos de Trestuestes.

-¡Que sí, que vale! ¡Hala, me bajo a la playa!

Veinte minutos después José Luis Trestuestes y Moncho Carrapeita -sin equipaje- se incorporaban a la autopista de camino a casa.

Esta vez, Carrapeita había evaluado mal -muy mal- la situación.