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jueves, 5 de junio de 2014

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: "El Pegatina".

-¡Buenas tardes, familia!

-Buenas tardes, Hermano Adelino.

El saludo había sido decidido y entusiasta por parte del religioso. El de los Sánchez Sancho, no tanto (por mucho que intentaran disimularlo).

-¿Qué, a dar un paseo?

-Sí, Hermano. ¿Nos acompaña?

-No querría molestar.

-¡Molestia ninguna, faltaría más!

Siempre el mismo ritual, educado y absurdo. El Hermano Adelino rondaba los alrededores del colegio a la hora de la salida por la tarde, en busca de una víctima propiciatoria.

Y los Sánchez Sancho eran una de sus presas favoritas.

-Vamos a merendar algo, ¿se apunta, Hermano?

-¡No quisiera abusar de su amabilidad!

-¡No diga usted tonterías!

El patriarca de los Sánchez Sancho contempló en silencio cómo el Hermano Adelino mojaba su quinto churrito en el chocolate, para luego hacer caer las dos molestas gotitas con un certero golpe de muñeca, antes de conducirlo hasta sus fauces.

"El Pegatina", así era conocido el Hermano Adelino entre los padres del centro. Se te pegaba y era imposible deshacerse de él hasta que le hubieras invitado a la reglamentaria convidada.

Dicen los más viejos del lugar que, en tiempos, hasta hacía amago de intentar pagar, con la completa seguridad de que no se lo iban a consentir.

Ahora, ya ni eso.

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