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lunes, 2 de diciembre de 2013

La Muy Secreta Sociedad del Decametrón: Noviciado-Nuevos Ministerios.

Noviciado. Sus amigos a la universidad, pero él, al noviciado. Al principio, se pensaban que era una broma ligera, y, cuando afirmó rotundo que hablaba en serio, todos se lo tomaron como una broma pesada -en especial ella-.

Luego, en conversación privada, ella le preguntó entre sollozos: "¿Qué tiene Dios que yo no tenga?" De inmediato se dio cuenta de cómo sonaba aquello, y se rio nerviosa. Pero le duró poco, siguió llorando como una magdalena.

"No odies a Dios por esto", replicó él balbuceante, y también de inmediato se percató de lo torpes que habían sido sus palabras. Entonces ambos se rieron nerviosos, se dieron un beso en la mejilla y se dijeron adiós para siempre. o, al menos, para un tiempo prudencial.

Mientras subía la escalera, el padre Donato le explicaba que iba a disponer de una estancia individual. "Yo compartí con un compañero, pero ahora sois tan pocos, que ya ni eso".

Normal, ¿cómo encontrar a gente tan loca como él, gente que abandone voluntariamente amigos, juergas, y un futuro junto a una niña casi tan guapa como Dios? Miró a su alrededor en el comedor: Blas, Sami, Marianete...Todos habían hecho los mismos sacrificios que él, bien lo sabía, pues bien lo habían comentado mil veces (Sami hasta llevaba todavía una foto de ella en la cartera). "Gente que se casa con Dios porque no hay Dios que se case con ellos", ¡tanta mentira en tantos tópicos! (la excepción que confirma la regla era Pablín, que siempre confesaba con su dulce sonrisa de cura bonachón -esa asignatura ya la traía aprobada de casa- que a él las chicas nunca se le dieron nada bien).

En resumen, que se había jugado el todo por todo a intentar ayudar a los demás, a llevar los zapatos baratos y gastados de un cura de pueblo pobre o barrio miserable. Se había apostado la vida a ser feliz intentando ayudar a que los demás lo fueran.

Una vez, viéndole con el traje de faena, un chica le había soltado: "¡Curita, si Dios no existe!"

"¡Pues yo voy a crearlo!", había respondido, y se había arrepentido de inmediato (por mucho, que un chaval de barba le hubiera aplaudido con una sonrisa la ocurrencia).

En fin, es el ímpetu juvenil de los sacerdotales Nuevos Ministerios.

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