Hacer un Breitner (también, "Meter el gol de Breitner"): Conseguir un tanto de bella factura en un partido de suma importancia cuando dicho tanto no sirve para absolutamente nada.
Resulta relativamente frecuente que cuando un encuentro de la máxima trascendencia agoniza herido de goleada, alguien del equipo perdedor, a menudo en acción aislada, logre un tanto de bella factura. En ese caso, diremos que dicho jugador "ha hecho un Breitner" o "ha metido el gol de Breitner". Obviamente, el gol no se celebra, y el único consuelo es la carita de rabia disgustada que siempre se le queda al portero contrario. La jugada se denomina así en recuerdo a la esplendida volea del teutón Paul Breitner en el minuto 83 de la final del Mundial de España 82, la cual supuso el 3-1 ante Italia.
Bello o de calidad, pero infructuoso o que nada soluciona, es, por tanto, el espíritu de la expresión, y como tal se puede aplicar a cualquier ámbito de la existencia humana en el día a día. Por ejemplo, "El banquete ya había sido un desastre, así que esa tarta tan buena fue como el gol de Breitner" o "La decoración de la casa es horrible, así que poner ese cuadro tan bonito no es más que hacer un Breitner".
Por cierto, y por hacer justicia al bueno de Paul Breitner (o el "Abisinio", como le llamaban por Madrid), hay que recordar que es miembro de pleno derecho del selectísimo club de futbolistas que han marcado un gol en dos finales de la Copa del Mundo (en su caso, 1974 y 1982). Y digo lo de selectísimo porque sus otros miembros son un tal Pelé( 1958 y 1970), un tal Zidane (1998 y 2006) y un tal Vavá (1958 y 1962).
¡Ahí queda eso! (dirá don Paul).
No lo puedo asegurar, pero tengo fundadas sospechas de que yo tuve este cromo.

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