Es obvio que mi Amigo no conduce coches. Y no sólo porque sus ojos se lo impidan, sino porque su conciencia se lo prohibe. Cada vez que nos vemos atrapados en un atasco, él siempre me dice -pues me habla porque sabe perfectamente que le entiendo:
"¡Mira todos esos egoistas metiditos en su cochecitos! ¡Cabrían todos en un autobús como este y entonces no habría atasco!"
Y ahí le tengo que dar la razón. Parece que a los humanos les cuesta mucho compartir. Todos quieren, adoran y defienden su coche, su vida y su egosimo, y el otro les trae sin cuidado. Parece que no se dan cuenta de que "el otro" son también ellos.
Recuerdo que en una ocasión estaba yo con mi Amigo en una pollería en pleno mes de Agosto. Hacía un calor insufrible y uno de los clientes, sin duda amigo del dueño del establecimiento, le preguntó:
-¡Paco, ¿por qué no pones aire acondicionado, coño?!
A lo que el pollero replicó:
-Porque, por muy fuerte que fuera, aquí, al lado del asador, donde yo estoy todo el día, no se iba a notar nada. ¡Y si me tengo que joder yo pasando calor, que se joda todo el mundo!
Esa he observado que es la naturaleza humana con triste frecuencia.
Aunque admito que no todos sois iguales, y, tras miles de viajes con mi Amigo en transporte público, me atrevo a decir que hay dos tipos de personas: las que, si fueran conductoras de autobús y un viajero les tocara a la puerta recién cerrada. abrirían y las que no.
El primer gesto es para mí la esencia misma de la Bondad.
El que no abre, en cambio, es un pedazo de mala persona que da asco.
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