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sábado, 2 de febrero de 2013

El Aspirante.

El chaval era un idealista, que es lo que toca cuando uno tiene 17 años y un corazón (y carece de la experiencia suficiente como para saber valorar la importancia de la experiencia).

El abuelo había tenido también sus ideales, pero hacia tanto de aquello, que los recordaba en blanco y negro. No obstante, no tenía queja de la vida. No podía.

-¡Abuelo, estoy deseando cumplir los 18!

El viejo sonrió. ¿Quién no había ansiado ser mayor de edad? ¡Y más en estos tiempos con el viento de la diversión tan a favor para los jóvenes de familia pudiente!

-¡No me extraña, chaval: poder conducir un coche, correrte tus juergas en condiciones, y hasta poder irte de viaje por medio mundo con tu amiguetes y un ramillete de chavalas sin depender de permisos!

-No, abuelo...Bueno, también por todo eso...¡Pero lo que a mí realmente me hace ilusión es afiliarme a tu partido, empezar a trabajar como militante de base y algún día llegar a la ejecutiva, como tú hiciste!

El abuelo sonrió sorprendido. Sabía que a su nieto le llamaba la atención el tema político -después de todo, lo había mamado en casa-, pero ignoraba que la vocación fuera tan fuerte.

-Mira, muchacho, si de verdad es eso lo que deseas, vete mañana mismo y te afilias.

-Pero, ¡si no tengo la edad mínima!

-Bueno, pero no es problema. Falsifica la documentación.

-Pero...

-A ver, chaval, ¿cómo pretendes llegar a lo más alto en política si no eres capaz de engañar a un simple chupatintas de ventanilla? Si no te las arreglas para lograr esto, ni te molestes en afiliarte, que no vas a llegar a ninguna parte.

El muchacho se quedó boquiabierto. confuso, escandalizo...

El viejo se limitó a acariciar cariñosamente la mejilla de su nieto. Un abuelo tiene que hacer ese tipo de cosas para proteger a lo que más quiere.

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