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viernes, 11 de enero de 2013

Memorias de un Perro Lazarillo. Del Autor y su Nombre.

Sepa usted que yo soy un perro de raza pastor alemán y me llamo Tersites. Así me llamaron sin preguntarme si me parecía bien o mal, que en eso somo iguales animales y humanos, pues aquí nadie elige su nombre, y con el que nos ponen nos tenemos que conformar. Y no es que me disguste mi nombre, aunque tampoco me habría importando tener cualquier otro. Al fin y al cabo, el nombre no es más que eso, ni nos hace mejores ni tampoco peores.

Mi labor en este mundo es la de perro guía, o perro lazarillo, perro de ciego, que -como ya le dejé claro- a mi los nombres no me importan. Los que me importan son los verbos, si usted me permite el juego de palabras.

Sin embargo, y en contradicción con lo anterior (porque los animales, aunque no seamos racionales, también tenemos derechos a ser contradictorios) permita que a no me refiera a mi amo como tal. Ni tan siquiera me da la gana llamarle dueño. Él para mí es un amigo, el único que tengo. Que dicen que los perros somos el mejor amigo del hombre -y hacer honor a tal dicho es la mayor ilusión de mi vida- pero, en mi caso, lo cierto es que ese hombre es el mejor amigo de este perro.

Mi amigo -como tal me referiré a él de ahora en adelante- pasamos todo el día juntos. Y, por estar todo el día en su compañía, y por ser yo un animal muy observador por naturaleza, y por tener muchas horas para pensar, he llegado a la triste conclusión de que la mayoría de los demás hombres no son tan buenos como mí amigo, ni tan dulces, ni tan justos ni tan leales.

Y es por esto, por hablar de este mundo de hombres desde el punto de vista de un perro, que me he decidio a iniciar estas memorias.

Espero que sean de su gusto.

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