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sábado, 12 de enero de 2013

El Principito (de las Narices).

"¡Ya ha cumplido los 16, enhorabuena, majestad! ¡Pelayín, el pequeño de la familia, el décimo o así en la línea de sucesión al trono se nos hace mayor! ¡Ya tenemos, señores, a otro vago, golfo y mantenido en edad teórica de trabajar! Teórica, que no práctica, claro está, ¿para que dar un palo al agua, si trabajamos por él los demas? Eso, los que tenemos trabajo, por supuesto, que mi hijo Manolo, también en edad y -por desgracia- él sí con necesidad, no encuentra ni a tiros. Pese a ser licenciado universitario con honores, trabajaría de lo que sea, pero ni de lo que sea hay!"

Así iniciaba su encendido artículo del 12 de marzo el afamado periodista, articulista y tertuliano en general Manuel Miguel Pérez, "Doble Eme" por nombre de guerra (que suena mejor a la hora de firmar). "Doble Eme", claro está, era anti-monárquico convicto y confeso, la gran voz de los republicanos del lugar.

Y en eso, al día siguiente, a las seis y media de la mañana sonó -insistente no paraba de sonar- el claxon de un coche frente al domicilio unifamiliar de "Doble Eme".

Rendido a la insistencia del tal gallo eléctrico, el periodista se asomó airado a la ventana de su alcoba.

-¿Quién coño toca el pito a estas horas, joder?

-¡Manolo, coño, que soy yo, el Pelayín! ¡Dile a tu chaval que baje, que vamos a llegar tarde al tajo!

Los ojos de "Doble Eme" pasaron en cuestión de segundos del letargo blindado de legañas a estar abiertos como platos. ¿Era posible, estaba todavía soñando?

-Pero...

-¡Que me ha salido un curro de peón de albañil y me han dicho que también colocan a tu hijo!

Ya más despierto, "Doble Eme" se percató de que al dichoso "Pelayín" le acompañaban las camaras de la prensa enemiga, y que todas le apuntaban en ese instante. No le quedaba otra alternativa.

-¿Pero qué haces, papá?

-¡Levántate y ponte lo primero que encuentres, que te vas a currar a la construcción!

-¿Cómo?

-¡Ese mamón del "Principito Pelayin", que intenta pasarse de listillo! Pero ése no sabe con quién se la está jugando. Le va a salir el tiro por la culata.

Un mes después, las secuelas eran claras en los rostros de padre e hijo. Obviamente, el pobre Manolo era el más perjudicado, que la obra es la obra (y más cuando no se tiene costumbre), pero "Doble Eme" -hecho a amanecer a las ocho y media- tampoco llevaba muy bien lo de los bocinazos a las seis y media.

-Papá, ¿por qué no nos hacemos monárquicos y así puedo yo volver a mi vida anterior?

-¡Ni hablar! De momento, tú te vas a buscar un piso, que ahora ganas un jornal y te lo puedes permitir, pero yo no voy a dar mi brazo a torcer. ¡Es todo una torpe maniobra publicitaria! Estoy seguro que pronto ese vago de "Pelayín" se hartará de madrugar y currar, y yo seré el vencedor de todo esto.

-¿El vago de "Pelayín"? ¡Vente tú un día al andamio a verle cómo pone ladrilos y luego me lo cuentas! ¡Pero si hasta canta por Antonio Molina!

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