¿Y Alenza? Pues Alvaro Alenza está solo en su pupitre, aislado de cualquier atracción social. Simula buscar algo en su cartera o, simplemente, mira al infinito, como si la solución a su problema estuviera haya donde las vías del tren su cruzan. Esperando, ansiando que aparezca el profesor de turno y rompa toda ese embarazoso entramado de fuerzas de atracción.
Como en cualquier otra situación de rechazo social, la culpa es de todos y no es de nadie: en parte, el marginado no lucha por salir de su situación -o no sabe-; en parte, los demás se niegan a darle otra oportunidad.
Y, lo peor de todo, poco se puede hacer. Para salir de lo más profundo y oscuro del pozo negro social hay que trepar solito.
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