"Iker, una foto, por favor", echar mano al hombro, mientras se aleja con la otra el móvil lo más posible, flash, comprobar que ha salido sin soltar a la presa, "¡Gracias, Iker, suerte mañana en el partido!"
Cada vez se firman menos autógrafos, mola más hacerse la fotito. Antes, no se llevaba la cámara encima o menudo lío era saber si la dichosa instantánea salía o no salía.
Mola más hacerse la foto, insisto, porque se puede colgar en Internet o enviar a los amigos, que tanta satisfacción hay en tener el testimonio gráfico como en presumirlo.
Y el autógrafo...¡vaya usted a saber si es de verdad o de mentira! (que me dicen las malas lenguas que hay sueltos masajistas que se firman camisetas a destajo), pero la foto ahí está, prueba irrefutable de un encuentro único e inolvidable, y rutinario a la vez.
Yo, por mi parte, me sigo quedando con el autógrafo, que uno es de letras y nobleza obliga y porque creo firmemente que lo se escribe vale más que lo que se aparenta.
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