En mi caso concreto:
-Huyo despavorido y lleno de pavor (que viene a ser lo mismo) de los expertos y sus consejos. Como dijo el grandísimo (en tantos aspectos) Sir Peter Ustinov: "Cuando el mundo estalle en mil pedazos, la última voz en oírse será la de un experto diciendo que es absolutamente imposible que ocurra".
-Nunca veo nada que vaya avalado por la expresión "te vas a mear de risa" o "está que te cagas". Una persona que usa tales giro y yo no nos reímos de las mismas cosas.
-No aplico las inteligentes e ingeniosas soluciones a cuestiones trascendentales que propone por Internet un tipo que no sabe que hay que usar la diéresis o ignora cómo sacarla de un teclado normal.
-No me fío de que a una vecina de alguien le fue muy bien. Las vecinas son poco dadas a admitir en público que se equivocaron.
-Tampoco consumo productos o servicios acompañados por la coletilla: "pues precisamente un amigo mío se dedica a eso". Todos sabemos lo generosos que son los amiguetes a los que se les mandan clientes.
-No creo a los políticos. (Aunque voto, porque uno tiene el derecho inalienable de elegir quién quiere que le mienta).
Dicho lo cual, y en aplicación de lo anteriormente expuesto, no me haga usted ni puñetero caso.
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