Nadie podía salvar a Crobbs, ni tan siquiera todo el entusiasmo de "La Americana".
Siempre intento ser el mejor en esto, aunque jamás lo seré (nunca superará a mi maestro). No es por tonta vanidad, sino para evitar sufrimientos innecesarios a mucha gente. Me gusta pensar que soy como el terrón de azúcar que ayuda a tragar la más amarga de las medicinas, ¡Ya ve usted que tontería!
Dicho lo cual, me esmeré especialmetne con Crobbs. Si "La Americana" no podía salvarle la vida, yo me aseguraría de que aquello fue casi instantáneo. Y lo fue, hay testigos muy honorables de más que contrastada reputación.
Por eso mismo no rechacé el trabajo. Haberlo hecho, haber dejado al pobre chaval en las chapuceras manos de "El Paleto" habría sido un acto de cobardía. Y yo no soy un cobarde, al menos, a ese nivel.
Pero dio igual. "La Americana" se había pasado toda madrugada delante de la cárcel, encabezando una concentración con sus entusiastas y casi sobrehumano berridos.
Y diciendo muchos tacos.
Aquella tarde, llamé a David para ver si sabía cómo estaba ella.
-Con un berrineche impresionante, amigo. ¡No para de llorar! Menuda recuerdo que se lleva de Inglaterra.
-¿Se va?
-En un par de días.
Yo era consciente de que ella estaba allí sólo de paso, como todos los estudiantes. Pero la verdad es que nunca me apeteció averiguar cuándo se iba. Como verá, a ese nivel yo sí que era bastanta cobardica.
En fin. Ya estaba. Se empuja en el baúl y se guarda para siempre. Ese baúl de dentro de mi cabeza en el que tengo tantas y tantas porquerías. Empujar simpre duele un poco, pero no dura mucho, lo que tardo en cerrar la tapa.
Al día siguiente, intenté apararentar normalidad e indiferencia en aquella mi enésima despedida para siempre. En presencia de David, le di la mano y fingí mi mejor sonrisa de simple amistad.
-¡Bueno, que tengas suerte!
-¡Gracias! ¡Seguro que más que el pobre Crobbs! ¡Cómo debio debió de sufrir!
-Apenas se enteró
(¿Por qué dije eso?)
-¿Y tú qué sabes?
-Pues porque yo mismo lo hice. 5 segundos. Eso duró todo.
(¿Qué más daba? Si se iba para siempre, tenía derecho a llevarse la verdad de recuerdo).
-¿Cómo que tú...?
-Ahorco por el País y la Reina, señorita. Y soy el mejor. Te lo garantizo.
Dicho esto, me levanté y salí por la puerta del pub sin decir palabra o darme la vuelta. "¡Hasta siempre y hasta nunca, 'Americana'!", pensé.
Siempre he sido así de torpe remantando las cosas importatnes.
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sábado, 30 de abril de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (5)
"La Americana" y yo coincidíamos con cierta cierta frecuencia. Siempre a causa de nuestro amigo común David. Jamas era por iniciativa mía, y nunca a solas. Yo nunca he sido de esos, o no he sabido serlo, o no he querido. Eso ya da igual. El caso es que tales coincidencias no me disgustaban.
Se estaba a gusto con "La Americana". Ella sacaba el tema de la pena de muerte con cierta frecuencia, y yo intentaba volverlo a meter de la manera más disimulada posible.
"¡Qué irónico, -pensé- una chica interesadísima por un tema en el que uno es un absoluto experto y no poder aprovecharlo para impresionarla!"
¿Impresionarla? ¿Por qué demonios quería yo "impresionarla"?
"La Americana" me tenía cada día más confundido.
Entonces fue cuando Calvin Crobbs se cruzó en nuestras vidas.
Crobbs era un pobre diablo: sin familia cercana, sin amigos verdaderos, sin trabajo estable. Había matado a su casero para robarle un puñado de libras, aunque -créame- este tipo de gente no sólo mata por el dinero. Asesinar a "ciudadanos normales" es su pequeña revancha contra esa sociedad con la que tantas cuentas pendientes tienen. El caso es que acabó donde y como esa clase de pobres diablos.
"La Americana" desarrolló una profunda simpatía por Crobbs, lógico, siendo como era el más infeliz de los infelices. Decidió -con todo apasionamiento-.que iba a liderar una campaña para librarlo de la horca.
"¡No voy a permitir que ese hijo de la gran puta de verdugo lo cuelgue!", gritó dando una puñetazo a la mesa de aquel pub.
Ya comenté que "La Americana" decía muchos tacos. Y hasta aquel me pareció encantador.
Estaba más que claro, aquella chica era muy, muy especial, cada minuto más.
Al menos, para mí.
Se estaba a gusto con "La Americana". Ella sacaba el tema de la pena de muerte con cierta frecuencia, y yo intentaba volverlo a meter de la manera más disimulada posible.
"¡Qué irónico, -pensé- una chica interesadísima por un tema en el que uno es un absoluto experto y no poder aprovecharlo para impresionarla!"
¿Impresionarla? ¿Por qué demonios quería yo "impresionarla"?
"La Americana" me tenía cada día más confundido.
Entonces fue cuando Calvin Crobbs se cruzó en nuestras vidas.
Crobbs era un pobre diablo: sin familia cercana, sin amigos verdaderos, sin trabajo estable. Había matado a su casero para robarle un puñado de libras, aunque -créame- este tipo de gente no sólo mata por el dinero. Asesinar a "ciudadanos normales" es su pequeña revancha contra esa sociedad con la que tantas cuentas pendientes tienen. El caso es que acabó donde y como esa clase de pobres diablos.
"La Americana" desarrolló una profunda simpatía por Crobbs, lógico, siendo como era el más infeliz de los infelices. Decidió -con todo apasionamiento-.que iba a liderar una campaña para librarlo de la horca.
"¡No voy a permitir que ese hijo de la gran puta de verdugo lo cuelgue!", gritó dando una puñetazo a la mesa de aquel pub.
Ya comenté que "La Americana" decía muchos tacos. Y hasta aquel me pareció encantador.
Estaba más que claro, aquella chica era muy, muy especial, cada minuto más.
Al menos, para mí.
jueves, 28 de abril de 2011
Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (4)
"No conocí a "la Americana" por casualidad. La muchacha era estudiante de Derecho y estaba por Inglaterra por algo relacionado con la carrera. Tradición familiar, pues su padre también había ejercido la abogacia.en el Sur de Estados Unidos, e incluso se había atrevido a defender a un par de hombres de raza negra acusados de asesinato. Vano esfuerzo, porque habían sido condenados y ahorcados. Después de todo aquello, aquel hombre, descorazonado, había cambiado de rumbo profesional.
Del lance, entre otras cosas, le había quedado a "la Americana" un profundo interés por el tema de la lucha contra la pena de muerte y, por esa causa, habiá entablado relación con el destacado activista David Dogan. Mi viejo amigo David Dogan.
Y a través de él nos conocimos. Yo me presenté como el humilde taxidermista que era y soy, sin, obviamente, revelarle a qué me dedicaba "algunas mañans sueltas", pero su mirada, de puro limpia y simpática, me impulsó a contarle al poco rato de estar charlando que tenía algún que otro conocido en la prisión de Pentonville, y que a veces acudía para "hacer alguna chapucilla pequeña".
-Ahí es donde ahorcan a los condenados de la zona de Londres, ¿no?
-Sí, creo que sí. Es ahí, ¿verdad, David?-respondí.
Ya ve, uno -modestamente- también tiene su pequeña ración de humor británico. Mi amigo David me clavó una mirada mezcla de sorpresa y de guasa al tiempo que asintió. Yo me pusé un poco colorado y un poco nervioso. La chica no tenía un pelo de tonta, ¿se habría percatado de que algo raro pasaba?
-¡Qué manera tan horrible de morir! ¡Me acuerdo de esos pobres muchachos a los que mi padre intentó defender sin éxito!
Me tuve que contener para no decirle que nosotros no éramos unos chapuceros como nuestros primos del otro lado del Atlántico (los había visto en acción después de la guerra y sus métodos y sistemas eran muy inferiores a los nuestros). Me limité a poner una mueca boba y soltar algo así como: "según tengo entendido, en el Reino Unido tenemos el sistema bastante perfeccionado...."
-¡No me jodas, colgar es colgar!
¡Tacos, decía tacos! Y lo curioso era que esas palabras, que salidas de la boca de cualquier otra mujer resultaban feas y groseras, en sus labios parecían graciosas, puede que incluso encantadoras".
Del lance, entre otras cosas, le había quedado a "la Americana" un profundo interés por el tema de la lucha contra la pena de muerte y, por esa causa, habiá entablado relación con el destacado activista David Dogan. Mi viejo amigo David Dogan.
Y a través de él nos conocimos. Yo me presenté como el humilde taxidermista que era y soy, sin, obviamente, revelarle a qué me dedicaba "algunas mañans sueltas", pero su mirada, de puro limpia y simpática, me impulsó a contarle al poco rato de estar charlando que tenía algún que otro conocido en la prisión de Pentonville, y que a veces acudía para "hacer alguna chapucilla pequeña".
-Ahí es donde ahorcan a los condenados de la zona de Londres, ¿no?
-Sí, creo que sí. Es ahí, ¿verdad, David?-respondí.
Ya ve, uno -modestamente- también tiene su pequeña ración de humor británico. Mi amigo David me clavó una mirada mezcla de sorpresa y de guasa al tiempo que asintió. Yo me pusé un poco colorado y un poco nervioso. La chica no tenía un pelo de tonta, ¿se habría percatado de que algo raro pasaba?
-¡Qué manera tan horrible de morir! ¡Me acuerdo de esos pobres muchachos a los que mi padre intentó defender sin éxito!
Me tuve que contener para no decirle que nosotros no éramos unos chapuceros como nuestros primos del otro lado del Atlántico (los había visto en acción después de la guerra y sus métodos y sistemas eran muy inferiores a los nuestros). Me limité a poner una mueca boba y soltar algo así como: "según tengo entendido, en el Reino Unido tenemos el sistema bastante perfeccionado...."
-¡No me jodas, colgar es colgar!
¡Tacos, decía tacos! Y lo curioso era que esas palabras, que salidas de la boca de cualquier otra mujer resultaban feas y groseras, en sus labios parecían graciosas, puede que incluso encantadoras".
miércoles, 27 de abril de 2011
Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (3)
La clave obvia y sencilla: "Woodchat Shrike". En un ejercicio de absoluta carencia de curiosidad que me dejó anonadado, aquel buen señor le limitó a darme la carpeta, los buenos días y volver a sus asuntos. ¡Eso sí que es un profesional!
"Estimado Amigo, me sorprende que estés leyendo esto. De hecho, escribo con la casi absoluta certeza de que jamás nadie lo va a leer. Como todo lo mío, pero esta vez más que nunca. Por eso, voy a hablar de asuntos muy personales, sin duda más de lo habitual y seguramente más de lo debido. Mas no es ésta prosa vacía e inútil. Me sirve a mí, y mucho, pues soy yo el que tiene que vaciarse de esto que llevo dentro. Tengo que luchar y liberarme. Y no conozco otro camino que este.
Pero basta de lloriqueos. Si has llegado hasta aquí, aun cuando tu única pista era una que parecía llevar a ninguna parte, te mereces que comparta contigo esta vivencia"
"¡Hablas raro!", fue lo primero que se me ocurrió soltarle a aquella chica cuando me la presentaron. Me salió así, de modo espontáneo, como la reacción de alguien que intenta ser simpático sin tener mucha costumbre de serlo.
"¡Es que soy americana!", me constestó ella, no supe si en serio o por ganarme la batalla de tomar el pelo.
"Eso debe de ser", contesté. Huelga decir que estaba más que familiarizado con el acento de Estados Unidos. E incluso me parecía casi evidente que la muchacha debía proceder de alguno de los estados sureños. Otra de las cosas que me dejó en herencia la guerra. Había conocido a un buen puñado de sobrinos del Tío Sam, le había salvado la vida a algunos, otros me habían salvado el pellejo a mí, e incluso había tenido el dudoso honor de ahorcar a uno que se había pasado mucho de listo como visitante del Reino Unido.
Sea como fuere, los dos nos reímos. La chica parecía simpático, por muy americana que fuera.
"Estimado Amigo, me sorprende que estés leyendo esto. De hecho, escribo con la casi absoluta certeza de que jamás nadie lo va a leer. Como todo lo mío, pero esta vez más que nunca. Por eso, voy a hablar de asuntos muy personales, sin duda más de lo habitual y seguramente más de lo debido. Mas no es ésta prosa vacía e inútil. Me sirve a mí, y mucho, pues soy yo el que tiene que vaciarse de esto que llevo dentro. Tengo que luchar y liberarme. Y no conozco otro camino que este.
Pero basta de lloriqueos. Si has llegado hasta aquí, aun cuando tu única pista era una que parecía llevar a ninguna parte, te mereces que comparta contigo esta vivencia"
"¡Hablas raro!", fue lo primero que se me ocurrió soltarle a aquella chica cuando me la presentaron. Me salió así, de modo espontáneo, como la reacción de alguien que intenta ser simpático sin tener mucha costumbre de serlo.
"¡Es que soy americana!", me constestó ella, no supe si en serio o por ganarme la batalla de tomar el pelo.
"Eso debe de ser", contesté. Huelga decir que estaba más que familiarizado con el acento de Estados Unidos. E incluso me parecía casi evidente que la muchacha debía proceder de alguno de los estados sureños. Otra de las cosas que me dejó en herencia la guerra. Había conocido a un buen puñado de sobrinos del Tío Sam, le había salvado la vida a algunos, otros me habían salvado el pellejo a mí, e incluso había tenido el dudoso honor de ahorcar a uno que se había pasado mucho de listo como visitante del Reino Unido.
Sea como fuere, los dos nos reímos. La chica parecía simpático, por muy americana que fuera.
martes, 26 de abril de 2011
Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (2).
Helen Trull había salvado su cuello por los pelos, preciosos todos, por cierto, según se apreciaba en las fotos de su juicio que encontré en periódicos microfilmados de principios de los 60. Trull era coqueta, incluso en aquellas circunstancias. De hecho, parecía disfrutar de toda esa publicidad.
Trull, pizpireta estudiante de farmacia en la Universidad de Kansas, había puesto en la práctica sus conocimientos para liquidar a una rival amorosa. Ella había confiado en que sería capaz de hacerlo parecer un desgraciado accidente, pero Trull era una simple estudiante, y tampoco la más brillante de su promoción. Por tanto, la policía no había tenido muchas dificultades para darse cuenta de que aquello había sido un envenamiento, atar cabos y llegar a Trull.
Trull confesó de inmediato. "Desde pequeñita, Helen nunca negaba sus travesuras cuando la pillaban, y aceptaba el castigo con resignación", declaró al Topeka Herald la señora Caplen, su señorita en la escuela primaria.
Pero, claro estaba, aquello había sido más que una travesura. Era un asesinato premeditado, y en Kansas eso se pagaba con la misma moneda.
Todo el mundo dio por hecho que Kansas no tendría el estómago para ahorcar a una jovencita de veinte y pocos años, y no se equivocaron, aunque la condena se dictó y Trull se pasó un par de años en el corredor de la muerte antes de que el Gobernador John Anderson le conmutara la pena por cadena perpetua.
Pena que había cumplido. Para mi disgustó, Helen Trull había muerto entre rejas unos meses antes. Causas naturales.
No obstante, decidí hacer una visita a la cárcel donde había pasado los últimos cuarenta años de su vida. Otro de mis afortunados "por si acasos". Conveniente engrasada con amabilidad y un par de cervezas, el director de la prisión me aclaró que nadie se había preocupado por los restos de Trull, y que la habían dado sepultura en el cementerio de la prisión. No obstante, el entierro había sido relativamente lujoso, ya que Trull había dejado el dinero que había ahorrado trabajando en la cárcel para garantizarlo. Coqueta hasta el final.
-¿Qué hicieron con sus efectos personales?-dejé caer, intentando que no se me notara mucho la ansiedad.
-Se repartió todo entre sus amigas de la prisión. Excepto una carpeta.
Mi corazón dio ese bote tan agradable al que ya me había convertido en adicto, y comenzó a galopar.
-¿Una carpeta?
-Si, fue su última voluntad, curiosa ultima voluntad, de hecha. La carpeta se la dejó a un abogado de su confianza. Tiene que custodiarla hasta que alguien "vaya a buscarla". Le tienen que dar una palabra clave o algo así para que la entregue. Si pasan 10 años y nadie va a por ella, la orden es destruirla.
-¿Una palabra clave?
-Si, ya ve qué locura.
Sin duda.
Trull, pizpireta estudiante de farmacia en la Universidad de Kansas, había puesto en la práctica sus conocimientos para liquidar a una rival amorosa. Ella había confiado en que sería capaz de hacerlo parecer un desgraciado accidente, pero Trull era una simple estudiante, y tampoco la más brillante de su promoción. Por tanto, la policía no había tenido muchas dificultades para darse cuenta de que aquello había sido un envenamiento, atar cabos y llegar a Trull.
Trull confesó de inmediato. "Desde pequeñita, Helen nunca negaba sus travesuras cuando la pillaban, y aceptaba el castigo con resignación", declaró al Topeka Herald la señora Caplen, su señorita en la escuela primaria.
Pero, claro estaba, aquello había sido más que una travesura. Era un asesinato premeditado, y en Kansas eso se pagaba con la misma moneda.
Todo el mundo dio por hecho que Kansas no tendría el estómago para ahorcar a una jovencita de veinte y pocos años, y no se equivocaron, aunque la condena se dictó y Trull se pasó un par de años en el corredor de la muerte antes de que el Gobernador John Anderson le conmutara la pena por cadena perpetua.
Pena que había cumplido. Para mi disgustó, Helen Trull había muerto entre rejas unos meses antes. Causas naturales.
No obstante, decidí hacer una visita a la cárcel donde había pasado los últimos cuarenta años de su vida. Otro de mis afortunados "por si acasos". Conveniente engrasada con amabilidad y un par de cervezas, el director de la prisión me aclaró que nadie se había preocupado por los restos de Trull, y que la habían dado sepultura en el cementerio de la prisión. No obstante, el entierro había sido relativamente lujoso, ya que Trull había dejado el dinero que había ahorrado trabajando en la cárcel para garantizarlo. Coqueta hasta el final.
-¿Qué hicieron con sus efectos personales?-dejé caer, intentando que no se me notara mucho la ansiedad.
-Se repartió todo entre sus amigas de la prisión. Excepto una carpeta.
Mi corazón dio ese bote tan agradable al que ya me había convertido en adicto, y comenzó a galopar.
-¿Una carpeta?
-Si, fue su última voluntad, curiosa ultima voluntad, de hecha. La carpeta se la dejó a un abogado de su confianza. Tiene que custodiarla hasta que alguien "vaya a buscarla". Le tienen que dar una palabra clave o algo así para que la entregue. Si pasan 10 años y nadie va a por ella, la orden es destruirla.
-¿Una palabra clave?
-Si, ya ve qué locura.
Sin duda.
lunes, 25 de abril de 2011
Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (1).
Helen Trull, una mujer. De antemano, me pareció que la investigación sería relativemente sencilla, ya que en mi país - en todos, de hecho- las mujeres que iban al patíbulo eran una minoría.
Pero mi gozo se ahogó en el pozo de la frustración: nadie con ese nombre o ese apellido había sido ahorcado en el Reino Unido o Irlanda en todo el siglo XX. De hecho, ni tan siquiera había alguien que hubiera sido condenado a la última pena.
Presa de la ansiosa desesperación a la que mi amigo Woodchat parecía siempre arrastrarme, me lancé al inmenso mar de investigar el nombre en sí. En efecto, existían -y habían existido- un buen puñado de mujeres con ese nombre, pero, ¿por cuál empezar? ¿Cómo? ¿Dónde? La única pregunta que tenía una respuesta clara era: "¿Por qué?"
Porque me moría de ganas por conocer más aventuras de Woodchat Shrike.
Entonces, cuando la ansiedad ya me robaba más sueño del razonable y permisible, la suerte, la casualidad vino -quizás no de modo casual- en mi ayuda.
Mi jefe me mandó a Estados Unidos. Compromiso ineludible, más en aquellos momentos en que estaba eludiendo demasiados compromisos profesionales o, mejor dicho, aplazando Y, después de todo, comer y pagar las facturas siempre es lo primero.
El caso es que me vi en Estados Unidos, y con algo de tiempo libre que me dejaba el trabajo.
Y no lo pude evitar, me puse a buscar a la tal Helen Trull en los archivos y registros de aquellas tierras. Por si acaso, por pura compulsión. Quizás debería hablar de un profesional de todo aquello.
Pero el caso es que aquel "por si acaso" resultó clave.
Pero mi gozo se ahogó en el pozo de la frustración: nadie con ese nombre o ese apellido había sido ahorcado en el Reino Unido o Irlanda en todo el siglo XX. De hecho, ni tan siquiera había alguien que hubiera sido condenado a la última pena.
Presa de la ansiosa desesperación a la que mi amigo Woodchat parecía siempre arrastrarme, me lancé al inmenso mar de investigar el nombre en sí. En efecto, existían -y habían existido- un buen puñado de mujeres con ese nombre, pero, ¿por cuál empezar? ¿Cómo? ¿Dónde? La única pregunta que tenía una respuesta clara era: "¿Por qué?"
Porque me moría de ganas por conocer más aventuras de Woodchat Shrike.
Entonces, cuando la ansiedad ya me robaba más sueño del razonable y permisible, la suerte, la casualidad vino -quizás no de modo casual- en mi ayuda.
Mi jefe me mandó a Estados Unidos. Compromiso ineludible, más en aquellos momentos en que estaba eludiendo demasiados compromisos profesionales o, mejor dicho, aplazando Y, después de todo, comer y pagar las facturas siempre es lo primero.
El caso es que me vi en Estados Unidos, y con algo de tiempo libre que me dejaba el trabajo.
Y no lo pude evitar, me puse a buscar a la tal Helen Trull en los archivos y registros de aquellas tierras. Por si acaso, por pura compulsión. Quizás debería hablar de un profesional de todo aquello.
Pero el caso es que aquel "por si acaso" resultó clave.
domingo, 24 de abril de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): El Cielo Cae sobre los Hombres.
-¡Y que no para de llover, padre!
El Padre Cosme se limitó a asentir a las palabras de Dona Soledad mientras miraba al cielo. Estaba como ido.
-¡Adiós a la procesión este año, padre!
-Ajá.
-¡Que ya sé que en este pueblo no somos los más devotos del mundo, ni tan siquiera de la comarca, pero un Jueves Santo sin procesión...qué triste!
El Padre Cosme seguía con los ojos anclados en el Cielo, seguía como ido. No obstante habló, acaso para Doña Soledad, acaso para sí, acaso para todos los hombres.
-Y así debe de ser, triste. La tarde más triste de la historia. Así debió de ser aquella tarde: oscura sin ser noche, con todo un cielo que se abrió hasta cerrarse, con las truenos bramando como una bestia herida de injusticia, y agua cayendo y cayendo, como intentando lavar infructuosa toda la porquería de la Humanidad.
-¿Se encuentra bien, padre?
-No, uno no puede encontrarse bien esta tarde. No, dadas las circunstancias. No sabiendo que usted y yo, y toda la Humanidad le seguimos entregando a sus verdugos, le seguimos traicionando año tras año, día tras día.
-¿Quiere que llame al médico?
-No, déjelo. Déjeme que siga contemplando cómo llueve, que la oscuridad de estas nubes tan negras puede que esté aquí para iluminarnos a todos.
-Bueno, pues en vista de aquí no va a salir ninguna imagen, yo en cuanto escampe me voy a mi casa.
-Puede que deje de llover, pero no va a escampar. Al menos, no para mí. Al menos, no de momento.
En ese instante, Doña Soledad decidió irse de inmediato, ya que las gotas de agua cayendo como jarros le daban menos miedo que su párroco.
El Padre Cosme se limitó a asentir a las palabras de Dona Soledad mientras miraba al cielo. Estaba como ido.
-¡Adiós a la procesión este año, padre!
-Ajá.
-¡Que ya sé que en este pueblo no somos los más devotos del mundo, ni tan siquiera de la comarca, pero un Jueves Santo sin procesión...qué triste!
El Padre Cosme seguía con los ojos anclados en el Cielo, seguía como ido. No obstante habló, acaso para Doña Soledad, acaso para sí, acaso para todos los hombres.
-Y así debe de ser, triste. La tarde más triste de la historia. Así debió de ser aquella tarde: oscura sin ser noche, con todo un cielo que se abrió hasta cerrarse, con las truenos bramando como una bestia herida de injusticia, y agua cayendo y cayendo, como intentando lavar infructuosa toda la porquería de la Humanidad.
-¿Se encuentra bien, padre?
-No, uno no puede encontrarse bien esta tarde. No, dadas las circunstancias. No sabiendo que usted y yo, y toda la Humanidad le seguimos entregando a sus verdugos, le seguimos traicionando año tras año, día tras día.
-¿Quiere que llame al médico?
-No, déjelo. Déjeme que siga contemplando cómo llueve, que la oscuridad de estas nubes tan negras puede que esté aquí para iluminarnos a todos.
-Bueno, pues en vista de aquí no va a salir ninguna imagen, yo en cuanto escampe me voy a mi casa.
-Puede que deje de llover, pero no va a escampar. Al menos, no para mí. Al menos, no de momento.
En ese instante, Doña Soledad decidió irse de inmediato, ya que las gotas de agua cayendo como jarros le daban menos miedo que su párroco.
sábado, 23 de abril de 2011
Los Carceleros de Medrano.
-¿Comió?
-Y bebió, y todo con buen ánimo, que ya hay que tener ánimo, sirviéndosele lo que se le ha servido. Sin duda, tanto trabajar le abre un apetito tan grande, que hasta porquerías de ese tamaño le caben en el estómago.
-¿Sigue escribiendo, pues?
-Sigue escribiendo y no para.
-Y eso que escribe, ¿es de mérito?
-La misma duda me vino a mí, y así se lo pregunté. Me dio una respuesta, que no sé si me respondió o -aprovechándose de mi ignorancia- me dio mil vueltas para llevarme a ninguna parte. El caso es que no le entendí.
-¡Para mí que si diestro fuera con la letras, no se vería en esta casa cautivo por ladrón!
-Cierto, que cuando un escritor se ve preso, no es por robar dineros, sino por decir verdades.
-Me parece a mí que este pobre hombre tiene más de pobre que de hombre, y no lo digo por la escasez de dineros, sino por la abundancia de penurias.
-En eso razón no te falta. Ya hemos oído mil veces su historia: ofreció la vida a nuestra Patria, y ésta, caprichosa, se la despreció, pero se quedó con un brazo en prenda. Más tarde, cautivo en tierras de moros, que al lado de aquellas mazmorras infieles, debe parecer este pedazo de Castilla más castillo que celda. Y, tras recobrar la libertad, el Rey se la cobra de nuevo y da con sus pobres huesos en esta cueva.
-¡Pobre infeliz, pues!
-Pobre infeliz, este tal don Miguel de Cervantes Saavedra. Uno de tantos a los que siglos engullirán tras su muerte, para hundirlo para siempre en el más profundo olvido.
Dice la tradición popular -y refrenda algún que otro estudioso-, que Cervantes comenzó a escribir su "Don Quijote" mientras estaba preso en la cueva de la Casa de Medrano (Argamasilla de Alba, Ciudad Real).
-Y bebió, y todo con buen ánimo, que ya hay que tener ánimo, sirviéndosele lo que se le ha servido. Sin duda, tanto trabajar le abre un apetito tan grande, que hasta porquerías de ese tamaño le caben en el estómago.
-¿Sigue escribiendo, pues?
-Sigue escribiendo y no para.
-Y eso que escribe, ¿es de mérito?
-La misma duda me vino a mí, y así se lo pregunté. Me dio una respuesta, que no sé si me respondió o -aprovechándose de mi ignorancia- me dio mil vueltas para llevarme a ninguna parte. El caso es que no le entendí.
-¡Para mí que si diestro fuera con la letras, no se vería en esta casa cautivo por ladrón!
-Cierto, que cuando un escritor se ve preso, no es por robar dineros, sino por decir verdades.
-Me parece a mí que este pobre hombre tiene más de pobre que de hombre, y no lo digo por la escasez de dineros, sino por la abundancia de penurias.
-En eso razón no te falta. Ya hemos oído mil veces su historia: ofreció la vida a nuestra Patria, y ésta, caprichosa, se la despreció, pero se quedó con un brazo en prenda. Más tarde, cautivo en tierras de moros, que al lado de aquellas mazmorras infieles, debe parecer este pedazo de Castilla más castillo que celda. Y, tras recobrar la libertad, el Rey se la cobra de nuevo y da con sus pobres huesos en esta cueva.
-¡Pobre infeliz, pues!
-Pobre infeliz, este tal don Miguel de Cervantes Saavedra. Uno de tantos a los que siglos engullirán tras su muerte, para hundirlo para siempre en el más profundo olvido.
Dice la tradición popular -y refrenda algún que otro estudioso-, que Cervantes comenzó a escribir su "Don Quijote" mientras estaba preso en la cueva de la Casa de Medrano (Argamasilla de Alba, Ciudad Real).
viernes, 22 de abril de 2011
Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Ocho por Ocho.
-¡Han sido los ingleses, por su culpa se me ha ido el remate de cabeza al travesaño!
A Gonzalo Rosales nunca le gustó perder. Menos mal que siempre estaba allí el hermano Valerio para ser su paño de lágrimas, y si le podía hacer sacar alguna conclusión educativa del asunto, mejor que mejor.
-¿Los ingleses tienen la culpa de que hayas cabeceado mal?
-¡Por supuesto! ¿A quién se le ocurre poner unas porterías tan raras?
-¿Raras? ¿Qué quieres, que sean redondas?
-No, que tengan unas medidas más normales y no eso de 7,32 por 2,44 metros. ¡Si llega a ser de dos metros y medio, seguro que va para adentro!
-¿Sabes la razón de esa medidas?
-¡Pues claro, Hermano, que yo soy un tipo documentado! Los ingleses tienen otro sistema de medición: yardas y pies. La portería son 8 yardas por 8 pies.
-Exacto.
-¡Pues muy mal! Tenía que ser algo más normal: 7,50 por 2,50 metros.
-¡Cómo se nota que no juegas de portero!
-¡Que esa gente ha adulterado la historia del fútbol! ¿Ha pensado lo diferentes que habrían sido muchos marcadores y muchos campeonatos si las porterías hubieran sido así, un poquito más grandes?
-La verdad es que no te falta razón.
-Exacto, así que la historia del fútbol está marcada por el simple capricho de que lo inventaros los ingleses y no lo españoles o los franceses.
-Pues sí.
-En fin, la próxima vez, remataré más bajito.
Chico listo Gonzalo Rosales.
A Gonzalo Rosales nunca le gustó perder. Menos mal que siempre estaba allí el hermano Valerio para ser su paño de lágrimas, y si le podía hacer sacar alguna conclusión educativa del asunto, mejor que mejor.
-¿Los ingleses tienen la culpa de que hayas cabeceado mal?
-¡Por supuesto! ¿A quién se le ocurre poner unas porterías tan raras?
-¿Raras? ¿Qué quieres, que sean redondas?
-No, que tengan unas medidas más normales y no eso de 7,32 por 2,44 metros. ¡Si llega a ser de dos metros y medio, seguro que va para adentro!
-¿Sabes la razón de esa medidas?
-¡Pues claro, Hermano, que yo soy un tipo documentado! Los ingleses tienen otro sistema de medición: yardas y pies. La portería son 8 yardas por 8 pies.
-Exacto.
-¡Pues muy mal! Tenía que ser algo más normal: 7,50 por 2,50 metros.
-¡Cómo se nota que no juegas de portero!
-¡Que esa gente ha adulterado la historia del fútbol! ¿Ha pensado lo diferentes que habrían sido muchos marcadores y muchos campeonatos si las porterías hubieran sido así, un poquito más grandes?
-La verdad es que no te falta razón.
-Exacto, así que la historia del fútbol está marcada por el simple capricho de que lo inventaros los ingleses y no lo españoles o los franceses.
-Pues sí.
-En fin, la próxima vez, remataré más bajito.
Chico listo Gonzalo Rosales.
jueves, 21 de abril de 2011
La Clase Turista del Arca de Noé: El Gavial.
Este parece sacado de una película de dinosaurios, o quizás se asemeja a una caricatura de su primo el cocodrilo. Pero no, es así de actual y así de real.
El Gavial es, ya le digo, primo del cocodrilos y similares, pero es el más raro de todos.
Y lo es, sobre todo, por esa bocaza tan particular, tan finita, y, si me lo permite, tan graciosa. Boca rematada, para colmo de curiosidad, por esas dos fosas nasales al más puro estilo dibujo animado. Es esta misma boca, de dientes como cuchillos pero tan frágil por naturaleza, la que marca la dieta del gavial: no ataca a seres humanos o cualquier otro mamífero, ya que es probable que en el forcejeo le partieran el morro (literalmente). Se conforma con peces. Por otro lado, ese tipo de boca (y esa dentadura tan afilada) tampoco le permite coger a sus crías.
No obstante, por mucho que no ataque a particulares, la visión del bicho impresiona, con casi 5 metros de largo y dando en la báscula más de 600 kilos.
Resulta ser torpe torpón sobre la superficie terrestre, ya que sólo es capaz de desplazarse arrastrándose sobre su barriga, pero es el más hábil de la familia bajo el agua. Es por esto que sólo sale a la superficie terrestre por exigencias del guión (o sea, para poner huevos o tomar un poquillo el sol).
Como la mayoría de los animales de "la Clase Turista del Arca de Noé", el Gavial no pasa por una buena racha. En 1940, se calculaba que había entre 5.000 y 10.000 ejemplares el libertad. Hoy, apenas quedan unos 200, y sólo se encuentra en ríos de Nepal y la India. En otras palabras, está en muy serio peligro de extinción.
Aunque no todo está perdido...Esta Organización está peleando por ellos.
El Gavial es, ya le digo, primo del cocodrilos y similares, pero es el más raro de todos.
Y lo es, sobre todo, por esa bocaza tan particular, tan finita, y, si me lo permite, tan graciosa. Boca rematada, para colmo de curiosidad, por esas dos fosas nasales al más puro estilo dibujo animado. Es esta misma boca, de dientes como cuchillos pero tan frágil por naturaleza, la que marca la dieta del gavial: no ataca a seres humanos o cualquier otro mamífero, ya que es probable que en el forcejeo le partieran el morro (literalmente). Se conforma con peces. Por otro lado, ese tipo de boca (y esa dentadura tan afilada) tampoco le permite coger a sus crías.
No obstante, por mucho que no ataque a particulares, la visión del bicho impresiona, con casi 5 metros de largo y dando en la báscula más de 600 kilos.
Resulta ser torpe torpón sobre la superficie terrestre, ya que sólo es capaz de desplazarse arrastrándose sobre su barriga, pero es el más hábil de la familia bajo el agua. Es por esto que sólo sale a la superficie terrestre por exigencias del guión (o sea, para poner huevos o tomar un poquillo el sol).
Como la mayoría de los animales de "la Clase Turista del Arca de Noé", el Gavial no pasa por una buena racha. En 1940, se calculaba que había entre 5.000 y 10.000 ejemplares el libertad. Hoy, apenas quedan unos 200, y sólo se encuentra en ríos de Nepal y la India. En otras palabras, está en muy serio peligro de extinción.
Aunque no todo está perdido...Esta Organización está peleando por ellos.
miércoles, 20 de abril de 2011
Vocablos Fascinantes Cubiertos de Óxido: Botarate.
Botarate: Hombre alborotado y de poco juicio.
Suena gracioso e hiriente a partes iguales. Pero, en especial, suena increíblemente descriptivo y original, particularmente en estos tiempos en que no salimos del tópico "gilipollas". ¡Hay que ser más original a la hora de menospreciar lo que nos produce poco aprecio!
Es por tanto que le animo a utilizar, incluso abusar -si es que eso es lo que le pide el cuerpo- del término en cuestión.
Oportunidades no le han de faltar, que desde que uno se levanta hasta que se acuesta se encuentra rodeado de un ejército de mil legiones de botarates, desde el comentarista radiofónico que alegre y superficial critica políticas económicas o de fichajes sin proponer soluciones alternativas y viables, hasta el simpático adolescente que te adelante veloz en su bicicleta en plena acera, y que casi te atropella al hacerlo.
¡Libranos, Señor, de tanto "botarate"!
(En especial, de los que se comportan como tales en tu nombre, y me temo que sin tu permiso, o también de los que lo hacen para meterse contigo, en triste demostración de que no tienen nada mejor que hacer en su tiempo libre y libertino que atacar a un tipo que, según ellos, ni existe ni existió ni existirá).
¡Líbranos. Señor, de tanto "botarate"!
(Incluidos los que escriben blogs).
Suena gracioso e hiriente a partes iguales. Pero, en especial, suena increíblemente descriptivo y original, particularmente en estos tiempos en que no salimos del tópico "gilipollas". ¡Hay que ser más original a la hora de menospreciar lo que nos produce poco aprecio!
Es por tanto que le animo a utilizar, incluso abusar -si es que eso es lo que le pide el cuerpo- del término en cuestión.
Oportunidades no le han de faltar, que desde que uno se levanta hasta que se acuesta se encuentra rodeado de un ejército de mil legiones de botarates, desde el comentarista radiofónico que alegre y superficial critica políticas económicas o de fichajes sin proponer soluciones alternativas y viables, hasta el simpático adolescente que te adelante veloz en su bicicleta en plena acera, y que casi te atropella al hacerlo.
¡Libranos, Señor, de tanto "botarate"!
(En especial, de los que se comportan como tales en tu nombre, y me temo que sin tu permiso, o también de los que lo hacen para meterse contigo, en triste demostración de que no tienen nada mejor que hacer en su tiempo libre y libertino que atacar a un tipo que, según ellos, ni existe ni existió ni existirá).
¡Líbranos. Señor, de tanto "botarate"!
(Incluidos los que escriben blogs).
martes, 19 de abril de 2011
La Absoluta Imposibilidad que Tiene Uno de Hacer Público Reconomiento de Ignorancia.
De repente, sin previo aviso o anestesia, suena una canción en el hilo musical, y el tipo que tienes delante dice: "¡Qué temazo!"
Y tú vas y asientes poniendo cara de entendido, aunque es la primera vez en tu vida que eschuchas el tema en cuestión.
"¡El mejor de todo el album!", replica el otro. Y tú, pleno de insensatez, le das la razón.
"Peters Hall", te remata.
Y tú, que no sabes si "Peters Hall" es el nombre del LP, de la canción, del cantante, del compositor o del estudio de grabación, sueltas eso de: "¡qué maravilla!", e intentas cambiar de tema sin que se note mucho.
Pasa con todo, que uno no es capaz de admitir que no tiene ni idea de lo que le están hablando.
Pasa cuando alguien te explica sus vacaciones, y da por hecho que un profesor de inglés conoce el Reino Unido como el salón de su casa.
-¡Pues este verano estuvimos en Inglaterra, en Port Calvin!
Yo no tengo ni la más remota idea de donde está Port Calvin, pero, en cualquier caso, asiento.
-¿Lo conoces?-me replica.
(Yo solito me lo he buscado).
-Estar, lo que se dice estar, no he estado, pero he oído hablar.
-¡Pues la abadía es preciosa!
La fastidiamos. Es el momento de jugarme el todo por el todo.
-Normanda.
-Exacto.
Me suele salir bien, pero supongo que un día de estos me van a pillar.
Aunque también está el caso inverso.
-Estuvimos en Edimburgo.
-Ah, yo llevo 15 años yendo.
-¡Muy bonita!
-Preciosa.
-¡Hay un castillo!
-Ya, lo conozco.
-¡Está en lo alto de una cuesta más empinada!
-Sí, he estado varias veces.
-¡Se ve toda la ciudad desde allí!
-Ya, ya.
-Y luego hay una calle que le llaman la "Royal Mile", que van del Castillo al Palacio de Holyrood.
En fin, debe ser que no se me dan demasiado bien ciertas conversaciones.
Y tú vas y asientes poniendo cara de entendido, aunque es la primera vez en tu vida que eschuchas el tema en cuestión.
"¡El mejor de todo el album!", replica el otro. Y tú, pleno de insensatez, le das la razón.
"Peters Hall", te remata.
Y tú, que no sabes si "Peters Hall" es el nombre del LP, de la canción, del cantante, del compositor o del estudio de grabación, sueltas eso de: "¡qué maravilla!", e intentas cambiar de tema sin que se note mucho.
Pasa con todo, que uno no es capaz de admitir que no tiene ni idea de lo que le están hablando.
Pasa cuando alguien te explica sus vacaciones, y da por hecho que un profesor de inglés conoce el Reino Unido como el salón de su casa.
-¡Pues este verano estuvimos en Inglaterra, en Port Calvin!
Yo no tengo ni la más remota idea de donde está Port Calvin, pero, en cualquier caso, asiento.
-¿Lo conoces?-me replica.
(Yo solito me lo he buscado).
-Estar, lo que se dice estar, no he estado, pero he oído hablar.
-¡Pues la abadía es preciosa!
La fastidiamos. Es el momento de jugarme el todo por el todo.
-Normanda.
-Exacto.
Me suele salir bien, pero supongo que un día de estos me van a pillar.
Aunque también está el caso inverso.
-Estuvimos en Edimburgo.
-Ah, yo llevo 15 años yendo.
-¡Muy bonita!
-Preciosa.
-¡Hay un castillo!
-Ya, lo conozco.
-¡Está en lo alto de una cuesta más empinada!
-Sí, he estado varias veces.
-¡Se ve toda la ciudad desde allí!
-Ya, ya.
-Y luego hay una calle que le llaman la "Royal Mile", que van del Castillo al Palacio de Holyrood.
En fin, debe ser que no se me dan demasiado bien ciertas conversaciones.
lunes, 18 de abril de 2011
Conversación de Calabozo.
-Tú sales en la tele, ¿no?
-Sí, a veces.
-Ya me parecía a mí.
-Ya.
-¡Qué bonito eso de salir por la tele! Una vez estuvieron grabando en mi barrio, porque le habían pegado tres cuchilladas a uno en un bar. Me puse detrás del que hablaba pero al final no me se veía la cara. ¡Me tragué medio jodido telediario para nada!
-Ya...Oye, perdona, es que no me hace mucha gracia que me reconozca la gente.
-¡Joder, menos gracia me hace a mí que me reconozcan tres testigos de robo con intimidación!
-¿Estas aquí por eso?
-¡Nah, eso es agua pasada! Ahora me dedico al delito informático.
-¡Ah, eres un "hacker"!
-No, a mí de música me gusta más lo caribeño.
-Me refiero a que entras en ordenadores a robar información.
-No, más bien entro en la tienda y robo el ordenador directamente....Y ti, ¿por qué te han metido?
-¿A mí?...¡Por error! Un lamentable malentendido.
-Ya, de eso por aquí hay mucho. ¿Cuál ha sido? ¿Un paquete de droga que te han metido en el bolsillo? ¿Ibas tan borracho que no te diste cuenta de que no era tu casa? ¿Pensabas que la joyería estaba de promoción y regalaban los anillos?...
-Mira, mejor lo dejamos...¡Ah, mi abogado debe haber pagado la fianza, porque ahí viene el policía a sacarme!
-Sí, porque mi fianza no la pagarían ni aunque fuera de veinte cromos de la Liga de Fútbol.
-Bueno, ha sido un placer. Suerte.
-Oye, ¿por qué no me firmas un autógrafo antes de irte?
-Claro, ¿cómo te llamas?
-No, es para mi novia, para que se crea que he estado detenido y no de putas con mis colegas. Es que como tú sales en la tele, seguro que se lo cree. Pon que has estado en el calabozo conmigo, fecha y firma.
-En fin...
-¿Qué te iba a decir?...¿Por qué no te enrollas y me convidas a la fianza?
-Sí, a veces.
-Ya me parecía a mí.
-Ya.
-¡Qué bonito eso de salir por la tele! Una vez estuvieron grabando en mi barrio, porque le habían pegado tres cuchilladas a uno en un bar. Me puse detrás del que hablaba pero al final no me se veía la cara. ¡Me tragué medio jodido telediario para nada!
-Ya...Oye, perdona, es que no me hace mucha gracia que me reconozca la gente.
-¡Joder, menos gracia me hace a mí que me reconozcan tres testigos de robo con intimidación!
-¿Estas aquí por eso?
-¡Nah, eso es agua pasada! Ahora me dedico al delito informático.
-¡Ah, eres un "hacker"!
-No, a mí de música me gusta más lo caribeño.
-Me refiero a que entras en ordenadores a robar información.
-No, más bien entro en la tienda y robo el ordenador directamente....Y ti, ¿por qué te han metido?
-¿A mí?...¡Por error! Un lamentable malentendido.
-Ya, de eso por aquí hay mucho. ¿Cuál ha sido? ¿Un paquete de droga que te han metido en el bolsillo? ¿Ibas tan borracho que no te diste cuenta de que no era tu casa? ¿Pensabas que la joyería estaba de promoción y regalaban los anillos?...
-Mira, mejor lo dejamos...¡Ah, mi abogado debe haber pagado la fianza, porque ahí viene el policía a sacarme!
-Sí, porque mi fianza no la pagarían ni aunque fuera de veinte cromos de la Liga de Fútbol.
-Bueno, ha sido un placer. Suerte.
-Oye, ¿por qué no me firmas un autógrafo antes de irte?
-Claro, ¿cómo te llamas?
-No, es para mi novia, para que se crea que he estado detenido y no de putas con mis colegas. Es que como tú sales en la tele, seguro que se lo cree. Pon que has estado en el calabozo conmigo, fecha y firma.
-En fin...
-¿Qué te iba a decir?...¿Por qué no te enrollas y me convidas a la fianza?
domingo, 17 de abril de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): La Suerte de Varas.
Ignacio Varas (Nacho Varas para los amigos, que son pocos pero buenos) tiene lo justo para vivir sin trabajar. Un estupendo día, le tocó la Lotería. Hizo sus cálculos y decidió marcharse a un sitio como Gracia del Río, donde las cosas son mucho más baratas que en la capital.
Tiene para comprar cada día una barra de pan, una botella de vino de combate, unos tomates, un filete y algo de fruta. Tiene para comprarse el periódico a diario y ciertos libros que le apetece leer. Tiene para tomarse una cerveza con tapa en el bar de Matías. Tiene para costearse algún que otro cacharro electrónico ocasional y para cambiar de aires unos días un par de veces al año (en autocar, eso sí).
Nacho Varas pasea las tardes de sol (las de lluvia se queda en casa a leer, oír la radio o simplemente, se dedica a ver llover). Se baja hasta el Guirlachuelo y se sienta sobre la tierra mojada de sus orillas para admirar su curso cansino, o puede que se interne en las tierras de los "S'abollas" y los "Amostachaos", y pasee sin más rumbo que el que dicta el caprichoso canto de los pajaritos.
De noche, se sienta en la terraza del bar de Matías o toma el fresco en una silla de playa a la puerta de su casa. Nacho Varas es la viva imagen de la serenidad, siempre con una sonrisa en los labios y una idea en la mirada.
Nacho Varas no tiene reloj. Se acuesta cuando tiene sueño, se levanta cuando deja de tenerlo; come cuando tiene hambre y enciende la luz porque se ha hecho de noche. En las contadas ocasiones en que quiere saber qué hora es, se baja al cercano bar y, asomando la cabeza por la puerta, pregunta: "Matías, ¿qué tienes de hora?"
Curioso. Todo el mundo sueña con que, si le toca la Lotería, hará grandes viajes o se comprará coches de lujo, o joyas o mansiones.
Pero, quizás, Nacho Varas es un único que supo entender realmente cómo se ganaba en ese juego.
Tiene para comprar cada día una barra de pan, una botella de vino de combate, unos tomates, un filete y algo de fruta. Tiene para comprarse el periódico a diario y ciertos libros que le apetece leer. Tiene para tomarse una cerveza con tapa en el bar de Matías. Tiene para costearse algún que otro cacharro electrónico ocasional y para cambiar de aires unos días un par de veces al año (en autocar, eso sí).
Nacho Varas pasea las tardes de sol (las de lluvia se queda en casa a leer, oír la radio o simplemente, se dedica a ver llover). Se baja hasta el Guirlachuelo y se sienta sobre la tierra mojada de sus orillas para admirar su curso cansino, o puede que se interne en las tierras de los "S'abollas" y los "Amostachaos", y pasee sin más rumbo que el que dicta el caprichoso canto de los pajaritos.
De noche, se sienta en la terraza del bar de Matías o toma el fresco en una silla de playa a la puerta de su casa. Nacho Varas es la viva imagen de la serenidad, siempre con una sonrisa en los labios y una idea en la mirada.
Nacho Varas no tiene reloj. Se acuesta cuando tiene sueño, se levanta cuando deja de tenerlo; come cuando tiene hambre y enciende la luz porque se ha hecho de noche. En las contadas ocasiones en que quiere saber qué hora es, se baja al cercano bar y, asomando la cabeza por la puerta, pregunta: "Matías, ¿qué tienes de hora?"
Curioso. Todo el mundo sueña con que, si le toca la Lotería, hará grandes viajes o se comprará coches de lujo, o joyas o mansiones.
Pero, quizás, Nacho Varas es un único que supo entender realmente cómo se ganaba en ese juego.
sábado, 16 de abril de 2011
Ropley, El Planeta en el que Sólo se Vive Dos Veces.
En el lejano planeta Ropley todas la personas tienen dos vidas. Esa es la única diferencia con este nuestro mundo. Pero, ¡menuda diferencia!
Hay, pues, dos tipos de personas: los bivitales y los monovitales, según las vidas que les resten. Este dato es estrictamente confidencial, y se guarda en archivos del gobierno. No obstante, también es muy complicado de ocultar, por no decir imposible, a familiares y amigos.
¿Cómo se muere, pues, en Ropley? Pues igual que en nuestro planeta, solo que, después de morir por primera vez, la persona despierta -como por arte de magia- sana de aquello que le causó la muerte. Por ejemplo, si un anciano fallece de un infarto, retorna con el corazón sano, pero el resto de su cuerpo igual de envejecido. Por tanto, no es raro que haya gente mayor que pierda sus dos vidas en cuestión de un par de años.
Por desgracia, la regeneración sólo es posible si el cuerpo queda completo después del fallecimiento, con lo que las víctimas de incendiós o explosiones pierden sus dos vidas de golpe. No obstante, hay unos minutos de margen, y si el S.U.R.C.E (Servicio Urgente de Reconstrucción Corporal de Emergencia) llega a tiempo y, por ejemplo, cosen la cabeza la cuerpo, la víctima puede disfrutar de su segunda vida.
Cuando uno se muere por primera vez en Ropley, hay una sensación de tensa amargura en el ambiente, en especial si el afectado es muy joven. Algunos dan consuelo, diciendo aquello de: "Todavía tienes toda una vida por delante", mientras que otros te reprochan: "¡Qué manera de desperdiciar una vida!".
El planteamiento que se hace mucha gente es, no obstante, ese mismo: vivir la primera vida al límite, y luego tomarse la segunda con más calma. También los hay que prefieren cuidarse desde jovencitos para asegurarse que llegarán a viejos.
Hubo una época en que sólo los bivitales iban a la guerra, siendo licenciados de inmediato si perdían su primera vida. Pero hubo que cambiarlo, porque muchos jóvenes se pegaban un tiro, renunciado a su primera vida a cambio de salir de allí.
También es complicado suicidarse en Ropley, porque después de quitarte la primera vida, se te envía a un centro especial de internamiento para evitar que remates la faena.
En lo referente a los asesinatos, hay encendidos debates sobre si la persona que te priva de tu primera vida debe ser tratada con la misma severidad que aquella que quita la segunda.
Como verá, Ropley es un sitio muy particular y complejo.
Hay, pues, dos tipos de personas: los bivitales y los monovitales, según las vidas que les resten. Este dato es estrictamente confidencial, y se guarda en archivos del gobierno. No obstante, también es muy complicado de ocultar, por no decir imposible, a familiares y amigos.
¿Cómo se muere, pues, en Ropley? Pues igual que en nuestro planeta, solo que, después de morir por primera vez, la persona despierta -como por arte de magia- sana de aquello que le causó la muerte. Por ejemplo, si un anciano fallece de un infarto, retorna con el corazón sano, pero el resto de su cuerpo igual de envejecido. Por tanto, no es raro que haya gente mayor que pierda sus dos vidas en cuestión de un par de años.
Por desgracia, la regeneración sólo es posible si el cuerpo queda completo después del fallecimiento, con lo que las víctimas de incendiós o explosiones pierden sus dos vidas de golpe. No obstante, hay unos minutos de margen, y si el S.U.R.C.E (Servicio Urgente de Reconstrucción Corporal de Emergencia) llega a tiempo y, por ejemplo, cosen la cabeza la cuerpo, la víctima puede disfrutar de su segunda vida.
Cuando uno se muere por primera vez en Ropley, hay una sensación de tensa amargura en el ambiente, en especial si el afectado es muy joven. Algunos dan consuelo, diciendo aquello de: "Todavía tienes toda una vida por delante", mientras que otros te reprochan: "¡Qué manera de desperdiciar una vida!".
El planteamiento que se hace mucha gente es, no obstante, ese mismo: vivir la primera vida al límite, y luego tomarse la segunda con más calma. También los hay que prefieren cuidarse desde jovencitos para asegurarse que llegarán a viejos.
Hubo una época en que sólo los bivitales iban a la guerra, siendo licenciados de inmediato si perdían su primera vida. Pero hubo que cambiarlo, porque muchos jóvenes se pegaban un tiro, renunciado a su primera vida a cambio de salir de allí.
También es complicado suicidarse en Ropley, porque después de quitarte la primera vida, se te envía a un centro especial de internamiento para evitar que remates la faena.
En lo referente a los asesinatos, hay encendidos debates sobre si la persona que te priva de tu primera vida debe ser tratada con la misma severidad que aquella que quita la segunda.
Como verá, Ropley es un sitio muy particular y complejo.
viernes, 15 de abril de 2011
Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Discurso de Paola.
Lo malo de ser bueno es que uno no saber decir que no, y la gente lo sabe.
A Paola Rubio le tocó redactar el discursito de despedida de los mayores. Una de las típicas tareas pesadas de las que nadie se quiere encargar, y en las que Paola parecía estar especializada.
-Ya está el discurso, ¿por qué no le echas un ojo y me dices qué te parece?
José Luis Trestuestes sonrió. Le hacía ilusión que a la niña le interesaba saber qué pensaba él de su discurso. Ella lo sabía perfectamente, por eso se lo había pedido.
-Está muy bien, pero esto que has puesto...¡Jo, menuda responsabilidad!
-¿El qué?
-Esto de "vosotros, los profesores de este colegio, habéis influido muchísimo en hacernos lo que somos".
-Es lo que pensamos la mayoría de los alumnos.
-Pues no sé si tomármelo como un halago o como una seria acusación.
-La mayoría somos gente majilla, hombre, podéis estar orgullosos.
-¿Y los que no?
-¡Todavía serían peores si no fuera por vosotros!
-Pero, ¿y vuestras familias, vuestros amigos, la calle, la vida...?
-Esos también han influido mucho. La creación de una persona es un trabajo en equipo, pero creo que los profesores sois los únicos que siempre nos intentáis enseñar cosas buenas. La familia y los amigos...ya sabes cómo son a veces...
-¡Me vas a hacer llorar!
-Pues llora, que no es nada malo. Tú mismo me lo enseñaste...¡Ves, sólo cosas buenas!
¡La madre que la parió!
A Paola Rubio le tocó redactar el discursito de despedida de los mayores. Una de las típicas tareas pesadas de las que nadie se quiere encargar, y en las que Paola parecía estar especializada.
-Ya está el discurso, ¿por qué no le echas un ojo y me dices qué te parece?
José Luis Trestuestes sonrió. Le hacía ilusión que a la niña le interesaba saber qué pensaba él de su discurso. Ella lo sabía perfectamente, por eso se lo había pedido.
-Está muy bien, pero esto que has puesto...¡Jo, menuda responsabilidad!
-¿El qué?
-Esto de "vosotros, los profesores de este colegio, habéis influido muchísimo en hacernos lo que somos".
-Es lo que pensamos la mayoría de los alumnos.
-Pues no sé si tomármelo como un halago o como una seria acusación.
-La mayoría somos gente majilla, hombre, podéis estar orgullosos.
-¿Y los que no?
-¡Todavía serían peores si no fuera por vosotros!
-Pero, ¿y vuestras familias, vuestros amigos, la calle, la vida...?
-Esos también han influido mucho. La creación de una persona es un trabajo en equipo, pero creo que los profesores sois los únicos que siempre nos intentáis enseñar cosas buenas. La familia y los amigos...ya sabes cómo son a veces...
-¡Me vas a hacer llorar!
-Pues llora, que no es nada malo. Tú mismo me lo enseñaste...¡Ves, sólo cosas buenas!
¡La madre que la parió!
jueves, 14 de abril de 2011
Vocablos Fascinantes Cubiertos de Óxido: Imprecar.
Tristes estos tiempos que corren en que la gente se desea la una a la otra -a grito pelado- las peores suertes y los más funestos destinos. Aparte de insultarse directamente, claro está. En resumen, que estamos todos desquiciados (unos más, y otros todavía más).
Ponga la tele o abra un periódico: "Los aficionados increparon...", "Los manifestantes increparon....". Aquí todo el mundo "increpa" a destajo y discreción. Mas, ¿qué es increpar?
Increpar: Reprender con dureza y severidad.
¿Se corresponde esto con los que vemos en los campos y las calles de España? No siempre. Quizás se ha producido una confusión entre este verbo y su casi gemelo "Imprecar".
Imprecar: Proferir palabras con que se expresa el vivo deseo de que alguien sufra mal o daño.
A mí, sinceramente, lo que oigo en los estadios de fútbol dirigido a jugadores, técnicos o directivos visitantes más se me asemeja muchas veces a "imprecar" que a "increpar".
Sintetizando, que lo de "¡cabrón!", "¡hijo de puta!" y derivados es insultar, lo de "¡quédate cojo!" o "¡muérete!" es imprecar y lo de increpar lo dejamos para la bronca cuando se falla un gol o se simula un penalty.
Aclarada la confusión, remato (ya que estamos futboleros, para variar) haciendo un llamamiento a la cordura y al corazón, a dejar de insultarnos, increparnos e imprecarnos los unos a los otros.
A dialogar con el otro, a respetar al distinto, a llevarnos bien, a vivir en paz, como esos seres civilizados que dicen por ahí que somos (aunque yo cada día me lo creo menos).
(Y no me venga con aquello tan socorrido de: "es que nos provocan". Un poquito de templanza y pase de ellos, que provocar es lo que hace el torero con el toro y mire cómo le acaban yendo las cosas al pobre bicho bravo).
Ponga la tele o abra un periódico: "Los aficionados increparon...", "Los manifestantes increparon....". Aquí todo el mundo "increpa" a destajo y discreción. Mas, ¿qué es increpar?
Increpar: Reprender con dureza y severidad.
¿Se corresponde esto con los que vemos en los campos y las calles de España? No siempre. Quizás se ha producido una confusión entre este verbo y su casi gemelo "Imprecar".
Imprecar: Proferir palabras con que se expresa el vivo deseo de que alguien sufra mal o daño.
A mí, sinceramente, lo que oigo en los estadios de fútbol dirigido a jugadores, técnicos o directivos visitantes más se me asemeja muchas veces a "imprecar" que a "increpar".
Sintetizando, que lo de "¡cabrón!", "¡hijo de puta!" y derivados es insultar, lo de "¡quédate cojo!" o "¡muérete!" es imprecar y lo de increpar lo dejamos para la bronca cuando se falla un gol o se simula un penalty.
Aclarada la confusión, remato (ya que estamos futboleros, para variar) haciendo un llamamiento a la cordura y al corazón, a dejar de insultarnos, increparnos e imprecarnos los unos a los otros.
A dialogar con el otro, a respetar al distinto, a llevarnos bien, a vivir en paz, como esos seres civilizados que dicen por ahí que somos (aunque yo cada día me lo creo menos).
(Y no me venga con aquello tan socorrido de: "es que nos provocan". Un poquito de templanza y pase de ellos, que provocar es lo que hace el torero con el toro y mire cómo le acaban yendo las cosas al pobre bicho bravo).
miércoles, 13 de abril de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: "Caminear".
Remóntese a la Liga 95/96, rememore aquel Barcelona-Atlético de Madrid y recuerde la finta que Caminero le sirve en bandeja de plata traidora a Nadal. Evoque, por último, cómo éste se la come, con patatas y todo, hasta dar con su pobres huesos culés de culo en suelo. El resto, como se suele decir, es historia: gol del Atlético de Madrid, victoria en al Camp Nou, y victoria en Liga y Copa. Juego, Set y Partido, ya que los Nadal son tan afines al tenis.
Después del ejercicio anterior, le resultará sencillo intuir qué es "Caminear" o que "Lo camineen a uno". Es ese duro momento en que te toman el pelo sin paliativos, en que te hacen el truco y tú te lo crees, y es, especialmente, el derrumbe moral de sentirse un pringado perdedor, de ver como el contrincante se aleja con el trofeo que te ha arrebatado de las manos, y tú no puedes hacer absolutamente nada al respecto. Ejemplo de uso: "¡Me han camineado, me dijeron que el piso tiene vistas al mar, y resulta que hacen prismáticos para verlo!"
En efecto, es muy duro "ser camineado", pues es humillación en vena, especialmente porque no hay buen "camineo" sin testigos, que te van a restregar el episodio por la cara y el orgullo durante el resto de tu vida.
Pero, por otra parte, ¡qué divertido es "caminear"! Es la victoria de la picardía sobre la soberbia, de la habilidad sobre la prepotencia, del débil sobre el poderoso. Un guiño de belleza y un balneario de humildad, en suma.
Así pues, sólo me resta invitarle a "caminear" todo lo que le sea posible. Y, por supuesto, advertirle con la máxima seriedad sobre los peligros evidentes de "ser camineado". Recuerde que nadie da duros a peseta, y que los tontitos fáciles de engañar hace tiempo que fueron descatalogados en el registro general de seres humanos que pueblan la Tierra.
Reconstrucción de los hechos
Momento Finta.
"¡Voy pa'llá!"
"¡¿Aonde vas, macho?!"
Al árbitro también le pilla todo esto un poco bastante desprevenido. Aunque parece que sale al oportuno corte, en realidad se está quitando.
Después del ejercicio anterior, le resultará sencillo intuir qué es "Caminear" o que "Lo camineen a uno". Es ese duro momento en que te toman el pelo sin paliativos, en que te hacen el truco y tú te lo crees, y es, especialmente, el derrumbe moral de sentirse un pringado perdedor, de ver como el contrincante se aleja con el trofeo que te ha arrebatado de las manos, y tú no puedes hacer absolutamente nada al respecto. Ejemplo de uso: "¡Me han camineado, me dijeron que el piso tiene vistas al mar, y resulta que hacen prismáticos para verlo!"
En efecto, es muy duro "ser camineado", pues es humillación en vena, especialmente porque no hay buen "camineo" sin testigos, que te van a restregar el episodio por la cara y el orgullo durante el resto de tu vida.
Pero, por otra parte, ¡qué divertido es "caminear"! Es la victoria de la picardía sobre la soberbia, de la habilidad sobre la prepotencia, del débil sobre el poderoso. Un guiño de belleza y un balneario de humildad, en suma.
Así pues, sólo me resta invitarle a "caminear" todo lo que le sea posible. Y, por supuesto, advertirle con la máxima seriedad sobre los peligros evidentes de "ser camineado". Recuerde que nadie da duros a peseta, y que los tontitos fáciles de engañar hace tiempo que fueron descatalogados en el registro general de seres humanos que pueblan la Tierra.
Reconstrucción de los hechos
Momento Finta.
"¡Voy pa'llá!"
"¡¿Aonde vas, macho?!"
Al árbitro también le pilla todo esto un poco bastante desprevenido. Aunque parece que sale al oportuno corte, en realidad se está quitando.
martes, 12 de abril de 2011
La Clase Turista del Arca de Noé: El Ajolote (Por Siempre Joven).
No, no es un "fotomontaje aphotoshopado". Se trata de un anfibio real de origen mejicano, de nombre "Ajolote" (Ambystoma mexicanum, si nos ponemos técnicos).
Criatura esta cuajada de curiosidades, peculiaridades y rarezas. Bicho fascinante, en dos palabras.
Empezando por sus ojos pequeños y saltones (carentes de párpados) y siguiendo por esas branquias "con pelitos" que le sirven para respirar, y, por supuesto, sin olvidarnos de esas patas tan curiosas. La guinda de este pastel de 25 centímetros, la fina cresta que recorre toda su espalda hasta la cola, y que le da cierto aire de dragón travieso.
Y ahí no acaba la cosa (ni mucho menos): El Ajolote presenta un fenómeno llamado "Neotenia", que es, básicamente, que no termina de desarrollarse. En otras palabras, que se pasa la mayor parte de su vida en un curioso estado de "larva a medio crecer", en vez convertirse en la salamandra que en realidad es. Esto le da ese aspecto tan distintivo.
Pero no se vayan todavía, que aún hay más: El tío es capaz de regenerar sus órganos. Da igual que pierda una pata o un trozo de espalda en una pelea, el Ajolote es capaz de regenerarlo y quedarse tan pancho (nunca mejor dicho, por aquello del origen mejicano). Por regenerar, hasta es capaz de regenerar pequeñas partes del cerebro o el corazón. Es por esto que los científicos tienen un interés cada vez mayor por estudiar a este animal.
Como usted se puede suponer, el Ajolote está en peligro de extinción (al menos, en libertad). Los cazan porque son muy bonitos y se venden con facilidad (de hecho, hay más ejemplares en acuarios de todo en el mundo que en los lagos naturales). Además, el hombre ha introducido especies ajenas en su hábitat natural, las cuales se comen las larvas de Ajolote.
¿Permitiremos los humanos, pues, que este ser tan simpático (salvo si eres un gusano) y que atesora tantos secretos desaparezca de su nuestro mundo natural?
Bueno, no sería la primera vez que nos pasa.
¿Fascinado por el "Ajolote? No es usted el primero (ni será el último). El animal es protagonista de muchas leyendas de la cultura mejicana (en las que llegaba a ser hasta la encarnación de un dios) y el mismo Julio Cortázar le dedicó un relato: "Axolotl"
Criatura esta cuajada de curiosidades, peculiaridades y rarezas. Bicho fascinante, en dos palabras.
Empezando por sus ojos pequeños y saltones (carentes de párpados) y siguiendo por esas branquias "con pelitos" que le sirven para respirar, y, por supuesto, sin olvidarnos de esas patas tan curiosas. La guinda de este pastel de 25 centímetros, la fina cresta que recorre toda su espalda hasta la cola, y que le da cierto aire de dragón travieso.
Y ahí no acaba la cosa (ni mucho menos): El Ajolote presenta un fenómeno llamado "Neotenia", que es, básicamente, que no termina de desarrollarse. En otras palabras, que se pasa la mayor parte de su vida en un curioso estado de "larva a medio crecer", en vez convertirse en la salamandra que en realidad es. Esto le da ese aspecto tan distintivo.
Pero no se vayan todavía, que aún hay más: El tío es capaz de regenerar sus órganos. Da igual que pierda una pata o un trozo de espalda en una pelea, el Ajolote es capaz de regenerarlo y quedarse tan pancho (nunca mejor dicho, por aquello del origen mejicano). Por regenerar, hasta es capaz de regenerar pequeñas partes del cerebro o el corazón. Es por esto que los científicos tienen un interés cada vez mayor por estudiar a este animal.
Como usted se puede suponer, el Ajolote está en peligro de extinción (al menos, en libertad). Los cazan porque son muy bonitos y se venden con facilidad (de hecho, hay más ejemplares en acuarios de todo en el mundo que en los lagos naturales). Además, el hombre ha introducido especies ajenas en su hábitat natural, las cuales se comen las larvas de Ajolote.
¿Permitiremos los humanos, pues, que este ser tan simpático (salvo si eres un gusano) y que atesora tantos secretos desaparezca de su nuestro mundo natural?
Bueno, no sería la primera vez que nos pasa.
¿Fascinado por el "Ajolote? No es usted el primero (ni será el último). El animal es protagonista de muchas leyendas de la cultura mejicana (en las que llegaba a ser hasta la encarnación de un dios) y el mismo Julio Cortázar le dedicó un relato: "Axolotl"
lunes, 11 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (y 14).
-Don Jorge Piñaceira, usted y yo hemos tenido nuestras diferencias en el pasado.
-Sí que es verdad, don Vicente.
-Pero sepa, y se lo digo de corazón, que mi intención no era otra que la de espolearle. Yo vi desde en el primer momento en usted a un político de raza, un hombre con capacidad de gestión y de dar soluciones, y me parecía que no estaba usted dando de sí todo lo que podía...Yo era como el jinete que castiga a su montura, pero sólo para que vaya más rápido.
-Sin duda, y créame usted que se lo agradezco.
-¿Se queda este fin de semana por aquí?
-No, me voy a una celebración familiar a Bercinuño, mi pueblo.
-¡Buena tierra esa, de gentes austeras, trabajadoras y nobles, y muy buena mesa! Don Jorge Piñaceira, mucha suerte en las elecciones.
-Muchísimas gracias, don Vicente.
-Aunque no le va a hacer falta esa suerte porque, queridos amigos oyentes, es evidente que el voto de la gente inteligente y de bien tiene que ir para don Jorge Piñaceira. Y no para ningún otro candidato...Incluido Álvarito Tontito Burquera y el partidillo ese de casa de muñecas que se ha montado. Alvarito hijo, retírate y no hagas más el ridículo anda...O mejor, vete a la cárcel, que es donde los chorizos como tú deben estar.
Esas fueron las últimas palabras que pronunció el aparato de radio del despacho de Burquera, antes de ser sumarísimamente ejecutado de un golpe en la pared.
-Entonces, Azarías, ¿ya no vas a ser parlamentario regional?
-Pues no, querida, no.
-Pero te había prometido...
-Han cambiado de promesa.
-¡Con la ilusión que te hacía!
-Otra vez será. De todos modos, cuanto más alejado de Burquera, mejor. Con toda la porquería que la ha sacado Garguela, ¿con qué cara iba yo a decir aquello de "Vote por Don Álvaro"?
-Sí que es verdad, don Vicente.
-Pero sepa, y se lo digo de corazón, que mi intención no era otra que la de espolearle. Yo vi desde en el primer momento en usted a un político de raza, un hombre con capacidad de gestión y de dar soluciones, y me parecía que no estaba usted dando de sí todo lo que podía...Yo era como el jinete que castiga a su montura, pero sólo para que vaya más rápido.
-Sin duda, y créame usted que se lo agradezco.
-¿Se queda este fin de semana por aquí?
-No, me voy a una celebración familiar a Bercinuño, mi pueblo.
-¡Buena tierra esa, de gentes austeras, trabajadoras y nobles, y muy buena mesa! Don Jorge Piñaceira, mucha suerte en las elecciones.
-Muchísimas gracias, don Vicente.
-Aunque no le va a hacer falta esa suerte porque, queridos amigos oyentes, es evidente que el voto de la gente inteligente y de bien tiene que ir para don Jorge Piñaceira. Y no para ningún otro candidato...Incluido Álvarito Tontito Burquera y el partidillo ese de casa de muñecas que se ha montado. Alvarito hijo, retírate y no hagas más el ridículo anda...O mejor, vete a la cárcel, que es donde los chorizos como tú deben estar.
Esas fueron las últimas palabras que pronunció el aparato de radio del despacho de Burquera, antes de ser sumarísimamente ejecutado de un golpe en la pared.
-Entonces, Azarías, ¿ya no vas a ser parlamentario regional?
-Pues no, querida, no.
-Pero te había prometido...
-Han cambiado de promesa.
-¡Con la ilusión que te hacía!
-Otra vez será. De todos modos, cuanto más alejado de Burquera, mejor. Con toda la porquería que la ha sacado Garguela, ¿con qué cara iba yo a decir aquello de "Vote por Don Álvaro"?
domingo, 10 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (13).
-¡Hijo de puta!
Así hizo su entrada triunfal -portazo incluido- Álvaro Burquera en los lavabos durante el primer descanso de la convención del partido.
-¡No seas malhablado, Burquera! ¿Qué pasa?
Era Espinosa, quien también estaba allí. Obviamente, no por casualidad. Estaba acompañado de dos fornidos amigos. Tampoco eso era casual.
-¡Explícame tú que pasa! ¿Has oído a ese hijo de puta de Piñaceira? ¡Que se queda! ¡Que se queda, joder! ¿No decías tú que la dimisión era una cosa hecha, cacho cabrón?
-Ha habido un giro inesperado en los acontecimientos. Ahora, la situación es otra.
-¿Cómo que otra?
-Pues que, en este momento, el señor Piñaceira es el más adecuado a los intereses de Garborsa.
-¿Qué os ha ofrecido ese hijo de puta? ¡Su oferta no puede ser mejor que la mía, si conmigo ibais a hacer lo que os saliera de los cojones!
-Lo siento, Burquera. Los negocios y la política son así: cuando se mezclan, forman un compuesto poderoso, inestable e impredecible. Hasta otra y mucha suerte.
En ese instante, Burquera se lanzó contra Espinosa, con la firme intención de tomarse la justicia por su puño. Ahí es donde los dos fornidos amigos de Espinosa entraron en acción. Muy profesionales, simple interposición sin contraataque.
-¡Qué valiente eres con tus gorilas para limpiarte el culo! ¡Pero esto no va a quedar así, mamonazos! ¡Recuerda que tengo a mucha gente de mi lado, empezando por Vicente Gargela. ¡La guerra no ha hecho más que empezar, Espinosa, díselo a tu jefe!
Espinosa sonrió mientras abandonaba los servicios. Ese tío no tenía ni repajolera idea de cómo eran y funcionaban las cosas. ¡Y pensar que había estado a punto de llegar a presidente de aquella comunidad autónoma!
Así hizo su entrada triunfal -portazo incluido- Álvaro Burquera en los lavabos durante el primer descanso de la convención del partido.
-¡No seas malhablado, Burquera! ¿Qué pasa?
Era Espinosa, quien también estaba allí. Obviamente, no por casualidad. Estaba acompañado de dos fornidos amigos. Tampoco eso era casual.
-¡Explícame tú que pasa! ¿Has oído a ese hijo de puta de Piñaceira? ¡Que se queda! ¡Que se queda, joder! ¿No decías tú que la dimisión era una cosa hecha, cacho cabrón?
-Ha habido un giro inesperado en los acontecimientos. Ahora, la situación es otra.
-¿Cómo que otra?
-Pues que, en este momento, el señor Piñaceira es el más adecuado a los intereses de Garborsa.
-¿Qué os ha ofrecido ese hijo de puta? ¡Su oferta no puede ser mejor que la mía, si conmigo ibais a hacer lo que os saliera de los cojones!
-Lo siento, Burquera. Los negocios y la política son así: cuando se mezclan, forman un compuesto poderoso, inestable e impredecible. Hasta otra y mucha suerte.
En ese instante, Burquera se lanzó contra Espinosa, con la firme intención de tomarse la justicia por su puño. Ahí es donde los dos fornidos amigos de Espinosa entraron en acción. Muy profesionales, simple interposición sin contraataque.
-¡Qué valiente eres con tus gorilas para limpiarte el culo! ¡Pero esto no va a quedar así, mamonazos! ¡Recuerda que tengo a mucha gente de mi lado, empezando por Vicente Gargela. ¡La guerra no ha hecho más que empezar, Espinosa, díselo a tu jefe!
Espinosa sonrió mientras abandonaba los servicios. Ese tío no tenía ni repajolera idea de cómo eran y funcionaban las cosas. ¡Y pensar que había estado a punto de llegar a presidente de aquella comunidad autónoma!
sábado, 9 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (12).
Álvaro Burquera lo tenía todo perfectamente ensayado. Piñaceira anunciaria la retirada de su candidatura por el bien del partido, él sería la primera y la más fuerte de las voces que le rogaría que no lo hiciera, pero, por fin, acatarían la decisión de Piñaceira, al que despedirían al grito de "presidente, presidente". Después, votación y a arrasar. Lo que peor llevaba era lo de tener que meter al pesado ese de Romera en su lista electoral, aunque bien cierto era que había sido útil.
La renuncia de Piñaceira la estaban fraguando en ese momento don Álvaro y Espinosa, en reunión a tres bandas con el propio Piñaceira. Todavía no estaba confirmada, pero Espinosa le había garantizado que estaba todo atado y bien atado, por lo que Burquera estaba tranquilo. Con la inestimable colaboración de medios afines (Garguela a la cabeza) lo habían acorralado y, sin duda, Piñacería optaría por una salida digna (o sea, la garantía de pillar un montón de pasta).
Jorge Piñaceira fue recibido con una fuerte salva de aplausos, muchos de ellos hipócritas. Burquera se concentró: comenzaba la función teatral.
-¡Amigos, me han acusado una y otra vez de que soy un líder blando e inoperante, que no ofrece soluciones a los ciudadanos!. Pues bien, de entrada, prometo que si salgo elegido como presidente de esta comunidad en las próximas elecciones, la antigua fábrica de Embutidos Chopete se convertirá en el mayor centro de producción de componentes de telefonía móvil de España. Todos y cada uno de los antiguos trabajadores de Chopete conservarán un puesto de trabajo -para el que serán convenientemente formados-, y, además, otros 500 empleos directos se generarán, aparte de un gran número de indirectos. Aquí tenéis, para confirmarlo, el contrato que he firmado con la División Tecnológica de Garborsa. Esto, compañeros, son soluciones concretas. Este, amigos, es Jorge Piñaceria, el futuro presidente de esta comunidad, por mucho que algunos tontitos estén obsesionados con intentar impedirlo.
Los gritos de "presidente, presidente" inundaron el teatro de congresos. Álvaro Burquera era el que más chillaba, lo que tenía mérito con la enorme mezcla de sorpresa, enfado y perplejidad que le llenaban la mente.
La renuncia de Piñaceira la estaban fraguando en ese momento don Álvaro y Espinosa, en reunión a tres bandas con el propio Piñaceira. Todavía no estaba confirmada, pero Espinosa le había garantizado que estaba todo atado y bien atado, por lo que Burquera estaba tranquilo. Con la inestimable colaboración de medios afines (Garguela a la cabeza) lo habían acorralado y, sin duda, Piñacería optaría por una salida digna (o sea, la garantía de pillar un montón de pasta).
Jorge Piñaceira fue recibido con una fuerte salva de aplausos, muchos de ellos hipócritas. Burquera se concentró: comenzaba la función teatral.
-¡Amigos, me han acusado una y otra vez de que soy un líder blando e inoperante, que no ofrece soluciones a los ciudadanos!. Pues bien, de entrada, prometo que si salgo elegido como presidente de esta comunidad en las próximas elecciones, la antigua fábrica de Embutidos Chopete se convertirá en el mayor centro de producción de componentes de telefonía móvil de España. Todos y cada uno de los antiguos trabajadores de Chopete conservarán un puesto de trabajo -para el que serán convenientemente formados-, y, además, otros 500 empleos directos se generarán, aparte de un gran número de indirectos. Aquí tenéis, para confirmarlo, el contrato que he firmado con la División Tecnológica de Garborsa. Esto, compañeros, son soluciones concretas. Este, amigos, es Jorge Piñaceria, el futuro presidente de esta comunidad, por mucho que algunos tontitos estén obsesionados con intentar impedirlo.
Los gritos de "presidente, presidente" inundaron el teatro de congresos. Álvaro Burquera era el que más chillaba, lo que tenía mérito con la enorme mezcla de sorpresa, enfado y perplejidad que le llenaban la mente.
viernes, 8 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (11).
-¡Y encima va este señor -por llamarle algo- y se me pone chulo!
-Gracias, don Bernando. Ya lo han escuchado, amigos. Jorgito Piñaceira descargó toda su cobarde chulería contra un honrado profesional de taxi.
Salían como hongos. Parecía que cualquiera que hubiera tratado, aunque fuera mínimamente, con Jorge Piñaceira, tenía su trapito sucio que airear (a cambio de una propinilla, claro está). "El Hiena" lo estaba bordando.
"¡Pues yo creo que el que tenía que presentarse era don Álvaro Burquera".
"¡Que se vaya el Piñaceira ese y deje a Burquera, que es el que sabe!"
"Burquera, el único que nos puede sacar de ésta es Álvaro Burquera"
La voz de la calle, siempre tan contundente y tan fácilmente manipulable.
"Sensato, eficaz, inteligente...Uno de los mejores gestores de este país, si no el mejor. Este es Álvaro Burquera. Un triunfador en el mundo de la empresa privada, que no nos podemos permitir el lujo de perder como presidente de nuestra comunidad. ¿Qué hace este primer espada de subalterno de Piñaceirita? ¡Es el momento de que el inútil dimita y deje paso al que de verdad sabe! ¡Es ahora o nunca, cuestión de vida o muerte, señores!"
Espinosa sonrió. Había llegado el momento de asestar el tiro de gracia a Piñacera: al siguiente fin de semana se iba a celebrar la asamblea general de partido en la región. Bruto Burquera iba a recetarle su puñalada a Julio César Piñaceira. Aunque había dos grandes diferencias con respecto a la historia de Roma: aquí la traición no sería inesperada y el asesino no se mancharía las manos de sangre, se limitaría a darle la daga al césar para que él solito se suicidara.
-Gracias, don Bernando. Ya lo han escuchado, amigos. Jorgito Piñaceira descargó toda su cobarde chulería contra un honrado profesional de taxi.
Salían como hongos. Parecía que cualquiera que hubiera tratado, aunque fuera mínimamente, con Jorge Piñaceira, tenía su trapito sucio que airear (a cambio de una propinilla, claro está). "El Hiena" lo estaba bordando.
"¡Pues yo creo que el que tenía que presentarse era don Álvaro Burquera".
"¡Que se vaya el Piñaceira ese y deje a Burquera, que es el que sabe!"
"Burquera, el único que nos puede sacar de ésta es Álvaro Burquera"
La voz de la calle, siempre tan contundente y tan fácilmente manipulable.
"Sensato, eficaz, inteligente...Uno de los mejores gestores de este país, si no el mejor. Este es Álvaro Burquera. Un triunfador en el mundo de la empresa privada, que no nos podemos permitir el lujo de perder como presidente de nuestra comunidad. ¿Qué hace este primer espada de subalterno de Piñaceirita? ¡Es el momento de que el inútil dimita y deje paso al que de verdad sabe! ¡Es ahora o nunca, cuestión de vida o muerte, señores!"
Espinosa sonrió. Había llegado el momento de asestar el tiro de gracia a Piñacera: al siguiente fin de semana se iba a celebrar la asamblea general de partido en la región. Bruto Burquera iba a recetarle su puñalada a Julio César Piñaceira. Aunque había dos grandes diferencias con respecto a la historia de Roma: aquí la traición no sería inesperada y el asesino no se mancharía las manos de sangre, se limitaría a darle la daga al césar para que él solito se suicidara.
Vote por Don Alvaro (10).
Y quedaba, por supuesto, otro frente de batalla que abrir en la guerra contra Piñaceira: la rumorología.
De esto se encargó la cúpula de Garborsa en pleno, puesto que ya atesoraban una dilatada experiencia en tales lides. Las barras de bares caros y elegantes, los manteles de los restaurantes finos y exquisitos o el verde de los campos de golf fueron algunos de los mudos testigos de tanta mentira.
-¿Sabes que Piñaceira tiene una querida en Málaga?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que la hermana de un socio mío vive en el mismo bloque de apartamentos que la pájara. De hecho, por el barrio, todo el mundo lo sabe.
-¿Sabes que Piñaceira está fatal del corazón?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que la prima de un amigo mío fue la que le hizo el último electro.
-¿Sabes que Piñaceira tiene una fortuna en Suiza?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que uno de los empleados de seguridad que le acompaña a llevar los maletines trabajó para mí hace un par de años.
Así era, bastaba con plantar unas cuantas semillitas en los oídos adecuados, y al poco tiempo florecía en los fértiles campos de las tertulias ociosas un fétido jardín de infamias e injurias imposibles de arrancar.
Las garras ya tenían cogido del cuello a Piñaceira. Ahora sólo era cuestión de no soltar a la presa y apretar cada vez más. Piñaceira era una moribundo político que no podría oponer la más mínima resistencia al imparable ascenso de Álvaro Burquera.
Resumiendo, que el plan estaba saliendo a pedir de boca.
De esto se encargó la cúpula de Garborsa en pleno, puesto que ya atesoraban una dilatada experiencia en tales lides. Las barras de bares caros y elegantes, los manteles de los restaurantes finos y exquisitos o el verde de los campos de golf fueron algunos de los mudos testigos de tanta mentira.
-¿Sabes que Piñaceira tiene una querida en Málaga?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que la hermana de un socio mío vive en el mismo bloque de apartamentos que la pájara. De hecho, por el barrio, todo el mundo lo sabe.
-¿Sabes que Piñaceira está fatal del corazón?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que la prima de un amigo mío fue la que le hizo el último electro.
-¿Sabes que Piñaceira tiene una fortuna en Suiza?
-¡Qué me dices!
-De buena tinta lo sé, que uno de los empleados de seguridad que le acompaña a llevar los maletines trabajó para mí hace un par de años.
Así era, bastaba con plantar unas cuantas semillitas en los oídos adecuados, y al poco tiempo florecía en los fértiles campos de las tertulias ociosas un fétido jardín de infamias e injurias imposibles de arrancar.
Las garras ya tenían cogido del cuello a Piñaceira. Ahora sólo era cuestión de no soltar a la presa y apretar cada vez más. Piñaceira era una moribundo político que no podría oponer la más mínima resistencia al imparable ascenso de Álvaro Burquera.
Resumiendo, que el plan estaba saliendo a pedir de boca.
miércoles, 6 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (9).
"Obran en mi poder unos documentos que demuestran que Jorgito Piñaceira, además de un enorme incompetente, es un chorizo. Algo que muchos ya sospechábamos, pero que ahora se confirma con pruebas. Resulta que hace veinte años, antes de ponerse a arruinar a esta comunidad autónoma, ya se entrenaba arruinando a su antigua comunidad de vecinos como presidente. El amigo Piñaceira era muy dado al chanchullo, a pagar chapuzas con dinero negro, y, en general, a hacer cositas muy raras con el dinero de los bolsillos de sus vecinos. Les ofreceré más información y datos más precisos, en los próximos días. En fin, señores, lo que cada vez parece más claro es que la única mano con la autoridad moral, la firmeza política y la sabiduría como gestor para gobernar esta comunidad es la de Álvaro Burquera. Y si en su partido no se quieren dar cuenta, que se Burquera se vaya. Y muchos le seguiremos"..
El portero del 63 de Calixto Serrano no estaba escuchando esa tarde a su venerado Vicente Garguela (hacerlo le habría hecho sentirse un traidor, con todo lo que don Jorge había hecho por él y todos los copazos que se habían tomado juntos). En vez de eso, había sacado a la pariente a comer fuera. Y la verdad es que con los 6.000 euros extra que se acababa de agenciar, podía haberla llevado a un sitio un poquito más elegante. Además, al fin y al cabo fue ella la que hacía 20 años le había convencido para que hiciera fotocopias de todos aquellos documentos de "don Jorge". "Por si acaso", decía ella. Pues el "acaso" había llegado. No obstante, él le había contado a su mujer que le había pagado 2.000. Mejor así.
En cualquier caso, "El Hiena" tampoco había hecho mal negocio: en el sobre canjeado al hombre de Garguela por los documentos venían 20.000. No era mal precio, teniendo en cuenta lo que a Garguela le tenían prometido si Álvaro Burquera se convertía en el nuevo presidente de aquella comunidad autónoma.
Y con Vicente Garguela, uno cumple todas su promesas si sabe lo que le conviene.
El portero del 63 de Calixto Serrano no estaba escuchando esa tarde a su venerado Vicente Garguela (hacerlo le habría hecho sentirse un traidor, con todo lo que don Jorge había hecho por él y todos los copazos que se habían tomado juntos). En vez de eso, había sacado a la pariente a comer fuera. Y la verdad es que con los 6.000 euros extra que se acababa de agenciar, podía haberla llevado a un sitio un poquito más elegante. Además, al fin y al cabo fue ella la que hacía 20 años le había convencido para que hiciera fotocopias de todos aquellos documentos de "don Jorge". "Por si acaso", decía ella. Pues el "acaso" había llegado. No obstante, él le había contado a su mujer que le había pagado 2.000. Mejor así.
En cualquier caso, "El Hiena" tampoco había hecho mal negocio: en el sobre canjeado al hombre de Garguela por los documentos venían 20.000. No era mal precio, teniendo en cuenta lo que a Garguela le tenían prometido si Álvaro Burquera se convertía en el nuevo presidente de aquella comunidad autónoma.
Y con Vicente Garguela, uno cumple todas su promesas si sabe lo que le conviene.
martes, 5 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (8).
"El Hiena" debe de ser el mejor periodista de investigación del país, aunque sabe que jamás recibirá un premio por ello. Le da igual, él lo que quiere es pasta, y de ésa saca un montón.
"El Hiena" no es barato, como lo suele ser todo lo bueno. En su caso, la calidad del producto es exquisita. Usted dele un nombre y él le presentará, en bandeja de plata y convenientemente documentada, la más íntima mierda de esa persona, aunque para ello tengo que bajar al mismísimo infierno. Hasta los santos tienen sus pecadillos y "el Hiena" siempre se las apaña para encontrarlos.
"El Hiena" compra voluntades y lealtades, pincha en el rencor y el resentimiento, cosquillea en la vanidad...Un maestro.
Es, reitero, simplemente el mejor.
La relación comercial entre "El Hiena" y Vicente Garguela es antigua y abundante, aunque usted jamás lograría demostrarlo. De hecho, ni se conocen personalmente. "El Hiena" siempre trata con algún intermediario de confianza de Garguela. Es el que da los nombres y los sobres con dinero, y el que recibe las carpetas con fotos y documentos. Todo muy discreto, todo con una profesionalidad exquisita.
La última víctima de "La Hiena" es, como usted ya se habrá figurado, Jorge Piñaceira. Hueso duro de roer, pero "La Hiena" tiene los dientes muy afilados y la cabeza muy terca.
-¿Dígame?
-¿Es usted el señor ese que se pasó el otro día por mi portería?
-Muy posiblemente, ¿es usted el portero del 63 de Calixto Serrano?
-El mismo.
-Usted dirá.
-Que igual le puedo ofrecer algo de lo que quería.
-Le escucho.
-Lo de los 6.000 euros...¿Era en serio?
-¿Acaso no se los enseñé?
-Sí.
-Pues dígame qué tiene, y seguramente la pasta será suya.
"El Hiena" no es barato, como lo suele ser todo lo bueno. En su caso, la calidad del producto es exquisita. Usted dele un nombre y él le presentará, en bandeja de plata y convenientemente documentada, la más íntima mierda de esa persona, aunque para ello tengo que bajar al mismísimo infierno. Hasta los santos tienen sus pecadillos y "el Hiena" siempre se las apaña para encontrarlos.
"El Hiena" compra voluntades y lealtades, pincha en el rencor y el resentimiento, cosquillea en la vanidad...Un maestro.
Es, reitero, simplemente el mejor.
La relación comercial entre "El Hiena" y Vicente Garguela es antigua y abundante, aunque usted jamás lograría demostrarlo. De hecho, ni se conocen personalmente. "El Hiena" siempre trata con algún intermediario de confianza de Garguela. Es el que da los nombres y los sobres con dinero, y el que recibe las carpetas con fotos y documentos. Todo muy discreto, todo con una profesionalidad exquisita.
La última víctima de "La Hiena" es, como usted ya se habrá figurado, Jorge Piñaceira. Hueso duro de roer, pero "La Hiena" tiene los dientes muy afilados y la cabeza muy terca.
-¿Dígame?
-¿Es usted el señor ese que se pasó el otro día por mi portería?
-Muy posiblemente, ¿es usted el portero del 63 de Calixto Serrano?
-El mismo.
-Usted dirá.
-Que igual le puedo ofrecer algo de lo que quería.
-Le escucho.
-Lo de los 6.000 euros...¿Era en serio?
-¿Acaso no se los enseñé?
-Sí.
-Pues dígame qué tiene, y seguramente la pasta será suya.
lunes, 4 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (7).
-Entonces, usted, su marido y su hijo, los tres trabajaban en la fábrica de Chopete.
-Sí, don Vicente.
-Y, ahora, los tres al paro y sin otra fuente de ingresos en el hogar.
-Sí, don Vicente.
-Mientras que ese canalla de Piñaceira se permitía hacer chistecitos sobre el pan de la familia de usted.
-Sí, don Vicente.
-Ya lo han oído, amigos. Las palabras de una honrada madre que se encuentra con toda su familia en la calle. Y el que tenía que luchar contra esta penosa situación, burlándose del asunto. No sé a ustedes, pero a mí me dan ganas de vomitar. ¿Habrá alguien..? ¿Habrá alguien tan absolutamente exento de dignidad, de moral, de principios, que sea capaz de darle su voto a Piñaceira? Bueno, sí, claro, él mismo. Mira, Piñaceirita, si tienes un mínimo de vergüenza, que es una cosa que no sabes lo que es, pero cuando quieras te lo explico, no te presentes a las elecciones, vete mejor al mismo carajo...Vamos con unos consejos publicitarios.
Espinosa sonrió mientras cambiaba de emisora en la radio de su coche. El hundimiento de Piñaceira iba viento en popa a toda vela. Ahora era el turno de que Álvaro Burquera entrara en escena. Habían estado toda la mañana ensayando, así que no debería de haber problemas.
-Don Álvaro Burquera, buenas tardes.
-Buenas tardes, don Eladio.
-Oiga, menuda se ha liado con su jefe y las fábricas de alimentos.
-Sí, la verdad es que es una situación lamentable, fruto de un desgraciado malentendido.
-¡Pero menuda malentendido!
-Es innegable, como también lo es que el presidente Piñaceira tiene el apoyo pleno del partido en general y el mío en particular.
-Pero ya se empieza a comentar que lo mejor para su partido es que Piñaceira renuncie a la candidatura y alguien con la imagen más limpia, menos quemado y más atractivo le suceda. Alguien...como usted.
-El liderazgo del presidente Piñaceira no está en entredicho. Él es nuestro candidato y el reitero que tiene el pleno apoyo de todos y cada uno de los militantes, empezando por mí.
-Pero si el señor Piñaceira decidiera no presentarse e hiciera falta un sustituto...
-Eso no son más que elucubraciones, don Eladio.
-Pero si eso sucediera...
-Entonces, ya se vería. Pero, de momento, no hace falta.
Espinosa sonrió de nuevo. Burquera había cantado la lección como el niño más aplicado de la clase. ¡Si hasta había pronunciado bien "elucubración", y eso que durante los ensayos no le terminaba de salir!. En fin, ¡cómo era lo de la política de los partidos respetables! En cualquier otro lado, la guerra se habría declarado abiertamente y se habría cortado sin miramientos la yugular electoral a Piñaceira. Pero a los adictos votantes de aquel partido les encantaba guardar las formas. Su partido no podía tener fisuras, ellos adoraban eso de un líder firme y carismático al que aplaudir y seguir. Y, por supuesto, en su partido no podía haber traidores, de eso sólo había en el de los otros. Ellos eran gente noble y leal.
-Sí, don Vicente.
-Y, ahora, los tres al paro y sin otra fuente de ingresos en el hogar.
-Sí, don Vicente.
-Mientras que ese canalla de Piñaceira se permitía hacer chistecitos sobre el pan de la familia de usted.
-Sí, don Vicente.
-Ya lo han oído, amigos. Las palabras de una honrada madre que se encuentra con toda su familia en la calle. Y el que tenía que luchar contra esta penosa situación, burlándose del asunto. No sé a ustedes, pero a mí me dan ganas de vomitar. ¿Habrá alguien..? ¿Habrá alguien tan absolutamente exento de dignidad, de moral, de principios, que sea capaz de darle su voto a Piñaceira? Bueno, sí, claro, él mismo. Mira, Piñaceirita, si tienes un mínimo de vergüenza, que es una cosa que no sabes lo que es, pero cuando quieras te lo explico, no te presentes a las elecciones, vete mejor al mismo carajo...Vamos con unos consejos publicitarios.
Espinosa sonrió mientras cambiaba de emisora en la radio de su coche. El hundimiento de Piñaceira iba viento en popa a toda vela. Ahora era el turno de que Álvaro Burquera entrara en escena. Habían estado toda la mañana ensayando, así que no debería de haber problemas.
-Don Álvaro Burquera, buenas tardes.
-Buenas tardes, don Eladio.
-Oiga, menuda se ha liado con su jefe y las fábricas de alimentos.
-Sí, la verdad es que es una situación lamentable, fruto de un desgraciado malentendido.
-¡Pero menuda malentendido!
-Es innegable, como también lo es que el presidente Piñaceira tiene el apoyo pleno del partido en general y el mío en particular.
-Pero ya se empieza a comentar que lo mejor para su partido es que Piñaceira renuncie a la candidatura y alguien con la imagen más limpia, menos quemado y más atractivo le suceda. Alguien...como usted.
-El liderazgo del presidente Piñaceira no está en entredicho. Él es nuestro candidato y el reitero que tiene el pleno apoyo de todos y cada uno de los militantes, empezando por mí.
-Pero si el señor Piñaceira decidiera no presentarse e hiciera falta un sustituto...
-Eso no son más que elucubraciones, don Eladio.
-Pero si eso sucediera...
-Entonces, ya se vería. Pero, de momento, no hace falta.
Espinosa sonrió de nuevo. Burquera había cantado la lección como el niño más aplicado de la clase. ¡Si hasta había pronunciado bien "elucubración", y eso que durante los ensayos no le terminaba de salir!. En fin, ¡cómo era lo de la política de los partidos respetables! En cualquier otro lado, la guerra se habría declarado abiertamente y se habría cortado sin miramientos la yugular electoral a Piñaceira. Pero a los adictos votantes de aquel partido les encantaba guardar las formas. Su partido no podía tener fisuras, ellos adoraban eso de un líder firme y carismático al que aplaudir y seguir. Y, por supuesto, en su partido no podía haber traidores, de eso sólo había en el de los otros. Ellos eran gente noble y leal.
domingo, 3 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (6).
Jorge Piñaceira no estaba para nadie, y mucho menos, para hacer declaraciones. Nunca abría el pico sin haber medido el largo y ancho de sus palabras, para cotejarlo después con sus asesores. Pero, ¿en qué asesores confiar? Estaba claro que la guerra civil por el poder en el partido, esa que llevaba meses latente o, como mucho, de guerrillas, se había declarado en serio. La primera víctima, el director de su gabinete de comunicación, ese cabronazo de Jonaseig. Era obvio que no le podían haber metido en todo ese embolado sin su complicidad, puesto que se había callado la noticia de lo de Chopete, que sin duda le habrían enviado al móvil a los segundos de producirse. De hecho, cuando le había comunicado el despido, la queja había sido puramente testimonial.
En fin, ya que estaba rodeado de traidores, lo mejor que podía hacer era pensar por si mismo y decidir. Lo primero, estaba claro, era congraciarse con esa gente de la fábrica. Tenía que hacer un gesto, una visita-bajada de pantalones, llegar como el Papá Noel de las promesas que jamás cumpliría y acallar la ira del monstruo. Sí, había que hacerlo y con urgencia.
-Jefe, pon a Garguela...-dijo la cabeza asomada de Perico Pinto, uno de sus últimos fieles.
-¡No jodas! ¿Ya está otra vez?
"¡Qué fácil es echar la culpa de tu incompetencia a otros, Piñaceirita! Despedir a ese pedazo de periodista que es Jordi Jonaseig, como si fuera culpa suya que tú seas un inútil. Pues escucha lo que nos ha proporcionado el propio Jordi, una grabación de tu visita a la fábrica de Lácteos Romera. Fíjense, amigos, lo que dice el impresentable de Piñaceirita: '¡Qué bueno está este queso, Azarías! No como los embutidos que hacen en Chopete, que son más malos, no me extraña que vayan a cerrar la fábrica!'"
-¡Será hijo de la grandísima ese Jonaseig!
-¡¿Pero cómo se te ocurre decir eso?!
-Jonaseig me dijo antes de la visita que le hiciera la pelota al Romera ese, que le dijera que sus productos eran mucho mejores que los de Chopete, que tenían pique. Obviamente, cuando solté esto, sólo estábamos el tal Azarías, Jonaseig y yo.
"En fin, Piñaceirita, que yo que tú, no me acercaba a menos de 100 kilómetros de los trabajadores de Chopeta. O mejor sí, y así les das una oportunidad de hacer un favor a toda esta región", continuó Garguela.
Por una vez, estaba claro que aquella raposa con cascos y micrófono tenía razón.
En fin, ya que estaba rodeado de traidores, lo mejor que podía hacer era pensar por si mismo y decidir. Lo primero, estaba claro, era congraciarse con esa gente de la fábrica. Tenía que hacer un gesto, una visita-bajada de pantalones, llegar como el Papá Noel de las promesas que jamás cumpliría y acallar la ira del monstruo. Sí, había que hacerlo y con urgencia.
-Jefe, pon a Garguela...-dijo la cabeza asomada de Perico Pinto, uno de sus últimos fieles.
-¡No jodas! ¿Ya está otra vez?
"¡Qué fácil es echar la culpa de tu incompetencia a otros, Piñaceirita! Despedir a ese pedazo de periodista que es Jordi Jonaseig, como si fuera culpa suya que tú seas un inútil. Pues escucha lo que nos ha proporcionado el propio Jordi, una grabación de tu visita a la fábrica de Lácteos Romera. Fíjense, amigos, lo que dice el impresentable de Piñaceirita: '¡Qué bueno está este queso, Azarías! No como los embutidos que hacen en Chopete, que son más malos, no me extraña que vayan a cerrar la fábrica!'"
-¡Será hijo de la grandísima ese Jonaseig!
-¡¿Pero cómo se te ocurre decir eso?!
-Jonaseig me dijo antes de la visita que le hiciera la pelota al Romera ese, que le dijera que sus productos eran mucho mejores que los de Chopete, que tenían pique. Obviamente, cuando solté esto, sólo estábamos el tal Azarías, Jonaseig y yo.
"En fin, Piñaceirita, que yo que tú, no me acercaba a menos de 100 kilómetros de los trabajadores de Chopeta. O mejor sí, y así les das una oportunidad de hacer un favor a toda esta región", continuó Garguela.
Por una vez, estaba claro que aquella raposa con cascos y micrófono tenía razón.
sábado, 2 de abril de 2011
Vote por Don Alvaro (5).
-¿Se acuerda de los Embutidos Chopete? En efecto, "Embutidos Chopete, están de rechupete". Esos que nos daban de merendar nuestras mamás a usted y a mí, que ya vamos teniendo una edad. Pues resulta que hace un par de horas se ha anunciado que la fábrica cierra definitivamente, que aquello no tiene solución. Más de mil puestos de trabajo desaparecen. ¿Y dónde creen ustedes que estaba el bobalicón de Jorguito Piñaceirita? Pues a un par de kilómetros de allí, visitando la fábrica de Lácteos Romera, que debe ser la empresa más solida de toda la región, dirigida ejemplarmente por don Azarías Romera, un grandísimo industrial...Así que, ya ven, los trabajadores de Chopete concentrados a la puerta de la fábrica, pidiendo desesperados una solución, y Piñaceirita mientras degustando quesos y luego marchándose a casita en su flamante cochazo...Miren, señores, esto es que clama al cielo. ¡No te enteras, Piñaceirita! ¡No tienes ni repajolera idea de dónde hay que estar!...Es que no sé qué es peor, amigos, que salga este individuo o que vuelva a salir Carlitos Ruiz. Porque Carlitos nos ha hundido la región, que Chopete es una más de tantas, pero es que el merluzo de Piñaceirita, es que nos puede dar la puntilla...¡Recen lo que sepan!
Azarías Romera estaba tan contento que comenzó a aplaudir. Tendría que hacer que su secretaria llamara de inmediato a la radio para que le proporcionaran copia del programa. ¡Era maravilloso! Vicente Garguela, la voz de las personas respetables, el líder espiritual y radiofónico de la gente de orden y de bien, había citado en las ondas a su empresa y a él mismo, ¡y en términos tan elogiosos! ¡A Alvarito, tenía que llamar a Alvarito de inmediato!
Don Álvaro y sus hombres también estaban escuchando la radio. Don Álveto tomó otro sorbo de su destilado seco de marca y sonrió satisfecho.
-Este Garguela es el mejor.
-Sí, se ha acordado hasta de citar a "El Paleto".
-¡No poco contento se va a poner!
Rieron todos. En ese momento, sonó el teléfono.
-Sí...¡Hombre, Nico! Sí, yo también lo estaba escuchando...Sí, a pedir de boca, sí...Por cierto, ¿qué vas a hacer con la fábrica? Si me haces un buen precio, igual te la compro...¡No, no para seguir haciendo embutidos, no me jodas!...¡Esa mierda, hace 40 años puede, pero ahora los niños te la tiran a la cara!...Oye, espera que llama mi secretaria por la otra línea...Dime, Jenny.
-Don Álvaro, el señor Romera.
Azarías Romera estaba tan contento que comenzó a aplaudir. Tendría que hacer que su secretaria llamara de inmediato a la radio para que le proporcionaran copia del programa. ¡Era maravilloso! Vicente Garguela, la voz de las personas respetables, el líder espiritual y radiofónico de la gente de orden y de bien, había citado en las ondas a su empresa y a él mismo, ¡y en términos tan elogiosos! ¡A Alvarito, tenía que llamar a Alvarito de inmediato!
Don Álvaro y sus hombres también estaban escuchando la radio. Don Álveto tomó otro sorbo de su destilado seco de marca y sonrió satisfecho.
-Este Garguela es el mejor.
-Sí, se ha acordado hasta de citar a "El Paleto".
-¡No poco contento se va a poner!
Rieron todos. En ese momento, sonó el teléfono.
-Sí...¡Hombre, Nico! Sí, yo también lo estaba escuchando...Sí, a pedir de boca, sí...Por cierto, ¿qué vas a hacer con la fábrica? Si me haces un buen precio, igual te la compro...¡No, no para seguir haciendo embutidos, no me jodas!...¡Esa mierda, hace 40 años puede, pero ahora los niños te la tiran a la cara!...Oye, espera que llama mi secretaria por la otra línea...Dime, Jenny.
-Don Álvaro, el señor Romera.
viernes, 1 de abril de 2011
Vote por Don Álvaro (4).
-No quiero fallos, ¿de acuerdo, Berciaga?
-Descuide, don Azarías.
-Y recuerda, operario que no aplauda con ganas al señor Piñaceira, ¡operario que va a la puta calle!
-Por supuesto, don Azarías.
A Azarías Romera le encantaba estar siempre aleccionando a Joaquín Berciaga, su mano derecha, su pelota oficial y el que hacía que la fábrica funcionara.
-¡Pues ea!
* * *
Berciaga, que no tenía un pelo de tonto (no se lo podía permitir), le dio el día libre a aquellos trabajadores que sospechaban que le podían buscar un problema. Las sospechas eran fundadas, e incluso se formó un grupito contra-visita política a la puerta de la fábrica. Pero Berciaga también tenía eso previsto y, mando aparcar -en el momento preciso y por sorpresa- un puñado de enormes camiones frigoríficos de manera que taparan a los manifestantes.
Por lo demás, la visita a la fábrica salió a pedir de boca. Aplausos, gritos de "presidente, presidente", demostración del funcionamiento de la avanzadísima maquinaría de última generación, degustación de productos, y fotos, muchas fotos, además de las palabras de rigor a los muchachos de la prensa.
Cumplida la misión publicitaria de apoyo a la industria regional, Azarías Romera y Piñaceira se dieron un cordial abrazo de despedida a la entrada:
-¡Bueno, Azarías, gracias por enseñarme tu fábrica, ya veo que te va estupendamente! ¡Más hombres como tú nos hacen falta en esta región!
-¡Mejor me va a ir cuando ganes tú las elecciones y eches a la mierda a ese inútil de Carlos Ruiz, que no hace más que daño al comercio y la industria!
-¡Hombre, gracias por la confianza!
-¡Plena, Jorge! ¡Tienes mi voto garantizado!
Y el coche del invitado salió pitando a toda velocidad sin que los manifestantes tuvieran tiempo de reaccionar.
Mientras le decía adiós con la manita, Azarías Romera se preguntaba por qué sus socios de Garborsa le habían asegurado que aquella visita significaría el principio de su estrepitoso fin para Jorge Piñaceira.
-Descuide, don Azarías.
-Y recuerda, operario que no aplauda con ganas al señor Piñaceira, ¡operario que va a la puta calle!
-Por supuesto, don Azarías.
A Azarías Romera le encantaba estar siempre aleccionando a Joaquín Berciaga, su mano derecha, su pelota oficial y el que hacía que la fábrica funcionara.
-¡Pues ea!
* * *
Berciaga, que no tenía un pelo de tonto (no se lo podía permitir), le dio el día libre a aquellos trabajadores que sospechaban que le podían buscar un problema. Las sospechas eran fundadas, e incluso se formó un grupito contra-visita política a la puerta de la fábrica. Pero Berciaga también tenía eso previsto y, mando aparcar -en el momento preciso y por sorpresa- un puñado de enormes camiones frigoríficos de manera que taparan a los manifestantes.
Por lo demás, la visita a la fábrica salió a pedir de boca. Aplausos, gritos de "presidente, presidente", demostración del funcionamiento de la avanzadísima maquinaría de última generación, degustación de productos, y fotos, muchas fotos, además de las palabras de rigor a los muchachos de la prensa.
Cumplida la misión publicitaria de apoyo a la industria regional, Azarías Romera y Piñaceira se dieron un cordial abrazo de despedida a la entrada:
-¡Bueno, Azarías, gracias por enseñarme tu fábrica, ya veo que te va estupendamente! ¡Más hombres como tú nos hacen falta en esta región!
-¡Mejor me va a ir cuando ganes tú las elecciones y eches a la mierda a ese inútil de Carlos Ruiz, que no hace más que daño al comercio y la industria!
-¡Hombre, gracias por la confianza!
-¡Plena, Jorge! ¡Tienes mi voto garantizado!
Y el coche del invitado salió pitando a toda velocidad sin que los manifestantes tuvieran tiempo de reaccionar.
Mientras le decía adiós con la manita, Azarías Romera se preguntaba por qué sus socios de Garborsa le habían asegurado que aquella visita significaría el principio de su estrepitoso fin para Jorge Piñaceira.
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