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lunes, 27 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (30).

-¡Tía, que me asfixio!
En efecto, el aire dentro de tanta toalla sucia y similar se volvía irrespirable a los pocos minutos.
-¡Eso han sido los pedos que se está tirando la Calcu!
Nueva risotadita. Estaban muertas de miedo y nervios, pero se lo estaban pasando pipa.
-No creo que tarde en salir.
-Si está cagando, mi padre se puede pasar media hora o más.
-Tendrá que darse prisa, que queda nada de recreo.
-Llevas razón.
De sopetón, desde el sector de inodoro empezaron a llegar otros sonidos, también de lo más inquietante: “¡Inútil, este tío es inútil! ¡Mil veces que lo explique, ninguna que lo entiende! ¡Será muy bueno para el fútbol, pero de cerebro, poco tirando a nada!”
-¿De quién hablará?
-Será del Big Ben, supongo.
-¿El Big Ben juega bien al fútbol?
-No tiene mucha pinta, la verdad.
Más lamentos indignados: “¡Pero es que ni la fórmula más sencilla sabe éste! Pues nada, cerito al canto”
-Yo creo que está corrigiendo, tía.
-¿Cómo va a estar corrigiendo si esta...eso, que está cagando?
-Ni idea, tía, pero tiene toda la pinta.
-Jo, esta Calcu está peor de la cabeza de lo que pensaba.
Sonaron la cadena, el primer portazo, el chorro del agua del grifo y el segundo portazo de rigor.
-Yo creo que ya se ha ido, tía.
-Salgamos.
-¡Menos mal que no se le ha ocurrido tirarnos la toalla encima después de lavarse las manos!

viernes, 24 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (29).

Las paredes de los colegios tienen los oídos más finos y cotillas del universo. No importa dónde te escondas, siempre habrá alguien escuchando. La Calculadora no era ninguna novata, y no debería haberse creído que podría engañar a esta ley, tan exacta como las que reinaban en sus libros de matemáticas. Ciertamente, la conversación que tenía que mantener con aquel tío era tan vital como poco agradable.
-¡Mira, pedazo de inútil, por tu culpa la he pringado y me puedo meter en un lío con la dirección, así que vamos a tener que colaborar para que ese jodido cuaderno aparezca de una puta vez!
Pústula reprimió una carcajada, no sabía si se la habían causado los nervios o la tremenda impresión de escuchar a toda una profesora soltar dos tacos tan gordos y tan seguidos.
-¿Y qué quieres que haga? ¡He preguntado mil veces en clase, les he dicho que no le iba a pasar nada al culpable si la devolvía, les he amenazado con los peores castigos si no aparecía, y les dio exactamente igual!
-¡El problema es que eres un pringado de primera división, y como me descuide, me vas a arrastrar contigo a la puta cola del paro!
Otra carcajada ahogada de Pústula.
-¡Pero dime qué puedo hacer!
-Tú, nada, tarado. Tendré que tomar cartas en el asunto. Aunque, por supuesto, la pasta la vas a poner tú.
-Pasta, ¿qué pasta?
-¡Anda, lárgate a tomarte un café, ya te diré cuánto es en su momento!
El Big Ben, apocado según su costumbre, se giró con total docilidad y enfiló el pasillo. Mientras, la Calculadora, creyéndose totalmente sola, decidió aprovechar la visita a aquel servició.
-¿Qué ha sido eso? -susurró Pústula a su amiga.
-A mí me ha sonado a pedo brutal.
-A mí también.
Un matemático suspiro de alivio confirmó la sospecha. Nueva carcajada en voz bajita, esta vez por parte de las dos niñas.

lunes, 20 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (28).

-Pasa tú primero, tía.
-¿Seguro?
-Que sí, que se te veía con prisa.
-Vale. Yo vigilo.
-Vale.
Ya quedó dicho que siempre se quedaba una de centinela, pero -también se mencionó- por aquella parte del edificio pasaba poca gente, y menos a esas horas, pues los almacenes era territorio de los encargados de mantenimiento y material, y de las señoras de la limpieza. En resumen, que aquella guardia nunca se había topado con el enemigo (o sea, que por allí nunca había parado nadie mientras estaban ellas en el baño). Por eso, cuando se escucharon voces subiendo por la escalera, voces que se volvían cada vez más intensas, la pobre Pústula -carente de plan o experiencia- no supo cómo reaccionar. Se limitó a seguir su instinto, y el condenado le ordenó que se metiera para dentro a preguntarte a Eva qué hacer.
-¡Tía, que viene alguien!
-¿Quién?
-¡Alguien, no sé!
-¿Qué alguien?
-¡Alguien!
-¡Tranquilízate, que me voy a asomar!
La puerta medio abierta se tragó la cabeza de Eva, pero sólo durante medio segundo, que es lo que tardó en ser regurgitada, plena de pánico.
-¡El Big Ben con la Calculadora! ¡Y vienen para acá!
-¡Ostras!, ¿y te han visto?
-No, todavía no han doblado la esquina. Los he reconocido por las voces.
-¿Qué hacemos?
-Ya deben de estar en el pasillo. Si salimos, nos ven y nos quedamos sin baño privado para siempre. Por no hablar de un pedazo de castigo que nos íbamos a cagar más que aquí.
-¿Entonces?
Entonces estaba la gran cesta con ruedas, la de las toallas sucias y similares, que no debería de haber estado allí. Pero las señoras de la limpieza, ya se sabe, que les resultaba más cómodo dejarla allá que en el almacén. De un gran salto, Eva y Pústula le pidieron asilo político a la ropa sucia. Ahora sólo quedaba esperar y rezar para que no las pillaran.

domingo, 19 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (27).

También con sus propios medios seguía Eva Colmo a la búsqueda del dichoso workbook, aunque ella -que no se tenía por una persona de las que no rinden- se sentía cada vez más desanimada.
-Tía, yo creo que lo mejor es dejarlo. Si echan al Big Ben, pues ya le saldrá otra cosa. Quizás sea lo mejor para él, que me parece a mí que lo de dar clase no es lo suyo -le indicó su siempre fiel en el acto y el consejo Pústula.
-Ya, tía. No sé. Lo mismo tienes razón.
-Acompáñame al baño.
-¿Y eso?
-No sé. Algo que he desayunado, o el maldito examen de matemáticas que tenemos ahora después del recreo, o seguramente las dos cosas.
-Ya, yo estoy un poco igual.
-¡Maldita bollería industrial!
-¡Y malditas integrales!
-¡Menos mal que tenemos nuestro bañito privado!
Efectivamente, Eva Colmo y su fiel Pústula disponían de su propio cuarto de aseo particular en aquel colegio. La cosa se remontaba a dos cursos antes, cuando Anita Díaz había dejado de comer y hacer las digestiones como debía, presa de ese virus maldito que ataca la cabeza de los adolescentes, y no podía ir al cuarto de baño sola. Eran precisos una alumna de confianza que la supervisara en tales menesteres (¿y quién mejor que la tan de fiar Eva Colmo?) y un aseo discreto, lejos de las molestias y el cotilleo de los alumnos. Se recurrió entonces al baño de profesores del último piso, situado al fondo del pasillo y bien poco usado, pues allí había un almacén en vez de aulas, y era mucho más práctico recurrir al que había pared con pared con la sala de profesores. Para hacer uso del servicio en cuestión de un modo ágil, a Eva se le entregó llave de la puerta. Por fortuna, Anita Díaz superó lo suyo -más o menos-, pero se olvidaron de reclamarle a Eva que devolviera la llave. Desde ese día, tanto Eva como Pústula hacían uso privado y secreto de ese cuarto de baño tan poco transitado, sin que jamás las hubieran sorprendido (principalmente, porque uno u otra había guardia a la puerta).

miércoles, 15 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (26).

13.La conexión fría y Calculadora.

El Caimán se sirvió una generosa ración de su destilado favorito. Había que celebrar su victoria en aquella primera batalla contra aquellas sanguijuelas con carrera. De sobra sabía que la guerra todavía no estaba ni muchos menos terminada, y era bien claro que cabía esperar un nuevo ataque por el frente del dichoso cuadernillo de inglés. No obstante, de nuevo los estaría esperando. Su primera medida sería reforzar las trincheras.
La Calculadora era fría, por malo que resulte el juego de palabras. No obstante, una visita al despacho del Bien y del Mal le centrifugaba el estómago al más pintado, y más cuando no se ignoraba el motivo exacto.
-Siéntese...Miré, iré al grano. Sin duda ya sabrá que a un alumno de su tutoría, Álvaro Pizarro, le desapareció un cuadernillo de ejercicios de inglés. Mis informes indican que sigue sin aparecer, y tengo un muy especial interés en que lo haga, y de inmediato. Por tanto, ya que el profesor responsable, parece ser absolutamente incapaz de resolver su propios problema, lo más lógico es delegar en la tutora responsable.
La Calculadora encajó el inesperado golpe en silencio. A cualquier otro le habría dicho que eso no era asunto suyo, que en ese colegio cada uno se ocupaba de la inmundicia que se generaba en sus clases. Pero al Caimán no le replicaba. La supervivencia en aquel pantano con pizarra era cuestión de ver, oír, callar y obedecer sin rechistar. Se había metido en un buen lío, pues parecía claro que el inútil del Big Ben la podía arrastrar en su caída hacia la cola del paro. ¡La madre que lo parió!
-Descuide, padre. Aparecerá.
-De inmediato.
-Por supuesto.
Por supuesto que sí. La Calculadora tenía sus medios, mucho menos diplomáticos, mucho más contundentes, que los del infeliz del Big Ben.

viernes, 10 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (25).

El partido había terminado y el Módulo había tenido la oportunidad de disputar los últimos cinco minutos, y hasta de hacer un remate tímido y desviado (pero remate, al fin y al cabo). Eso daba perfecto testimonio de que la cosa no había estado nada disputada. Siete a uno había sido el resultado final. 
 
-¡Qué partidazo, chicos! -decía el Módulo mientras chocaba la mano de sus compañeros, que le devolvían el saludo con más o menos entusiasmo (o, directamente, no se lo devolvía). Ninguno comprendía qué hacía el Módulo jugando con ellos, aunque todos entendían perfectamente la razón. Cuando algo raro pasaba en aquel equipo, era porque el Bicicletas así lo había decidido. Y el Bicicletas tenía razones -poderosas- que la razón desconoce. Así y todo, la cosa había sentado bastante regular. Además de tener que aguantar al tipo plomo en clase y en los recreos, ahora también tocaba cargar con el muerto en los entrenamientos y los partidos.
-¿Te ha gustado el partido, Evis?
-Ya sabes que no me gusta el fútbol, chaval.
-¡Pues alguna otra razón habrás tenido para venir a verlo!

Esto último lo dijo el Módulo poniendo su mejor voz de mal seductor. Eva se limitó a encogerse de brazos y largarse. El Módulo la vio alejarse con una sonrisa de confiada superioridad. Lo dicho, loquita la tenía, que hasta se había tragado un partido de fútbol sólo por verle. Él, en la infinita inocencia del mundo aparte de fantasía en el que parecía habitar, no era capaz de darse cuenta de que la única razón de que Eva siguiera por allí resultaba ser que seguía buscando el dichoso workbook como una loca. El Módulo se fue a casa feliz, lleno de esa felicidad tan chula y pura que sale de mezclar ilusión, inocencia e ignorancia.

El intrépido periodista hizo mutis por el foro. El partido también había terminado para él.

domingo, 5 de junio de 2016

Algo huele a podrido en (el estado de) mi cole (24).

La jugada magistral del Caimán se había gestado unos días antes. El hombre de Díaz le había detallado el plan del intrépido periodista: colarse en el patio y grabar con cámara oculta todas las miserias del Módulo en particular y del colegio en general. ¡Qué estúpido y previsible!
El Bicicletas era toda un institución en todos los ambientes en los que se movía: la federación municipal de fútbol escolar y sus competiciones, el bar de su barrio y, por supuesto, el colegio donde llevaba imponiendo su tiránica ley de chulo de gimnasio. El Bicicletas sólo doblaba su poderoso rodilla ante Dios y al Caimán, aunque procuraba mantener el contacto absolutamente indispensable con ambos. Por eso le extrañó que el director le llamara sin una razón clara, incluso le inquietó, aunque él se negara a reconocerlo ante el espejo.
-Mira, hay un alumno que tengo especial interés en que entre a formar parte del equipo.
Otro tipo de director habría sido más diplomático, habría abierto la conversación interesándose pro la marcha del equipo -como si le importara-, pero ese no era el estilo del Caimán. El Bicicletas, por su parte, jamás habría permitido tan flagrante intromisión en los asuntos de su equipo viniendo de cualquier otro persona. Pero se trataba del Caimán.
-Dígame de quién se trata.
-Álvaro Pizarro Ángulo
¿En Módulo? ¿Ese tío quería que metiera al Módulo es SU equipo? ¡Estaba loco!
-¿Cuánto quiere que juegue?
-Eso me da igual. Lo que me interesa es que se integre, que se le vea feliz, muy feliz.
-Entiendo. Los muchachos le van a querer mucho por las buenas o por las malas.
-Exacto, tú tan inteligente como siempre.
-Si no manda nada más...
-Adiós.
Hasta luego, cabronazo. ¿Qué pretendería aquel tío? Lo cierto es que a cualquier otra persona le habría partido la cara por hacerle lo que le estaba haciendo. Pero uno no podía pegar ni a Dios ni al Caimán.