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sábado, 9 de diciembre de 2017

Valor sin Valor (9).

-Bueno, niña, y ahora. ¿me puedes explicar de qué demonios va todo esto?

-No sé, ni idea. Esperaba que usted me lo dijera.

-Pues no, lo único que tengo claro es que fue hablar contigo y activarse todas las alarmas.

-Pero, ¿cómo sabían ellos que usted y yo hemos hablado? Y, ¿quiénes son ellos?

-Ellos son los nuestros o, mejor dicho, los tuyos, o los que tú crees los tuyos. Ellos son el gobierno y su policía. Me tienen controlado, me espían, como cualquier país democrático que se precie hace con sus enemigos. Llevan haciéndolo desde que me jubilé, aunque yo mismo les he dicho mil veces que no tienen nada que temer de mí: soy sólo un viejo caduco con sus ideales caducados.

-¿Entonces?

-Entonces hay algo que yo te puedo decir y ellos nos quieren bajo ningún concepto que oigas.

-¿Algún secreto sobre Magnolia Glenn que se ha guardado hasta hoy día?

-¡Qué secretos puedo tener si nunca estuve solo con ella! Lo que yo sé, lo sabe mucha más gente y ya lo contaron para ese maldito librajo. Por eso me negué a participar, porque lo único nuevo que yo podía decir de esa puta es que era una zorra.

Si le hubieran dicho a Johanna hacía unos días que alguien iba a insultar de tal modo a tal a Magnolia Glenn en sus presencia sin que ella se lanzara al cuello del agresor, no lo habría creído.

-No entiendo nada.

-Yo tampoco, pero tengo malas noticias para ti, señorita periodista: sea lo que sea que no quieren que oigas, no se van a arriesgar a que lo puedas transmitir. Te van a buscar para matarte, como a mí. Los conozco bien, sé cómo funcionan.

-Pero...

-Mira, niña, ya que puede que vayamos a morir por encontrar algo, al menos vamos a buscarlo. Te contaré mi versión de la historia, puede que reconozcas lo que quieren y quieres.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Valor sin Valor (8).

A Johanna nunca le habían gustado las montañas rusas, ni si quera aquella tan famosa del parque ese que visitó cuando fue a Estados Unidos. ¡El dineral que pagó para sufrir! Pero esa experiencia era un juego de niños comparada con esto. Sin saber cómo, el misterioso pasajero la había pasado del asiento del conductor al del acompañante y ahora él conducía a una velocidad absolutamente temeraria por las calles de la ciudad.

-¿Qué hace? ¡Nos vamos a matar! -por fin acertó a chillar Johanna.

-¡Si me paro, los que nos matan son ellos!

-¿Qué ellos?

-Los que nos persiguen.

Johanna giró por fin la cabeza, tras un par de intentos fallidos que la lanzaron contra la puerta del auto tras sendos y bruscos giros. 

-¿Quién nos persigue?

El tío aquel pegó un último y brusco volantazo y, con la misma energía, pisó el freno y paró al coche de sopetón en mitad de una callejuela sin salida.


-Ahora ya nadie. Sal, tenemos diez segundos antes de que nos vuelvan a encontrar.

-Pero...

-¡Que salgas, señorita periodista!

¿Qué alternativa tenía?

El desconocido se dirigió a una esquina del callejón y, tras abrir de una patada una mugrienta puerta metálica llena de óxido, le señaló con la cabeza que le siguiera para adentro.

-¡Aquí estaremos a salvo!

-Pero cuando encuentren mi coche...

-Pensarán que nos hemos escapado saltando la tapia del fondo de la calle.

-¿Cómo está tan seguro?

-Porque yo entrené personalmente a esos fulanos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Valor sin Valor (7).

Hay profesionales que trabajan para ganar dinero con el que poder vivir y hay profesionales que trabajan para poder vivir (y lo del dinero es un extra que nunca viene mal). Estos segundos siguen una voz muy poderosa y a la vez muy canalla llamada vocación.

No hacía falta haber estudiado periodismo para percatarse de que el comisario Kewabó tenía una historia que contar y Johanna se tenía por una periodista de raza que iba a contarla (aunque, después de la charla con su jefa ¿dónde? Bueno, ya vería). Sin duda era una malísima idea, sabía de sobra que -no sabía quién, pero claramente alguien que tenía pinchado el teléfono del comisario- era consciente de que no había llamado a Kewabó para anular la cita. Seguramente la estaban siguiendo, o ya le esperaban allí. ¡Puñetera vocación!

¿Estaba tonta o qué? Aquello no llevaba a ninguna parte, sólo a meterse en un lío muy gordo con alguien todavía más gordo. Pero, por otro lado, si tanto admiraba a Magnolia Glenn y su valor, ¿cómo no aprovechar una oportunidad de ser valiente ella misma?

Miró por el retrovisor de su coche. No parecía que la estuvieran siguiendo. Aunque, esa gente es profesional de seguir a gente sin que les pillen. ¡Pero si sabían dónde iban! ¡Seguramente ya le estaban esperando allí!

"¡Da la vuelta, tonta del culo!", se repitió a sí misma por enésima vez mientras se paraba en un semáforo.

Entonces, una sombra surgió de la nada. Abrió la puerta trasera y se coló de un brinco.

"Bueno, ya lo has conseguido, niña. ¡Te van a matar por imbécil!"

-¡Por favor, no me mate, le juro que no voy a ninguna cita con Kewabó!

-Ya estás en la cita con Kewabó, señorita periodista.

-¿Perdón?

-Cuando se ponga el semáforo verde, acelera y métete por la primera por la izquierda. Más tarde habrá tiempo para las presentaciones.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Valor sin Valor (6).

-Johanna, la jefa. Su despacho. Ya.

Bonita manera de empezar la semana. ¿Qué querría? ¿Es que acaso no se fiaba de ella? Todavía quedaban 48 horas para entregar el dichoso libro (¿se había referido a "Carne de Libertad" como "dichoso libro" ¡¿Ella?!) ¿A qué tanta prisa? Estaría listo dentro del plazo, sólo quedaba la entrevista con el comisario Kewabó, y la iba a mantener esa misma tarde. Daría para un par de hojas, y luego habría que meterla en el libro. Pan comido. Sin duda, el trabajo se iba a entregar en plazo sin problema alguno (había pronunciado esa frase de estudiante miles de veces y rara vez lo había podido cumplir pero aquellos eran otros tiempos).

-Buenos días, jefa.

-Siéntate.

(¿Ni los buenos días? ¿De qué iba todo aquello? ¿Y esa cara?)

-A la orden.

-Mira, voy a ser muy clara contigo. Me he enterado de que has hablado con ese hijo de mil perras sarnosas de Kewabó y te prohibo terminantemente que lo vuelvas a hacer, ¿comprendido? Adiós.

(¿Cómo se había enterado? ¿A qué venía ese tono tan grosero? ¿Por qué, por qué, por qué?)

-Pero yo pensaba que...

-¡Que no pienses, coño! Y ahora, fuera de mi despacho, escribe el libro como se te mandó que lo hicieras y deja de jugar a las intrépidas e incisivas periodistas de investigación.

-Pero...

-¡Por tu propio bien y por el mío. obedece! Llama a ese fulano y dile que se cancela la cita porque has cambiado de opinión.

(¿Asustada? ¿Le había parecido que la mismísima Kata Alwa estaba asustada?)

 -Claro, claro, como tú mandes.

-Gracias, que pases un buen día.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Valor sin Valor (5).

No hace fatal ser muy listo para darse cuenta de que algo es una porquería, tan sólo algo sincero con uno mismo.

Y es que aquellas entrevistas eran todas más de lo mismo. "Magnolia Glenn fue maravillosa", "Magnolia Glenn es fantástica". Nadie iba a comprar una nueva edición de un libro cuya única diferencia con la anterior eran tres fotos y un montón de información repetitiva y nada interesante. De hecho, presentarlo ya le parecía a Johanna una auténtica estafa y una tomadura de pelo. Aquello de las entrevistas no funcionaba. Quizás el engolado de Gangó no fuera tan bueno después de todo.

Entonces, en contra de todo -de su corazón, de sus principios, del sentido común, del instinto de supervivencia-, Johanna decidió lanzarse a la piscina (seguramente, llena de mierda y no de agua), siguiendo a su olfato de periodista.

El libro incluiría la versión de la única persona relevante en todo el país que odiaba a Magnolia Glenn, lo reconocía y no se avergonzaba de ello. Por otro lado, también había sido la única persona que se había negado a hablar para "Carne de Libertad".

Estaba loca, lo sabía, seguramente ni le concedería la entrevista, quizás ni tan siquiera pudiera contactar con él.

Pero, para su sorpresa, venía en la guía telefónica. Marcó, mientras se susurraba a sí misma que estaba fatal de la cabeza.

-¿Dígame? -era una voz previsiblemente aspera, severa y antipática.

-¿Comisario Kewabó?

-Comisario retirado, querrá usted decir. Retirado por ser fiel a mis principios y a este país.

-Perdone que le moleste. Me llamó Johanna Smitt y soy periodista.

-¿Periodista?

-Me gustaría entrevistarle. Que me diera su punto de vista sobre el asunto Magnolia Glenn.

-¿No sabe usted lo que pienso de esa tiparraca? ¿De qué planeta viene usted, periodista?

-No, no, lo que quiero es su versión de los hechos.

-¿En serio quiere perder su tiempo en eso? ¡Nadie lo publicará!

-Yo le garantizo que sí.

-¿En serio...? Hum....Está bien, ¿cuándo y dónde podemos vernos?

Johanna no podía creer lo que estaba oyendo. Debía de ser su día de suerte. O quizás no.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Valor sin Valor (4).

-Kata me ha dicho que tienes mucho talento. Y Kata nunca se equivoca.

A Johanna se le pintó una cara mezcla de mil cosas: nervios, vergüenza, halago, admiración...Viniendo esas palabras deYohn Gangó, no era para menos. Gango era otro de los grandes ídolos de Johanna. (¡Tenía tantos!) Periodista metido a activista (o quizás al revés); activista por los derechos civiles metido en política (peligrosa combinación). Trabajaba en el periódico local que había denunciado la detención de Magnolia Glenn, lo cual les supuso más de un problema gordo (sin ir más lejos a Gangó le trajo su cuarto paso por prisión, de seis meses en aquella ocasión. Era del que más orgulloso estaba y del que más presumía). Gangó también había sido pieza clave a la hora de redactar "Carne de Libertad" y a Johanna le pareció obvio que era una de las personas que más le podía ayudar a confeccionar su "versión actualizada" del libro. Conseguir que Yohhn Gangó te recibiera no era fácil, pero una llamaba de Kata había solventado el problema. Oficialmente, eran viejos compañeros de fatigas informativas y muy buenos amigos, pero todo el mundo en el mundillo sabía que habían estado liados en dos ocasiones con siete años de diferencia.

-Tengo entendido que también sabe para qué le he pedido esta entrevista.

-De tú, Johanna, de tú.

-¡Me va a costar, señor Gangó!

Él sonrió paternalista.

-O sea, Yohn.

-Así está mejor. Sí, en efecto. Ya sé lo que quieres y le he estado dando muchas vueltas. La verdad es que creo que le dejamos poquito jugo a la historia cuando escribimos el libro. ¡Trabajamos bien duro en el asunto! Hablamos con todos los testigos, tuvimos acceso a toda la documentación... Sí, hija, la tarea en bien difícil. Él libro nos quedó redondo, modestia aparte. Mi consejo es que no cambies lo que había, sino que amplies con lo que hay ahora: entrevista al señor presidente, a los más jóvenes de nuestro pueblo, y ¿por qué no?, ¡me puedes entrevistar a mí misno!

-Sí, creo que eso haré.

Yohn Gangó era un tipo admirable, pero lo habría sido más si no fuera tan vanidoso.

domingo, 29 de octubre de 2017

Valor sin Valor (3).

El libro "Carne de Libertad" era la versión definitiva de la historia de Magnolia Glenn. Se había elaborado con la plena colaboración de todas la partes implicadas -empezando por la propia Magnolia- hacía una década, en cuanto la situación política y social lo había permitido. Por desgracia, Magnolia había fallecido repentina y trágicamente poco antes de que viera la luz.

Johanna poseía dos ejemplares de "Carne de Libertad". Uno la había comprado a los dieciséis años con sus ahorros (y lo había leído y releído hasta dejarlo bastante deteriorada pero todavía útil) y el otro se lo había agenciado hacía poco más de diez meses, justo al entrar a trabajar al periódico, y a muy buen precio, aprovechando que tanto su diario como la editorial de "Carne de Libertad" pertenecían al mismo grupo empresarial. Estaba guardado bajo llave en su mesa de trabajo, intacto. Le tranquilizaba mucho saber que tenía una copia de reserva de su libro favorito.

Kata Alwa era la curtida directora del joven periódico de Johanna. También era una gran admiradora de Magnolia Glenn pero sin llegar a la reverencia que Johanna tenía por ella. Kata Alwa era una mujer a la que la vida había forjado a golpes, y esa gente tiene poco tiempo para la mitomanía.

Kata Alwa sentía una cierta predilección por Johanna. No era porque le recordara a ella con un cuarto de siglo años menos (no tenía tiempo ni ganas para cursilería de ese tipo), sino porque veía en ella un innegable potencial. Por eso, y porque Johanna era una enciclopedia andante sobre Magnolia Glenn y "Carne de Libertad", Alwa la llamó a su despacho.

 -Bueno días, Johanna.

-Hola, jefa.

-Te he llamado porque tengo un encargo para ti.

-Tú dirás.

-La editorial va a sacar una edición revisada de "Carne de Libertad". Parece que con todo eso de la estatua se ha vuelto a despertar un gran interés por Magnolia Glenn. La buena noticia es que te vas a encargar tú, la mala es que tienes una semana. La editorial quiere sacarlo antes de que se le vaya el gas al asunto.

-¿Una semana?

-Querida, se trata de que busques algún que otro dato inexacto y lo corrijas,  añadas algunos párrafos de relleno y le metas algunas fotos nuevas. Lo justo para justificar el cartelito de "Edición Revisada" en la cubierta. Te sabes el libro casi de memoria. Lo podrías hacer en un par de días.

-Supongo que no me queda otra.

-No disimules, querida. Te encanta la idea.

Cierto.