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martes, 30 de septiembre de 2014

El Dichoso Divino Tesoro que se Va para No Volver.

-¿Lo echas de menos?

-¿El qué?

-Ser joven.

-No mucho...En realidad, nada...¡Qué coño, que ha sido todo un alivio librarme de la presión de "tener que ser joven"!

-¿En serio?

-Es que yo nunca fui realmente joven, ¿para qué nos vamos a engañar?

-Pues yo no me hago a la idea de que esto se acaba...Dicen que uno es joven mientras se siente joven.

-Uno es joven hasta que una chica de veinte años te trata de usted, no te engañes.

-¿Tú crees? ¡Pues a mí en la discoteca se siguen tratando de tú!

-Porque están borrachas y, sobre todo, porque tú has pagado las copas que lo han permitido. Prueba a cruzarte con ellas en un ascensor un lunes a primera hora.

-¡Tonterías!

-Ya no somos jóvenes, y eso no hay tinte que lo cambie. De hecho, se te nota un montón ese color de pelo tan raro, y es ridículo, casi tanto como esa ropa que te compras.

-¡Pues la señorita de la tienda me aseguró que me queda muy bien!

-¿Y qué quieres que te diga?

-¡Pues yo me sigo sintiendo joven!

-Bueno, pues rezaremos para que algún día te cures.

-¡Vete a la mierda!

-Yo me voy donde tú quieras, pero, desde luego, no contigo. No mientras sigas cantando a voz en grito mientras conduces.

jueves, 25 de septiembre de 2014

General Ambición (y 5).

"Truchas mineras", hasta hacía un mes nadie había oído hablar de ellas. Pero ahora eran portada de todos los medios, ahora todo el mundo entendía de las dichosas "truchas mineras".

Un potente coche se detuvo delante de los juzgados y el antiguo general Reguía y su abogado se apearon. Fueron recibidos por los vítores y aplausos de un centenar de seguidores enfervorizados que se habían concentrado allí. Los dos hombres se abrieron paso entre una nube de micrófonos y fotógrafos -¡qué cómodo y confortable le resultaba aquello- con el objetivo de ganar la puerta del tribunal.

-¡Esto es ridículo, señores, no entiendo que hay detrás de esta absurda persecución!


Reguía había sido denunciado por "delito ecológico" por la Comisión Continental de Agricultura, Caza y Pesca, y la acusación había sido aceptada. Un oportuno informe había puesto de manifiesto la enorme importancia que tenían las dichosas "truchas mineras" y el tremendo atropello contra la Madre Naturaleza que suponía capturarlas.

-Al menos así logramos minar su prestigio internacional -dijo el viejo presidente sin apartar la mirada de la pantalla del televisor.

Su fiel mano derecha asintió. Ese era el plan.

-No obstante, la lucha no ha hecho más que empezar.

El viejo presidente no podía estar más de acuerdo.

En el receptor, proyectaban un breve informe sobre la "trucha minera". Era un bicho tremendamente cabezota, capaz de sobrevivir a los pescadores y las aguas no particularmente saludables de una cuenca minera e industrial.

-Me pregunto cuántos bichos de esos se comió el mamón de Reguía de pequeño -gruñó el viejo presidente.

El fiel ayudante se limitó a asentir.

martes, 23 de septiembre de 2014

General Ambición (4).

-No es buena cosa que les enseñen tanta estrategia a los militares en las academias.

La fiel mano de derecha se rió de rabia.

-Ese hijo de su madre es más listo que mil zorros.

En efecto, el numerito del río había dado al general Reguía la excusa perfecta para declinar la oferta de presentarse a la alcaldía de su pueblo. Al fin y al cabo, ¿cómo podía ponerse al frente de una localidad donde había sido multado por saltarse a la torera la ley y donde, para colmo, se había enfrentado a la autoridad?

-¿Cómo puede ser la gente tan inocente como para tragarse un montaje tan burdo? ¿Acaso no saben que cualquier elemento de uniforme en este país reverencia y venera a Reguía? ¡Esos guardas le habrían pescado los peces ellos mismos usando sus propias manos si Reguía se lo hubiera ordenado!

-Sí, jefe, la jugada en perfecta. Los únicos votos que podría perder con todo esto son los de los ecologistas.

-Los que no iba a ganar jamás de todos modos.

-Exacto. Y, además, ha reforzado el apoyo que ya tenía de los anti-ecologistas.

-Mamón...¿Cual será su próximo movimiento?

-Me preocupa más decidir cuál será el nuestro.

-Tenemos que intentar que la jugada de los peces se vuelva en su contra. ¿Quién nos debe un favor en la Comisión Continental de Agricultura, Caza y Pesca?

-Henry.

-¡Cierto, el viejo Henry y su afición a hacer cosas raras con los pobres animalitos!

-Y grabarse.

-Bueno, supongo que esas cochinadas son menos impropias siendo comisario de caza.

-Lo que resultó muy propio fue que le hiciéramos el favor de que aquella cinta tan comprometedora acabara en el fondo del mar con los peces.

lunes, 22 de septiembre de 2014

General Ambición (3).

-Hacía siglos que no hacía esto. Desde que era un crío, de hecho.

-¡Pues nadie lo diría, que ya ha cogido un par de ellos!

-La suerte del re-principiante.

Cuando el general Reguía era un chaval, todos los muchachos del pueblo solían bajar al río que bañaba la ciudad a pescar las llamadas "truchas mineras", sin que pasara nada. Pero hacía una década, una agencia internacional de protección de animales, por intercesión de un grupo ecologista local, había declarado a la "trucha minera" de marras como especie protegida. Estaba prohibido pescarlas, bajo importante multa.

-¿Falta mucho para que aparezcan esos malditos guardas forestales, comandante?

-No, les dije que vinieran a las diez...¡Ahí están!

-Estupendo, empieza la comedia.

Los noticieros propagaron la noticia en cuestión de minutos: el prestigioso general retirado Reguía había sido sorprendido pescando una especie ilegal en el río de su ciudad natal y, al ser sorprendido y multado por las autoridades, no había dudado en mostrar su indignación ante lo que el calificaba de una "absurda legislación", puesto que "hay truchas mineras para dar y tomar".

-La ley es para todos y todos debemos respetarla , por muy general que sea -declaró rotundo e indignado a los micrófonos de televisiones y radios el oficial al mando de la comandancia local del Departamento de Protección del Patrimonio Natural (DEPROPANA).

Terminada la entrevista, dicho oficial tomó el teléfono y, con la máxima discrección, efectuó una llamada telefónica.

-¿Cómo he estado, comandante Omar?

-Impecable, absolutamente impecable. Le felicito.

domingo, 21 de septiembre de 2014

General Ambición (2).

El general Reguía arrojó el periódico con enfado sobre la mesa de cristal del jardincito de su chalé de general retirado.

-¡Ese viejo es un zorro!

El comandante reservista Omar, su mano derecha, sonrió.

-No se llega al sillón presidencial siendo un estúpido.

Omar ya había sido un fiel y eficaz secretario del general Reguía cuando estaba en activo. El día que Reguía había decidido dejar el ejército, no había hecho falta demasiado poder de convicción para llevarse a Omar con él: había mucho más que ganar en la Política que en los cuarteles.

-¿Qué sugieres que haga?

-Andar con pies de plomo, lo último que queremos hacer es enfadar a tus paisanos.

En efecto, el viejo presidente -interrogado sobre el popularidad de Reguía- había manifestado, textualmente:

"Sin duda estamos ante uno de las mentes más privilegiadas del país, uno de los corazones más valientes y una capacidad de liderazgo digna de envidia...Las elecciones municipales se van a celebrar en unos meses y estoy seguro que la ciudad donde nació -y con la que mantiene una relación mutua de orgullo y amor- se beneficiaría enormemente de tener a un hombre que Reguía al frente de su ayuntamiento. Todos sabemos los momentos tan difíciles por los que atraviesa, fruto de una desafortunada serie de malos alcaldes, y haría falta un líder de la categoría de Reguía para levantar esa cuenca minera y esa industria del metal".

-Sí, no puedo negarme rotundamente y de entrada a ser alcalde de mi pobre ciudad y luego aspirar a otros cargos políticos.

A primera vista, ser alcalde de una ciudad y hacerla renacer podría parecer un excelente trampolín para cualquier carrera política, pero Reguía sabía de sobre que ahí residía la trampa que el viejo presidente le estaba tendiendo: harían falta al menos cuatro años para que hubiera cambios sensibles en aquella economía tan brutalmente machacada, y él no disponía de tanto tiempo. Su objetivo irrenunciable eran las elecciones presidenciales que se iban a celebrar en un par de años.

-Póngase a pensar, Omar.

-¡A sus órdenes, mi general!

jueves, 18 de septiembre de 2014

General Ambición (1).

Las imágenes del televisor mostraban a un tipo de unas seis décadas ya de sobra cumplidas, canoso y algo pasado de peso introducirse en su automóvil entre un mar de vítores. El viejo presidente resopló inquieto y apagó el receptor.

-La popularidad del general Reguía está creciendo como la espuma -terció la fiel mano derecha del mandatario. Este asintió con el gesto contrariado de alguien a quien le recuerdan la verdad incómoda que de sobra conoce-.

-Mientras estaba en activo, era fácil mantenerle bajo control, pero ahora que se ha retirado...

El viejo presidente no terminó la frase, en clara petición a su mano derecha de consejo y socorro.

-Por eso precisamente ha pedido la baja del servicio activo. Sabe que en el ejército había llegado a lo más alto, pero eso para él no es suficiente.

-Con lo único que se va a conformar es con este sillón presidencial.

El fiel ayudante se limitó a asentir. Estaba más claro que el agua. Las altas aspiraciones políticas del general Esteban Reguía no eran ningún secreto, y se habían visto confirmadas por esta palabras en su discurso de despedida de la carrera militar:

"Tras cuatro décadas de plena, abnegada e incondicional entrega al servicio de este país, ha llegado el momento de que les devuelva a los mismos una mínima parte del tiempo que no les pude dedicar durante todos estos años. Lo que me resta de vida será de mi esposa, mis hijos y mis nietos. Y sólo la voz -clara y firme- de mi patria pidiéndome lo contrario, se podría apartar de ellos":

-El ejército está con él, sin fisuras -prosiguió el presidente.

-Y los que están sin fisuras con el ejército.

-Tenemos que pensar algo, y rápido. Las elecciones son dentro de menos de dos años, y si dejamos que este tío termine de despegar, luego no podremos detener su vuelo.

martes, 16 de septiembre de 2014

¡Hay una Primera Vez para Todo, Compañero Don Álvaro! (y 7)

-Pero, ¿quién es toda esta gente? -interrogó alarmado Manolo Fontajo.

-Pero, ¿quién es este crío? -le respondió a la gallega el propietario del local.

-¡Cariño, no te lo vas a creer, el tarado ese de Romera nos ha traído a un sitio rarísimo y nos han bañado a la niña en whisky! Dime la dirección del salón del banquete, que ahora mismo me cojo un taxi y me voy para allá -era, lógicamente, la mamá de Clarita.

-Me permitirá que yo abone lo que nos cueste el taxi -saltó Azarías Romera, por intentar arreglar lo inarreglable.

-¡Yo a usted no le permito ni que nos acompañe!

-Pero, ¿qué sitio es este hija mía!

-¡Don Álvaro!, ¿qué hace usted aquí?

Era Don Álvaro Ñoque Rizobi -agustino recoleto, amigo de la familia de toda la vida y -por extensión- el sacerdote que había administrado el bautismo a la pequeña Clarita.

-Os he venido siguiendo en mi coche.

-Pues dese la vuelta que nos vamos, ahora le explico ¡Qué pesadilla de banquete de bautizo!

-Sí, vámonos.

-¡De aquí no se mueve nadie!

La Policía, que, respondiendo a un chivatazo de que aquel local no tenía más de dos y más de tres cosas en regla, se personaba en forma del inspector Carlos Luagasa y sus muchachos.

-¿Cómo que no se vaya? ¡Oiga, que yo soy el padre Alvaro Ñoque, agustino recoleto.

Manolo Fontajo se giró hacia el sacerdote para intentar tranqulizarle.

-No pasa nada, hombre, si el problema lo va a tener el dueño de todo esto. ¿Es la primera vez que se ve envuelto en una redada en un puti-club?

-¡Por supuesto que sí!

-Hay una primera vez para todo, compañero Don Álvaro!