Lo malo de ser bueno es que uno no saber decir que no, y la gente lo sabe.
A Paola Rubio le tocó redactar el discursito de despedida de los mayores. Una de las típicas tareas pesadas de las que nadie se quiere encargar, y en las que Paola parecía estar especializada.
-Ya está el discurso, ¿por qué no le echas un ojo y me dices qué te parece?
José Luis Trestuestes sonrió. Le hacía ilusión que a la niña le interesaba saber qué pensaba él de su discurso. Ella lo sabía perfectamente, por eso se lo había pedido.
-Está muy bien, pero esto que has puesto...¡Jo, menuda responsabilidad!
-¿El qué?
-Esto de "vosotros, los profesores de este colegio, habéis influido muchísimo en hacernos lo que somos".
-Es lo que pensamos la mayoría de los alumnos.
-Pues no sé si tomármelo como un halago o como una seria acusación.
-La mayoría somos gente majilla, hombre, podéis estar orgullosos.
-¿Y los que no?
-¡Todavía serían peores si no fuera por vosotros!
-Pero, ¿y vuestras familias, vuestros amigos, la calle, la vida...?
-Esos también han influido mucho. La creación de una persona es un trabajo en equipo, pero creo que los profesores sois los únicos que siempre nos intentáis enseñar cosas buenas. La familia y los amigos...ya sabes cómo son a veces...
-¡Me vas a hacer llorar!
-Pues llora, que no es nada malo. Tú mismo me lo enseñaste...¡Ves, sólo cosas buenas!
¡La madre que la parió!
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