jueves 28 de abril de 2011

Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (4)

"No conocí a "la Americana" por casualidad. La muchacha era estudiante de Derecho y estaba por Inglaterra por algo relacionado con la carrera. Tradición familiar, pues su padre también había ejercido la abogacia.en el Sur de Estados Unidos, e incluso se había atrevido a defender a un par de hombres de raza negra acusados de asesinato. Vano esfuerzo, porque habían sido condenados y ahorcados. Después de todo aquello, aquel hombre, descorazonado, había cambiado de rumbo profesional.

Del lance, entre otras cosas, le había quedado a "la Americana" un profundo interés por el tema de la lucha contra la pena de muerte y, por esa causa, habiá entablado relación con el destacado activista David Dogan. Mi viejo amigo David Dogan.

Y a través de él nos conocimos. Yo me presenté como el humilde taxidermista que era y soy, sin, obviamente, revelarle a qué me dedicaba "algunas mañans sueltas", pero su mirada, de puro limpia y simpática, me impulsó a contarle al poco rato de estar charlando que tenía algún que otro conocido en la prisión de Pentonville, y que a veces acudía para "hacer alguna chapucilla pequeña".

-Ahí es donde ahorcan a los condenados de la zona de Londres, ¿no?

-Sí, creo que sí. Es ahí, ¿verdad, David?-respondí.

Ya ve, uno -modestamente- también tiene su pequeña ración de humor británico. Mi amigo David me clavó una mirada mezcla de sorpresa y de guasa al tiempo que asintió. Yo me pusé un poco colorado y un poco nervioso. La chica no tenía un pelo de tonta, ¿se habría percatado de que algo raro pasaba?

-¡Qué manera tan horrible de morir! ¡Me acuerdo de esos pobres muchachos a los que mi padre intentó defender sin éxito!

Me tuve que contener para no decirle que nosotros no éramos unos chapuceros como nuestros primos del otro lado del Atlántico (los había visto en acción después de la guerra y sus métodos y sistemas eran muy inferiores a los nuestros). Me limité a poner una mueca boba y soltar algo así como: "según tengo entendido, en el Reino Unido tenemos el sistema bastante perfeccionado...."

-¡No me jodas, colgar es colgar!

¡Tacos, decía tacos! Y lo curioso era que esas palabras, que salidas de la boca de cualquier otra mujer resultaban feas y groseras, en sus labios parecían graciosas, puede que incluso encantadoras".