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miércoles, 27 de abril de 2011

Los Casos de Woodchat Shrike: La Americana (3)

La clave obvia y sencilla: "Woodchat Shrike". En un ejercicio de absoluta carencia de curiosidad que me dejó anonadado, aquel buen señor le limitó a darme la carpeta, los buenos días y volver a sus asuntos. ¡Eso sí que es un profesional!

"Estimado Amigo, me sorprende que estés leyendo esto. De hecho, escribo con la casi absoluta certeza de que jamás nadie lo va a leer. Como todo lo mío, pero esta vez más que nunca. Por eso, voy a hablar de asuntos muy personales, sin duda más de lo habitual y seguramente más de lo debido. Mas no es ésta prosa vacía e inútil. Me sirve a mí, y mucho, pues soy yo el que tiene que vaciarse de esto que llevo dentro. Tengo que luchar y liberarme. Y no conozco otro camino que este.

Pero basta de lloriqueos. Si has llegado hasta aquí, aun cuando tu única pista era una que parecía llevar a ninguna parte, te mereces que comparta contigo esta vivencia"

"¡Hablas raro!", fue lo primero que se me ocurrió soltarle a aquella chica cuando me la presentaron. Me salió así, de modo espontáneo, como la reacción de alguien que intenta ser simpático sin tener mucha costumbre de serlo.

"¡Es que soy americana!", me constestó ella, no supe si en serio o por ganarme la batalla de tomar el pelo.

"Eso debe de ser", contesté. Huelga decir que estaba más que familiarizado con el acento de Estados Unidos. E incluso me parecía casi evidente que la muchacha debía proceder de alguno de los estados sureños. Otra de las cosas que me dejó en herencia la guerra. Había conocido a un buen puñado de sobrinos del Tío Sam, le había salvado la vida a algunos, otros me habían salvado el pellejo a mí, e incluso había tenido el dudoso honor de ahorcar a uno que se había pasado mucho de listo como visitante del Reino Unido.

Sea como fuere, los dos nos reímos. La chica parecía simpático, por muy americana que fuera.

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