Y, obviamente, el padre Vicente también poseía su copia. O, mejor
dicho, la llave original de la que habían salido el resto. En
realidad, pocas cosas había en ese colegio que no tuvieran su origen
en el padre Vicente, o eso decía él. Había sido director y a la
mínima oportunidad presumía -entre otras miles de hazañas- de que
él había fundado el exitoso equipo de fútbol-sala, había
reformado el servicio de comedor para que tuviera cocina propia o
había hecho que el colegio fuera el primero dotado de sala de
informática de toda la provincia. Al padre Vicente le encantaba el
poder y presumir de él. De hecho, no había sido fácil relevarlo de
la dirección del centro. Tuvieron que intervenir las más altas
instancias de la congregación y, aun así, el padre Vicente peleó
hasta el final, logrando al menos quedarse en el colegio y mantener
una parcelita de dominio de modo vitalicio: el control del
suministro, almacenaje y distribución de los materiales escolares
(en la sala que él mismo había mandado construir). Se pensaba que
aquello duraría poco, puesto que el padre Vicente ya aparentaba
tener una edad más que respetable, y que pronto él mismo
solicitaría pasar a una de las casas de retiro de la orden (si es
que la Parca no se le adelantaba). ¡Qué poco conocían al padre
Vicente! De eso hacía ya más de dos décadas y así seguía, fresco
y enérgico como una lechuga atómica calva y con gafas. ¿Cuántos
años tendría el padre Vicente? Nadie lo sabía, era el secreto
mejor guardado de aquella colmena educativa. Un secreto que él mismo
se llevaría a la tumba, (todo hacía suponer que no en un futuro
inmediato).
Nada grave, si no fuera porque aparte de engreído y fanfarrón, el
tal padre Vicente se había vuelto un tacaño de cuidado (debían de
ser cosas de la edad), dato más que preocupante cuando uno es el
custodio exclusivo de cartulinas, rotulares, rollo de papel de celo y
demás. Conversaciones de este tipo eran al pan nuestro de cada
jornada escolar en aquel sitio:
-¿Para qué quieres cuatro cartulinas?
-Es para hacer un mural de Navidad con los niños.
-¡Con una tienes más que suficiente, que así aprenden los niños a
compartir!
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