Y de todas esas llaves, era la de la Urbi la que le iba a allanar el
camino al dichoso workbook. El plan era arriesgado y audaz, e iba a
hacer falta un buen puñado de suerte para que saliera bien (en
palabras de Úrsula: “La gilipollez más gorda que se te ha
ocurrido en tu vida. Vas a conseguir que nos echen a las dos del
cole”). No obstante, no la iba a dejar sola, que una amiga es una
amiga, y mucho más en la adolescencia. Decidieron ponerlo en marcha
aquel jueves, porque había prisa y era un día tan bueno como
cualquier otro.
-Oiga, ¿esto es suyo?
-¿El qué, niña?
-Este papel, es que estaba caído en el suelo junto a la puerta del
almacén, y como sus ustedes de las pocas que van por allí.
-¿Y qué hacías tú por allí?
-Me mandaron a pedirle un boli rojo al padre Vicente.
-¡Y a que no te lo dio! ¡Ja, ja, ja! Pone algo de un libro de
inglés. Será de él, que es el que lleva lo de material.
-Es que eso no lo puede haber escrito él.
-Porque tiene faltas de ortografía, y eso me extraña que el padre
Vicente.
-Bah, pues no sé, niña. Desde luego, mío no es. Llévalo a
portería, y déjame, que estoy muy liada.
-Yo creo que igual es de su compañera Fermi.
Eva había lanzado el cebo de la curiosidad malsana.
-¿Y eso?
Y Urbi se lo había tragado enterito.
-Pues porque pone “Libro para Ferminín” y el nombre de un
cuaderno de ejercicios de inglés. Al hijo pequeño de la Fermi le
llaman así. Lo sé porque antes venía al cole, estaba en mi clase.
-Sí, ya me han dicho que le echaron por bruto. ¡No me extraña con
esa madre! ¡Ja, ja, ja!
-Lo más lógico parece que le haga falta para su hijo, porque ahora
estará ahora en mi mismo curso, y es cuaderno de ejercicios que
estamos usando. Seguro que se lo va a pedir al padre Vicente para que
se lo dé gratis...
-¡Típico de esa tipa, siempre chupándole la sangre al cole! ¡La
tía gorrona!
-Bueno, me voy a buscar a su compañera para darle el papel. Este
libro es muy importante, y a mitad de curso en difícil de encontrar.
¡Cómo no lo saque de aquí, en menudo lío se va a meter el pobre
Ferminín!
-Ya...¡Niña, espera! Dime cuál es y ya me encargo de llevárselo
yo.
-¿Seguro?
-¡Claro!
-¡Qué buena compañera es usted!
-Sí, la Fermi es como mi hermana.
¡Bingo, Urbi había entrado al trapo como una campeona! Aquel plan,
tan descabellado -contra todo pronóstico- estaba funcionando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario