El currículum de aquel tipo era impresionante, aunque siempre que hay tecnicismos médicos de por medio es fácil impresionar (máxime si están en extranjero). En cualquier caso, Manuel se sentía abrumado ante aquel mar de titulaciones.
-¡Jo, está usted de lo más preparado!
-El Ministerio de Sanidad no contrata a cualquiera, aunque sea de intérprete.
-Ya pero, para lo mío, igual con uno más normalito había bastado.
-En el Ministerio no hay intérpretes normalitos.
Manuel pensó que esa chulería quizás había sobrado, pero no dijo nada. Después de todo, debía estar agradecido: iba a tener un intérprete de primera y no le iba a costar un duro.
-Oiga, y todo lo que nos digamos esa señora y yo...Vamos, que eso se queda entre nosotros, ¿no?
-Por supuesto, para eso los intérpretes somos como los médicos y los curas.
-Mejor, es que igual le tengo que decir yo a esa persona cosas que es preferible...vamos, que son particulares...Aunque, por otra parte, ni tan siquiera sé qué le voy a decir.
-En eso sí que no le puedo ayudar. Yo me limito a traducir lo que ustedes se digan.
-Ya, claro, claro...O sea, que yo hablo normal un rato, me paro y usted traduce.
-Exacto.
-Bien, pues nada. ¿Es ya la hora?
-Quedan unos segundos...No se preocupe, yo me encargo de manejar el aparato.
-Mejor...Y dice usted que el nombre se dice "Treisi".
-Exacto.
-Es que no quiero empezar con mal pie, ¿sabe? Pronunciando mal y eso. La primera impresión siempre es importante...
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