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martes, 15 de octubre de 2013

La Posición Adoptada.

El duro sabueso en horas muy bajas jugueteó nervioso con el cable del teléfono al tiempo que resopló:

-Pero la cosa no le saldría cara...Me lo puede pagar a plazos...Es un café al día durante año...¡Ni se daría cuenta!

-Ya le he dicho que no es por el dinero...Símplemente, no estoy interesado en sus servicios.

-Pero, ¿no siente usted curiosidad?

-Cuando era un niño, confieso que sí. Mucha. De hecho, eso era lo único que sentía por mis padres...curiosidad. ¡Y eso es duro con diez añitos! Pero ahora...Yo ya tengo mi vida hecha, me da igual quiénes son mis padres.

-Ya, bueno, piénselo usted tranquilamente y mañana le llamo, y hablamos con más calma.

¡No hay nada de que hablar, y, por favor, no me llame más! De hecho, ahora que lo pienso, ¿cómo sabe usted que me dejaron abandonado de bebé y crecí en un orfanato? ¿Y de dónde ha sacado usted mi número de teléfono?

-Es que yo soy un detective muy bueno, ya se lo he dicho. ¡Esto le garantiza que también seré capaz de encontrar a sus padres!

-Mire, yo soy un señor muy educado, pero le voy a colgar, y si vuelve usted a molestarme, doy parte a la policía.

-Hombre, pues si lo hace, saluda usted a Orticejo de mi parte.

-¿Perdón?

-El inspector Manolito Orticejo, el que lleva este tipo de cosas en la comisaria de su barrio. Somos amigos, es que yo también pertenecía al cuerpo antes de que me expulsaran.

-¡No me extraña que lo echaran!

-Todo un lamentable malentendido. Orticejo testificó en mi favor, pero ni por esas...

-¡Bueno, adiós!

-¡Espere, espere...! ¿Está usted seguro de que su esposa le es fiel? Le puedo hacer un seguimiento, precio de amigo, tres meses de cafés, regalado.

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