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jueves, 12 de septiembre de 2013

¡De Casta le Viene al Galgo, Compañero! (y 8).

-Sólo por ver tan feliz al panoli de Fontajo, merece la pena todo el cirio que ha habido que montar.

-Por eso, y por la pasta que nos ha soltado, Sanzgorri.

-Por eso también.

Manolo Fontajo estaba exultante, extasiado: los resultados del pertinente análisis habían sido concluyentes: aquellos restos pertenecían a su abuelo. Fontajo había organizado un "acto de homenaje popular" al que había sido invitados todos los miembros de partido.

Como luego se daba de comer y de beber, habían acudido la mayoría. Hernando Camposuco y Sanzgorri incluidos, claro está.

-¿Qué crees que pensaría si supiera quién era realmente su abuelo y lo que realmente hizo?

-Se nos caía redondo: no sé si le mataría antes el infarto o el disgusto.

-Es mejor dejarlo así.

-Sín duda, está será una de tantas alegrías verdaderas cimentadas en una mentira.

-Si es que somos unos golfos, pero con nuestro corazoncito, Sanzgorri.

-¿Golfos? Yo no diría tanto, Hernando. Dejémoslo en dos personas que tuvieron que elegir entre la Honradez y un Mercedes, y se decantaron por lo segundo.

-No es mala elección, Sanzgorri.

-La más sabia, Hernando. Por cierto, ¿sabes que Fontajo quiere producir un documental sobre su abuelo?

-¿No me digas? ¿Y quién lo va a dirigir?

-¡Qué preguntas más tontas me haces!

En plena carcajada satisfecha de Hernando Camposuco y Sanzgorri, Manolo Fontajo entró en escena.

-¡Qué acto, compañeros! ¡Está todo el partido!

-¡Tu abuelo no se merecía menos, compañero!, ¿verdad, Hernando?

-Sin duda. Manolo, tu abuelo fue un gran guerrero del pueblo, un luchador por la causa de los trabajadores que dio la vida por un ideal, como lo eres tú, Manolo. ¡De casta le viene al galgo, compañero!

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