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domingo, 8 de septiembre de 2013

¡De Casta le Viene al Galgo, Compañero! (4)

La única salida de aquel callejón sin ídem, aunque fuera provisional y sólo una manera de ganar tiempo, era ponerse a cavar al tuntún y esperar que Manolo Montajo tardara en impacientarse.

-¡Mira, otro casquillo de bala!

Huesos, ni uno, pero aquellos restos metálicos de la batalla estaban apareciendo con cierta frecuencia.

-¿Tú crees que esto nos lo compraría alguien?

-No sé, yo los estoy guardando por si acaso, aunque los del pueblo me han dicho que los chiquillos llevan décadas encontrando uno o dos año, así que raros, lo que se dice raros no parece que resulten.

-¿Oye, no te parecen todos muy iguales?

-Pues no me he fijado.

-Mira, igualitos.

-¡Hombre, los casquillos son casquillos!

-Sí, pero supongo que cada bando tendría sus armas, con sus balas y sus casquillos propios, digo yo.

-¿Insinúas algo?

-Pues que da la sensación de aquí sólo pegaron tiros los de un bando.

-¡Igual se debe a que fue una masacre!

-¿Pero no decían que habían resistido? No creo que lo hicieran sin pegar un tiro.

 -Lo mejor será que le llevemos esto a un tío que entienda, y, de paso, que nos diga si tienen algún valor.

-Y, con la excusa, descansamos unos días de tanta excavadora.

Ese mismo viernes, Hernando Camposuco y Sanzgorri se personaban en "Hermanos Vázquez Bordón, coleccionismo militar, heráldica, numismática y filatelia".

El hijo pequeño del Vázquez Bordón mayor, entradito ya en años, analizó lupa en mano un par de casquillos y dictaminó tajante:

-Miren, señores, pueden ustedes tirar esto tranquilamente, porque no valen más que el metal que llevan, y en lo referente al bando, son todos casquillos de un tipo determinado de fusil.

-O sea, todos del mismo bando.

-Sin lugar a dudas. La típica bala del Ejército Republicano.

-Entiendo. Muchas gracias.

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