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sábado, 7 de septiembre de 2013

¡De Casta le Viene al Galgo, Compañero! (3)

El primer paso era -obviamente- hablar con el testigo presencial: el tal Joaquín Parguz.

-¡Ese lleva veinte años muerto!- replicó con una carcajada mellada el propietario del bar de la plaza.

Honradamente, no esperaban encontrarle con vida, pero, incluso así, aquello fue un auténtico jarro de agua fría para Hernando y Sanzgorri.

-¿Y usted no sabría dónde fue exactamente lo de aquellos que mataron en la Cabrarija?

-Eso no lo sabe nadie, Parduz se llevó el secreto a la tumba. ¡Por eso no se les ha desenterrado!

-Ya.

-Oiga, ¿y de las tropas nacionales no se sabe nada? ¡Porque alguien tuvo que cavar las fosas y enterrarlos!


-De esos tampoco se tuvo noticia.

-Pero, ¿no entraron en el pueblo?

-Ah, no. Seguirían por la carretera.

-¿Pero, entonces, a qué fueron Parguz y los otros al cerro Cabrajina?

-¡Pues a evitar que los nacionales tomaran el cerro!

-Ya...Es decir, que Parguz y los suyos salieron a defender un cerro, no al pueblo.
.
-Eso es. Le repito que aquí los nacionales nunca entraron. Ellos debieron de seguir camino por la carretera.

-Pero, ¿el cerro impedía avanzar por la carretera?

-¡Ah, no, el cerro está como a dos kilómetros de allí!

-En resumen, que aquí se sabe que se combatíó por el dichoso cerro porque unos hombres salieron, sólo volvió uno y contó la batallita.

-Así es.

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