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jueves, 5 de septiembre de 2013

¡De Casta le Viene al Galgo, Compañero! (1).

Cualquiera que le preguntara a Manolo Fontajo sobre su padre Manuel sólo le sacaría un gesto de cierta contrariedad y dos o tres frases: "él era un colaboracionista con la Dictadura. La única disculpa que tiene es que nunca tuvo formación intelectual o ideológica. Era un analfabeto político al que le habían lavado el cerebro desde niño".

Manuel Montajo se pasó la vida madrugando para ir al ministerio y ganar un sueldo para sacar adelante a su familia. Pero, claro, eso no era suficientemente rojo para Manolo.

En cambio, el abuelo Atilano era otro cantar. De ése le podría estar hablando Manolo horas, aunque nunca le conoció y todo lo que sabe de él sean las historias llenas de lagunas que le contaba su abuela de niño en el pueblo. Da igual, lo que no se sabe, se idealiza.

"El abuelo Atilano cayó en acción cerca del cerro de la Cabrarija...Luchando hombro con hombro con sus compañeros de la brigada marxista popular revolucionaria voluntaria de Castilla (B.M.P.R.V.C ). Estaban en inferioridad numérica de diez a uno y, aun así, mantuvieron la posición durante casi un día entero. Fue una auténtica matanza, él único superviviente fue Joaquín Parguz, que volvió al pueblo para contar el relato de la batalla. Nunca encontraron los cuerpos de mi abuelo o de sus compañeros de armas. El enemigo los enterró en alguna fosa común".

El abuelo Atilano si que era un rojo en condiciones.

Claudio Sanzgorri había escuchado las batallitas del abuelo Atilano cientos de veces y estaba hasta el gorro de la B.M.P.R.V.C, del cerro de la Cabrarija y del superviviente Parguz.

Por eso, cuando Sanzgorri le sacó el tema, Manolo Montajo debería de haber sospechado que algo turbio tramaba, pero le cegó la pasión de nieto marxista popular revolucionario.

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