-¡Es un buen pico Braulio, no seas tonto y trinca la pasta! Las modas se pasan pronto y lo mismo la semana que viene dejas de interesar y nadie da un duro por verte.
Esas palabras se las dirigió a Braulio es segundo postor. Este le ofrecia un poco más de dinero.
-Mire, ya se lo dije a su colega de profesión, que no estoy interesado, que no se molesten más, ni me molesten a mí, por favor.
-¿Y qué tal una entrevista en exclusiva? Eso no valdría tanto, pero también te podemos dar un pellizquito.
-Le he dicho que no, que me dejen en paz, usted, todos...¡Por eso me vine aquí y me puse esto, para que me dejen vivir en paz de una vez!
-Bueno, piénsatelo, pero recuerda que puede que dentro de un par de días la oferta ya no pueda mantenerse en pie...
-Ojalá.
Dinero, le ofrecían mucho dinero, esa cosa que compra cosas. El gran problema -o la enorme ventaja, según se mire- era que Braulio no tenía nada que comprar. La gente se vende para pagar caprichos para sus hijos o cosas necesarias para uno mismo, o viceversa. Para Braulio no tenía familia, y para las pocas necesidades que tenía, con el sueldo de cartero le daba.
Braulio no estaba a la venta. La dignidad de Braulio era un artículo de lujo, de lujo máximo, porque no había dinero este mundo para comprarla.
Braulio se pidió el mes de vacaciones. Planeaba pasárselo entero en casa, si era preciso.
Pero no lo fue. A los seis días de la clausura, se descubrió que un jubilado de Lugo tenía escondidas a seis prostitutas descuartizadas en un cogelador industrial de su nave. Todos los medios de volcaron con el "psico-abuelo" y los periodistas desaparecieron del portal de Braulio.
Mejor así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario