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jueves, 9 de febrero de 2012

Un Descambio Necesario.

-Buenas.

-Hola.

-El otro día estuve aquí...Creo que hablé con usted.

-¡Ha, sí...Dígame! -Los dependientes siempre se acuerdan de uno, no se sabe si porque son consumados fisonomistas o porque son unos perfectos y amables mentirosos. El caso es que siempre se acuerdan.

-Pues mire, que le vengo a descambiar la tele.

-¿Por qué? ¿Está rota?

-En cierto modo, sí.

"Novatos, paletos...La alta tecnología los atropella, por mucho que diseñen los aparatos a prueba de tontos, ellos siempre se las arreglan para no saber usarlos. En fin, seguro que no ha sabido ni enchufarla...", prejuzgó el dependiente.

-¿Y qué le pasa? ¿No se ve?

-De maravilla, en alta definición, 3D y todo eso.

-¿Entonces?

-Pues que vi el partido de mi equipo, y perdió; que vi el telediario, y los niños seguían siendo carne de mosca delante de mi sopa; que las películas aburridas siguen siendo igual de aburridas...

-¡Pero eso no es culpa de la tele!

-Ya, pero es que, inocente de mí, pensé que con una tele más cara todo sería mejor, pero, ya ve, me equivoqué. El caso es que he decidido quedarme con mi viejo televisor.

-Pero...

-Mire, yo no estoy satisfecho, y quiero que me devuelvan mi dinero. ¡Bien claro lo decía el anuncio!

-Claro, claro, ¿dónde tiene la tele?

-En el coche...Mire, pensándolo mejor, le traigo la tele y se mete usted el dinero por el culo, porque, después de todo, ni ha conseguido que mi equipo gane, ni que a los niños se los dejen de comer las moscas, ni que a mí me guste una película francesa.

-Es usted un demagogo.

-Sin duda, pero, a diferencia de otros, yo soy uno que está dispuesto a perder dinero por serlo. No hay muchos de esos, ¿eh?

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