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domingo, 12 de febrero de 2012

Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Una de Cal y Otra de Arena (o Casi).

Cuenta la leyenda que un día "Spiderman" Sánchez se quedó sin cal para marcar la líneas del campo del Graciarriero (sí, aparte de poner la redes, también le toca pintar las rayas).

Inasequible al desaliento como es él, fue por todo el pueblo a ver si alguien le ofrecía una solución, pero nadie parecia tener ninguna idea. A la desesperada, pensó en usar harina, pero Vlad, el panadero, le dijo que tenía la justa para servir el pan del día siguiente y que, aunque es bien sabido que todo lo que necesita el pueblo en pan y fútbol, a él le parecía más importante lo primero.

Como quiera que la situación se puso un poco tensa, el cabo Requejo se personó en la panadería para poner paz.

-¡Pero es que no vamos a poder jugar el partido, mi cabo!

-Ya, bueno...Mira, te veo tan desesperado que te voy a dar una solución de urgencia, pero de esto ni palabra a nadie, ¿entendido?

-A sus órdenes, mi cabo.

Desde tiempo inmemorial, en el cuartelillo de Gracia de Río se guardaba un saco de cocaína que habían encontrado escondido en un camión de cerdos durante un control rutinario. Desde la Comandancia habían ordenado destruirlo, pero nadie allí tenía muy claro cómo hacerlo, así que lo tenían metido en un archivador hasta decidir cómo la hacían desaparecer.

Y la ocasión, por fin, había llegado.

Durante buena parte de aquella temporada, las líneas del campo de Graciarriero F.C. estuvieron pintadas con cocaína colombiana pura de la más alta calidad. Afortunadamente, nadie se percató.

Ni tan siquiera el día en que un chaval del visitante se cayó de boca sobre el corner, se levantó de un salto y se pasó el resto del partido corriendo sin rumbo por el campo y diciendo a voces que era la reencarnación de Isabel La Católica.

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