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martes, 7 de febrero de 2012

El Boicot.

El vehemente líder político empezó a golpear a su periódico del desayuno como si el pobre diario tuviera la culpa de algo.

-¡Cabrones, son unos cabrones! ¿Has leído esto, Vergesola?

-Sí, presidente, sí. -peloteó el asesor.

-¿Y a tí te parece tolerable?

-Hombre...

-¡Ni hombre ni mujer!

El vehemente líder político alargó la mano peluda y tomó su teléfono móvil.

-¿Qué haces, presidente?

-¡Tu déjame a mí!...¿Radio L1?...Soy el señor Pérez-Pereicera, dile al señor Rico que entro en directo...

-¡Presidente!

-¡Déjame, coño! Te pago para que me asesores cuando yo te diga...¡Vicente, soy Marcial!...Sí, sí, de eso mismo quería yo hablarte...Pues lo que piensas tú, y lo que pensamos toda la gente de bien...Exacto, una pandilla de impresentables...¿No quieren nada con nosotros? ¿Nos insultan? ¡Pues que se metan sus palacios, sus museos y sus jardincitos por donde les quepan! ¡Boicot, Vicente, Boicot, ni un solo turista!

Vergesola, que se había pasado toda la conversación haciendo gestos cada vez más exagerados, se rindió. Ya nada podía hacerse.

-¿Qué, cómo he estado, Vergesola?

-Muy bien, muy bien, de 1000 a 2000 votos.

-¡Lo ves!

-Ahora lo que tenemos que decidir es cómo se lo explicamos a tu mujer...

-¿El qué?

-Bueno, es que este fin de semana...Ya sabes, tu aniversario...El dinero del hotel igual te lo devuelven, lo del vuelo no lo tengo yo tan claro...

-No me jodas que...

-Sí, tu mujer y tú...Palacios, museos y jardincitos...

-¡No me digas!

-Ya ves...Reservado desde hace meses...Tu esposa insistió, le hacia mucha ilusión...

El vehemente líder político empezó a golpear su peluda mano contra la mesa del comedor. El pelota de Vergesola se limitó a ver, oír y callar.

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