A Sergio, ya sabe, el basurero del pueblo, es fácil sorprenderle sonriendo mientras trabaja, (y cuando no, también).
Resulta llamativo, y como todo lo llamativo, ahí está "Peralín" investigando.
-¡Sergio!
-Dime, chaval.
-¿A ti cómo es que te gusta esto?
-¿El qué?
-Pues esto, ser basurero.
-¿Y quién te ha dicho a ti que me gusta?
-Nadie, pero como siempre se te ve sonriendo mientras vacías los cubos.
-¿Y tú crees que sonrío por eso?
-¿Por qué si no?
-Pues porque no me da la gana estar triste, porque intentó acordarme todo el rato de las cosas bonitas que hay en la vida, de aquel chiste que me han contado en el bar o que esta noche ponen mi serie favorita en la tele...
-¡Pues qué suerte, porque la mayoría de la gente dice que la vida es una mierda!
-Y lo es, chaval, lo es. ¡Si yo te contara! ¡Pero hay que pelear para que lo sea lo menos posible, hay que luchar por sonreír!
-Entonces, ¿tú nuncas estás triste?
-¡Pues claro que sí, y pierdo el partido contra la Pena, y me caen unas goleadas tremendas! Pero, cuando me pasa eso, ¿sabes lo que me digo?
-¿Qué?
-Muy bien, Pena, hoy me has ganado, pero, ¡ya verás cuando juguemos en mi campo! Porque eso es la vida, chaval: una eliminatoria constante contra el Dolor y contra la Pena, y recuerda, ¡siempre, no importa lo mal que esté la cosa, siempre hay que jugar el partido de vuelta!
"Peralín" sonrió. Nada más efectivo para llegarle al corazón y al entendimiento a un chaval que una buena metáfora futbolística.
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