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viernes, 23 de octubre de 2009

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Parábola del Tiro Parabólico.

A Peciña la curiosidad siempre le invadía inoportuna y al asalto. Pero no podía evitarlo, ¡qué se le iba a hacer!

-Padre Perales.

(El párroco siempre recibía los imprevisibles abordajes de aquel crío con alarma y curiosidad a partes iguales).

-Díme, David.

-¿Usted se ha leído el Catecismo?

-Le he echado un ojillo, sí.

-¿Y si no hago todo eso que dice, voy al Infierno?

-Tú juegas al fútbol, ¿no?

("Ya me está cambiando de conversación. ¡Qué poco le gustan a los curas las preguntas incómodas!", pensó para sí Peciña).

-¡Bien lo sabe usted, que vino a vernos al partido del otro sábado!

-Sí, y perdisteis.

-¡Uno a cero, pero no lo merecimos!

-Claro, porque vuestro entrenador es muy bueno...

-Y prepara los partidos de maravilla: nos pasamos horas y horas refinando nuestro sistema de juego. ¡Es complicadísimo y modernísimo, y lo ejecutamos con perfecta disciplina!

-¿Y cómo fue que os ganaron?

-Pues porque nuestro delantero centro es un manta y falló lo menos diez goles claros, y el de ellos marcó la única oportunidad que tuvo, una falta tonta al borde al área.

-O sea, que de nada valen esfuerzo y disciplina, si tu delantero centro es un desastre, pero, en cambio, con uno bueno ganas partidos aunque sólo sepas dar voleas.

-Eso es, padre. ¡Así de curioso es el fútbol!

-Pues igual es la Religión, David. Y, recuerda, tu número 9 lleva escrito "Amor" a la espalda.

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