Sospecho que no soy el único que trata con celoso recelo a los letrados, aunque líbreme Dios de afirmar que todos los abogados son un atajo surtido de golfos sin corazón, mangantes carentes de escrúpulos, y gente de mal vivir y buen cobrar (esta última frase seguro que la sacan de contexto cuando sea famoso).
Lo que sí es cierto es que, lo que algunos (algunos) abogados hacen por dinero, yo no lo haría ni por odio (y dudo que por amor).
No discuto que todo el mundo tiene derecho a un proceso legal imparcial y a una defensa en condiciones, pero, en repugnante paradoja legal, algunos acusados tienen unos juicios tan justos, que acaban convertidos en monumentos a la injusticia.
Asesinos en la calle porque el ladino con toga se escudó en un tecnicismo, ladrones de guante blanco y maletín negro libres como el sol naciente de Nino Bravo gracias a que su abogado se sacó un as legal de la puñeta, familias desindemnizadas porque su picapleitos era de regional y el del señor empresario juega la Champions...Me sigue, ¿no?
En fin, que el tiene padrino, se bautiza, pero el que tiene un buen abogado, se confirma, y hasta se casa.
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