-¡Joder, estas croquetas están horribles!
-Pues espera a que nos traigan las setas.
-No pueden ser peor que esto...
-No subestimes el instinto criminal del cocinero.
-No me asustes.
-Calla, que viene Vidal.
-¡Bueno, señores! ¿Cómo están esas croquetitas?
-Muy buenas.
-Sí.
-¡Me alegro, pues aquí les traigo unas setitas que son una exquisitez babilónica! ¡Ya verá cómo les encantan!
-Por supuesto.
-No lo dudo.
-Perdón, ¿me puede traer un poquito de sal?
-¡Faltaría más! ¿Hay algo que esté soso?
-No, no, es que tengo la manía de tener siempre sal en la mesa.
-¡Comprendo, comprendo! ¡Muy bien hecho! ¡Sí señor! Ahora mismo la tiene usted aquí.
-¡Joder con las setas!
-¿Qué te dije?
-Oye, y tú, ¿por qué sigues viniendo a este sitio, con lo repugnante que está la comida?
-Hombre, es que Vidal es de lo más amable.
-Servil hasta adentrarse reptando en lo pelota, diría yo.
-Totalmente de acuerdo, y yo esas cosas las valoro mucho.
-Ya. Entiendo.
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