Claudio Sanzgorri le dio un sorbito a su combinado al tiempo que admiraba la puesta del sol sobre el Caribe y emitió un ronroneo de satisfacción. Era todo como en las películas. Eso era vida.
La "Operación Dulcinea" había sido todo un éxito: las niñas habían recibido los libros (que los leyeran o no ya era problema de ellas), los jóvenes cooperantes habían disfrutado de sus mañanas solidarias y sus tardes de playa y sol, y él se había embolsado un buen dinero al tiempo que se estaba pasando unas mejores vacaciones. Por no hablar de la pasta extra que se había sacado a cuenta de todos aquellos libros que se enviaron a los colegios. ¿Cómo se llamaba? Ha, sí: "Guía Didáctica de Eduación en Igualdad Integral". ¿Qué habría sido de ellos?
Almudena Victés suspiró resignado. Todavía le quedaba un buen taco de libros, revistas y folletos que revisar. Tocaba hacer limpieza de la biblioteca del colegio y le había tocado a ella. Gajes de haber sido la última en llegar. "Guía Didáctica de Eduación en Igualdad Integral", ¿qué diablos sería aquello? Sin duda, uno más de tantísimos cuadernillos inservibles que llegaban a los colegios. En fin, ¡a tirar! Almudena Victés suspiró de nuevo. ¡Lo que dariá por estar en una playa caribeña en vez de en aquella biblioteca de paredes blancas y mesas verdes!
Pablo Gómez Adriaga tomó asiento junto a su socio Sanzgorri.
-El director de la Oficina está encantado con el proyecto.
-Sí, yo de hombres no entiendo mucho, pero aquel par de mulatos parecían tenerlo todo muy bien puesto.
-Recuerda que hay redactar la memoria y evaluación del proyecto.
-Todo controlado. Ya tengo las fotos de las niñas sonriendo con los libros y la entrevista con la directora de aquel colegio y con la representante del Ministerio de Educación local.
-Genial.
-Sí, la verdad es que esto de hacer el bien y trabajar por el prójimo no me está trayendo más que satisfacciones.
-¡Solidaridad entre los Pueblos, compañero!
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