Imposible ignorar un coche así, máxime cuando lo acababan de apartacar a la puerta de su establecimiento. Zhang era chino, pero no tonto (como todos los chinos).
Mientras los crios del barrio se arremolinaban alrededor de tan sobresaliente vehículo, e incluso pegaban los rostros protegidos por sus manos a los cristales para intentar adivinar qué secretos ocultaba en su interior. El conductor -y presunto propietario- del vehículo entró en la tienda de Zhang.
"Culioso. Mucho apalental plesumiendo de cochazo y luego vamos a las tiendas de todo a un eulo" -sonrió Zhang.
-Hola, perdone. Usted es de aquí, ¿verdad?
"¿Qué plegunta tonta es esa? Soy un chino detlás del mostladol de una tienda llamada "Bazal Shangai". ¡Es evidente que sí! -pensó Zhang.
-Sí, ¿qué quieles?
-Pues venía buscando un ajedrez.
"Demasiado tonto para ajedlez" -se dijo Zhang.
-Juegos, ese pasillo.
-Gracias.
Al rato, el misterioso automovilista presumido volvía, con las manos vacías. "¿Tan tonto es que no encuentla ajedlez?"
-Oye, que todos los que tienes ahí son ajedreces europeos. Yo quiero comprar uno chino, ¡por eso he venido a una tienda china!
Tan sorprendido estaba Zhang, que levantó una ceja.
-Espela un momento -y marchó a la trastienda. Allí guardaba un par de juegos, para uso propio y por si algún compatriota quería comprarlo.
-¡Ves, esto si es lo que buscaba! No mucha gente conoce el ajedrez chino por aquí, ¿eh?
-No muchos, la veldad -los chinos, siempre tan lacónicos incluso cuando están muy sorprendidos.
-¡Pues yo ya ves que sí!...Puede que lleve años jugando, o puede que esta mañana me haya enterado de su existencia por casualidad. ¿No sientes por curiosidad por saber si soy increiblemente bueno o rematadamente malo?
Zheng se limitó a encogerse de hombros y decir: "ajedlez, diez eulo".
-La apuesta es ésta, amigo. Ya has visto mi coche, ¿verdad? Pues mi coche contra este local, que seguro que es tuyo, a una partida de ajedrez chino. El ganador se lo lleva todo.
-¡Tú estás loco! ¡Si no compla, vete de tienda!
¡¡¡Zassss, las llaves del bolido sobre el mostrador!!!
-No bromeo, amigo. Y apuesto a que te pica la curiosidad: puede que sea un gran jugador que viene a sacarte lo que tanto esfuerzo te ha costado ganar o quizas sólo un graciosillo podrido de dinero que disfruta haciendo estas bromitas por diversióm! Pero si no aceptas la apuesta, nunca lo sabrás. ¡Te quedarás toda tu vida con la sensación de que a lo mejor alguien te puso en bandeja el cochazo de tus sueños y tú no aceptaste!
-Pero si tú eles malo, no haces apuesta. ¡Tú segulo pielde!
-Te repito que puede que esté forrado de dinero, y lo haga sólo por la satifacción de ver la cara tan graciosa de duda profunda que se te ha puesto, amigo. ¡O puede que lo haga por el subidón de adrenalina, por la emoción de fanfarronear y ganar!
Zheng se quedó unos segundos observando a su adversario. Estaba de farol. Sin duda, no tenía ni idea de ajedrez chino, se lo decía su sexto sentido. Además, él mismo era un jugador bastante potable. Y no podía soportar la idea de quedarse eternamente con la dichosa incertidumbre...
-¡Adelante, acepto!
-¡Excelente!
Un apretón de manos selló el cruel destinó de alguno de esos dos caballeros.
En cualquier actividad, basta sólo con ver cómo se prepara la herramienta para olerse la destreza de una persona. Desde luego, el tipo aquel había colocado la piezas -las crípticas piezas con sus nombres en chino como única identificación- con rapidez y sin dudar. Y las había puesto todas bien. "Mala señal", penso Zheng.
A los pocos movimientos, Zheng ya estaba más preocupado de cómo iba a explicar eso a mucha que de ganar la partida.
Comencé el relato diciendo que Zheng no tenía un pelo de tonto.
Me temo que me equivoqué.

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