Cuando los idiomas están de mala leche, les da por ponerse irregulares y amargarnos la vida, el habla y la escritura a todos. Es natural, son humanos, no se pueden evitar.
Pero hay veces que se pasan.
Todo español (le guste o no) algo sabe de toros, aunque sea bien poquito y por ciencia infusa. Por ejemplo, es bien conocido que la "puya" es esa vara larga con una punta afilada (de hecho, tecnicamente la puya es dicha punta) que se usa para meterle al toro puyazos (o sea, clavársela).
Y claro, cuando en el habla cotidiana nos metemos los unos con los otros -con extra de mala leche- y escuchamos que a eso le llaman "pulla", es normal deducir que una cosa viene de la otra, es decir, que te clavo mis palabras -metafóricamente- como el picador le clava la puya al toro -literalmente-.
Pues ahí la hemos fastidiado. El "dicho con que indirectamente se humilla a alguien" es "pulla" con elle.
"Puya" viene del Latín Vulgar "pugia" (puñal), mientras que "pulla" viene del portugués "pulha" (ignoro si es que nuestros hermanos del otro extremo del Tajo son dados a tales artes, con igual o mayor interés que aquel con el que se entregan a la creación de toallas, fados y astros del balompié).
Además, para terminar de complicar el asunto, tenemos el "puyazo" (herida que se hace con una puya, también en sentido figurado), por lo que -según esto último- sería correcto decir "tu pulla ocasionó un buen puyazo". ¿Y "pullazo"? Pues, siempre según la RAE, es: "Alusión maliciosa e irónica que alguien dirige a otra persona encubiertamente para enardecerla, ofenderla o mortificarla", pero sólo en Venezuela.
¿Se aclara? Yo, desde luego, no. Seguramente, estará usted de acuerdo conmigo en que esto son ganas de que el personal se líe bien liado. Y, por mi parte, me dejo de "puyas" y "pullas" y me lanzo a usar sinónimos.
Aunque, bien pensado, la mayor parte del personal habla como le viene en gana y bien poco le importa lo que diga la RAE.
(Buena pulla esto último, ¿eh?)
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