-¡Pero cómo van a ser capaces de hacer eso!
-Haciéndolo, amigo, haciéndolo.
-¡Es imposible ser tan golfo y tan canalla!
-¿Usted cree, mi joven amigo?
-¡Que hay entre ellos gente muy recta y muy respetable!
"Esos son los peores", dijo "el Gordo" bajito, para que el otro le oyera sin que se notara que él quería que lo hiciera. Luego, se limitó a hacerle un gesto a su joven amigo para que cogiera su abrigo y le siguiera a la calle.
-¿A dónde vamos?
-Aquí mismo, a una de las callejuelas de por atras del edificio.
El jovenzuelo seguía el paso lento de su orondo compañero, sin evitar el agobio que le producía su agónica respiración. Sin duda, a aquel hombre le sobraban un par de decenas de kilos.
-Ya estamos.
-¿Es este portal? ¡Pues subamos lo antes posible, que esta calle no me gusta un pelo!
-No, es aquí, en la calle.
El jovenzuelo se quedó de piedra. ¿En la calle? ¡Pero si esa calle era infame por la cantidad de prostitutas que la moraban!
-¿En la calle, pero...?
El "Gordo", haciendo caso omiso de la indignación sorprendida de su compañero de expedición, llamó la atención de la mujer más cercana.
-A ver, usted, ¿qué me cobra por un servicio?
-Completo por 30, guapo -respondió ella componiendo el tipo con el clásico chicle en la boca.
-Muy bien. -"el Gordo" se giró hacía su boquiabierto discípulo-. A ver, mi estimado amigo, ¿diria usted que gozo de un físico agradable?
-Pues...Hombre...
-Le agradezco el tacto, deje que sea yo el que hable con franqueza: soy un gordinflas seboso, de aliento un tanto fétido y ojos más propios de un sapo que de un ser humano...E incluso así esta dama es capaz de olvidarse de lo repugnate que resulto a los sentidos y realizarme todo tipo de cochinadas a cambio de 30 míseras monedas. ¿Cuánto dinero había en juego en el negocio objeto de nuestra discusión anterior?
-10 millones.
-¿Entiende ahora a lo que me refiero?
-Sí, creo...me temo que sí.
-Estupendo. Tenga, señora, su dinero. Ya me ha hecho el servicio que deseaba de usted.
Y, tras deslizar un billete en la mano de la prostituta, "el Gordo" y su joven acompañante abandonaron tan intimidatoria rúe.
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