Le llamó con una sonrisa y el esclavo acudió a su amo con la docilidad y diligencia de siempre, y con otra sonrisa.
-Agrio, tengo buenas noticias para ti.
Agrio abrió más los ojos sin perder la sonrisa. Los esclavos reciben pocas buenas noticias.
-¿Qué es, mi amo?
-La manumisión, te voy a dar la manumisión.
-¿Manumisión? ¿Me vais a dejar libre?
-¡Exacto!
Al contrario de lo que Marcelo esperaba, Agrio no se puso a chillar, saltar o llorar. Se limitó a cambiar la sonrisa por una gesto preocupado.
-Entonces, ¿ya no voy a serviros?
-¡No, eres libre! ¡Podrás ganar tu propio dinero y comprar cosas, hasta una casa algún día!
-Ya...¿Y podría trabajar para vos?
-Bueno, es que la razón de que te libere es que he perdido esta villa y casi toda mi fortuna Apenas tengo para marcharme una casucha minúscula y dar algo de comer a mi famlia. ¡Alimentar a un esclavo es un lujo que ya no me puedo permitir!
-Entiendo...Y, si me perdonáis la indiscrección, ¿cómo es que habéis perdido todo esto?
-¡Pues porque me metí en un negocio que parecía seguro, y salio todo mal!
-Supongo que debéis de sentiros muy desgraciado.
-¡No lo sabes tú bien!
-¿Y queréis que yo, como vos, entre en el juego de la avidez de dinero, ése que os acaba de arruinar la vida? Mirad, mi amo, soy esclavo desde niño, nunca he poseído nada no fuera la ropa que visto y el alimento en mis manos, nunca he tocado una moneda que fuera mía, y, a mi modo, he sido y soy feliz. ¡No me quitéis esa Felicidad! ¡No me deis esta falsa libertad que sólo me haría esclavo del deseo de tener cada vez más y más!
-¿Qué hago, entonces?
-Lo mejor para los dos: vendedme a Cayo Tarsio, siempre que os visita alaba mis servicios y seguro que será un amo bueno. Así vos sacáis algo de eso dinero que tanto precisáis y yo podré seguir siendo un esclavo.
-¿Estás seguro? ¿De verdad no quieres ser libre?
-Lo estoy, mi amo. La Libertad no es caballo que pueda montar cualquier jinete.

No hay comentarios:
Publicar un comentario