Cuando el infractor en nuevo en esta aula, José Luis Trestuestes siente cierto interés por conocer la naturaleza del delito por el que el reo de castigo sufre pena de dos horas y un minuto de reclusión escolar la tarde del viernes.
En cambio, cuando vio que el que entraba por la puerta era Peciña, se limitó a indicarle con un gesto que se sentara y se pusiera a hacer los deberes.
Cuando toca hacerlos en casa, cualquier escolar (y a menudo también su madre) se queja de las horas y horas que dedica a la tarea escolar, pero cuando se hacen deberes en hora de castigo, en media hora ya están despachados.
-Ya he terminado, José Luis. ¿Me puedo ir?
-¿Todos?
-¿Seguro?
-Bueno, me queda una redacción de Reli, pero ésa ya si eso la hago en casa...
-Venga, anda, Peciña, ponte con ella y no me intentes buscar las vueltas.
En fin, había que intentarlo. Peciña, con gesto resignado, se volvió hacia el pupitre.
Y volvió a volver.
-José Luis.
.-¿Qué pasa ahora, Peciña? ¡No seas pesado y ponte a redactar!
-Es que el tema de la redacción de Reli es: "¿Qué es para ti la Libertad?" y, como podrás comprender, en estas circunstancias de estar un viernes por la tarde aquí, pues que no me inspiro.
José Luis Trestuestes levantó la mirada de la prensa deportiva y miró a Peciña. Él le devolvía la mirada, aliñada con la sonrisa medio guasona marca de la casa.
-Anda, lárgate.
José Luis Trestuestes siempre pensó que la genialidad -en cualquiera de sus expresiones- en justicia merece su premio.
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