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sábado, 27 de octubre de 2012

Échale la Culpa al Antepasado de tu Antepasado.

Manolo y Manolito se sentaron a descansar un poquito a la sombra de un pino. Sombra alquilada, por cierto, porque esa mañana de domingo les había dado por visitar los jardines del señor marqués, que costaba entrar un euro por barba (Manolito, como todavía no tenía, sólo había pagado la mitad). Aunque, las cosas como son, estaban muy bien cuidados y eran algo que merecía la pena ver -la pena y el euro, se entiende-, (aunque, como suele ocurrir, en la foto del folleto parecían más grandes).

-Papá, ¿y cómo es que el marqués ese tiene todo esto gratis?

A Manolo -que tiene el corazón izquierdista que te sale de llevar dos décadas levantándote a las 6 de la mañana- le entró la tentación de contarle un par de verdades teñidas de rojo a su chaval, pero se contuvo. Al fin y al cabo, el crío sólo tenía ocho añitos. Ya habría tiempo para lo otro, de momento era mejor no sacar al chico del cuento de hadas antes de tiempo.

-Pues mira, hijo, porque un abuelo de un abuelo de un abuelo del marqués luchó en una guerra con el rey, y, como luchó muy bien y mató a muchos de los malos, pues el rey le regalo esto para él y para sus hijo, y para los hijos de sus hijos...

-Ah, entiendo.

Silencio incómodo. La calma que precede a la tempestad. Manolito está pensando y va a hacer otra pregunta.

-¿Y los abuelos de nuestros abuelos de nuestros abuelos no estuvieron en aquella guerra con el rey, papá?

-No lo sé, problamente sí.

-¡Joder, pues con la mierda de 40 metros cuadrados en que vivimos mamá, tú y yo, debe de ser que mataron a un corneta, y sin querer!

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