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jueves, 18 de octubre de 2012

El Paseillo.

El señor Valdallosa llevaba un par de semanas encerrado en esa celda. No estaba preocupado, aquello era de cara a la galería, sus carísimos abogados le sacarían pronto de allí con su competencia habitual.

No obstante, y por si las moscas, se había hecho las gestiones oportunas para que nada ni nadie incomodara al señor Valdallosa durante su breve periplo por el mundo carcelario. Y, en la Modelo, no había mejor garantía de seguridad que quedar bajo la protección de "El Desnucao".

A Emilio Gómez Prego lo de "El Desnucao" le venía por una de sus hazañas carcelarias (quizás, tan sólo una leyenda): durante la primera de sus múltiples visitas a la trena, otro interno se le había encarado y Gómez Prego, con total frialdad, lo había cogido del cuello y lo había "desnucao".

Así las gastaba el amigacho.

Pero, intervenciones quiroprácticas improvisadas aparte, "El Desnucao" era un tipo bastante razonable -simpático y salado incluso- y, previo pago de una bonita suma  en negro a uno de sus hermanos, Valdallosa estaba más protegido que si tuviera a todo un pelotón de marines guardando sus espaldas.

No obstante, y para mayor seguridad, Valdallosa y "El Desnucao" eran compañeros de celda. Obviamente, una de las grandes, de las que en principio estaban destinadas a seis internos.

-Psst, presidente.

Valdallosa nunca fue presidente de nada, pero para "El Desnucao" todo los políticos lo eran.

 -Díme, Emilio.

-¿Cómo es que te metiste a político?

-Pues no sé. De toda la vida quise serlo...¡Con decirte que hasta era delegado de clase en el colegio!

-Y los demás chavales te elegían.

-¡Hombre, no era difícil siendo el más simpático del curso!

-Ya. ¿Y qué sacabas tú en limpio de todo eso?

-Pues un montón de clases que me perdía y un montón de paseos que me daba: vete a buscar una circular a secretaría, tráeme un libro de la sala de profesores...

-Pero, en teoría, tú estabas para representar y defender a tus compañeros y sus intereses ante los profesores, ¿no?

-Exacto, Emilio, exacto. Pero darse paseítos por todo el colegio era mucho más divertido que eso. ¡Ya ves lo pronto que asimilé la esencia de mi profesión! Lastima que se me haya un poco la mano y haya terminado aquí...

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