-¿En qué estábamos pensando?
-¡Pues bien que te gustaba cuando te presentaron el proyecto!
-¡No me gustó un pimiento, pero a ver quién era el valiente que decía que ese escultor hacía algo malo!
-O sea, que tú lo que querías era el nombre del artista para presumir, y no una de sus obras.
-¡Pues claro! ¿Seré el único?
-Sí, que los otros tambíén tienen la suya.
-¡Y yo creo que es casi peor que la nuestra!
-Y sin el casi.
-¡Con lo bien que nos vendría ahora aquel dinero!
-Sí, que el prestigio artístico no paga facturas.
-Y el amigacho se llevó un buen pico por esta...
-¡Dilo, dilo: por esta mierda pinchada en unos tubos!
-¿En qué coño estabamos pensando?
-Como las cosas iban tan bien, se nos nubló la sesera...
-¿Y por qué no nos dimos cuenta de que algún día dejarían de ir tan bien?
-La jodia vanidad...¡Yo creo que si los otros no le hubieran comprado una...!
-¡No te quepa la menor duda!
-¿Y ahora qué hacemos?
-Pues dejarlo ahí, donde está, y poner un cartel bien grande que diga: "Aquí yacen nuestra prosperidad y nuestro futuro, fríamente asesinados por derroche a manos de nuestra estupidez de nuevos ricos decerebrados. El Pueblo ruega una horación por el futuro tan negro que se le viene encima".
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