-Y usted, ¿ha visitado muchos países?
Tal pregunta en un comedor de beneficencia como aquel parecía de recochineo, pero el otro tío sólo prentendía amenizar la comida hablando de cualquier cosa, y así lo entendió Luis.
-No, nunca he salido de aquí...Aunque, si por la gente con la que trabajaba hubiera sido, habría estado en dos o tres sitios muy desagradables...
El otro tío frunció el ceño y miró muy fijamente a Luis con cierta alarma confundida, como un niño que no entiende un problema de un examen de Matemáticas.
-¿Y cómo es eso?
-¡Pues que me mandaban a "la mierda", "a tomar por culo"...!
-¡Ah, claro!
Los dos se rieron. La risa para alguien que se ve forzado a recurrir a un comedor social es un artículo de lujo, el único que se puede permitir.
-¿Y a qué se dedicaba usted para que le insultaran tanto?
Luis suspiró, como metiéndose otra vez en el cuerpo las penas que se había sacado con la carcajada anterior.
-Tenía mi propia empresa, cobro de morosos...Yo había oído hablar de otras a las que les iba muy bien y pensé que sería sencillo, y que habría mucho trabajo estando la cosa como está! Me endeudé para ponerla en marcha y, ya ve, al final el moroso acabé siendo yo...¡El cazador cazado!
El otro tío se limitó a meterse un trozo de pan en la boca y asentir.
-¡Perra vida, joder!
-¡Perro vida, sí señor!
Aquel comedor era un poco como la Legión: todo el mundo con su historia, todo el mundo con su pasado...Pero nada importaban allí.
Allí nadie juzgaba a nadie.

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