Seguro que no tendrían ninguna dificultad para encontrar un motivo (los gilipollas son así): que la sopa está fría, que la carne no está caliente, que los han adelantado por la autopista o que ha retirado de la programación televisiva su espacio favorito.
¿No sería maravilloso un día sin quejas absurdas, sin buscarle tres pies al pobre minino, sin comentarios estúpidos, sin miradas de superioridad fruto de un grave complejo de inferioridad?
Sin duda suena cada vez me suena mejor esto de que todos los gilipollas se declaren en huelga. Tanto, que estoy por convocarla para mañana mismo (al fin y al cabo, me temo que yo soy tan gilipollas como el que más).
Aunque, pensándolo mejor, igual no se apunta nadie, y yo incurro en el más espantoso de los ridículos (en otras palabras, hago el gilipollas).
Sí, mejor lo dejo -huelga desconvocada-, que esa gente seguro que me deja colgado.
(Es que son así de gilipollas).
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